1.4. El racismo como fenómeno contemporáneo

Importantes historiadores como Mosse, Claussen o Shipmann afirman que el racismo comienza a partir de los siglos XVIII y XIX. Otros en cambio, como Gossett o Novel argumentan que cada forma de exclusión étnica histórica puede considerarse como racista. Ahora bien si nos atenemos al análisis histórico del concepto “raza”, como categoría pseudoantropológica podemos asegurar que el racismo es un fenómeno claramente contemporáneo.

En la antigüedad las grandes civilizaciones no fueron racistas.

Hay quien afirma que el racismo es tan antiguo como el hombre, pero un estudio serio histórico y antropológico demuestra la falsedad de dicha aseveración. La antropología comparada ha demostrado que infinidad de tribus primitivas dividían a los seres humanos en dos grandes categorías: los “hombres”, es decir los miembros de la propia tribu, y “los demás”, considerados a veces como inferiores o incluso como animales. Pero aquí no se puede hablar de racismo, ya que esas creencias carecen de cualquier tipo de formulación o intento alguno de fundamentación ideológica; se trata, simplemente de un caso de xenofobia cultural que se conoce como etnocentrismo (Levi –Strauss).

El tema de la diferenciación entre el “nosotros” y los “otros” es un tema recurrente presente en todas las civilizaciones y grupos humanos a lo largo de la historia. Así lo expresa el pedagogo e investigador Alfonso García.

“Todo grupo humano primario tiende a considerarse a sí mismo como distinto del resto de los humanos que no son parte de él. A lo largo y ancho del planeta, ciertas tribus suelen denominarse a sí mismo “los hombres”, como distintivo del resto de los seres humanos no pertenecientes a dichas tribus, implicando un rasgo exclusivo de superioridad y de calidad frente a los otros, los extranjeros. Lo cual no implica que el trato hacia los demás – los “no hombres” – sea excluyente. En todo caso, en los llamados “pueblos primitivos” de todos los continentes, hombres son sólo los individuos que conforman el grupo tribal (el “endogrupo” de la psicología social); el resto son forasteros, ajenos al grupo, y conforman el “exogrupo”. También los antiguos egipcios se creían autóctonos y especiales, fruto de una creación divina específica, e independiente de cualquier otro grupo humano. El proceso en Grecia y Roma fue cambiando de acuerdo con los designios de la extensión de la ciudadanía. Sin embargo, en ambos pueblos los extraños eran denominados indistintamente “bárbaros””.[1]

Estas divisiones primarias entre nosotros y los otros, son la base del etnocentrismo considerado como conciencia de grupo de pertenencia. Los pueblos antiguos solían explicar estas distinciones usando relatos míticos en los que los dioses distinguían entre los elegidos y los discriminados. Ahora bien, estas discriminaciones no eran raciales, en todo caso se basaban en aspectos más bien culturales, como la geografía, la lengua, el vestido, el hábitat o la religión.

Un historiador chino describía a los bárbaros en el año I, como cercanos a los salvajes, pero en su descripción no se refiere a cuestiones biológicas, sino más bien antropológicas y culturales.

“Los bárbaros parecen humanos, pero tienen el mismo corazón de los animales salvajes. Llevan puesto un vestido que difiere del corriente en el Imperio del Medio, tienen otros usos y costumbres, otra alimentación y otras bebidas. Hablan además una lengua incomprensible. Esa es la razón por la cual un gobernante debería tratar a los bárbaros como se trata a los salvajes”.[2]

            En el Libro de las Puertas, texto sagrado del Antiguo Egipto, aparece una división de la humanidad en distintas “razas”. Este escrito identifica cuatro categorías de “hombres” en las que se mezclaban características como el color de piel con las identidades tribales o nacionales. Estos grupos eran los egipcios, asiáticos, libios y nubios.

14 libro de las puertas

La parte más célebre del Libro de las puertas se refiere a las diferentes razas de la humanidad conocidas por los egipcios; dividiéndolas en cuatro categorías que son normalmente expuestas como “egipcios”, “asiáticos”, “libios” y “nubios”. Se les representa en procesión, entrando en el otro mundo.

