14.4. La judeofobia ilustrada

Entre el final del siglo XVIII y el inicio del XIX, los judíos habían logrado, por lo general, una posición de igualdad con respecto a los demás ciudadanos en la mayoría de los Estados europeos, y un buen número de ellos llegó a desempeñar funciones importantes en la sociedad: medicina, enseñanza, política, finanzas, etc. Pero en este mismo contexto histórico, especialmente en el siglo XIX, se desarrolló un nacionalismo exasperado y falso. En un clima de rápidos cambios sociales, los judíos fueron a menudo acusados de ejercer un influjo excesivo en relación a su número. Entonces comenzó a difundirse, con grados diversos, en la mayor parte de Europa, un antijudaísmo esencialmente más sociopolítico que religioso.

            El odio contra los judíos se puede encontrar claramente en los representantes de la Ilustración. Filósofos, políticos, filántropos, etc. crearán y propagarán los principales tópicos antisemitas. Inmmanuel Kant acusa a los judíos de que guardan un odio a toda la humanidad al afirmar que el pueblo judío, “en su condición de pueblo especialmente elegido por Jehová, de pueblo que hostiga a todos los otros pueblos y por eso hostigado por todos, excluyó de su colectividad a la totalidad del género humano”.

            Contemporáneo de Kant e influido por sus escritos, el filósofo alemán Johann Fichte (1762-1814) ejercerá una gran importancia en el pensamiento antijudío alemán. Junto con Schellin y Hegel es considerado uno de los padres del idealismo alemán. Para Fichte el alemán era la lengua oficial de Europa (Ursprache) y los alemanes la nación original (Urvolk). Defensor de la superioridad alemana, afirmaba que tan solo los alemanes eran capaces de encontrar la verdad. Respecto de los judíos les negaba fueron otorgados derechos civiles.

            “¿Darles derechos civiles? No hay otro modo de hacerlo sino cortarles una noche todas sus cabezas y reemplazarlas por otras cabezas que no contengan un solo pensamiento judío. ¿Cómo podremos defendernos de ellos? No veo alternativa sino conquistar su tierra prometida y despacharlos a todos allí. Si se les otorgan derechos civiles van a pisotear a los otros ciudadanos”. Johann Fichte.

            Por su parte Hegel también manifestó sentimientos antisemitas y consideró a los judíos como la antítesis de la humanidad.

“La gran tragedia del pueblo judío no es una tragedia griega, no puede suscitar ni el miedo ni la piedad, puesto que éstos nacen solamente del destino de un hecho no necesario al que tiende un ser bello. La tragedia del pueblo judío suscita sino repugnancia. El destino del pueblo judío es el de Macbeth”. [1]

El Siglo de las Luces con su atmósfera racionalista antirreligiosa, aboga por una religión de la razón para un mundo de confraternidad. Por ello cargarán las tintas de sus escritos con ataques contra las tres grandes religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islamismo.

            En su Enciclopedia (1765), Deni Diderot considera a los judíos como “ignorantes y supersticiosos”. También dirá de Jesús que era un “judío oscuro y fanático”, y acusará a los judíos de ser los padres abominables de ese desgraciado. J. B. de Miraband, secretario de la Academia Francesa, publica en 1769 un compendio titulado, L’ Opinión des Anciens sur les Juifs, en la que postula que el “mosaísmo”, es la fuente del cristianismo y del islam, declarando de esta que es la más perniciosa de todas las supersticiones. Paul D´Holbach fue más lejos y en su L´Esprit du Judaisme (1770) sostiene que el judaísmo es malo por naturaleza, constituyendo el corrupto origen del cristianismo. Este filósofo del materialismo ilustrado, abanderado del ateismo moderno, veía en los judíos el mayor enemigo de la raza humana. Su agresivo ataque forma parte del odio que manifestó hacia el cristianismo al cual define como una “secta cismática” del judaísmo, el cual, practicado por “asiáticos cobardes y degenerados”, “infectó poco a poco todo el imperio romano”. Para Montesquieu “dondequiera haya dinero, hay judíos”.

