10.5. Ernst Haeckel y la teoría de la recapitulación

Una de las teorías preevolucionistas que fue utilizada posteriormente como argumento a favor del darwinismo, fue la hipótesis de la recapitulación que fue elaborada por el anatomista y médico francés Etienne Serres (1786-1868). En ella se postula que durante el crecimiento de un animal superior, este iría pasando por los estadios adultos de los diversos animales inferiores. Serres llegó a sostener que los negros adultos serían como los niños blancos, mientras que los mongólicos adultos eran como los adolescentes blancos. Para “demostrar” tan absurda tesis, propuso como prueba “científica” claramente cuantificable… la distancia entre el ombligo y el pene. Según él, en los bebés de todas las razas esa distancia es pequeña en comparación con la longitud del cuerpo. Pero a medida que se produce el crecimiento, el ombligo se desplaza hacia arriba. Este desplazamiento es mayor en los blancos que en los asiáticos y en estos mayor que en la de los negros. De esta manera, quedaría “comprobado” que los negros se asemejarían así a los niños blancos, demostrando de esta manera su supuesta “inferioridad”.
No es de extrañar que ante esta cantidad de estupideces “científicas”, los colonizadores usaran estas teorías para justificar su explotación de recursos y personas del continente africano como expresa el cronista Armand Dubarry:

“El negro salvaje y bárbaro es capaz de todas las estupideces y desgraciadamente, Dios sabe el porqué, parece estar condenado en su país de origen a la salvajería y a la barbarie para siempre. Con tres semanas de trabajo tiene para garantizar su provisión de arroz, maíz, etc. Si trabajara seis meses, haría de su patria un paraíso. Pero cualquier idea de progreso y de moral no le permite darse cuenta del valor incalculable, del infinito poder del trabajo y sus leyes son sus pasiones brutales, sus apetencias feroces, los caprichos de su imaginación perturbada. El indígena vive al día, a la aventura, indiferente al mañana. Su gusto poco delicado le permite adaptarse a lo que le ofrece el azar.”

Pero el principal divulgador de la teoría de la recapitulación fue el zoólogo alemán Ernst Haeckel (1834-1919). En su estudio realizará la síntesis materialista de la teoría evolutiva de Darwin con las teorías racistas que dominaban el panorama intelectual europeo. Según su hipótesis a lo largo del desarrollo embrionario de un organismo, éste pasa (recapitula) por todos los estadios adultos que habían llevado a la formación de la especie. En el caso del ser humano, Haeckel afirmaba que el embrión pasaría consecutivamente por una fase de anfibio, de reptil, de mamífero, y de primate antropoide. Era como si cada individuo escalase en su origen su propio árbol genealógico.
Estas teorías las empleará Haeckel para justificar la tesis colonizadora de dominación. Para él, las razas (que él llamaba directamente especies) débiles, como los amerindios, australianos, papúes de Nueva Guinea, hotentotes y dravidianos de la India, desaparecerían por efecto de la selección natural bajo el empuje de grupos mejor adaptados, obviamente los europeos.
La teoría de la recapitulación fue rápidamente asimilada por los ideólogos de la raza que la emplearán para “demostrar científicamente” la jerarquía de las razas. De esta manera los adultos de una raza inferior habrían de parecerse a los jóvenes de una raza superior. En esta línea el evolucionista Karl Christoph Vogt (1817-1895), profesor de H.S. Chamberlain llegó a afirmar que el cerebro de los negros y de las mujeres adultas se parecía al de un niño blanco de pocos meses de edad. Con esto pretendía demostrar la supuesta inferioridad evolutiva de los primeros, señalando su posición en la jerarquía de la especie. Vogt sugerirá que las factorías esclavistas estadounidenses podían aprovecharse para funcionar como laboratorios científicos experimentales o “criaderos zzotécnicos de negros” “en las mejores condiciones para formar una raza modificada”. En el texto evolucionista Lecciones sobre el Hombre (1878), Vogt expresaba su punto de vista con claridad:

“La suma de las diferencias entre dos especies bien caracterizadas de simios no es, en ningún caso, más grande, y es a menudo, más pequeña, que la de las diferencias que s epueden constatar entre dos razas humanas. Estas comparaciones conducen forzosamente a la conclusión ya indicada, es decir, que es necesario considerar a las razas humanas como especies distintas, o bien que lo que llamamos especies de monos no son sino simples variedades”. Karl Vogt

Otra figura representativa del materialismo monista fue el médico y filósofo alemán Ludwig Büchner (1824-1899). Su obra Fuerza y materia (Kraft und Stoff, 1855), fue saludada con el apodo de “Biblia del materialismo” siendo que en 1904, contaba ya con 21 edicaciones alemanas y varias traducciones a otras lenguas. En dicha obra manifiesta su concepción racista con expresiones como la siguiente:

“Las diferencias corporales e intelectuales de las razas humanas entre sí, son generalmente conocidas, por lo cual hablaremos poco de ellas. ¿Quién no ha visto al natural o dibujado el cráneo de un negro, sin compararlo inmediatamente al cráneo más voluminoso de la raza caucásica? ¡Qué diferencia entre esta noble forma y aquel cráneo con la frente deprimida y estrecha, y la cabeza pequeña y semejante a la del mono! ¿Quién ignora la inferioridad intelectual de la raza etiópica y su estado infantil en comparación con la raza blanca? ¡Inferioridad que durará siempre! El cerebro del negro es mucho más pequeño que el del europeo, y, sobre todo, más semejante al de los animales.” Büchner.

