13.6. La segregación racial de los negros en los Estados Unidos

Entre 1870 y 1970, el sur de EEUU vivió uno de los períodos contra la dignidad humana más vergonzosos de su historia. Abolida la esclavitud e influidos por las ideologías racistas antinegro se creó un sistema de segregación racial en el que los blancos nórdicos establecieron una supremacía sobre negros e hispanos.

Después de la Guerra Civil (1861-1865) los Estados del sur, resentidos por su derrota, redactaron una serie de leyes para disciminar a los hombres de color. Este fenómeno se llamó eufemísticamente de “reconstrucción”. El proceso fue tan intenso y extenso que hacia 1877, con la elección de Rutherford Hayes como 19th presidente de los EE.UU., la discriminación y el racismo eran habituales en ciudades como Nueva York, Bostón, Detroit y Chicago.

Como los estados no podían eliminar los derechos de los negros al estar garantizados por la constitución, se usó el término de “segregación” con el concepto de “Separated but Equal” (Separados pero iguales). La idea era que mientras las oportunidades ofrecidas a ambas razas fueran iguales, la segregación era legal.

La segregación surge a raíz de las Leyes de Jim Crow (1876). En ellas se negaba el derecho al voto de los negros imponiendo una serie de requisitos como saber leer y escribir, tener posesiones y pagar un impuesto electoral. Pronto se instauró un régimen de apartheid en el que más de 13 millones de negros fueron obligados a vivir separados del resto de la sociedad. Las viviendas, escuelas, transporte, hoteles, restaurantes, incluso los lavabos estaban divididos para evitar que el hombre blanco se “contaminara” por la influencia del negro. En algunas ciudades se llegó a aplicar una ley marcial que prohibía a los negros salir a la calle a partir de las diez de la noche. Todas las fraternidades, clubs y sociedades (Francmasones, Rotarios, Odd Felows, Moose…) tenían prohibido en sus constituciones, admitir a individuos de la raza segregada.

En 1896 tuvo lugar el caso legal conocido como “Plessy v. Ferguson” que fue llevado hasta la Suprema Corte de Justicia para demandar la constitucionalidad (legalidad) de la segregación racial. La decisión de la Suprema Corte dictaminó que la segregación racial no violaba la 14ª Enmienda de la Constitución y además estableció la doctrina de “separados pero iguales”, con la cual se le permitía a los estados mantener facilidades segregadas para negros y blancos, siempre y cuando proporcionaran un servicio igual para ambos. Esta decisión permitiría (y fomentaría) la segregación racial en los Estados Unidos en los siguientes 60 años.

Los afro-americanos que se negaron a seguir la forma de comportamiento racial establecida por la doctrina “separados pero iguales” fueron sujetos a severos castigos, incluso la muerte. A menudo a los afro-americanos que se les acusaba de no cumplir con los preceptos fijados por la Suprema Corte eran linchados. Entre 1882 y 1892 más de 1.400 afro-americanos fueron asesinados por bala, quemados vivos o colgados sin juicio alguno en el Sur. Los linchamientos continuaron hasta ya entrado el siglo XX.

En el sur se prohibía a los negros asociarse y participar en los sindicatos. En 1890 el partido popular (populist party) creó un movimiento agrícola con el apoyo de la población negra, para presionar sobre los bancos y ferrocarriles y conseguir poner un precio justo a los productos agrícolas, pero el partido se encontró de frente con la élite blanca del partido demócrata del sur. Esta élite evitó el voto afroamericano mediante impuestos al voto (poll taxes), y con linchamientos organizados por todo el sur.

La suerte no era mejor para los negros del norte que vivían en guetos superpoblados como Harlem en Nueva York o el South Side de Chicago. Familias enteras se hacinaban en apartamentos de escasos metros cuadrados denominados “kitchenettes”.