            El padre fundador de los Estados Unidos fue un declarado antisemita. En uno de sus discursos en la Convención de Filadelfia de 1787 se expresó en los siguientes términos:

“Yo coincido totalmente con el General Washington, en que debemos proteger a esta joven nación de una insidiosa influencia y penetración. Esta amenaza, caballeros, son los judíos. En todo país en que los judíos se han establecido en gran numero han hecho descender su nivel moral y su honradez comercial; se han segregado a si mismos y no han sido asimilados; han sonreído con desprecio frente a ella y han tratado de socavar la religión Cristiana sobre la que esta nación esta fundada mediante la oposición a sus restricciones; han construido un estado dentro del estado; y cuando se han enfrentado a ellos, han intentado estrangular a ese país mediante una muerte financiera, como en el caso de España y Portugal. Durante más de 1700 años los judíos han estado lamentándose de si triste destino en el que han sido exiliados de su patria, a la que llaman Palestina. Pero caballeros si el mundo les diese Palestina sin ningún coste, ellos encontrarían alguna razón para no volver ¿Porque? Porque son vampiros, y los vampiros no viven entre vampiros. No pueden vivir solo entre su misma gente. Deben subsistir a costa de los cristianos y otras gentes, no a costa de los de su raza.

Y si no alejan a los judíos de estos Estados Unidos, en esta Constitución, en menos de 200 años habrán llegado aquí en tales números que dominaran, devoraran la tierra y cambiaran nuestra forma de gobierno, por la que nosotros, los Americanos, hemos derramado nuestra sangre, dado nuestras vidas, nuestra sustancia y puesto en peligro nuestra libertad. Si no les excluimos, en menos de 200 años, nuestros hijos estarán trabajando en los campos para facilitarles su sustento, mientras ellos se quedaran en las casas de cambio frotándose las manos de alegría.

Les advierto, caballeros, si no excluyen a los judíos definitivamente, vuestros hijos maldecirán sobre vuestra tumba. Los judíos, caballeros, son asiáticos, no importa que se le deje nacer donde quieran, o cuantas generaciones les alejen de Asia, nunca serán de otra maneara. Las ideas de esta gente no se ajustan a las de los americanos, y no lo harán aunque vivan entre nosotros durante diez generaciones. No cambiarán, como no podrá nunca un Leopardo cambiar las manchas de su piel. Los judíos son asiáticos, son una amenaza para este país si se les permite la entrada, y deberían ser excluidos por esta Constitución.”[2]

Voltaire: divulgador del odio antisemita

Pero el peor de los judeófobos iluministas fue Voltaire quien atacó por igual a la Iglesia Católica y al judaísmo. En su Diccionario Filosófico arremete contra los judíos diciendo que:

            “Es el pueblo más imbécil de la faz de la Tierra, enemigos de la humanidad, el más obtuso, cruel, absurdo…”Voltaire

            “La nación más singular que el mundo ha visto; aunque en una visión política es la más despreciable de todas, sin embargo a los ojos de un filósofo vale la pena considerarla… De un breve resumen de su historia resulta que los hebreos siempre fueron errantes o ladrones, esclavos o sediciosos. Son todavía vagabundos sobre la Tierra, aborrecidos por todos los hombres… Si preguntas cuál es la filosofía de los judíos, la respuesta será breve: no tienen ninguna… Los judíos nunca fueron filósofos, ni geometras, ni astrónomos”. Voltaire.

Olvida Voltaire que Maimónides o Spinoza fueron judíos, pero su judeofobia acrítica le lleva a afirmar que: º

            “Estuvieron tan lejos de tener escuelas públicas para la instrucción de la juventud, que ni siquiera tienen un término en su idioma que exprese esa institución… Su estadía en Babilonia y Alejandría, durante la que podrían haber adquirido sabiduría y conocimiento, solo los entrenó en la usura”.Voltaire

            Este ilustrado hablará de un “carácter judío”, al cual le atribuye, como “comportamiento judío”, la ignorancia, el lenguaje bárbaro, el odio hacia otros pueblos, la crueldad, el canibalismo y las diferentes perversiones sexuales:

            “Observamos a los judíos con la misma mirada con la que miramos a los negros, o sea, como a una raza humana inferior”. Voltaire.

