13. EL RACISMO CONTRA LOS NEGROS

Cuando se establece una jerarquía entre razas, una queda arriba siendo considerada superior, pero existe otra que queda en la parte más baja de la tabla y ésta ha de asumir el papel de inferior. Los científicos racistas del s. XIX asignaron éste rol a la raza negra, ya que permitía justificar todos los usos y abusos que éstas poblaciones sufrirán durante casi 5 siglos.

El África del s. XVI se encuentra en una decadencia total. El comercio de esclavos realizado durante siglos por los árabes hundió demográficamente al continente negro. Cuando en el s. XIX Europa se interesa por África cree encontrarse ante un pueblo que apenas ha remontado la “edad de hierro”. África se enfrenta con la spotencias colonizadoras en franca desventaja: no posee cohesión social ni política, carece de fuerza militar y está postrada en una economía de susbistencia. Es literalmente devorada por las potencias europeas que inician la etapa colonizadora, que, con sus más o sus menos, se puede resumir en: sumisión y explotación.

La raza negra va a sufrir sucesivamente tres formas de explotación o discriminación, si bien alguna de ellas se pueda solapar en el tiempo.

En un primer momento se dará la esclavitud. Más de 18 millones de esclavos negros (tan solo 13 llegarían a sus destinos) serán arrancados de sus tierras en África para ser llevados a las colonias americanas con el propósito de tener mano de obra barata en el cultivo de la caña de azúcar, café, cacao y el algodón.

El segundo momento se produce con la colonización del continente africano por parte de las potencias europeas. África se convierte en un excelente suministrador de materias primas, minerales, maderas, diamantes, etc. para Occidente. Inglaterra, Francia, Holanda, Italia y Alemania disputarán el control de extensos territorios en el continente. Esta lucha por el poder colonial será el origen de la primera guerra mundial.

La tercera etapa corresponde a la neocolonización por parte de las multinacionales en el s. XX. Justo después de la 2ª guerra mundial se produce la descolonización de los diferentes países africanos. Estos adquieren una independencia política, pero no así de su economía que va a seguir dependiendo de las grandes potencias coloniales. Multitud de guerras y conflictos armados se suceden en los diferentes territorios (Angola, Sierra Leona, Ruanda, etc.). Los gobiernos se ven obligados a buscar ayuda extranjera que la dan a cambio de la cesión de la explotación y el control de los recursos del país así como la imposición de restricciones en su natalidad.

El presidente de Senegal Leopold Senghor (1906 – 2001) describe esta continua sangría del continente africano como el más brutal genocidio de la historia.

“… en cualquier época, la colonización ha compratido aspecros muy negativos. Basta con analizar, como ejemplo, la historia de África. (…) Hasta mediados del siglo XIX, los árabes y europeos organizaron el comercio humano llamado “trata de negros”. Unos veinte millones de negros fueron deportados a las tierras americanas (…) Se calcula que ese genocidio provocó cien millones de muertos. Yo creo que fueron doscientos. Se trata del genocidio más brutal de la historia. El mal causado en África negra es el más terrible que jamás se haya causado a una etnia”.[1]

Con el fin de justificar ésta explotación del hombre negro, surgirá en el s. XIX la ideología del racismo y sus consecuencias prácticas: el segregacionismo y el genocidio. El racismo de color aparece con la colonización y pronto se va a convertir en el instrumento de sometimiento de las naciones colonizadoras al servicio de la acumulación de capital. La raza negra en especial ha sido tratada de forma cruenta y brutal.

El nuevo orden mundial nacido de la Revolución Francesa se basaba en la triple máxima: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Ahora bien, como pronto se comprobará, estos principios serán reclamados por la burguesía naciente para si misma, pero en ningún momento se pensará en hacerlos extensivos al resto de los pueblos, especialmente los de raza negra. Reconocer los derechos de los negros supondría ir en contra de los grandes intereses económicos en ultramar obtenidos de la explotación de los recursos y de la mano de obra esclava.

