11.3. La Rassenhygiene o ciencia de la higiene racial

Durante el regimen nazi la antropología racial (Rassenkunde) y la higiene racial (Rassenhygiene) se convirtieron en campos científicos de gran respetabilidad. El concepto de Rassehygiene, o ciencia de la higiene racial fue acuñado en 1895 por el psiquiatra suizo Alfred Ploetz (1860-1940). El objetivo de esta “ciencia” era la selección adecuada de las parejas reproductivas y su apareamiento controlado, lo cual llevaría de manera gradual a una nación alemana más saludable y racialmente más deseable. Junto con Ernst Rüdin funda en 1904 la “Revista de Razas y Biología Social”, que es considerado el primer periódico en el mundo sobre eugenesia. En 1905 funda la Sociedad para la Higiene Racial, a la que añadiría más tarde el término “Eugenésica”. Esta sociedad tomó el ideal de la supremacía nórdica. Su propósito era la revisión de los niños recién nacidos, por parte de un grupo de “expertos” nombrados oficialmente para este fin. Este grupo decidía si el niño era racialmente aprovechable o tenía que eliminarse inmediatamente.

            Fue durante esta época que se promulgaron una serie de leyes de higiene racial. En 1933 la Ley de esterilización que pretendía la prevención de la descendencia genéticamente enferma. Esta ley afectó a unas 400.000 personas. Las Leyes de Nuremberg (1935) definían una ley de ciudadanía, en la que se excluía deliberadamente a los judíos. Se establecía una ley de protección de la sangre, prohibiéndose los matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y no judíos. También se dictaron una serie de leyes de salud matrimonial, en las que se imponía un riguroso examen médico a los jóvenes antes del matrimonio. La ley de la eutanasia de 1939 autorizaba a ciertos médicos a suministrar una muerte piadosa a pacientes incurables. Hacia 1941 habían sido asesinados 70.000 pacientes de hospitales mentales. Ese mismo año se amplió la ley para “eliminar” a las que se llamó “vidas no merecedoras de vivir”.

            El Reich trató también de crear una “cultura aria” y por ello era importante inventarse una “historia aria”. De eso se encargó el Instituto Ahnenerbe, que sentaría las bases y fundamentos de un sistema basado en la “raza aria” como referente. Su tarea fue desenterrar, crear, inventar, robar o falsificar pruebas de las cualidades y prestaciones de la “raza aria” desde la edad de piedra. También se encargarían de divulgar estos descubrimientos a la población con fines puramente propagandísticos. Para el nazismo los alemanes (puros) descendían directamente de los arios heredando la inteligencia y la brillantez de sus antepasados, y solamente ellos eran capaces de crear cultura. Solo los arios eran poseedores del genio para alcanzar la civilización, crear música, literatura, arte… y solo ellos eran los llamados a conducir a la humanidad por el camino del desarrollo. Todo ello respaldado por pruebas que el Instituto Ahnenerbe se encargó de inventar y robar a otras culturas a través de expediciones científicas por todo el mundo. El historiador Michael Biddis reconoce que:

            “La historia del mito ario demuestra el poder de la fe sobre el conocimiento… Es posible que en la actualidad oigamos hablar más de caucásicos que de arios, pero la esencia y los errores de la fe en la supremacía blanca perduran”.[1]

            Otro de los defensores de la Rassenhygiene fue el antropólogo Hans Gunther (1891-1968) quien tuvo también una gran influencia en la formulación de la doctrina racial del nacionalsocialismo. Escribirá en los años 20 una serie de libros populares sobre las virtudes de la raza nórdica. En ellos estimaba que únicamente entre un 6% y un 8% de la población alemana podía considerarse raza nórdica “pura”. De entre estas obras destacará la obra Short Ethnology of the German People (1929) en donde reemplaza la noción vaga del “ario” por la del “nórdico”, que para él era mucho más precisa.

