10.8. La interpretación evolucionista de las religiones: fetichismo, animismo y canibalismo ritual

            La teoría de la evolución transformó el pensamiento científico y social del s. XIX. Apenas hubo cuestión alguna dentro del ámbito de las ciencias naturales que no se viera afectada por el nuevo paradigma. No es de extrañar que el pensamiento materialista decimonónico tratara de buscar un origen biológico-material a las distintas religiones que, según los presupuestos del reduccionismo materialista, evolucionarían en el tiempo.

El primer pensador en elaborar una teoría evolutiva de la religión fue el fundador del positivismo Auguste Comte, quien pretendía ver en las manifestaciones religiosas africanas un primitivismo que les llevaba a adorar ídolos de madera fabricados por ellos mismos. Para esta práctica acuñó el término de fetichismo, que proviene del portugués “feicho” y que se traduce por “cosa hecha por el hombre”. De esta manera pretendía afirmar que los pueblos africanos creaban sus propios dioses. A la religión fetichista le sucedería el politeísmo y luego necesariamente el monoteísmo. En la actualidad el concepto de fetichismo es rechazado por la antropología por ser confuso y no explicar la gran complejidad de la religiosidad tradicional de estos pueblos.

Otra de las explicaciónes evolutivas de las religiones la realizó el antropólogo escocés James George Frazer (1854-1941). Frazer escribe en 1890 “La rama dorada” en la que habla de un esquema evolutivo del pensamiento a lo largo de la historia de la humanidad en tres etapas: magia, religión y ciencia. En los primeros estadios de civilización predominaría la magia, que progresivamente sería sustituída por la religión. Esta sería reemplazada, posteriormente por la ciencia, que constituiría un conocimiento más verdadero, en un proceso evolutivo al que se llegaría en la actualidad con un estado superior de desarrollo del pensamiento y el conocimiento humano. Influido por la conciencia de progreso que surge tras la Ilustración y que impregnaba los ambientes sociales y científicos de la época, Frazer tomó por evidentes dos presupuestos indemostrados: que la historia de la humanidad refleja dicha evolución y progreso, y que la civilización occidental representa la cúspide de este proceso de desarrollo.

Otro de los términos desafortunados para referirse a las religiones tradicionales africanas es el de animismo acuñado por el etnólogo evolucionista inglés Edgard Tylor (1832-1917). El término apareció por primera vez en un artículo escrito por Tylor en 1866, y más tarde fue desarrollado en su libro “Cultura primitiva” (1871). Para Tylor el fenómeno religioso seguiría una secuencia evolucionista que partiendo del animismo, continuaba con el politeísmo y terminaba con las religiones monoteístas. Para todos estos autores; Comte, Frazer y Tylor, los estados de religiosidad más primitiva; fetichismo, magia o animismo, correspondían a los africanos al ser este el pueblo “menos evolucionado” de todos. Al ser inferiores, su religión debía de ser inferior…

El término animismo deriva de la palabra latina ánima, que significa aliento de vida, y que por tanto, lleva consigo la idea de alma o espíritu. Dentro del pensamiento materialista de Tylor, la religión era definida como la “creencia en seres espirituales”, mientras que el “alma” era una imagen vaporosa que animaba al objeto ocupado. Edgard Tylor creyó que los pueblos africanos “primitivos” imaginaban que el alma era capaz de dejar el cuerpo y entrar en otras personas, animales o cosas, y que continuaba viva después de la muerte. Tylor llevó esta teoría más lejos, afirmando que estos hombres “primitivos” creían que cada objeto tenía su propia alma, dando lugar a innumerables espíritus en el universo.

Para Tylor el animismo trataría de explicar la realidad y su origen lo encontrará en el fenómeno de los sueños y su interpretación. Como en los sueños no solamente se ven seres humanos, sino también animales y objetos inanimados. La conclusión sería que todos ellos también tendrían un ánima como el del ser humano. Un ánima que podría abandonar el objeto o el cuerpo, y presentarse en el sueño. Pero además el propio sujeto también podría abandonar su propio cuerpo en el sueño para viajar por el espacio. Los estados de conciencia alterados como trances, visiones o las alucinaciones producidas por el consumo de las drogas reforzarían esta idea tayloriana de los espíritus animados. Para Taylor creer en las ánimas es superstición, y la superstición en su mentalidad ilustrada no es otra cosa que religión… Olvida Tylor que la religión y la doctrina de las almas también permiten proporcionar a las personas respuestas a las preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida y la muerte, y la bondad o maldad de los actos.

