10.6. Del carácter simiesco de las razas inferiores

            Las mediciones de cráneos y cerebros para justificar las desigualdades entre razas y grupos humanos fueron empleadas indistintamente por creacionistas como Agassiz y Morton, así como por evolucionistas como Broca y Galton. Pero hubo algunos argumentos específicamente racistas que derivaron exclusivamente de la teoría evolucionista. El más importante de todos fue el de la recapitulación que pretendía ver en el desarrollo individual de cada persona, el desarrollo histórico de toda su especie. “La ontogenia recapitula la filogenia”, era la expresión que resumía este concepto.

            La idea de la recapitulación influyó enormemente en diversos campos científicos, como la embriología, la morfología comparada, la paleontología, incluso en la propia pedagogía infantil. En todas estas áreas se propusieron reconstruir los distintos linajes evolutivos y en ese sentido la teoría de la recapitulación ofrecía la herramienta idónea para dicha tarea. Las hendiduras branquiales que se observan en el embrión humano en los inicios de su desarrollo delatarían el estadio adulto de un pez filogenéticamente previo. La aparición de cola en un estadio posterior sugeriría la existencia de un antepasado reptil o mamífero, etc.

            Las teorías de Haeckel influyeron también en el campo de la psicología. Tanto Sigmund Freud (1856-1939) como Carl Gustav Jung (1875-1961) fueron firmes defensores de la teoría de la recapitulación. En Tótem y tabú, Freud tratará de reconstruir la historia humana partiendo del concepto del Complejo de Edipo que todos los niños pequeños debían de haber tenido. En opinión de Freud, este impulso parricida debía de corresponder a un episodio real protagonizado por unos antepasados adultos. En algún momento de la historia humana los hijos de un clan ancestral habrían matado a su padre para tener acceso a las mujeres. El estado evolutivo del ser humano recapitularía en su psicología este hecho.

            La recapitulación se empleó como argumento “científico” para establecer diferentes jerarquías entre los distintos grupos humanos. De esta manera los adultos de grupos inferiores eran comparados con los niños de los grupos superiores, ya que el niño representaba a un antepasado primitivo adulto. Los negros y las mujeres adultas eran comparados con los niños varones blancos asignándoles a estos un estadio primitivo de la evolución de los varones blancos. Esta formulación produjo toda una teoría anatómica nueva para la clasificación jerárquica de las razas ya que tomaba en cuenta todo el cuerpo, y no solo la cabeza.

            El determinismo biológico se apoyó a finales del s.XIX y principios del XX en la idea de la recapitulación. El famoso paleontólogo norteamericano Edward Drinker Cope (1840-1897) explicó el mecanismo de la recapitulación distinguiendo cuatro grupos de formas humanas inferiores: las razas no blancas, la totalidad de las mujeres, los blancos del sur de Europa (frente a los del Norte), y las clases inferiores dentro de las razas superiores. Este experto en recopilar huesos de dinosaurios predicó la doctrina de la superioridad nórdica y abogó por la reducción de la inmigración de judíos y europeos del sur a Norteamérica. Según este autor, la inferioridad de estos últimos se debería a que los climas más cálidos favorecían una maduración más temprana. Puesto que la maduración implica la detención y el fin del desarrollo corporal, los europeos del sur sólo alcanzarían un tipo más infantil, y, por tanto, más primitivo de madurez. Por el contrario, los habitantes del norte europeo, alcanzarían estadios superiores y por tanto estarían más evolucionados, ya que una maduración más tardía les permitiría desarrollarse durante un período más prolongado:

            “Puede afirmarse con seguridad que, dentro de la raza indoeuropea, la madurez es en algunos aspectos más precoz en las regiones tropicales que en las nórdicas; pese a las muchas excepciones, este (fenómeno) es lo bastante general como para considerarlo una regla. Por consiguiente en dicha raza – al menos en las regiones más cálidas de Europa y América – se observa una mayor manifestación de ciertas cualidades que son más universales en las mujeres, como por ejemplo una mayor actividad de la naturaleza emocional en comparación con el juicio… Es probable que (los individuos) del tipo más nórdico hayan superado todo eso en su juventud”.[1]

            La teoría de la recapitulación se aplicó rápidamente al estudio antropométrico de los cráneos con el fin de justificar la clasificación jerárquica de las razas. Louis Agassiz buscó comparaciones entre el cerebro de negros adultos y el de un feto de niño blanco de siete meses de vida. Karl Christoph Vogt estableció una equivalencia entre el cerebro de los negros adultos, el de las mujeres blancas y el de niños varones blancos, tratando de justificar de esta manera el hecho de que los negros nunca hubieran construido alguna civilización digna de mención. Incluso llegó a negar que el negro hubiera adquirido la capacidad de mantenerse erguido: “el negro rara vez se mantiene completamente derecho: la mayor parte del tiempo, sus rodillas quedan un poco dobladas y su pierna encorvada y arqueda”. E.D.Cope se centró en los aspectos estéticos de la cabeza como la nariz o la barba.