“La raza nórdica es alta, de piernas largas, delgadas y con un promedio de estatura que entre los elementos masculinos supera normalmente 1,74 m. Los miembros son vigorosos y ágiles en su apariencia externa. (…)

El corte de cara de las facciones nórdicas, especialmente en el elemento masculino, da el efecto de arrojo y valentía especialmente a través de los rasgos dominantes de su perfil: su frente, su elevada y distinguida nariz, y finalmente su barbilla prominente. La suavidad de sus facciones da una clara expresión a su fisonomía. En el elemento femenino la barbilla tiene más arco, la nariz es menos aguda y además se une con un rostro no tan prominente. (…)

Si un pintor, un dibujante o un escultor quieren representar la imagen de la determinación, de la decisión o de la resolución, o una característica de nobleza, superioridad o heroísmo humano, tanto en hombre como en mujer, en la mayoría de los casos crea imágenes que son más o menos aproximadamente la imagen de la raza nórdica”.[2]

Mas para Gunther, no es lo mismo germano que nórdico (Klenie Rassenkude des deutshen Volkes). Según Gunther la herencia nórdica total de Alemania, era a lo más un 45 – 50%, datos obtenidos exclusivamente de la observación de rasgos externos como tono de piel, color del cabello, etc. De esta manera divide al pueblo alemán en dos clases, los nórdicos y los híbridos. Estos últimos los describirá como personas bajas, de 170 cm de altura, con un índice cefálico superior al 76, un índice nasal platirrino, pelo trigueño, ojos color avellana o café, de complexión no delgada, labios gruesos, y barbilla no firme. A estos individuos Gunther los llamará bastardos y como tales, ciudadanos de segunda clase e inferiores, al menos físicamente.

Dado que el 95% de la población alemana, así como casi todos los altos cargos del NSDAP cumplían la definición dada por Günther de “bastardo”, al partido le era imposible aceptar sus conclusiones. El partido nazi, que se había prometido unir a la nación alemana y eliminar las distinciones de clase, aparecía ahora apoyando distinciones más exclusivas. Por todo ello las tesis de Gunther terminaron siendo rechazadas.            

Una de las especialidades de Günther fue la identificación física de los judíos. Junto con Fritz Lenz se encargaron de identificar y esterilizar a los Rheinlandbastarde, unos descendientes de mujeres alemanas y soldados africanos que pertenecían a las tropas francesas que ocuparon la región del Rhineland después de la Primera Guerra Mundial.

            Precisamente de los judíos decía Günther en su libro Rassenkunde des jüdischen Volkes (Tratado racial del pueblo judío, 1929): “Esta raza ha salido del desierto, y su conducta espiritual se inclina a convertir en desierto nuevamente el suelo ya cultivado”.

Respecto de los gitanos Gunther declaró:

“Los gitanos han conservado de hecho algunos elementos de su hogar nórdico, pero descienden de las clases más bajas de la población de esta región. En el curso de su migración, absorbieron la sangre de los pueblos circundantes, debiendo así una mezcla racial oriental, Oeste-Asiática, con una adición de cepas hindúes, centro-asiáticas y europeas”.[3]

Otro de los constructores de la ciencia racista del Reich fue el antropólogo alemán Egon Freiherr von Eickstedt (1892-1965) quien no sólo realizó una nueva clasificación de la humanidad en razas, sino que postuló un curioso origen a estas. En 1933 escribe Rassenkunde und Rassengeschichte der Menschhert (Etnología e historia racial de la humanidad) donde divide a la humanidad en tres subespecies (európidos, mongólidos y négridos). A los europeos (európidos) los dividirá a su vez en cuatro subrazas: nórdicos, que vivirían al norte de Europa, osteuropids que vivirían en la Europa oriental y central y que corresponderían a los eslavos, los alpinos que vivirían en el cinturón montañoso que se extiende desde el oeste al este de Europa, y los mediterráneos que se extenderían desde el sur de Europa, África del norte, Oriente Medio y el subcontinente indio.

Para Eickstedt el origen de las razas se encontraría en el Himalaya entre los glaciares del lago Baikal y Alta. En ese remoto lugar se habría dado la diferenciación y posterior dispersión de los humanos por el planeta en la época del pleistoceno. De los antiguos pobladores del subcontinente indio surgiría la raza de los vedas (arios) que constituirían los protoeurópidos.