Las ideas de Tylor fueron popularizadas por sus discípulos y desde entonces el animismo se ha empleado para referirse a las creencias tradicionales de África y otras partes del mundo. La finalidad de Tylor era ajustar sus hipótesis a la Teoría de la Evolución, por lo que la noción de estos espíritus (ánimas) fue la base de su teoría de la evolución religiosa. Según esta teoría el animismo vería en cada objeto de la naturaleza un espíritu que lo habitaría. Cada río, árbol, roca o lago tendría un espíritu al frente del cual se hallaría un espíritu principal. De esta idea del espíritu principal se derivaría el politeísmo o creencia en muchos dioses. Por último del politeísmo surgiría el monoteísmo como creencia en un Dios supremo que dominaría sobre todos los espíritus principales. La justificación evolucionista de la religión y su origen materialista estaría, en opinión de Tylor, perfectamente explicado de esta manera. Sin embargo esta explicación no tiene en cuenta otras teorías que argumentan que precisamente el desarrollo religioso del ser humano debió de comenzar en el monoteísmo para derivar en el politeísmo y el animismo.

En la actualidad el término animismo es rechazado por la antropología, y en su lugar se emplea el término de “religión tradicional africana”, ya que en ellas pueden encontrarse elementos religiosos comunes al monoteísmo como los conceptos de Dios, espíritu, divinidad, etc. Además no pueden incluirse en un solo tipo de religión, creencias de pueblos tan distintos y tan separados como los índios de América, los negros de África y las tribus australianas. Muchos autores ven en la argumentación de Tylor un etnocentrismo centrado en su propia cultura europea, presentando una progresión que va desde la religión (cuyas explicaciones sobre la realidad él cree que son subjetivas) hasta llegar a la ciencia, que proveería de explicaciones “objetivas” de la realidad, pero que sólo satisfacen a ciertos grupos.

Otro de los planteamientos evolucionistas de las religiones africanas lo debemos a Herbert Spencer. Para él la religión es una creencia en las fuerzas de la naturaleza que denominará el “mana” y sobretodo en la veneración de los antepasados: personajes ya difuntos que en vida fueron objeto de un respeto extraordinario, de gran influencia y que más tarde son encumbrados de forma espontánea a la categoría de “seres superiores”. Estos seres seguirían actuando en la vida de los vivos después de muertos. En este punto Spencer no hace sino repetir la teoría de Evémero de Mesenia (s. IV a.C.) para quien los dioses y la religión habrían surgido como un proceso de divinización de grandes personajes de la antigüedad, personificados en los astros celestes.

Hay que destacar otro de los mitos que se creó y difundió durante el s.XIX para justificar la superioridad racial de occidente: la antropofágia ritual africana. Lothrop Stoddart, discípulo de Madison Grant, caracterizaba a los negros de la siguiente manera:

“La ineptitud política del negro, que nunca va más allá del concepto tribal. Mantiene al África negra como un mosaico de pueblos, guerreando salvajemente entre sí y ampliamente adictos al canibalismo. Entonces, también las religiones nativas son usualmente sanguinarias, demandando una prodigalidad de sacrificios humanos. Las matanzas ordenadas por magos y médicos-brujos negros alcanzan a veces proporciones increíbles”.[1]

Esta creencia en un canibalismo religioso de los negros llegó a aparecer en la Enciclopedia Británica, que representaba el más reputado compendio del conocimiento científico de inicios del s. XX.

“El canibalismo se encuentra en su forma más simple en África. En ese continente la mayoría de las tribus caníbales comen carne humana porque les gusta, y no por cualquier motivo mágico o por carencia de otra carne animal”.[2]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] L. Stoddart, 1922. Cit. Luís César Bou. África y la historia, 2001. P. 34.
[2] Encyclopedia Britannica, 1911. Cit. Luís César Bou. África y la historia, 2001. P. 34.
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