12.5. Himmler y la “nueva religión”

            Inspirados en las doctrinas esotéricas de la teosofía y el ocultismo, los nazis trataron de implantar una nueva religión en la que Adolf Hitler fuera su máximo líder. Esta nueva religión se basaría en una misteriosa leyenda ancestral que situaba un continente perdido en el Atlántico norte. Este lugar, llamado Atlántida, habría estado habitado por una raza de seres superiores que, al perder su estado de gracia mezclandose con razas inferiores, habrían caido en el mal y el vicio. Una gran inundación acabaría con todos ellos. Tan sólo un grupo de sacerdotes se habrían salvado de la destrucción y en barca habría llegado a la India para asentarse en las cimas del Tibet. Este sería el origen de la raza aria elegida, de la cual descenderían los principales pueblos que luego conquistarían Asia y Europa.

            Todos los miembros del gabinete político de Hitler estaban vinculados de una u otra manera con el ocultismo y la “nueva religión”. Así por ejemplo, Rudolf Hess era devoto de la astrología y la interpretación de las estrellas. Alfred Rosenberg, fue quien redactó el libro que explicaba los principios de la religión nazi. Joseph Goebbels usaba pronósticos astrológicos para planificar la guerra contra los aliados y Heinrich Himmler, jefe de las SS y responsable de los campos de exterminio fue el principal maestro del ocultismo del tercer Reich y el principal artífice de la nueva religión nazi.

            Heinrich Himmler (1900-1945) había participado en círculos ocultistas antes de formar parte de la Logia Thule. Una de las ideas que más le fascinaba era la de la reencarnación y la del karma (individual y racial). Gustaba de las leyendas e historias de órdenes medievales como las de los caballeros teutónicos y la orden de caballeros templarios.

            Sería precisamente Himmler quien se encargaría de buscar pruebas de los pueblos germánicos eran los descendientes de la raza superior aria. Para ello organizó y financió expediciones al Tibet en busca de evidencias. Los investigadores nazis buscaron entre las poblaciones del Tibet lo que ellos denominaban rasgos físicos arios (frente estrecha, largos miembros y facciones angulosas). Las ansias por conseguir estas pruebas llegaron a tomar tintes criminales, ya que muchas personas fueron asesinadas para poder experimentar con ellas.

            Al terminar la guerra, un científico de las SS, que había dirigido una de las principales expediciones al Tibet declaró en un interrogatorio llevado a cabo por el ejército norteamericano, su primer encuentro con Himmler:

            “Himmler hizo alusión a su creencia de que la raza nórdica no había evolucionado, sino que había descendido directamente del cielo para asentarse en el continente desaparecido y que antiguos emigrantes de la Atlántida habían fundado una gran civilización en Asia central”.[1]

Himmler fue un convencido ocultista. Durante la guerra viajaba con una copia del Bhagavad-Gita, un libro sagrado del hinduismo. La creencia hindú en la reencarnación y su rígido sistema de castas serían el modelo que Himmler aplicaría para formar la organización guerrera nazi que gobernaría al mundo.

            Su creencia en la reencarnación le llevó a creerse la reencarnación del rey Henri, un líder germánico de la edad media que impidió a los eslavos invadir Alemania. En la noche del 1 de julio de 1937, organizó un gran funeral conmemorativo de los mil años de la muerte del rey Henri. Los restos del monarca fueron depositados en un sepulcro nuevo y mientras Himmler depositaba una corona de hojas juró completar la misión del rey conquistando las tierras al este de Alemania.

            Junto con Hermann Wirth y Walter Darré, Himmler fundó en 1935, la Ahnenerbe (La herencia de los ancestros), una organización especialmente diseñaba para estudiar, desde un punto de vista “racialista-cientifista” la “herencia del espíritu alemán” y así poder justificar la doctrina oficial del partido.

            El nazismo asumió en su ideología un gran componente esotérico. Antisemita, anticomunista y anticristiano, respetó no obstante al budismo. El gobierno nazi permitió la realización del primer congreso budista europeo en 1933, así como la presencia de una colonia de monjes budistas en Alemania. Esta simpatía por el budismo llevó a Himmler a organizar dos expediciones al Tibet independiente en 1931-1932 y en 1934-1936, bajo la dirección del biólogo Ernst Schäfer. El Ahnenerbe patrocinó una tercera expedición en 1938-1939, esta vez por invitación oficial del gobierno tibetiano.

            Cuando Himmler asumió la dirección de las SS, constituyé su cuerpo de Guardias Negros según las ideas y métodos de la casta guerrera Kchatriya de la India Védica y las órdenes germánicas. A los miembros de las SS se les adiestraba en el conocimiento psíquico, control de la “fuerza de Vril”, abnegación e intrepidez frente a la muerte. El propio Himmler concedía a ciertos elegidos un anillo (Totenkopfring), que indicaba un rango de iniciación en las doctrinas esotéricas. Estas iniciaciones iban acompañadas de unos rituales mágico-paganos que se practicaban los solsticios o equinoccios y en los que se exaltaba la raza aria.       