La recapitulación entendía la evolución como un proceso que se desarrolla de forma lineal y progresiva. Pero en la actualidad se ha demostrado que esta concepción de la evolución es falsa, pues no tiene en cuenta la gran complejidad de procesos y de ramificaciones que se producen en la evolución de la vida natural. Lo interesante de esta forma de entender la evolución para los racistas, es que permitía interpretar ésta como una ordenación jerárquica de especies o razas, más o menos evolucionadas.
Ernest Haeckel fundó la Liga Monista con el propósito de propagar sus ideas a favor de la modificación biológica de las poblaciones humanas. En este sentido acusaría al cristianismo de pervertir el orden natural, ya que al no realizar distinciones raciales no permitía la “selección natural de las razas” de eliminación de los más débiles. Llegó incluso a proponer sustituir las fiestas cristianas por el culto al Sol de los antiguos arios. Para Haeckel la “cuestión judía” era un problema racial y las “extrañas costumbres” de los judíos eran intolerables para el pueblo alemán.
Al igual que Darwin, Haeckel creía que las diferentes razas eran desarrollos evolutivos y por ello, algunas estaban más avanzadas que otras. La única discrepancia entre dichos autores es que, mientras Darwin afirmaba que el culmen de la evolución se había producido en Inglaterra, Haeckel defendía que la cima evolutiva se había producido en Alemania…
En 1868 publicó su Historia de la creación de los seres organizados según las leyes naturales. Desde el darwinismo establece una clasificación jerárquica de las razas humanas de acuerdo a su lugar en la evolución: desde los negros, considerados cercanos al mono, hasta la forma más evolucionada de la raza, los Indo-germanos, entre los que se cuentan los alemanes, los anglosajones y los escandinavos. Haeckel tratará de demostrar con argumentos biológicos todas estas aseveraciones. Ferviente partidario de Bismarck, Haeckel estuvo entre los fundadores de la Asociación Pangermánica en 1894, dando aval científico a muchas de las empresas políticas de la época.
El punto de partida en toda esta reflexión es una visión antropológica puramente materialista que niega a los seres humanos un alma racional. De esta manera cada raza, entendida como ramas diferentes desarrolladas a partir de la evolución, manifestaría distintas habilidades intelectuales y morales. En Haeckel estas diferencias interraciales son mucho mayores de lo que Darwin creía:

“Las diferencias morfológicas entre dos especies generalmente reconocidas – por ejemplo, ovejas (…) y cabras – son de mucha menor importancia que las que existen entre un habitante de Papúa y un esquimal, o entre un hotentote y un hombre de la raza teutónica”.

De estas diferencias biológicas originadas en las diversas etapas evolutivas se derivarían las diferencias morales entre las distintas razas:

“Las grandes diferencias de mentalidad y civilización entre las razas de hombres de estatura más elevada y las más bajas (…) no se valoran lo suficiente (…) el valor de la vida en sus diferentes niveles se valora de forma incorrecta”. E. Haeckel

Estas graduaciones evolutivas implicarán diferentes valoraciones en la dignidad de los miembros de cada raza. Según Haeckel:

“Las razas inferiores (tales como los vedas o los negros australianos) están psicológicamente más cerca de los mamíferos (monos y perros) que de los europeos civilizados”; en consecuencia, “debemos (…) asignar un valor totalmente diferente a sus vidas”. E. Haeckel

Esta distinción de valor entre razas, Haeckel la estima como necesaria ya que él mismo afirma, con toda crudeza que:

“La brecha existente entre la mente racional del hombre civilizado y el alma animal y sin juicio del salvaje es enorme, más grande que la que separa a estos últimos del alma del perro”.E. Haeckel

Haeckel puede ser considerado como un biólogo poligenista. Para él, toda la evolución se origina de dos tipos de Homo primigenius que se distinguirán por la forma del cabello: pelo liso (leiótricos) y rizado (ulótricos). Haeckel se considera miembro de la raza más dotada, ya que habrían sido los alemanes los que más se habían apartado de “la forma primaria común que tienen los hombres de rasgos simiescos”. Esta pretensión alemana por ser los más desarrollados evolutivamente es lo que les permitía estar “sentando las bases de un nuevo período de desarrollo mental más elevado”. Por ello era tan importante mantener la pureza de la raza, para de esta manera asegurar la superioridad racial. El mestizaje con razas que se encuentran en el extremo inferior del espectro evolutivo, no haría sino degradar a la “especie” teutónica. Para Haeckel y el resto de monistas, la Nación-Estado representaba la forma natural de organización de la raza, ya que esta unión se basaba en criterios exclusivamente raciales. Por consiguiente, la unificación y el aislamiento del pueblo germánico en cuanto la “especie más elevada de la humanidad” han de convertirse en el objetivo principal, tanto científico como político, del Estado. Solamente la unificación y el aislamiento podrían asegurar la pureza de la selección natural y elevar a la raza teutónica. El bien del individuo quedaba de esta manera subordinado al bien de la raza y determinado por ese Estado-Racial.
El historiador Daniel Gasman, en su obra “Los orígenes científicos del nacionalismo” (1971) denuncia las fuentes pseudocientíficas del nacionalismo alemán. En este punto denuncia a la Liga Monista fundada por Haeckel como el eslabón que une al racismo de Gobineau y Chamberlain con la “ciencia racial” que Hans F.K. Günther explicaba en la universidad de Jena y que otros aplicaban en Auschwitz.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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