Varios presidentes de los Estados Unidos se mostraron contrarios a la integración de los negros, así como a la inmigración de razas más débiles:

“Estoy convencido de que la actual invasión de mano de obra china […] es perniciosa y debería ser atajada. Nuestra experiencia con las razas más débiles – negros e indios, por ejemplo – es una buena muestra de ello”[1]

“[…] las tribus salvajes esparcidas, cuya existencia era solamente unos pocos escalones menos insignificantes, escuálida y feroz que la de otras bestias. [Dicha guerra sería] beneficiosa para la civilización y en interés de la humanidad”.[2]

La Primera Guerra Mundial obligó a los empresarios a incluir a los negros como fuerza laboral en la industria, pero al finalizar la guerra, los negros fueron usados para romper las huelgas de los trabajadores blancos del norte lo que avivó el racismo y la división entre la clase obrera.

Las oportunidades en la práctica no eran iguales para negros y blancos. Por ejemplo las escuelas públicas de blancos recibían más dinero, mientras que las escuelas de negros recibían el mínimo dinero posible. Un caso dramático fue el que sufrió la cantante negra Bessie Smith, víctima de un accidente de tráfico. La ambulancia que la llevaba recorrió todos los hospitales del Mississippi en busca de una transfusión de sangre, pero en ninguno de ellos la dejaron entrar ya que eran “hospitales para blancos”. Bessie Smith se desangró en la camilla, falleciendo por culpa de esta segregación “legal”. Este hecho, y otros muchos, dieron origen al Movimiento de igualdad de derechos de los negros, liderado por Martin Luther King (1929-1968).

En 1954 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos promulgó la educación como un derecho civil esencial. En el fallo “Brown vs. Borrad of Education” los jueces decidieron que la educación pública segregada no era igual y por lo tanto la segregación en las escuelas públicas era ilegal.

En 1963 tuvo lugar la importante Marcha sobre Washington liderada por M. Luther King. Justo un año después se vieron los resultados: las leyes de Jim Crow fueron abolidas mediante la ley “Civil Rights Act” (ley sobre derechos civiles).

En la actualidad los negros suponen el 13% de la población estadounidense y aunque poseen plenos poderes democráticos, aún queda por ganar el derecho a una plena integración económica, pues la pobreza y la marginalidad siguen siendo un estigma que sufren los afroamericanos. A finales de los años 90 el 36% de los parados, el 47% de los presos, el 50% de las víctimas de homicidios, el 36% de los casos de sida y el 44% de los niños que vivían en la pobreza eran negros. La esperanza de vida de un blanco ronda los 77 años, mientras que la de un negro es de 69.

La maldición de Caín

            Para los líderes de la secta mormónica, Joseph Smith (1805-1844) y Brigham Young (1801-1877), la marca que Dios habría dado a Caín como castigo por asesinar a su hermano Abel era la piel negra. Por ello estaban convencidos de que los negros eran descendientes todos de Caín. Ya algunos esclavistas ingleses hablaban de esta marca sobre los negros para justificar la explotación de estos, pero será Joseph Smith quien en su traducción de la Biblia incluirá el siguiente párrafo:

            “Y Enoch también contempló al resto del pueblo que eran los hijos de Adán; y eran una mezcla de todas las semillas de Adán salvo la semilla de Caín, porque la semilla de Caín era negra, y no tenía lugar entre ellos”.[3]

            Joseph Smith, dirá más tarde que ninguno de los descendientes de Caín sobrevivió al Diluvio, pero William Wines Phelps, uno de sus discípulos, afirmará que sí sobrevivieron a través de la mujer de Ham. Por ello se suele hablar de las maldiciones de Caín y Ham.

Brigham Young, el segundo presidente de los mormones creía claramente que los descendientes de ancestros africanos habían recibido la maldición de Caín. En 1852 afirmó:

“Cualquier hombre que tenga una gota de la semilla de Caín en él no puede aspirar al sacerdocio”[4]

A lo largo de su ministerio, Young mantuvo su perspectiva de que la piel negra era la señal de la maldición de Caín y que los negros seguían bajo la maldición. El 5 de febrero de 1852 afirmó:

“¿Cuál es la marca? La habréis visto o la veréis en el rostro de cada africano que camina sobre la faz de la Tierra. Yo os digo que la gente a la que llamamos negros son los hijos del antiguo Caín”.[5]

