13.5. El exterminio de los aborígenes australianos

            En algunos casos los negros no solamente fueron segregados, humillados y obligados a trabajar de forma esclava, sino que sencillamente fueron exterminados. Ese fue el caso de los nativos de Australia. Estas personas, que habían vivido en la Oceanía durante miles de años, sufrieron uno de los genocidios más grandes en la historia del colonialismo. El fundamento ideológico para este exterminio fue el darwinismo social imperante en la época, que había llegado a la conclusión de que los aborígenes eran “salvajes y evolutivamente inferiores”.

            En 1870 el antropólogo evolucionista Max Muller del London Antropological Review había dividido a las razas humanas en siete categorías. Los aborígenes australianos aparecían en la posición inferior, mientras que la raza aria aparecía en la superior. H. K. Rueden, otro darwinista social, decía lo siguiente de los aborígenes.

»La supervivencia del más apto significa que la aplicación de la fuerza o poder es lo conveniente o correcto. Por lo tanto acogemos y cumplimentamos sin remordimientos la ley inexorable de la selección cultural al exterminar a sangre fría las razas inferiores Maorí y australiana… apropiándonos de sus patrimonios«.[1]

El vicepresidente de la Sociedad Real de Tasmania (Australia), James Barnard, escribió en 1890 que “el proceso de exterminio es un axioma de la ley de la evolución y de la supervivencia del más apto”. Por ello concluía que no había ninguna razón para suponer que “hubo alguna negligencia culposa” en el asesinato de los aborígenes australianos.

Ante estos planteamientos racistas-darwinistas se inició una terrible masacre con el propósito de aniquilar a los aborígenes y quedarse con sus tierras. A las familias nativas se les daba alimento envenenado, y las cabezas de los muertos eran clavadas a las entradas de los campos. En el transcurso de 50 años la mayoría de los poblados aborígenes de Australia desaparecieron de manera cruel y brutal.

Ahí no quedó la cosa. Muchos de los aborígenes fueron empleados como animales en experimentos de laboratorio. El Instituto Smithsoniano en Washington DC tenía los restos de 15 mil personas de distintas razas. Al Museo Británico fueron enviados por barco 10 mil aborígenes con el objeto de estudiar si eran el “eslabón perdido” en la transición de animal a humano. Los museos pagaban muy bien todo este tipo de “muestras de laboratorio”.

Korah Wills, alcalde de Bowen, en el estado de Queensland (Australia), describió en su lecho de muerte como había asesinado a un hombre de una tribu local recientemente para proveerse de “muestras científicas”.

Edgard Ramsay, encargado del Museo Australiano de Sydney durante 20 años a partir de 1874, estuvo involucrado en este negocio. En el museo los aborígenes eran descritos como “animales australianos”. Además instruía a sus colaboradores en la forma de saquear tumbas y en el modo de obturar las heridas de balas de las “muestras” recién asesinadas.

Una científica evolucionista alemana, Amalie Dietrich (apodada el “Angel de la Muerte Negra”), llegó a Australia ofreciéndose a los propietarios de las grandes granjas para exterminar a disparos a las “plagas de aborígenes” que asolaban sus campos. De esa manera conseguía “productos típicos” para dotar a los museos europeos.

Horrorizado, un misionero de Nueva Gales del Sur fue testigo del asesinato de varias docenas de hombres, mujeres y niños aborígenes por parte de la policía montada y de la reducción por cocción de las cabezas de las víctimas. Luego vio como se seleccionaban los diez mejores cráneos, se los empaquetaba y se los enviaba por mar a los museos de la metrópoli.

El exterminio de los aborígenes continuó en el siglo XX. Entre los métodos empleados al efecto estuvo el alejamiento forzoso de los niños de sus familias. Un relato de Alan Thornhill, que apareció en el Philadelphia Daily News en la edición del 28/4/1997, se refiere a este método usado contra los aborígenes:

RELATO DE CAPTURAS DE FAMILIAS ABORIGENES

Associated Press – Aborígenes que viven en los remotos desiertos noroccidentales de Australia tenían la costumbre de tiznar a sus hijos de piel clara con carbón vegetal con la esperanza de que los agentes de Bienestar Social del estado no los separen de ellos. ‘Los agentes te agarraban cuando te encontraban’ dijo uno de los niños arrebatados, muchos años después. ‘Nuestras familias nos querían ocultar pintándonos con carbón’.

‘Yo fui apresado en Moola Bulla’ dijo un vaquero, quien fue robado cuando era niño. ‘Teníamos 5 ó 6 años’. Su relato fue uno de los miles escuchados por la Comisión de Igualdad de Oportunidades y Derechos Humanos de Australia durante su desgarradora averiguación entre los miembros de la ‘generación robada’. Desde 1910 hasta el decenio de 1970, fueron arrebatados de sus padres unos 100 mil niños aborígenes. Los niños de piel clara eran capturados y entregados en adopción a familias blancas. Los chicos de piel oscura eran metidos en orfanatos«.[2]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] H.K.Rusden. 1876. Cit. Harun Yahya. Los desastres producidos por el darwinismo a la humanidad. P. 39
[2] Cit. Harun Yahya. Los desastres producidos por el darwinismo a la humanidad. P. 39
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