            Historiadores como Basil Davidson, J.D. Clark, H. Alimen o L.S.B. Leakey han estudiado en profundidad esta época histórica concluyendo que una tercera parte de la población egipcia estaba compuesta por pueblos “negroides”. Incluso algunos faraones fueron de origen “negro”, llegando a reinar en el Egipto toda una dinastía etíope.

            Gran parte de la historia del pueblo judío se haya reflejada en la Biblia y en ella, si bien podemos encontrar una exaltación de este pueblo como escogido de Dios, no hay signos de discriminación hacia otros pueblos por motivos raciales, sino por sus costumbres paganas. Por poner algunos ejemplos, Seforá, la esposa de Moisés fue cusita (por lo que pudo haber sido negra), como también lo fue Ebedmélec, quien salvó la vida al profeta Jeremías. En el Cantar de los Cantares 1,5, se ensalza la belleza de una mujer negra. Los intentos de justificar, primero la esclavitud y más tarde el racismo, en base a las Sagradas Escrituras, han sido, como ya veremos, tergiversaciones y manipulaciones del texto original.

            Otras civilizaciones clásicas como Roma o China daban mayor importancia a las afiliaciones en la familia o tribu que a la apariencia física (Dikötter, 1992; Goldenberg, 2003). En la Grecia clásica se daba una mezcla cultural siendo así que los esclavos griegos pertenecían al mismo grupo humano de sus amos. La única división que se establecía era la de griegos y bárbaros, siendo estos últimos los que no hablaban griego y no poseían una cultura griega. Jenófanes en el siglo VI a.C. fue el primer autor que escribió sobre las diferencias físicas existentes entre blancos y negros, pero en aquella época, ni entre los griegos, ni entre los romanos, se hablaba de superioridad de unos frente a otros. El mestizaje, por tanto, no se veía como repugnante o raro: “ninguna ley se refería al tema y numerosos etíopes se casaron con griegos o egipcios”.[3]

El sabio Cicerón (103-43 a. de J.C.), sostenía que todos los hombres, independientemente de su origen, podían alcanzar la virtud: “Los hombres se diferencian por el saber; más, todos son, iguales, por sus aptitudes para conseguir ese saber; no hay raza que, guiada por la razón, no llegue a alcanzar la virtud”.[4]

El historiador norteamericano Frank M. Snowden Jr. escribe:

“Entre los griegos y los romanos, las relaciones sociales (entre negros y blancos) no dieron lugar a los prejuicios de color de determinadas sociedades occidentales posteriores. Ni los griegos ni los romanos desarrollaron ninguna teoría sobre la superioridad blanca”.[5]

14 Septimius Severus

Septimio Severo fue el primer emperador romano de origen norteafricano en alcanzar el trono, y el fundador de la Dinastía de los Severos.

Un claro ejemplo de la ausencia de racismo basado en el color en el Imperio romano, lo encontramos en el hecho de que el emperador romano Septimius Severus (193-211 d.C.) era negro. También Publio Terencio Africano, un respetado autor de comedias romanas, era de tez oscura. En Roma un ciudadano era despreciado no por su pigmentación, sino por pertenecer a un grupo marginal, o por practicar ritos bárbaros. No obstante a medida que el Imperio se ampliaba, la categoría de ciudadano se extendía a todas las personas nacidas libres en las distintas municipalidades. Es cierto que los romanos se consideraban superiores a los demás, y con derecho a conquistar y someter a sus vecinos. Pero en ellos se observa un esfuerzo por extender su cultura a los pueblos conquistados, lo que nos demuestra que en realidad creían más en la superioridad de su cultura y no tanto en la de su sangre o raza.

Se puede afirmar que las disputas entre los pueblos de la antigüedad, no estuvo motivada por el odio racial. Los griegos llamaban bárbaro a todo aquel que no era de su cultura (en aquel momento no tenía el sentido peyorativo que tiene en la actualidad). Los egipcios también llamaban bárbaro a aquellos que no hablaban la misma lengua de su pueblo. Es por ello que no se puede hablar de un sentimiento de superioridad o inferioridad racial, sino tan solo de etnocentrismo cultural. Griegos y egipcios sobrevaloraron sus culturas y las colocaron como centro y modelo de todas las demás.