“Dos de las características más destacadas del negro coinciden con las que se observan en los estadios inmaduros de los tipos característicos de la raza indoeuropea. El escaso desarrollo de las pantorrillas es una característica de las primeras etapas de la vida del niño; pero, lo que es más importante, en los indoeuropeos, el puente de la nariz achatado y los cartílagos nasales cortos representan signos universales de inmadurez… En algunas razas – por ejemplo, la eslava – esa característica de subdesarrollo perdura más que en otras. Por su parte, la nariz griega, con su puente elevado, no sólo coincide con la belleza estética, sino también con una perfección del desarrollo”.[2]

E.D. Cope encontró una pretendida prueba al argumento de la infancia salvaje, al comparar el arte prehistórico, las pinturas de los pueblos “primitivos” y los dibujos de los niños.

“Nos parece que los esfuerzos de las razas primitivas de las que nos ha llegado algún testimonio son en todo similares a los que realiza la mano inexperta del niño cuando dibuja en su pizarra, o a los del salvaje cuando pinta en las paredes rocosas de los acantilados”.[3]

Este eminente palentólogo y uno de los principales biólogos del evolucionismo norteamericano advertía del “peligro” de mezclarse con la raza negra.

“La raza humana superior no puede arriesgarse a perder o incluso a comprometer las ventajas que ha adquirido a través de siglos de esfuerzo y fatiga mezclando su sangre con la raza inferior… No podemos enturbiar o extinguir la fina sensibilidad nerviosa y la fuerza mental que la cultura ha producido en la constitución de los indoeuropeos (mezclándonos) con los lascivos instintos y la oscuridad mental de los africanos. Esto no sólo supone un estancamiento intelectual y la instauración de un tipo de vida meramente vegetativa, sino también la imposibilidad o la improbabilidad, de una eventual resurrección”.[4]

Como solución al “problema negro” aportaba su regreso al África:

“¿No es suficiente carga para nosotros el tener que soportar a los campesinos europeos que cada año se nos incita a recibir y asimilar? ¿Acaso nuestra propia raza ha alcanzado un nivel tan alto como para que podamos introducir impunemente ocho millones de materia muerte en el mismo centro de nuestro organismo vital?”.[5]

            Otro defensor de la recapitulación fue el antropólogo norteamericano David Garrison Brinton (1837-1899) quien resumía de la siguiente manera el argumento recapitulativo:

            “El adulto que conserva más rasgos fetales, infantiles o simiescos es sin lugar a dudas inferior al que ha seguido desarrollándose… De acuerdo con esos criterios, la raza blanca o europea se sitúa a la cabeza de la lista, mientras que la negra o africana ocupa el puesto más bajo… Todas las partes del cuerpo han sido minuciosamente examinadas, medidas y pesadas para poder constituir una ciencia de la anatomía comparada de las diferentes razas”.[6]

            La psicología también empleó la recapitulación para establecer sus proposiciones. Salvajes y mujeres eran asimilados emocionalmente a los niños. De esta manera eran considerados como personas inferiores que se encontrarían en etapas primitivas del desarrollo. El más importante representante de la psicología norteamericana, G. Stanley Hall (1844-1924) formuló en 1904 lo que sería el gran argumento de su carrera:

“En la mayoría de los aspectos, la mayoría de los salvajes son niños, o mejor dicho, dada su madurez sexual, adolescentes con tamaño de adultos” G. Stanley Hall (1904, vol. 2, p.649).

            Uno de sus más importantes discípulos. Alexander F. Chamberlain (19865-1914) explicaba en tono paternalista.

“Si no existiesen los pueblos primitivos, el mundo en general sería como es en pequeño cuando no cuenta con la bendición de los niños”. A.F. Chamberlain

Otro importante psicólogo inglés, llamado James Sully (1842-1923), comparaba la sensibilidad estética de los niños con la de los salvajes:

            “Gran parte de las primeras manifestaciones rudimentarias del sentido estético del niño presenta puntos de contacto con las primeras modalidades que adoptó el gusto artístico en la raza [humana]. La predilección por las cosas brillantes, resplandecientes, por las cosas alegres, por los fuertes contrastes de color, así como por ciertos tipos de movimiento, como el de las plumas – que constituyen el adorno personal preferido – constituye una característica bien conocida del salvaje, y, desde el punto de vista del hombre civilizado, confiere a su gusto un tono de infantilismo. Por otra parte, es dudoso que el salvaje alcance a tener la sensibilidad que demuestra el niño ante la belleza de las flores”.[7]

También Herbert Spencer encontró esta idea muy sugerente y la empleó para justificar la supremacía de la raza blanca.

