12.1. La doctrina secreta de Madame Blavatsky

blavatsky            Helena Petrovna Blavatsky (1831-1891) será una de las principales figuras en la corriente esotérica que elaborará y divulgará una interpretación mitológica del origen de las razas. Aristócrata rusa de origen germano, sus extravagantes ideas inspirarán la doctrina teosófica que tanta influencia tendrá en la élite cultural del NSDAP (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes). Muchos jerarcas del régimen hitleriano eran teósofos confesos. Esta corriente será la base e inspiración en el s. XX del movimiento de la “Nueva Era”. De aspecto desaliñado, su físico impresionaba con sus más de cien kilos de peso, sus inquisitivos ojos azules y su continua costumbre por fumar. La vida de Helena caracterizada por la estafa y el engaño, estuvo dedicada a crearse una reputación de maestra espiritual que la permitiera aprovecharse de la ingenuidad de los demás. Ella misma reconoció: “no es mi problema que para conseguir controlar a los hombres sea necesario engañarlos tan fácilmente”.

          Siendo joven Helena se mostró interesada por el esoterismo, leyendo algunas obras de la biblioteca personal de su bisabuelo que había sido iniciado en la masonería a finales del s. XVIII. En su casa natal llegó a tener experiencias en estado de trance con lo que ella llamaba “espíritus”.Su biógrafo escribe:

“Era sumamente nerviosa y sensitiva, hablaba en voz alta, y a veces la encontraban sonámbula en los más apartados lugares de la casa y la volvían a la cama profundamente dormida. Una noche, cuando apenas contaba con doce años, la echaron de menos en su dormitorio, y, dada la alarma, fueron a buscarla, encontrándola paseando por uno de los largos corredores y en detenida conversación con alguien invisible para todos menos para ella”.[1]

A los 16 años, y para ganar una apuesta, sedujo a un general del ejército de más de 40 años llamado Nikifor Blavatsky de quien tomaría el apellido. La intención de Helena con esta boda era conseguir la independencia de sus padres, pero nunca consumó su unión marital debido a que ella tenía una anomalía sexual en la vagina que la impedía mantener relaciones con un hombre. A los tres meses huyó a caballo para refugiarse en casa de su abuelo Tiflis. Durante varios años afirma que viaja por Egipto, Turquía, Grecia, México, India, Inglaterra, Canadá y EE.UU, donde contactó con diversas personas ligadas al esoterismo y la masonería. Más adelante afirmó que había estudiado por espacio de siete años con los mahatmas (maestros) de la India, pero este hecho nunca se llegó a demostrar, como muchos otros de su oscura biografía.

En 1875 emigra a los Estados Unidos causando un gran revuelo con su habilidad para realizar levitaciones moviendo mesas y otros objetos. El 24 de noviembre de 1877 fue iniciada en la masonería alcanzando el grado de “Princesa coronada”, el grado más elevado en la masonería de adopción del Rito Menphis y Misraim. En Nueva York fundará, junto con el coronel Henry Olcott y el abogado William Quan, la Sociedad Teosófica. Su doctrina pronto se difundió en todos los EE.UU., Inglaterra, Alemania y la India, país al que viajó y donde estableció en 1879 la sede de su secta. De ser una vulgar médium pasó a afirmar que durante sus viajes al Tibet había entrado en contacto con espíritus que guiaban su vida mediante mensajes y cartas. En la India permanecería hasta 1885 con el fin de dotar a sus teorías de un marcado orientalismo. Allí conocerá a Alfred Percy Sinnett, editor del periódico oficial del gobierno de la India “The Pionner”, contacto que sería muy importante para Blavatsky y la Sociedad Teosófica.

En 1884 se descubrió los fraudes que estaba realizando a través de sus supuestas sesiones espiritistas. El engaño consistía en un agujero oculto en la parte posterior del cajón donde, según ella, los espíritus depositaban sus mensajes, así como la falsedad de algunos de sus “fenómenos ocultos” y la de sus realciones con los Mahatmas. La Sociedad para la Investigación Psíquica realizó un exhaustivo informe en el que consideraban que Blavatsky era “uno de los impostores más brillantes, ingeniosos e interesantes de la historia”[2].

En 1887 funda la revista “Lucifer” donde se hablaba del advenimiento del Anticristo para instaurar un Nuevo Orden Mundial. En 1891 muere sola en Londres abandonada de todos sus adeptos.