            Con el cristianismo se introduce en la historia en concepto de universalismo, un término completamente desconocido para el mundo antiguo. Los primeros cristianos, en vez de sentirse miembros de una comunidad restringida y separada del resto de la humanidad, se consideran miembros de la gran familia de los “Hijos de Dios” a la que todo ser humano pertenece y está llamado. En los hechos de los apóstoles se puede leer este testimonio de Pedro que es crucial para entender el fundamento universalista del cristianismo.

«Pedro tomó entonces la palabra y dijo: “Ahora comprendo de verdad que Dios no hace distinción de personas, sino que, en cualquier nación, acepta al que le respeta y obra rectamente. Envió su palabra a los hijos de Israel, anunciando la buena noticia de la paz por medio de Jesús el mesías, que es el señor de todos. Ya conocéis lo que ha ocurrido en el país de los judíos, comenzando por Galilea, después del bautismo predicado por Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con la fuerza del Espíritu Santo. Él pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en el país de los judíos y en Jerusalén. A él, a quien mataron colgándolo de un madero, Dios lo resucitó al tercer día y le concedió que se manifestase, no a todo el pueblo, sino a los testigos elegidos de antemano por Dios, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de entre los muertos. Él nos mandó predicar al pueblo y dar testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas, afirmando que todo el que cree en él recibe el perdón de los pecados, por medio de su nombre.”»[6]

La cuestión de la esclavitud en el mundo antiguo

            Otro tema a destacar es la actitud política que llevaron a cabo estas culturas hacia “los otros”. Durante el imperio romano los que eran hechos esclavos eran los ciudadanos extranjeros de los pueblos conquistados. Pueblos racial y culturalmente diferentes a quienes se aplicaba el derecho de conquista. Sólo en la decadencia de Roma la esclavitud se empezó a aplicar como castigo a los ciudadanos romanos culpables de ciertos delitos.

Para las culturas clasicas de Persia, Egipto, Grecia y Roma la esclavitud estaba universalmente aceptada. Esta se basaba en el derecho de conquista y por lo tanto la guerra era un medio de nutrirse de mano de obra esclava con los prisioneros capturados en la batalla. Así también lo entendieron civilizaciones tan dispares como las aztecas, mayas, indias o chinas.

En ningún momento se justificó la esclavitud por el hecho de que los seres humanos fueran superiores o inferiores. Algunos pensadores griegos y juristas romanos llegaron a reconocer que la esclavitud iba contra natura. La legislación romana reconocía que existía un conflicto entre la ius gentium, la ley consuetudinaria de las naciones, y las ius naturales, o ley natural. La opinión general entre los historiadores es que la esclavitud era una convención, algo que resultaba muy práctico y que se justificaba en base a su utilidad.

El filósofo griego Platón (427 – 347 a.C) dividía la sociedad en categorías funcionales. En el libro de La República habla de la división de la ciudad según tres tipos básicos de actividades. Asignará a cada ciudadano una posición según su disposición natural para realizar estas labores básicas para el funcionamiento de la ciudad.

  • Gobernantes: encargados de las actividades administrativas de la ciudad.
  • Guardianes o guerreros: encargados de la guerra.
  • Artesanos: encargados de las actividades productivas.

De esta manera establece las clases sociales que ha de tener la ciudad. Ahora bien para Platón cada ciudadano, al igual que un metal tiene una característica propia. La mezcla de estas genera distintas aleaciones que el gobernante ha de tener en cuenta a la hora de organizar la ciudad.