            Alfred Rosenberg y Himmler, proponían un Neopaganismo como contraposición al judeocristianismo. De hecho Himmler se creía la reencarnación de Heinrich “el Cazador”, fundador de la estirpe real de Sajonia, en el siglo X, y entregado al paganismo, se proclamó adorador del dios Wotan.

            Las SS rechazaban el ateísmo y proponían un dios o primer principio responsable del orden cósmico de la Tierra entera, el mundo vegetal y el animal. Ahora bien este dios no era el Dios cristiano, sino el de la teosofía. Himmler deletreaba Dios usando el término alemán arcaico “Got” con una sola “t”, para distinguirlo del “Gott” judeo-cristiano. Al igual que muchos dirigentes del partido nazi, consideraba al cristianismo como una religión foránea que debía ser sustituida por los cultos neopaganos para así formar “una verdadera religión peculiar de nuestra raza”.

            El conocido esoterista italiano Julius Evola describía de esta manera a las SS:

            “Las SS son doscientos mil hombres unidos por el inquebrantable juramento de honor y fidelidad, organizados – según las palabras de su mismo jefe, Reichfüher Himmler – como “una orden guerrera nacional socialista”. Sus aspiraciones se remontan a los orígenes: quieren ser una comunidad en la cual se recupera el contacto con las fuerzas originarias de la estirpe y con los mitos de la gran civilización nórdico primordial, que se traducen en forma de una nueva, indomable vida; y en la cual el nuevo sentido de la sangre debe establecer misteriosos contacos con los antepasados y con los muertos y hacer superar al sujeto su aislamiento individualista, para integrarlo en la continuidad de una corriente de vida que abra nuevas vías hacia el futuro”.

            “La idea-base es la creación de una nueva élite, de una nueva nobleza. Preguntándose quien, en los antiguos Estados, estaba dispuesto a darlo todo por su príncipe para defenderlo, sostenerlo y protegerlo, Himmler termina reconociendo fácilmente que tal función fue siempre propia de la nobleza, de una élite…”.[2]

            En 1934 Himmler dio una conferencia en Munich dirigida a personalidades influyentes de la sociedad muniquesa con la finalidad de que estas se afiliaran a las SS. Allí Himmler les motivó con las siguientes palabras:

            “Todo Estado necesita una élite. En la Alemania nacionalsocialista, esa élite está representada por los Escalones de Protección, pero éstos solo podrán desempeñar su función cuando las tradiciones auténticamente castrenses, los nobles sentimientos, actitudes y distinción de la aristocracia alemana, así como la fuerza creadora de los industriales, se conjuguen en el plano de la selectividad racial con las exigencias de nuestro tiempo”. [3]

            Para la formación de las SS Himmler también se inspiró en órdenes guerreras de la Edad Media. En concreto de la Orden de los Caballeros Teutónicos, defensores de las marcas del Este y conquistadores de Prusia y del Báltico, pero sobre todo de la Orden de los Caballeros Templarios. Sorprende esta decisión ya que los templarios apenas tuvieron influencia en Alemania, pero de esta manera se recogía la tradición ocultista iniciada por los cultos de la masonería a la Orden del Temple, y la posterior reactualización llevada a cabo por los teósofos y sectas ocultistas de principios de siglo XX.

            Adolf Joseph Lanz había identificado en 1907 a los caballeros templarios con los “caballeros del Grial”. Entre 1910 y 1913 Lanz introduce en la temática templaria un elemento alógeno: la gnosis racista. Para Lanz, el Grial no sería un estado de conciencia diferenciado equivalente a la gracia cristiana, sino un elemento material (acaso una copa) fuente de los poderes “panpsíquicos” al servicio de la raza ario-germánica. La búsqueda del Grial pasa de ser un concepto metafísico-existencial a ser “una metáfora con la que se designaban las prácticas eugenésicas de los caballeros templarios destinadas a engendrar hombres-dioses”… En consecuencia, la destrucción de la orden templaria suponía el triunfo de las razas telúricas y ginecocráticas, es decir, inferiores.

            La élite SS tendía a ser una élite biológica. Todos sus miembros debían de estar dotados de una serie de rasgos físicos que delatasen su origen ario. Esta selección biológico-racial no se limitaba solamente al sujeto SS, sino que se extendía a su familia y descendientes.

            “Un hombre de las SS no es libre de esposar a quien quiera. Según una ley promulgada por Himmler en 1931, es preciso que un instituto creado al efecto certifique que la mujer por él seleccionada ofrecerá suficientes garantías para una descendencia conforme al tipo y a la raza. Sobre esta base las SS se consideran como una “Sippenorden”, es decir, una “orden de la estirpe”.[4]

Himmler defendía la ley sagrada de la tierra, los muertos y la estirpe, por ello propuso la conveniencia de copular en aquellos cementerios donde hubiera héroes enterrados. En su opinión, la simiente espiritual de esos antiguos superhombres lograba colarse délficamente por el vientre de esas mujeres. En consecuencia, se alentará al personal de las SS a concebir a sus hijos sobre lápidas – lápidas de Arios nobles”, por supuesto. En las revistas de las SS se publicaban listas de aquellos cementerios o lugares que reunían dichas características.