Otra figura destacable de estas políticas de la raza es el genetista Otmar Freiherr von Verschuer (1896-1969) quien orientó sus estudios a demostrar vínculos genéticos entre un individuo y un hipotético colectivo racial de orden superior o Volk al que pertenecería este individuo. En un escrito suyo de 1939 se puede leer:

            “Nosotros los genetistas e higienistas raciales hemos tenido la fortuna de ver como el silencioso trabajo del estudio del investigador del laboratorio científico encuentra aplicación en la vida de las personas”. Otmar Freiherr von Verschuer

            Von Verschuer fue director del Instituto Kaiser Wilhelm de Antropología, Herencia humana y eugenesia de Berlín, en 1934. El mismo declaraba ser el “responsable de asegurar que el cuidado de los genes y de la raza, campo en que Alemania era líder mundial, tuviesen una base tan firme que pudieran resistir a cualquier ataque exterior”. De 1936 a 1942 asumió la dirección del Instituto del Tercer Reich para la Herencia, la Biología y la Pureza Racial, en Francfort. A la hora de describir “científicamente” a los judíos, no le faltan términos despreciativos e insultantes:

            “Los judíos europeos se diferencian del pueblo alemán por los siguientes caracteres somáticos hereditarios: la estatura media es de 5 a 9 cm inferior, comparativamente, a la de los grupos alemanes. La pubertad es más precoz. Son de complexión achaparrada (…). La musculatura y el tejido conjuntivo son laxos. Como consecuencia, la caja torácica, a menudo, está hundida, tiene la espalda encorvada, y los pies planos son particularmente frecuentes. (…) La “nariz judía” se caracteriza de la siguiente forma: la punta forma un gancho hacia abajo y las aletas están muy abiertas. Frecuentemente, las orejas son carnosas, relativamente grandes y despegadas. La piel está poco vascularizada y es de un color amarillo mate que, en contraste con el pelo negro, parece relativamente clara (…). Acuden a menudo al médico, temen las enfermedades y son particularmente sensibles al dolor”.[4]

Verschuer se trata de un criminal de guerra, que escapó de las persecuciones, a pesar de saberse que él aseguraba la financiación y utilización de los resultados de sus “investigaciones” en Auschwitz. Von Veurscher fue quien recomendó a un joven estudiante que aceptara un puesto de trabajo en el campo de Auschwitz, ya que según él, las posibilidades de investigación allí eran inmensas debido a la diversidad de grupos raciales confinados. Este estudiante se llamaba Josef Mengele, quien llegó a ser conocido como el “ángel de la muerte”.

Otro importante antropólogo de la etapa nazi fue Eugen Fischer (1874-1967), quien fue director del Instituto Kaiser Wilhelm, hasta que Hitler lo nombró rector de la Universidad de Berlín. Fischer desarrolló las especificaciones fisiológicas empleadas por los funcionarios del estado nazi para determinar la raza de una persona. Junto con Edwin Baur y Fritz Lenz, escribió el libro “Enseñanza hereditaria humana e higiene racial”, que fue usado como base “científica” para la biopolítica nazi. Para ellos el cerebro se diferenciaba según el grado de civilización de sus poseedores. Sus teorías sobre higiene racial legitimaron el exterminio de los judíos, llevaron a los gitanos a la muerte, y a la esterilización de centenares de millares de individuos juzgados racialmente defectuosos. Entre los que habían de ser esterilizados se incluyó a los 400 niños llamados tristemente “Bastardos de Renania”, cuyo único pecado había sido haber nacido de padres negros y madres alemanas. Fischer animó la aniquilación de los niños “Negros” ya que en su opinión carecían de valor y utilidad en empleos que no fueran “artes manuales”.

“El [Negro] no es particularmente inteligente en el sentido propio del término, y sobre todo, carece de del poder de la creación mental, su imaginación e spobre, ya que él no ha desarrollado ningún arte original y no ha elaborado sagas o mitos folklóricos. Sin embargo, es ingenioso con sus manos… de manera que se le puede entrenar fácilmente en artes manuales”.[5]

          El Ministerio de Salud del Reich creó un Centro para la Investigación sobre la Biología de las Poblaciones y la Higiene Racial. Su director fue el médico y psicólogo Robert Ritter (1901-1951), quien centró sus inquietudes científicas en el estudio de los gitanos, a los que clasificó como “portadores de sangre no alemana y gente de orígenes etnológicos enteramente primitivos e incapaces de una adaptación social real”. Junto con su ayudante la enfermera Eva Justín realizó un estudio de campo extensivo durante la primavera de 1936, realizando entrevistas y exámenes médicos a más de 24.000 gitanos, para recoger datos acerca de su genealogía y genética. Se hicieron clasificaciones raciales en diversos grupos y se propuso como solución a la “cuestión gitana” (Zigeunerfrage) “reunirlos a todos en grandes campos de trabajo y mantenerlos trabajando allí”. El Reich determinó que la mayoría de los gitanos representaba un peligro para la pureza racial alemana y, por tanto, debían ser eliminados.