“Sois, pues, hermanos todos cuantos habitáis en la ciudad -les diremos siguiendo con la fábula-; pero, al formaros los dioses, hicieron entrar oro en la composición de cuantos de vosotros están capacitados para mandar, por lo cual valen más que ninguno; plata, en la de los auxiliares, y bronce y hierro, en la de los labradores y demás artesanos. Como todos procedéis del mismo origen, aunque generalmente ocurra que cada clase de ciudadanos engrende hijos semejantes a ellos, puede darse el caso de que nazca un hijo de plata, o que se produzca cualquier otra combinación semejante entre las demás clases. Pues bien, el primero y principal mandato que tiene impuesto la divinidad sobre los magistrados ordena que, de todas las cosas en que deben comportarse como buenos guardianes, no haya ninguna a que dediquen mayor atención que a las combinaciones de metales de que están compuestas las almas de los niños. Y si uno de éstos, aunque sea su propio hijo, tiene en la suya parte de bronce o de hierro, el gobernante debe estimar la naturaleza en lo que realmente vale y relegarle, sin la más mínima conmiseración, a la clase de los artesanos y labradores. O al contrario, si nace de éstos un vástago que contenga oro o plata, debe apreciar también su valor y educarlos como guardián en el primer caso o como auxiliar en el segundo, pues, según un oráculo, la ciudad perecerá cuando la guarde el guardián de hierro o el de bronce”.[7]

De la misma manera se expresa el filósofo árabe medieval Ibn Khaldûn para quien la esclavitud forma parte del orden de la sociedad.

“El mundo es un jardín cuya cerca es la dinastía. La dinastía es una autoridad que da a la vida un comportamiento adecuado. Un comportamiento adecuado es una política dirigida por el gobernante. El gobernante es una institución sostenida por los soldados. Los soldados son ayudantes que se mantienen con dinero. El dinero es un medio de sostenimiento que proporcionan los súbditos. Los súbditos son sirvientes protegidos por la justicia. La justicia es algo familiar y, a través de ella, el mundo persiste. El mundo es un jardín…”[8]

15 esclavismo árabe

Diversas fuentes histográficas cifran en un periodo superior a un milenio la duración del comercio de esclavos por los árabes musulmanes estimándose en más de diez millones las personas sometidas a esclavitud. Los esclavos en el mundo árabe tenían diversas procedencias, incluyendo el África subsahariana, el Cáucaso, Asia Central y Europa Central y Oriental. Ibn Battuta ha afirmado multitud de veces que le fueron dados o que compró esclavos. Los esclavos eran comprados o capturados en las fronteras del Mundo Islámico y posteriormente importados hacia los principales centros, donde existían mercados de esclavos desde donde eran distribuidos

            En el islamismo la yihad se plantea como una guerra lícita enque cada musulmán varón tiene como deber religioso liberar la tierra del Islam (Dar Al Islam) de la dominación de los infieles. La ley coránica permite a los defensores del Islam capturar a personas para hacerlas esclavas (Kafirun). Tan sólo se permitía a los “monoteístas”, es decir, judíos y cristianos, liberarse de la esclavitud, mediante el pago de un impuesto o rescate (yizya) como muestra de sometimiento e inferioridad. De hecho, en la España musulmana, los cristianos podían eludir la esclavitud sólo si pagaban la yizya a los gobernantes árabes. Pensadores musulmanes como Alí Al-Bagir defendieron la institución esclavista de la siguiente manera:

“El yihad busca ennoblecer el espíritu en el Islam, liberar el espíritu del vínculo de la no-creencia, la conversión no es ni mucho menos un santuario alejado de la condición servil. Y si el yihad libera a los hombres de la no-creencia, así también la humillación y el sometimiento de la esclavitud sirven para arrancar a los hombres de la infidelidad. De esta forma, el yihad trae la muerte al infiel, mientras lo elimina garantiza la dignidad de la comunidad musulmana. Es la esencia del Islam. Para capturar su identidad (nasab), el esclavo y la esclava deben enclaustrar su espíritu en el Islam y es sólo a través de la manumisión que el proceso se puede sostener”.[9]

            Fueron los musulmanes los primeros en servirse del falso argumento bíblico de la “maldición de Cam” para poder ejercer la rentable profesión de esclavista sin problemas de conciencia. De esta manera, los textos sagrados se fueron alterando lo suficiente para poder justificar la esclavitud.

            Algunos lugares africanos tienen etimologías árabes haciendo referencia en sus nombres a este tráfico de personas. Así, por ejemplo Zanzíbar significa en persa “Costa de esclavos” (زنگبار zangi-bar). Sudán proviene del árabe السودان, Bilad as-Suda’n; que significa ‘tierra de los esclavos’.