El 9 de octubre de 1859 de nuevo se refirió a la maldición de Caín, así como a la maldición de Ham afirmando:

“Se ven algunas clases de la familia humana que son negras, toscas, mal parecidas, desagradables y de malas costumbres, salvajes, y al parecer privadas de casi todas las bendiciones de la inteligencia, las cuales son generalmente otorgadas al género humano. El primer hombre que cometió el odioso crimen de matar a uno de sus hermanos será maldecido por el plazo de tiempo más largo entre todos los hijos de Adán. Caín mató a su hermano. Caín pudo haber sido asesinado, y eso hubiese puesto fin a esa raza de seres humanos. Sin embargo, eso no sería lo que ocurriría, pues el Señor puso sobre él una señal, la cual viene siendo la nariz chata y la piel negra. La maldición siguió a la humanidad tras el Diluvio y entonces otra maldición fue pronunciada sobre la misma raza: que deberían ser los “servidores de los servidores” y así ha sido, y hasta que esta maldición sea retirada los abolicionistas no pueden eliminarla ni alterar ese decreto de Dios”.[6]

“¿Les puedo explicar la ley de Dios en tanto a la raza africana? Si el hombre blanco, quien pertenece a la simiente escogida, mezcla su sangre con la simiente de Caín, el castigo, bajo la ley de Dios, es la muerte instantánea. Esto así será siempre”.[7]

Doctrinas similares fueron defendidas por los sucesores de Brigham Young como John Taylor (1808-1887), que también creía que los descendientes de Caín habían sobrevivido al diluvio a través del linaje de la mujer de Ham, hijo de Noé:

“Y después del Diluvio se nos ha dicho que la maldición que había sido pronunciada sobre Caín continuó a través de la mujer de Ham, pues se había casado con una mujer de ese linaje. ¿Y porque sobrevivió al Diluvio? Porque era necesario que el diablo tuviera un representante sobre la tierra al igual que Dios”.[8]

Ahora bien, ¿que suponía la marca de Caín en sus descendientes?

– Que a Caín no se le permitiría entrar en la presencia de Dios, ni jamás disfrutaría de la compañía de la divinidad.

– Que Caín sería llamado a la perdición y no sería resucitado en la gloria perdiendo cualquier oportunidad de redención.

– Que la tierra “no se sometería a la fuerza de Caín” (o en otras palabras, que no le daría fruto).

– Que Caín viviría como un vagabundo sobre la tierra y que no moriría.

– Que cualquier mezcla de la sangre de Caín con las demás transmitiría los efectos de la maldición a sus descendientes.

– Que los negros no pueden acceder al sacerdocio ni a “otras bendiciones”.

Las maldiciones de Caín y Ham son recientes y no habían aparecido en las iglesias protestantes, por lo que es un invento que surge en la colonización europea, en un marco histórico concreto del nacimiento de los Estados Unidos y en una secta que pretendía convertirse en una religión del nuevo estado naciente.

Estas doctrinas han seguido en pie hasta nuestros días, negándose el sacerdocio a los negros. Aunque en 1998 se han realizado movimientos dentro del mormonismo con la intención de rechazar estas doctrinas, todavía no hay una posición clara al respecto.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Rutherford Hayes. 19º Presidente de EEUU, (1877-1881). Citado por Teun A. van Dijk. Racismo y discurso de las élites. Ed. Geodisa. 2003. Pág. 86.
[2] Theodore Roosevelt.26º Presidente de los EEUU. (1901-1909). Idem. pág. 87
[3] Moses 7:22. For a side by side comparison of relevant sections of Joseph Smith’s translation to the KJV
[4] Brigham Young. Diary of Wilford Woodruff, January 16, 1852
[5] Brigham Young Addresses, Ms d 1234, Box 48, folder 3, located in LDS Church Historical Dept.
[6] Brigham Young. Journal of Discourses, Vol. 7, p. 290-91
[7] Brigham Young (Journal of Discourses [Diario de Discursos], vol. 10, p. 110).
[8] John Taylos. Journal of Discourses 22:304
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