Los gitanos fueron una fuente de confusión ideológica en la Alemania nazi, ya que, si las ideas sobre la raza aria eran correctas y los gitanos venían originariamente de la India (de donde habrían salido hacía unos mil años), deberían ser, en buena lógica, descendientes de arios. Heinrich Himmler, famoso por sus desvaríos místico-raciales, creía que algunos grupos de gitanos podían ser considerados arios y por tanto podían tener más valor racial que otros, aunque al final acabaron todos en el mismo saco racial, llevando simplemente una Z de Zigeuner (zíngaro) en los uniformes en el campo de exterminio. El mismo Himmler firmó la orden para enviar a los gitanos alemanes a Auschwitz el 16 de diciembre de 1942, desencadenando el Porrajmos u Holocausto gitano.

            El suizo germanófilo Otto Hauser (1874-1932) en su obra “Raza y cultura” (1916) dice que los griegos han sido “un pueblo rubio, bien definido, que llegó por sí mismo a una cultura cuyo nivel será admirado siempre, que será siempre ejemplar, mientras circule en un pueblo, en un individuo, sangre nórdica afín”.

            Pero las teorías raciales germanas no se dirigen exclusivamente contra los judíos, sino que también hacia gran parte del pueblo alemán de origen alpino y que Günther había rebautizado como oriental. Para Günther la existencia de esta raza oriental, sin talento y sin espíritu creador en el corazón de Europa amenazaba la pureza de los nórdicos. El oriental es la negación del hombre nórdico. El oriental es el pacifista nato, el hombre de la masa; de ahí su preferencia por la democracia. No posee ningún rasgo heróico y tampoco presenta ninguna comprensión para la grandeza de la patria y de la nación. Resumiendo, para Günther, los orientales son buenos como súbditos, pero no pueden ser jefes; para ser jefe solo están llamados los nórdicos.

            A los alpinos (orientales) se les acusará de incesto y de otras perversiones sexuales.

“La relación sexual dentro del mismo linaje, es decir, entre hermanos y entre padres e hijos, según me informan médicos de aquellos distritos, no serían ninguna gran rareza en los territorios orientales. El alma oriental no conoce quizá el concepto del incesto”.[6]

            Pero los ataques más virulentos contra los asiáticos los realizará Hauser en “Raza y cultura”, pues los considera un pueblo corrompido.

“Por el dinero, todo le es grato. Vendería sin titubear su honor, si lo tuviera. Es el demócrata y el capitalista nato… El oriental es más lascivo que las razas puras y cruzadas. Para él tienen que danzar en el escenario mujeres y hombres desnudos y apretujarse en lo posible; lee con preferencia perversidades y las practica cuando tiene dinero para ello. Esclaviza a la mujer y es esclavizado por ella. Defiende el individualismo en el sentido que cada cual puede hacer todo lo que quiere, violar niñas y niños, emplear todos los medios en la competencia social, espiritual y política. Y mientras en los demás es regla deportiva no echar mano a las partes sexuales del adversario, practica él, que por lo demás sostiene la liberación de todos los placeres, ese ejercicio con preferencia cuando puede atraer hacia él los genios que le son -a él, típicamente agenial- desagradables, y trata de hacer caer a los adversarios políticos a quienes no puede vencer en lucha honrada”.[7]

Y en otro pasaje de su obra cuenta Hauser a sus lectores:

“En su sexualidad el oriental es vulgar. No se puede estar con él media hora sin que cuente, no sólo anécdotas obscenas, sino sus propias aventuras sexuales, y, en lo posible, también las de su mujer; y las mujeres entretienen a sus oyentes sobre sus dificultades en la menstruación. Su cría llena las paredes de vaginas y de penes, y concierta en los urinarios públicos las citas sexuales”.[8]

            Cuando uno lee estos comentarios tiene la impresión de que se está ante un enfermo con inclinaciones perversas que no conoce una sana sensualidad. Esto solo demuestra hasta que punto son capaces de llegar los teóricos de la raza para acusar de algo al oponente y procurar satisfacer sus intereses políticos.