En China la esclavitud también se aceptaba como parte de la vida política. Los esclavos eran propiedad del Estado, y estaban compuestos principalmente por, prisioneros de guerra y delincuentes condenados. Algunas dinastías, como por ejemplo la Shang (1600-1100 a.C.), fueron tan crueles que en las tumbas encontradas en Anyang se han encontrado evidencias de sacrificios humanos en un número considerable. El filósofo chino Confucio (551-479 a.C.) consideraba que los esclavos eran, por razones “naturales”, intelectualmente inferiores a sus propietarios, quienes poseían un ingenio innato que les capacitaba para asumir el poder y dirigir los asuntos de Estado. Su afirmación: “dos cosas son inmutables: la inteligencia de los hombres bien nacidos y la estupidez de los plebeyos” resume su postura.

La India y el sistema de castas

            Entre las civilizaciones antiguas, existe no obstante una excepción que merece la pena analizar. Es el caso de la Civilización India y su sistema de castas. Esta forma de organización social generó una religión a medida denominada hinduismo, que no es otra cosa que un auténtico racismo de castas, por lo que tiene de discriminación y segregación. En la actualidad más de 200 millones de individuos, aproximadamente la sexta parte de la población de la India, siguen sufriendo este sistema, a pesar de los continuos esfuerzos por erradicarlo y de que la constitución de la India de 1950 abolió el término “intocables”.

            El sistema de castas de la India es un sistema hereditario de estratificación social en cinco niveles que, ligado al hinduismo, ha permanecido por aproximadamente unos 3000 años. Esta jerarquía social se atribuye al legislador Manú, quien en el Mánava Drama Shastra (Leyes de Manú), estableció uno de los principales fundamentos de la religión hindú. El sistema de castas se implantó a raíz de las invasiones de grupos indoeuropeos en la península del Indostán hacia el 1.500 a.C. En los libros sagrados (Vedas) escritos en sánscrito se describe esta invasión por los que llaman arios.

            Según el Código de Manú, cada individuo nace en una de las varnas o categorías, y ha de permanecer en ella hasta la muerte. Estas varnas se ordenan jerárquicamente en cuatro castas. El término varna significa “color” y alude a criterios de pureza. El hinduismo enseña que la creación del hombre se realizó a partir de las diferentes partes del cuerpo de una divinidad llamada Brahma. Dependiendo de la parte del cuerpo de origen estos se clasifican en las cuatro varnas o castas. Los brahmanes constituyen la casta superior y estaría formada por los sacerdotes y maestros, quienes habrían surgido de la boca de Brama. La segunda estaría constituida por los Kshatriyas o casta político militar, estaría formada por nobles y guerreros y habría surgido de los hombros de Brahma. Les siguen los vaisias que serían los mercaderes y negociantes formados de las caderas de Brahma. Por último se encontrarían los shudras o esclavos, a quienes pertenecerían los campesinos, obreros y artesanos. Estos habrían surgido de los pies de Brahma. Según las leyes de Manú la máxima aspiración de un shudra ha de ser la de entrar al servicio de algún miembro de las tres castas superiores. Los intocables, dalits o parias pertenecen a una quinta categoría que está al margen del sistema de varnas, porque las labores que realizan son demasiado impuras como para incluirlas en la escala de los varnas. Su origen no estaría en el cuerpo de Brama, sino en su excremento.

            Las leyes de Manú establecen que este orden es sagrado y que nadie puede aspirar a pasar a otra casta en el transcurso de su vida. Tan solo mediante la reencarnación un alma podría ir avanzando hacia estados más puros siempre que se hayan cumplido las actividades (Karma) correspondientes a su camino (dharma). Cada individuo debe preservar la armonía y el orden y por ello se encuentra atrapado en su propio dharma sin posibilidad de escapar al destino que corresponde a su casta.