Las obras esotérico-racistas de Blavatsky

En su estancia en la India escribe Isis sin velo (1877), donde describe los pormenores de una religión de su propia invención. Al igual que otros creadores de sectas, su obra se compone de gran cantidad de plagios de religiones paganas, gnosis, creencias esotéricas y espiritistas, a las que Blavatsky atribuirá un carácter sobrenatural. En este libro describe el desarrollo de las ciencias ocultas, la naturaleza y el origen de la magia y las supuestas raíces del cristianismo. Blavatsky insiste en la importancia que tienen las religiones paganas, sobretodo en sus manifestaciones mistéricas en la posibilidad de autodeificación del ser humano, en la reencarnación y en el luciferismo.

Blavatsky sostenía haber recibido una revelación sobre la existencia de una antiquísima civilización que habría florecido en lo que hoy es el desierto de Gobi, pero que lo habría tenido que abandonar para vivir en misteriosos reinos subterraneos.

No obstante su obra principal será La doctrina secreta (1888), libro que será la base de la New Age y que está repleta de teorías relacionadas más o menos indirectamente con el hinduismo. La obra tiene un carácter marcadamente antisemítico y anticristiano. En ella llegará a afirmar que el verdadero dios era Satanás (Baal) auténtico benefactor de la humanidad, y que el Dios del Antiguo Testamento, conocido por Jehová no era otro que Caín, el primer asesino.

En esta voluminosa obra, de pesada lectura, describe la evolución humana como una caída desde el estado de gracia divina inicial al materialismo que dominaba en la sociedad de su tiempo. Este proceso evolutivo se realizaría en siete épocas, de las cuales cinco ya habrían sucedido, mientras que las otras dos estarían por llegar. En cada una de estas épocas el ser humano progresaría de manera escalonada a través de una serie de razas, siendo una de ellas la dominante y base de las razas de la siguiente época.

En la primera época, denominada polar, se iniciaría la evolución humana. La tierra permanecería en estado ígneo mientras que la atmósfera era gaseosa. De estas sustancias, los señores de la forma construirían el primer ser humano de cuerpo mineral. En la época hiperbórea el hombre pasaría por el estado vegetal, pues tenía entonces un cuerpo denso y uno vital y una consciencia semejante a la del sueño. En aquel entonces el hombre era bisexual y hermafrodita. La tercera época es la lemúrica. En ella unos arcángeles o “señores de la mente” ayudarían al nacimiento de la individualidad. La fuerza sexual construiría el cerebro para la expresión del pensamiento. Los negros y las razas salvajes de pelo duro y motoso se gestarían en esta época.

            En la cuarta época o Atlante se desarrollarían las siete razas en las que se dividirá el género humano. Todas ellas habitarían un supuesto continente, hoy desaparecido, denominado la Atlántida. Las seis primeras serían los Rmoahals, los Tlavatls, los Toltecas, los Turanios, los Acadios y los Mongoles. Para Blavatsky estas razas habrían mantenido relaciones promiscuas con animales dando origen a los atlantes, una especie de monos gigantes sin sentido en el plano intelectual. La séptima raza la formarían los arios quienes se habrían mantenido puros y por inspiración divina llegarían a dominar el mundo en oposición a cristianos y judíos.

            Cada una de las seis razas inferiores evolucionaría mediante mutaciones naturales. La raza aria, en cambio, se transformaría en superhombres por un salto repentino destinado a dotarlos de las facultades necesarias para vivir en un mundo post-diluviano.

            Según Blavatsky los arios perdieron sus poderes mágicos sobre las fuerzas de la naturaleza y el desarrollo psíquico, en cambio adquirieron facultades de desarrollo cerebral y una “inteligencia superior” a la de las otras razas sobrevivientes descritas como inferiores en cuanto a sus pobres facultades intelectuales y a su herencia genética claramente defectuosa.

            En la quinta época denominada Aria, el hombre conocería el uso del fuego y de otras fuerzas, cuyo origen divino se le ocultó intencionalmente a fin de que pudiera emplearlo libremente. Al igual que en la época anterior, Blavatsky hablará de siete grandes razas que se sucederán en el tiempo y que iniciados en las “artes superiores” darían origen a lo más excelente de las civilizaciones. La primera sería la Aria, continuadora de lo mejor de la época anterior y que daría origen a la civilización India. La seguirían en orden la Babilónico-Asirio-Caldea, la Persa-Greco-Latina, la céltica y la Teutónico-Anglosajona. Faltarían dos razas que estarían por venir en un próximo futuro. En concreto la sexta raza se generaría cuando la precesión de los equinoccios entre para el año 2000 en el signo de Acuario. Solo entonces surgiría el Homo noeticus, u hombre del conocimiento. El resto de las razas deberían de desaparecer en una lucha biológico-cósmica, ya que como dice Blavatsky: “la extinción de las razas inferiores es una necesidad kármica”.