También llamará a los judíos “fieras calculadoras” que debían de transformarse en “fieras pensantes”. En su Diccionario concluye:

            “En suma encontramos en ellos solamente un pueblo ignorante y bárbaro, que ha largamente unido la más sórdida avaricia con la más detestable superstición y el más insuperable odio por cada pueblo por el que son tolerados y del que se enriquecen. Empero, no debemos quemarlos”. Voltaire.

            Entre sus obras rescatamos parte de su pensamiento profundamente antisemita que influirá en la sociedad ilustrada de su época.

“Proscritos sobre la tierra y ciudadanos del mundo, llevan de mar en mar su miseria profunda, y, de un antiguo montón de supersticiones, han llenado desde hace tiempo todas las naciones”. Voltaire. Henriade

“Los judíos no son más que un pueblo ignorante y bárbaro, que ha combinado, por mucho tiempo la más repugnante avaricia con la más abominable superstición e inextingible odio hacia los otros pueblos por los cuales son tolerados, y gracias a los cuales se enriquecen.

¿Porque son odiados los judios? Es el inevitable resultado de sus leyes: ellos tienen que, o conquistar a todo el mundo, o ser odiados por toda la raza humana. Esta pequeña nación judía osa ostentar un odio irreconciliable contra todas las naciones: siempre supersticiosa, siempre ávida de un bien ajeno, siempre bárbara, rastrera en las desgracias, e insolente en la prosperidad”. Voltaire. Dictionaire Philosophique

“Sois animales calculadores; tratad de ser animales capaces de pensar”. Voltaire. Essai sur les moeurs et l’esprit des nations

 “Se que hay algunos judios en la colonias inglesas. Estos ‘marranos’ van alla donde hay dinero que ganar. Pero en estas circunstancias no tiene la mayor importancia que estos circuncidados digan que son de la tribu de Naphtali o de la de Issachar. Ellos son, simplemente, los mayores sinverguenzas que hayan ensuciado jamás la faz del globo”. Voltaire. Carta a Jean-Baptiste Nicolas de Lisle de Sales, December 15, 1773. Correspondance. 86:166)

“Me parecéis los mas locos del lote. Los Kaffires, los Hotentotes y los negros de Guinea son una gente mucho más razonable y mucho más honesta que vuestros ancestros, los judíos. Habéis sobrepasado a todas las naciones en fábulas impertinentes, en mala conducta y barbarismo. Merecéis ser castigados, tal es vuestro destino”. Voltaire. (Carta en respuesta a otra de un judio, que se quejaba del antisemitismo de la obra ‘Examen des quelques objections. . . dans l’Essai sur les moeurs.’)

“Solo encontrareis en los judíos a una gente ignorante y bárbara, que durante mucho tiempo se han unido a la más sórdida avaricia hasta a la más detestable superstición y al mayor invencible odio de toda la gente que les tolera y enriquece”. Voltaire. (“Juif,” Dictionnaire Philosophique)

“Ellos son, todos ellos, nacidos con un furioso fanatismo en sus corazones, al igual que los bretones y los alemanes nacen con pelo rubio. A mi no me sorprendería lo más mínimo si esa gente no se convertirá algún día en mortífera para la raza humana”. Voltaire (Lettres de Memmjus a Ciceron, 1771)

“Los hurones, los canadienses y los iroqueses eran filósofos humanitarios en comparación con los semitas”. Voltaire (Obras completas, vol. 17. Pág. 53)

 La génesis del mito de la conspiración

            En Francia la judeofobia tuvo tintes económicos y políticos. La Asamblea Nacional revolucionaria debatió por dos años si los principios de la revolución de libertad, igualdad y fraternidad debían aplicarse también a los judíos. Entre 1806 y 1807 Napoleón convocó una Asamblea de notables judíos formada por ciento once rabinos y líderes comunitarios. Este grupo fue denominado el Sanedrín napoleónico, pero en su momento fue considerado como parte de un complot judío internacional cuyo fin era hacerse con el gobierno mundial. Napoleón disolvió esta Asamblea, dando origen al primer mito judeofóbico de la modernidad: la conspiración judía mundial.