El SS debía contraer matrimonio y se le permitía, “para beneficio de la raza”, mantener relaciones extraconyugales cuyo fruto era reconocido por la organización. Parece ser que solamente se computaron 135 hijos naturales de entre los casi 15.000 emparejamientos de SS. Las ceremonias de vida y bautismo eran revestidas de especial solemnidad y riqueza simbólica. La sala en la que se celebraba la ceremonia estaba presidida por una gigantesca banderola negra con la S rúnica en plata. Previamente los cónyuges habían realizado su matrimonio civil y en el curso del acto, un oficial de rango superior les entregaba el pan y la sal. Durante el bautismo del hijo de un afiliado a la orden, el oficial superior entregaba una medalla con signos rúnicos para el recién nacido y pronunciaba la fórmula de ingreso del recién nacido en la comunidad SS. Himmler pretendía que para 1980 Alemania estuviera poblada por 120 millones de arios.

Para Himmler era muy importante sustraer progresivamente a los SS de las influencias y los ritos de la Iglesia Católica. Por ello se preocupaba especialmente de que ni en el nacimiento, ni en la muerte estuviera presente un sacerdote católico. Crearon asi mismo un calendario festivo en el que muchas fiestas religiosas eran sustituidas por fiestas ario-paganas. La Navidad se sustituyó por la Julfeste, día de carácter solar en el que se celebraba el “día del nacimiento del sol invencible”, y la Pascua se transformó en la fiesta de Ostara.

Un rito muy importante nazi fue la festividad Indo-alemana del joven dios sol. En las academias de cadetes de las SS, se celebraba la natividad, no de Cristo, sino del dios Sol, que surge de sus propias cenizas en el solsticio de invierno. Los rituales que se practicaban abundaban en las prácticas paganas, una versión actualizada de los antiguos cultos al Sol Invictus.

Cuando se celebraron las olimpiadas en Berlín (1936), Carl Diem creó la ceremonia del relevo de la antorcha olímpica desde Grecia hasta Berlín, en la creencia de que los antiguos griegos eran antecesores arios de la Alemania nazi. El fuego se producía en el templo de Hera en la ciudad de Olimpia por la concentración de los rayos del “dios Sol” sobre un espejo cóncavo. Una vez prendida la antorcha era portada por atletas varones en clara referencia a la leyenda de Prometeo y su desafío a los dioses.

Hacía 1936 se estableció la Iglesia Nacional del Reich en la que Hitler era el Gran Sacerdote de Occidente y cuya doctrina se basaba en un profundo y visceral rechazo de todo lo judeo-cristiano, y en una vuelta al paganismo ancestral germánico. Sus puntos principales eran.

  • “La Iglesia Nacional del Reich demanda el cese inmediato de la publicación y la venta de la Biblia en Alemania
  • La Iglesia Nacional del Reich removerá de los altares de todas las iglesias la Biblia, la cruz y los objetos religiosos.
  • En los altares no debe haber nada excepto el Mein Kampf, y a la izquierda de este una espada.”

            La influencia de las pseudo ciencias ocultas fue más relevante durante la guerra. Algunos miembros del ejército creían que los aliados usaban fuerzas místicas para vencer a Alemania, por ello debían de combatirlo usando el ocultismo como arma. Para ello, Himmler estableció un instituto dedicado a la antigua práctica de la adivinación por el péndulo (radiestesia). Sobre mapas del Atlántico norte, los videntes hacían oscilar un objeto suspendido de una cuerda tratando de prever las maniobras del ejército aliado.

            El ministro de propaganda Joseph Goebbels utilizó las ciencias ocultas con fines propagandísticos: manipular a la gente y minar la moral de los aliados. Una de sus principales armas propagandísticas fueron las profecías de Nostradamus, quien en 1555 escribió un libro con sus famosas cuartetas visionarias. El libro hace una sutil referencia a una crisis que surgiría en Gran Bretaña y Polonia en 1939, justo el año en que los nazis invadieron Polonia. Goebbels creó un instituto especial para reinterpretar los textos de Nostradamus en el que recluto a astrólogos y filósofos. Un miembro de su equipo de nombre Berndt, dirigió el proyecto para que fuera empleado como propaganda ocultista:

            “Estamos haciendo progresos. Los americanos y los ingleses son fáciles de engañar con este tipo de propaganda, por lo tanto echaremos mano de los testimonios más destacados de todas las profecías. Una vez más Nostradamus debe estar conformado con ser citado”. [5]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Cit. Manuel P. Villatoro. Certificar que la Tierra era hueca y otros objetivos de la misteriosa expedición nazi al Tíbet. ABC, 16-4-2013.
[2] Julios Evola, “La vida italiana”, 1938.
[3] H. Himmler. Cit. José Antonio Solís Miranda. Los enigmas de Hitler. Cien editores, 2008. P. 31
[4] Julios Evola, “La vida italiana”, 1938.
[5] Cit. José Lesta Mosquera. Claves esotéricas del III Reich. EDAF, 2005. p. 56
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