            Otro científico de la raza importante será el antropólogo Ludwing Ferdinand Clauss (1892-1974) quien fundará la Rassenseelenkunde o psicoraciología. Para él la raza no es simplemente un conjunto de caracteres físicos o psíquicos, sino que es principalmente un estilo; un estilo interno que se manifiesta en todas las obras que realiza. Así, por ejemplo, en la raza nórdica afirma que existe un determinado estilo que denominará Leistungsmensch (hombre de acción), que se manifiesta en un tipo alto, de ojos vivos y claros, cabeza dolicodéfala, nariz recta, miembros proporcionados y fuertes; conjunto todo él que parece estar pronto a enfrentarse, a configurar, a dominar el mundo que le rodea.

            Clauss criticará que la ciencia racial naturalista se fije tan solo en caracteres individualizados como la forma del cráneo, nariz, ojos, pelo, etc., y no preste atención a otro tipo de caracteres de fondo como son la forma y el estilo.

            “Por raza entendemos, no un montón de “propiedades” o “rasgos”, sino un estilo de vida (stil des erlebens), que abarca la totalidad de una forma viviente”.L. F. Clauss

            Para Clauss las razas no se diferencian tanto por sus rasgos como por el modo peculiar de vida que tienen: Así, por ejemplo, un vikingo nórdico y un beduino del desierto pueden tener el mismo aprecio al valor; pero poseen distintas formas de ser valientes: “Tienen un estilo distinto de valor”.

            Este era un burdo intento de espiritualizar todas las conclusiones reduccionistas de los científicos racistas. Algo que ya Rosenberg y Walter Darré habían apuntado en sus obras ideológicas.

            “El alma, como parte de una fuerza originaria (urkraft), divina, en sí pura y perfecta tiene como campo de expresión en este mundo el cuerpo humano, al cual durante la existencia terrena del alma está sometido a las leyes de la materia, hecho que hay que apectar como proveniente de Dios. Un alma sólo puede manifestarse de un modo puro y pleno en un cuerpo perfecto, pues todo cuerpo incompleto turba la manifestación del alma, o la refrena de algún modo en su posibilidad de expresión”. Walter Darre.

Por último mencionaremos a Walter Darre (1895-1953), ministro del Alimento y de la agricultura durante el Reich, y uno de los ideólogos nazis principales de “Sangre y Suelo”. Darré se inició en el nazismo através de Artamans, un grupo juvenil Volkish que propugnaba el retorno a la tierra. En este contexto Darré comenzó a desarrollar la idea de que la raza nórdica debía estar ligada al suelo: esta idea vino a ser conocida como Blut und Boden (Sangre y suelo).

En 1928 escribe su primera obra Das Bauerntum als Lebensquell der nordischen Rasse (El campesino como fuente de vida de la raza nórdica) precursora del ecologismo radical actual. En ella abogaba por métodos naturales para la gestión de la tierra, la conservación de los bosques, y la ampliación de espacio abierto para las granjas de animales. Pero Darré iba más lejos. Para él las leyes de la naturaleza “no aceptan ningún degenerado, ningún subhombre”. Para evitarlo propone “restringir” al menos “la proliferación de seres inferiores” a través de la “esterilización masiva de mujeres”.

Perteneció a la Oficina de la Raza y el Reasentamiento, donde desarrolló un plan para el Rasse und Raum (Raza y Espacio), que proporcionó el fondo ideológico para la política expansiva nazi. Darré fue firme defensor de crear una aristocracia racial alemana basada en la crianza selectiva.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Michael Biddis. Diccionario de la Evolución. La humanidad a la búsqueda de sus orígenes, 1993.
[2] Hans Günther. En Mosse: La cultura nazi.
[3] Hans Gunther. Rassenkunde des Judischen Volteen. Munich 1930.
[4] O. von Verschuer. Cit. Por Ruffié, 1976. Citado por Eduardo Teillet Roldán. Raza, identidad y ética. Ed. Serbal. 2000. p. 89
[5] Eugen Fischer. Robert N. Proctor, Racial Hygiene, Medicine under the Nazis
[6] L. F. Clauss: Rasse und Seele
[7] Otto Hauser: Rasse und Kultur; pág. 69.
[8] Otto Hauser. Cit. Rudolf Rocker. Nacionalismo y cultura. 1936
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