            Muchas de estas ideas las tomó prestadas Blavatsky de la novela “La raza futura” (The coming race, 1871) escrita por el esoterista inglés Edawrd Bulwer Lytton (1803-1873). La obra está planteada como una crónica del origen del hombre en clave racista y esoterista. Algunos de los temas que aparecen en esta novela: raza atlante o thule, fuerza Vril, tierra hueca, etc., van a encontrar eco en la teosofía nazi posterior. En la obra se presenta una raza biológicamente y tecnológicamente avanzada que vive en el interior de la Tierra y que ha aprendido, mediante guerras intestinas y selección natural, a controlar la fuerza Vril. Esta raza estaría esperando el momento para regresar a la superficie, para aniquilar a las razas inferiores y adueñarse de la Tierra.

“…puesto que en la lucha un gran numero han de perecer, la naturaleza selecciona a los más aptos. En nuestra raza, aún antes del descubrimiento del vril, solo las más elevadas organizaciones fueron preservadas. Hay en nuestros antiguos libros una leyenda, que en su tiempo fue creída por todos, según la cual fuimos traídos de una región que parece ser el mundo del que usted viene, a fin de perfeccionar nuestra condición y alcanzar el más puro refinamiento de nuestra especie por medio de las terribles luchas que nuestros antepasados tuvieron que desarrollar y que, una vez que nuestra educación se haya completado, estamos destinados a volver al mundo de la superficie y suplantar a todas las razas inferiores que hoy lo pueblan”.[3]

En la actualidad los adeptos de la New Age creen que gracias a la meditación y a otras “disciplinas espirituales” pueden estarse generando esta nueva especie humana, denominada Homo noeticus, más en concreto en California donde estas ideas tienen tanta fuerza, en oposición al Homo sapiens considerada esta una especie en extinción.

Toda la doctrina New Age aparece impregnada de un profundo racismo y antisemitismo. Blavatsky diría de los semitas, y más en concreto de los árabes, que eran “espiritualmente degenerados”. Alice A. Bailey (1880-1949), seguidora de Blavatsky y principal ideóloga del movimiento de la Nueva Era en el s. XX, afirma que los judíos provienen de otro sistema solar, los orientales y los negros provienen de otra raza-madre (lemures) y que las razas arias occidentales deben controlar al mundo ya que forman parte de la raza-madre más evolucionada.

            Para Blavatsky los gnósticos hacían bien en considerar “al dios judío como perteneciente a la clase baja, material y no muy santa de seres del mundo invisibles”. Para Blavatsky “sólo ángeles de una jerarquía baja podrían crear esas razas miserables, en un sentido espiritual y moral que desgracian nuestra planeta”. Para los teósofos el mundo material es malo y si “Jehová” creó el mundo físico, él debe ser malo y por lo tanto es el mismo Satanás que usurpa el título de “Dios”. Por ello Blavatsky identificó al dios judío como Caín (el protoasesino), el hijo que tuvo Eva con Satanás. Aquellos judíos que persisten en mantener las enseñanzas de la Biblia no son sino seguidores de Satanás, y por lo tanto su influencia en el mundo es mortal para las almas humanas. El nazismo retomó esta doctrina cuando afirmaba: “El judío es el anti-hombre, la criatura de otro dios. Él debe de haber venido de otra raíz de la raza humana”.

            La doctrina teosófica presenta una actitud hostil hacia los Judíos y presenta un plan de ruta a llevar a cabo en la Nueva Era en el que se incluyen: guerra de religiones, redistribucción forzosa de los recursos mundiales, iniciaciones luciferinas, iniciaciones planetarias en masa, campañas de desarmamiento, eliminación o bloqueo de las ortodoxias religiosas, entre ellas la Iglesia Católica como principal enemigo a combatir.

            En el horizonte de la New Age está el reemplazar todas las religiones por la Religión del Mundo Nuevo que el Instructor Mundial vendrá a instaurar, unificando así todas las religiones que habrán preparado su llegada. Esta Nueva Religión garantizará la institución de un Nuevo Orden Mundial que permitirá a la Jerarquía (los intermediarios entre los “maestros” y la “humanidad”) tomar el poder, abolir las fronteras e instaurar el desarrollo de una conciencia planetaria y un gobierno mundial.