            “Los rasgos intelectuales del salvaje… son rasgos que se observan regularmente en los niños de los pueblos civilizados”. Herbert Spencer 1895.

             Agassiz se expresaba en los mismos términos cuando afirmaba que “el cerebro del negro es el mismo cerebro imprefecto que el del niño de siete meses en el vientre la blanca”.[8]

El argumento de la recapitulación también se empleó para denostar e infravalorar a las mujeres. Al referirse a las características metafísicas de la mujer E.D. Cope afirmaría que eran:   

“…Esencialmente muy similares a las que se observan en los hombres durante el estadio inicial de su desarrollo… El bello sexo se caracteriza por una mayor impresionabilidad… es más emotivo y se deja influir más por la emoción que por la lógica; es tímido y su acción sobre el mundo externo se caracteriza por la inconstancia. Por regla general, estas características se observan en el sexo masculino durante algún período de la vida, aunque no todos los individuos las superen en el mismo momento… Es probable que la mayoría de los hombres recuerde algún período inicial de su vida en que predominaba la naturaleza emocional, una época en que la emoción ante el espectáculo del sufrimiento brotaba mucho más fácilmente que en los años más maduros… Quizá todos los hombres puedan recordar un período juvenil en que adoraban algún héroe, en que sentían la necesidad de un brazo más fuerte, y les gustaba respetar al amigo poderoso, capaz de simpatizar con ellos y acudir en su ayuda. Esos son los rasgos del “estadio femenino” de la personalidad”.[9]

            El psicólogo G. Stanley Hall pretendió encontrar una prueba del inferior nivel evolutivo de las mujeres, basándose absurdamente en que estas presentaban una mayor tasa de suicidios:

“Esto expresa la existencia de una profunda diferencia psíquica entre los sexos. El cuerpo y el alma de la mujer son filéticamente más antiguos y más primitivos; en cambio, el hombre es más moderno, más variable, y menos conservador. Las mujeres siempre tienden a conservar las viejas costumbres y los viejos modos de pensar. Las mujeres prefieren los métodos pasivos; [prefieren] entregarse al poder de las fuerzas elementales, como la gravedad, cuando se arrojan desde las alturas o ingieren un veneno, métodos de suicidio en los que superan al hombre. Havelock Ellis estima que en la actualidad el ahogamiento es cada vez más frecuente, y que ello indica por parte de las mujeres una mayor afirmación de su feminidad”.[10]

            La colonización y el derecho a la explotación de los indígenas, fue en muchos casos justificada en base a estos razonamientos. A este respecto el sociólogo inglés Benjamin Kidd (1858-1916) diría:

“Nos enfrentamos con unos pueblos que representan en la historia del desarrollo de la raza el mismo estadio que el niño en la historia del desarrollo del individuo. Por tanto, los trópicos no se desarrollarán por obra de los propios indígenas”.B. Kidd. 1898

            En 1894 Benjamin Kidd publica la obra “Evolución social”, un texto que proporcionó el marco para un nuevo racismo, combinación de cultivo racial y sexismo paternalista. Firme defensor del suprematismo ario y su papel civilizador, afirmará que la “superioridad de la raza inglesa y de la raza alemana sobre las razas latinas, es esencialmente moral y religiosa”.

Rudyard Kipling (1865-1936), poeta por antonomasia del imperio inglés, hace referencia a la tesis de la recapitulación en su célebre poema de la “pesada carga” en el que realiza una apología de la superioridad blanca a quien le correspondería el grave deber de tutelar el progreso y la evolución del resto de pueblos “atrasados”.

Toma la pesada carga del hombre blanco:

anda, envía lo mejor de tu prole

impón a tus hijos el exilio

para atender al menesteroso cautivo:

para, en duro servicio, asistir

a unos pueblos alborotados e incultos –

indolentes razas que acabas de conquistar,

mezcla de demonios y de niños.

            Con este último verso “mezcla de demonios y de niños” se resumen los dos grandes prejuicios contra los negros africanos y el resto de razas ni inglesas: su intrínseca maldad fruto un supuesto origen maldito, y su escaso desarrollo evolutivo que los acercaba más a los niños que a las personas maduras blancas.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] E.D. Cope, 1887. Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica, 2004. Pág. 127
[2] E.D. Cope.1887. Idem . pag. 128
[3] E.D. COPE. The Origin of the Fittest. Macmillan & Appleton, Lond. N. York 1887
[4] Idem
[5] Idem
[6] D.C. Briton (1890). Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica, 2004. Pág. 128
[7] James Sully. Idem. pag. 129
[8] L. Agassiz, citado en W. R. Stanton, The Leopard´s Spots: Scientifici Attitudes Towards Race in America, University of Chicago Press, Chicago, 1960, p. 106.
[9] E.C. Cope (1887, p. 159). Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica, 2004. Pág. 129
[10] G. Stanley Hall 1904. Idem.
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