14.3. Unos mitos peligrosos

            En la base de todo odio mortal se encuentra la mentira y la calumnia. Por ello es importante saber reconocer bien los rumores falsos, y esforzarse en buscar la verdad. Así como hemos visto que los negros sufrieron la maldad que lleva las calumnias, el pueblo judío padeció la sinrazón de varias mentiras, que en muchos momentos fueron el detonante de los linchamientos que sufrieron. Veamos algunas de estas.

El judío errante

            El mito del judío errante es una leyenda literaria que circuló por Europa a partir del siglo XVII. La leyenda relata que un personaje judío había negado un poco de agua al sediente Jesús cuando iba camino de la Cruz, por lo que este lo condena a “errar hasta su retorno”.

            El primer documento moderno que se conserva de esta leyenda es un panfleto de cuatro hojas llamado Kurtze Beschreibung und Erzählung von einem Juden mit Namen Ahasverus (Breve descripción y relato de un judío de nombre Ahasverus), impreso en Leiden en 1602 por Christoff Crutzer. La leyenda se extendió rápidamente por Alemania, y en menos de un año aparecieron ocho ediciones diferentes, y antes de concluir el s. XVIII había al menos 40 variantes de la historia, en las que se cambiaba el nombre del personaje (Ahasverus, Buttadeu, Larry el Caminante, Joseph Cartaphilus, “John el Errante”, etc.) o las circunstancias del motivo de la “condena”. El mito del judío errante fue específico del mundo protestante, ya que a Alemania le sucedió, Burdeos (1609), Inglaterra (1925), Holanda, Dinamarca, Checoslovaquia y Suecia.

            En el mito del judío se ha pretendido ver la personificación metafórica de la diáspora judía. Así la destrucción de Jerusalén por los romanos y consiguiente dispersión por el mundo sería el “castigo divino”.

            Durante el Romanticismo, el mito del judío errante fue interpretado como un mito anticristiano del “nuevo Prometeo”. Aquel judío, que se negó a ayudar a Jesús, encarnaba al hombre capaz de desafiar a un Dios como un pesado lastre para sus ansias ilimitadas de libertad.

En el mundo católico el mito no tuvo tanta aceptación. El Padre Feijoo en la obra Cartas eruditas y curiosas (1745) niega vericidad a la historia considerándola de invención reciente y señala como precedente la presencia del profeta Elías sobre la tierra hasta el final de los tiempos.

Libelo de sangre o asesinato ritual

            Esta fue la peor acusación que se realizó contra los judíos y que más muertes produjo. De manera recurrente se les acusó en varios lugares y momentos históricos de asesinar a no-judíos (especialmente niños) para emplearlos en rituales secretos.

            El esquema en todos casos se repetía. Se encontraba el cadáver de un niño asesinado (normalmente cercano a la pascua), los judíos eran acusados de haberlo asesinado para emplear su sangre en sus rituales. Los rabinos o líderes comunitarios eran detenidos y forzados a confesar su culpabilidad. Al final toda la comunidad era expulsada de la comarca.

            Durante la Edad Media, y principalmente en Alemania, la gente creía que la sangre tenía propiedades curativas. Por ello la mentira del asesinato ritual era fácilmente creible. No obstante, los que conocen bien la religión judía, saben que esta prohíbe categóricamente el sacrificio humano, asi como la ingestión de sangre.

            El primer caso documentado de acusación de asesinato ritual sucedió en Wuerzburg en 1147. Posteriormente fueron sucediéndose en otros lugares: Norwich (1148), Gloucester (1168), Fulda (1235), Zaragoza (1282), Lincoln (1255), Munich (1286), La Guardia 1491, etc.

            No obstante también se intentó clarificar la veracidad de estas acusaciones. En el caso de Fulda (1235) el emperador Federico II mandó realizar una investigación para determinar si los judíos eran culpables. El sínodo que resultó concluyó que “no puede hallarse, en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento, que los judíos requieren de sangre humana. Por el contrario, esquivan la contaminación con cualquier tipo de sangre… Hay una alta probabilidad de que aquellos para quienes está prohibida incluso la sangre de animales permitidos, no pueden desear sangre humana”.[1]

            El papa Inocencio IV en 1247 salió en defensa de los judíos condenando las falsas acusaciones a que se veían sometidos: “cristianos acusan falsamente… que los judíos llevan a cabo un rito de comunión con el corazón de un niño asesinado; y en cuanto se encuentra el cadáver de una persona en cualquier sitio, se les hace recaer maliciosamente la responsabilidad”. Esto fue confirmado por el Papa Gregorio X, quien decretó en 1272 en su “Carta acerca de los judíos” que ningún judío podía ser arrestado bajo tal “tonto pretexto” y que ningún tribunal debía considerar esos cuentos. Cuando la acusación resurgió en 1540, Pablo II la repudió en su bula Licet Judaei.

El cardenal franciscano Lorenzo Ganganelli (más tarde Papa Clemente XIV 1705-1774) realizará otra investigación exhaustiva concluyendo que: “debe comprenderse con cuánta fe viviente deberiamos pedirle a Dios como el salmista `líbrame de la calumnia de los hombres´. Espero que la Santa Sede tome medidas para proteger a los judíos de Polonia, del mismo modo en que San Bernardo, Gregorio IX e Inocencio IV obraron la defensa de los judíos de Alemania y de Francia”.[2]

            En Rusia se propagaron, por varias veces, falsas acusaciones del libelo de sangre (1799, 1805 y 1816). Para evitar mayores males el ministro de asuntos eclesiásticos, A. Golistyn envió un documento en 1817 en el que explica como los Papas y monarcas polacos han invalidado los libelos, y como las cortes les han refutado. Además ordenaba que “de aquí en adelante los judíos no sean acusados de asesinar niños cristianos, sin evidencia, y sobre el mero prejuicio de que necesitan de sangre cristiana”.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] G. Perednik. La Naturaleza de la Judeofobia
[2] Idem
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