Antisemitismo teosófico de Blavatsky

            En La doctrina secreta, Blavatsky narra la evolución humana desde una perspectiva racista. De la séptima raza, dirá que esta se mantiene pura y que sus miembros están destinados a transformarse en superhombres mediante un salto evolutivo repentino por lo que tienen las capacidades necesarias para vivir en un mundo post-diluviano.

            Precisamente en esta obra podemos encontrar referencias al antisemitismo que profesaba Blavatsky. De los judíos dirá que son una “raza degenerada” respecto a la aria: “Los mismo constituyen una raza artificial aria pero degenerada en espiritualidad”.

            En Isis sin velo, en el volumen 4, Blavatsky vuelve a atacar a los judíos citándolos como “la raza menos espiritual del linaje humano” en comparación con “los nobilísimos rasgos que caracterizan los metafísicos y espirituales sistemas de la raza aria”.

“Mala fortuna tuvo el cristianismo al escoger entre las escrituras sagradas de los pueblos antiguos la de uno de raza semítica, la menos espiritual del linaje humano, raza incapaz de formar de sus numerosos idiomas uno que sirviese de apropiada expresión a las ideas de los mundos intelectual y moral, en vez de contraerse al bajo vuelo de las figuras sensuales y terrenas; raza cuya literatura es desacertado remedo del pensamiento ario, y cuyas ciencias y filosofías andan necesitadas de los nobilísimos rasgos que caracterizan los metafísicos y espirituales sistemas de la raza aria o jafética”.[4]

            La obra de Blavatsky tuvo una gran influencia en todas las sectas antisemitas y racistas alemanas que dieron origen al nazismo. Así sucedió con Guido von List quien fundó la ariosofía, quien creó una pseudo-historia nacionalista germana al calor de las teorías teosóficas de Blavatsky.

Repercusiones de la doctrina teosófica de Blavatsky

            La Sociedad Teosófica no fue únicamente un grupo ocultista, sino que se constituyó en un perfecto instrumento de control de la política británica en la India.

            “Los teosofistas animaban a los hindúes a abandonar sus tradiciones y colaborar en la construcción del Imperio. El propio teosofismo no era sino una adulteración de la doctrina hinduista que, entre otros objetivos, tenía la intención de diluir la identidad cultural de aquel país y hacer más fácil la dominación inglesa”.[5]

Los británicos justificaron su presencia ante los indios basándose en el hecho de que su idioma estaba emparentado con el sánscrito y por lo tanto pertenecían a la antigua raza aria. Sostuvieron que los arios fueron pueblos de raza blanca que habían invadido la India en la antigüedad, sometiendo a los pueblos dravídicos nativos de piel oscura, que fueron empujados hacia el sur. También trataron de dividir a la sociedad afirmando que los arios se habían establecido a sí mismos como las castas dominantes, que tradicionalmente eran los estudiosos de las sofisticadas escrituras védicas de la fe hinduista. La discusión sobre las razas aria o dravídica sigue viva en la India hasta el día de hoy, afectando al debate religioso y político. Algunos grupos dravídicos, en especial los tamiles, sostienen que la adoración de Shivá es una religión dravídica en sí misma, distinguible del hinduismo brahmánico. Por otra parte, el movimiento nacionalista indio Hindutva afirma que la migración o conquista arias nunca sucedieron ya que el vedismo habría surgido de la civilización del Indo, que se supone anterior a los presuntos arios de la India.

De estas discusiones surgió el movimiento teosófico fundado por Helena Blavatsky y Henry Olcott a finales del siglo XIX. Se trataba de una cierta, y temprana, filosofía New Age inspirada en la cultura india y especialmente en el movimiento hindú de reforma Arya Samaj fundado por Swami Dayananda.

Los símbolos constituyen un aspecto muy relevante dentro de la teosofía. Helena Blavatsky adoptó un gran número de signos de diferentes religiones entre las que destacan el “triskel” (esvástica de 3 brazos) y la “esvástica”. Esta última pasaría a formar parte del emblema de la Sociedad Teosófica. Ella misma explica el significado del símbolo de la esvástica.

“… Los cuatro brazos de la X, o cruz decusada, y de la cruz hermética, indicando los cuatro puntos cardinales, eran bien comprendidos por las mentes místicas de los indos, brahamanes y budhistas, siglos antes que se oyese hablar de ello en Europa, pues ese símbolo se encuentra en todo el mundo. Doblaron ellos los extremos de la cruz e hicieron de ella su Svástica, ahora el Wan de los buddhistas mongoles. Implica ella que el “punto central” no está limitado a un individuo por muy perfecto que sea; que el principio (Dios) está en la Humanidad, y que la Humanidad, como todo lo demás, está en Él, como las gotas de agua en el Océano, estando los cuatro extremos dirigidos hacia los cuatro puntos cardinales, y por tanto perdiéndose en el infinito.