            La doctrina hindú habla del “kali-yuga”, como aquella época en que se produce la decadencia de una civilización debido al mestizaje, y a la desaparición de las castas y estirpes. Por ello, el “Manava Dharmasastra”, o “Leyes de Manú” sentencia de la siguiente manera:

            “Los arios que, en su locura, contraigan matrimonio con una mujer de la última casta, degradan su familia y su descendencia al nivel de un sudra… De las uniones irreprobables descienden una posteridad sin mácula; de las uniones ilícitas una posteridad despreciable: se deben, por tanto, evitar las uniones despreciables”.[10]

15 intocable

En la India el sistema de castas (varnas) existe desde hace más de 3.000 años, cuando sacerdotes arios llegados del norte dividieron a la sociedad en un esquema básico de estratos. Pero en el año 200 un legislador llamado Manu estableció en un texto sagrado la división en cuatro grandes castas que perduran hasta hoy, son hereditarias y su principal sustento en el tiempo proviene de los brahmanes, que se encuentran en el vértice de la pirámide. Un informe del profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Nueva Delhi Gopal Guru, publicado por la Unesco en 2001, afirmaba: «Es evidente que la discriminación basada en la casta fue una construcción ideológica elaborada por las categorías superiores para crear y mantener su monopolio sobre el capital cultural (conocimiento y educación), el capital social (situación y dominación patriarcal), el político (poder) y el material (riqueza)».

La concepción de la historia en el hinduismo es cíclica y viene determinada por las sucesivas reencarnaciones. Una reencarnación es la sucesión periódica de muertes y renacimientos, en las que el alma va pasando por diferentes vidas siguiendo un orden ascendente o descendente según los méritos y el comportamiento personal que se hayan seguido en la vida anterior. La finalidad del hinduismo es romper el karma o “rueda de la vida” de sufrimientos y penurias, para llegar a un estado de nirvana o felicidad absoluta. En este mundo espiritual superior, uno se libera definitivamente del ciclo de reencarnaciones, siempre que haya llevado una vida de oración y desapego sincero de los bienes materiales. Precisamente la creencia del hinduismo en las reencarnaciones permitía, como apunta el historiador francés Jean Michel Deveau, justificar la esclavitud en la India.

“Por eso conviene remontarse al Ramayana, al Mahabharata y al conjunto de la literatura épica sánscrita para encontrar la descripción de una esclavización comparable a la que conocieron las restantes civilizaciones (…) Según los relatos de esta literatura antigua, los indios pensaban que toda persona nacida en la esclavitud pagaba las malas acciones de una vida anterior. No le quedaba más remedio que aceptar pacientemente su suerte y aguantar los antojos de su amo, sin sentir ningún resentimiento hacia él, aun cuando este último tratara de darle muerte, pues esta larga resignación le valdría una mejor suerte en una próxima vida.”[11]

            Las castas han funcionado en la India como un apartheid, que permitía mantener el monopolio del poder de las castas superiores a la vez que se empleaba como mecanismo de explotación económica. La segregación por casta llega a límites insospechados, de tal manera que el solo contacto de un individuo con alguien de casta inferior es considerado como una contaminación y ha de procederse a un largo y complejo ceremonial para poder recuperar la limpieza. Algunas castas contaminan sólo con la sombra y otras no pueden acercarse sino a distancias determinadas.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Alfonso García Martínez. La construcción sociocultural del racismo, 2004.
[2] Citado por Angel Rodriguez Kauth. SOBRE LAS RAZAS Y EL RACISMO
[3] Thomas, 1998:26. Citado por Alfonso García Martínez. La construcción sociocultural del racismo. Ed. Dykinson. 2004. p. 38
[4] Cit. Por Juan Comas. Los mitos raciales. Universidad de México. Nº 6. 1956.
[5] Frank M. Snowden Jr., Blacks in Antiquity , Cambridge Mass 1970, págs. 182-3
[6] Hechos de los apóstoles 10, 34-43
[7] Platón. La República, 415 a-c
[8] Ibn Khaldûn, The Muquaddimah , 3 vol. Nueva York 1958, I, págs. 80-1.
[9] Ali Al-Baquir. Tarij ghard afriqia. Citado por Omayma Shiakh-Eldin Gibril. Antropología de la esclavitud, género y racismo en Sudán. Editor: Editorial de la Universidad de Granada,2007
[10] “Leyes de Manú”, III, 15, 42.
[11] Jean-Michel Deveau. Mujeres esclavas de todos los tiempos. Ediciones Martínez Roca, Barcelona, 2001 (p. 149, 150)
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