            Como ya hemos visto, el principio de igualdad se niega a otras razas alegando una supuesta inferioridad natural. Este concepto será clave en la ideología racista. Más problemas suscitarán conciliar los deseos de libertad política con una economía basada en el trabajo esclavo. Por ello una gran parte de los movimientos antiesclavistas serán profundamente racistas. En realidad la “libertad” que reclamaban para los esclavos negros tenía una doble consecuencia. Por una parte libraba al colono de la responsabilidad del cuidado del esclavo dictada por el Código Negro. El negro quedaba libre, pero también el terrateniente quedaba libre de toda responsabilidad hacia el esclavo (protección, manutención, educación, etc.). La segunda consecuencia es que para seguir con la expoliación colonial se adoptará el ideario racista que justifica la inferioridad negra y el dominio de estos por la superioridad blanca. Lo cierto es que la abolición de la esclavitud, camufló bajo los principios de libertad, igualdad y fraternidad para unos, las nuevas relaciones de explotación y discriminación para otros basándose en un ideario racista. En algunos casos, como sucedió en Francia en 1806, los negros fueron liberados, para luego ser reclutados por el ejército de Napoleón y ser enviados a la guerra en Nápoles…

De las pocas instituciones que se declararon abiertamente antiesclavista y antirracista encontramos a la Iglesia Católica. En 1821 se creó la Societé de la Morale Chrétienne (Sociedad de la moral cristiana), una organización que atacó la trata de negros y la esclavitud de los mismos. En 1820 el barón Roger y Jomard, uno de los fundadores de la Sociedad Geográfica crearon en Francia una asociación que consiguió educar a diecisiete “negros u hombres de color”, de los cuales tres volvieron como sacerdotes a Senegal.

Si los negros lograron sobrevivir, primero a la esclavitud y segundo a la discriminación racial, fue precisamente porque consiguieron mantener a la institución familiar como uno de los pilares más sólidos de su vida social. A pesar de que el matrimonio entre esclavos no estaba legalmente reconocido y que en ocasiones estos eran separados, la familia ha demostrado ser el núcleo fundamental donde se apoya toda lucha por la dignidad humana.

El comercio árabe de esclavos

Según varias fuentes histográficas los árabes musulmanes se dedicaron al comercio de esclavos por un periodo superior a milenio, estimándose en más de diez millones las personas sometidas a esclavitud. Mahoma había establecido en el Corán el precento de la yihad, o “guerra santa” contra los no mulsulmanes. La guerra era entonces la forma más rapida de capturar esclavos. Estos tenían diversas procedencias, incluyendo el África subsahariana (principalmente Zanj), el Cáucaso (principalmente cherquesos), Asia Central (principalmente tártaros) y Europa Central y Oriental (principalmente Saqaliba). El inicio de la trata de negros se reomantaría a un tratado firmado en el año 652 por el conquistador árabe Abdalláh ben Sai´d que les impuso un tributo de 360 esclavos al año. Los musulmanes no consideraban a los negros sólo unos paganos, sino también una raza inferior destinada a la esclavitud. La literatura árabe de los siglos VIII y IX empezó a crear el prejuicio de que la piel negra era sinónimo de mal olor, una fisonomía repulsiva, una sexualidad desbocada o signos externos de salvajismo o de debilidad.
El famoso explorador Ibn Battuta (1303-1369) reconocía que en multitud de veces le fueron dados o compró esclavos. Los esclavos eran comprados o capturados en las fronteras del Mundo Islámico y posteriormente importados hacia los principales centros, donde existían mercados de esclavos desde donde eran distribuidos. En los siglos IX y X, los esclavos negros Zanj podrían haber constituido al menos la mitad de la población en el bajo Irak. Al mismo tiempo, varias decenas de miles de esclavos en la región eran importados también desde Asia Central y el Cáucaso.
Zanzíbar fue en un momento dado el mayor puerto de comercio de esclavos de África Oriental, y bajo los árabes Omaníes en el siglo XIX pasaban por la ciudad al menos 50.000 esclavos al año. Algunos historiadores han estimado que entre 11 y 18 millones de esclavos africanos negros cruzaron el Mar Rojo, el Océano Índico y el Desierto del Sáhara entre el 650 DC hasta el 1900 DC, comparados con entre 9,4 y 12 millones de africanos que pudieron haber sido llevados hacia América. Una de las razones para que las potencias europeas colonizaran cerca de todo el continente africano en el último cuarto del siglo XIX era el deseo de terminar o controlar el comercio de esclavos y la esclavitud en África.
Los esclavos de Europa Central y Oriental eran generalmente conocidos como Saqaliba (que se podría traducir por “eslavos”). Los moros, desde el siglo XVIII, también llevaron a cabo razzias en las zonas costeras del Mar Mediterráneo y del Océano Atlántico, siendo conocidos como piratas berberiscos. Se estima que capturaron alrededor de 1.25 millones de esclavos blancos de Europa Occidental y de Norteamérica entre los siglos XVI y XIX.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Declaraciones de Leopold Senghor, recogidas en el libro Colonialismo y neocolonialismo. Colección G.T. de Ed. Salvat, Barcelona, 1975, pp. 9-11.
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