(…) Pocos símbolos del mundo encierran más significado oculto real que la Svástica. Es ella simbolizada por la cifra 6. Lo mismo que ésta, señala en su exterioridad concreta, como sucede con la ideografía del número, al Cenit y al Nadir, Norte, Sur, Oeste y Este, en todas partes se ve la unidad, y a esta unidad reflejada en todo y en cada unidad. Es el emblema de la actividad de Fohat, de la continua revolución de las “Ruedas”, y de los Cuatro Elementos, el “Cuatro Sagrado” en su sentido místico, además del cósmico, por otra parte sus cuatro brazos, doblados en ángulos rectos, están íntimamente relacionados, como se muestra en otra parte, con las escalas Pitagórica y Hermética”. Helena Blavatsky.

            La esvástica que el sello oficial de la Sociedad Teosófica tenía en 1909 tenía una dirección levógira, de la misma manera que la usó Hitler. A raíz de la Segunda Guerra Mundial la Sociedad transmutó el giro de esta en la otra dirección.

            Los libros de Blavatsky fueron rápidamente traducidos al alemán, alimentando el imaginario de los grupos ocultistas que se formaron en Austria y Alemania antes de 1910. En esos años se produjo la peligrosa hibridación con el racismo gobineano, el antisemitismo de Chamberlain y el darwinismo social de Haeckel.

En Alemania se fueron creando innumerables círculos intelectuales de seguidores del wotanismo solar, que sustentaban ideas similares a las teosóficas y que reivindicaban las tradiciones germánicas. Estas ideas ocultistas llegaron finalmente a conformar el nazismo a través de dos figuras de gran relieve – Guido von List y Lanz von Liebenfels -, que son los iniciadores de la corriente gnóstica conocida como ariosofía y que no serán sino una reelaboración nacionalista alemana de las doctrinas teosóficas de Helena Blavatsky.

            A principios del s. XX las teorías de Blavatsky fueron retomadas por Annie Besant (1847-1933) quien las extendió por todo Occidente. Besant asumió la presidencia de la Sociedad Teosófica desde 1907 hasta su muerte en 1933. Durante este tiempo se preocupó por la expansión del ocultismo y el orientalismo en Occidente. Así mismo en 1911 se convirtió en vicepresidenta y gran maestra del Consejo Supremo de la Orden Internacional de la Comasonería, única obediencia que permitía la iniciación de mujeres en la masonería. En Alemania fueron particularmente bien aceptadas, siendo acogidas favorablemente por el imperio de Guillermo II y donde se originó un importante movimiento denominado Lebensreform.

Otro seguidor de Madame Blavatsky fue Franz Hartmann (1832-1912), el cual fundó un monasterio teosófico en Ascona donde se dedicó a editar traducciones de sus textos. Fundó en 1896 la Sociedad Teosófica en Alemania. Tradujo el Bhagavad Gita al alemán y escribió numerosos artículos en su revista Lotusblüten, donde aparecía la cruz gamada en su portada. En 1888 fundó la Orden Rosacruz Esotérica tratando de establecer un monasterio teosófico en Kemplen en la región de Baviera. Participó en varios grupos ocultistas como la Ordo Templi Orientis y el Rito de Memphis y Mizraím en la Masonería. En los últimos años de su vida se hizo adepto de las doctrinas ariosofistas de Guido von List.

Otros personajes que se dejaron cautivar por los desvaríos de madame Blavatsky fueron el argentino Jorge Ángel Liuraga, fundador de la conocida secta Nueva Acrópolis, Ada Albrecht quien creó la secta Hastinapura y Alice A. Bailey quien fue la principal inspiradora de la New Age. En la actualidad la New Age tiene una notable presencia en el mundo editorial con publicaciones de toda clase (astrología, quiromancia, numerología, autoayuda, naturismo, veganismo, etc.) y una producción de libros y revistas tan intensa que llenan los expositores de las grandes librerías y almacenes.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Sinnet, A.P. El budismo esotérico, 1978. Cit. Ana Debora Goldstern
[2] LESTA MOSQUERA, José. Claves esotéricas del III Reich. Edaf, 2005. p. 111
[3] Bulwer Lytton. La raza futura. pag. 88
[4] M. Blavatsky.Isis sin Velo. Tomo IV. Ed. Sirio. P. 101
[5] Ernest Mila, Hijos de la Teosofía.
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