            En Francia, varios filósofos convirtieron la reacción judeofóbica en una ideología. Francois Fourier consideraba que “el comercio es la fuente de todos los males y los judíos son la encarnación del comercio”. Además consideraba como un grave error emancipar a los esclavos y a los judíos, por ser “la nación más despreciable”.

            La paranoia judeofóbica en Francia llegó a su clímax con el libro Francia judía (1886) de Edouard Drumont (1844-1917), autor que pretendía demostrar como Francia estaba siendo subyugada por los judíos. El libro vendió más de 200.000 ejemplares en apenas unos meses. Años después Drumont fundó la Liga Antisemita francesa con la que consiguió ser diputado del parlamento francés.

            Un hecho que conmovió y mantuvo a la opinión pública francesa en vilo durante varios años, fue el llamado caso Dreyfus. Hacia 1894 el oficial del estado mayor Alfred Dreyfus, de origen judío, fue condenado por espionaje a cadena perpetua en la isla del Diablo. Investigaciones posteriores demostraron que varios oficiales de alta graduación se habían confabulado para falsificar las pruebas que lo inculpaban. El esclarecimiento de la verdad y la condena de los autores reales tardaron doce años (1894-1906). Al final el capitán Dreyfus fue parcialmente habilitado, después de haber pasado cinco años en la cárcel. No obstante el caso mostró el ambiente tan antisemita que impregnaba la sociedad francesa.

            Algunos autores como Hannah Arendt pretenden ver en el Holocausto Nazi como una etapa más del eterno conflicto que enfrenta al pueblo judío en la historia. Pero, como señala el sociólogo e historiador Zygmunt Baurman, mientras que en la Europa premoderna los judíos se hallaban en una posición particularmente vulnerable debido a su situación de marginados religiosos, ello

“no impidió, en conjunto, que se acomodaran dentro del orden social prevalerte… En una sociedad dividida en estados o castas, los judíos eran un estado o una casta más entre otras muchas. El judío individual se definía por la casta a la que pertenecía, y por los privilegios o cargas específicos de que dicha casta disfrutara o que debiera soportar. Pero lo mismo podríamos decir de cualquier otro miembro de la misma sociedad”. Baurman, Modernity

            El antisemitismo moderno no debe pues confundirse con la marginación que este pueblo sufrió anteriormente. La situación anterior correspondía a un conflicto religioso, pero el racismo de la modernidad situaba a los judíos como miembros de una raza inferior, lo cual les ponía en el punto de mira de cualquier política de estado basada en una biología de la raza. En palabras de Arendt:

            “Los judíos habían podido escapar del judaísmo (la religión) mediante la conversión; pero de la naturaleza judía (la raza) no había escapatoria”.[3]

            Precisamente, la antropóloga Hannah Arendt aclara en Los orígenes del totalitarismo como “el antisemitismo es una ideología secular evidentemente diferente” del odio religioso contra los judíos.

            A finales del siglo XIX, los judíos no eran ya una minoría religiosa dentro de una sociedad, sino que constituían el chivo expiatorio de todos los antagonismos que la sociedad moderna se le antojaba plantear. El intento nazi de exterminarlos no fue, por lo tanto, la expresión más reciente de lo que un autor llamó “el odio más antiguo”, sino la consecuencia de profundas tensiones gestadas en el corazón del mundo moderno.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] G.W.F. Hegel, El espíritu del cristianismo. Cit. Wilhelm Dilthey. Hegel y el idealismo. Fondo de cultura económica. 2013
[2] Del original guardado en el Instituto Franklin, en Filadelfia, Pensilvania, U.S.A. Esta preedición fue hecha durante una charla alrededor de la mesa durante los descansos ‘Chit Chat Around the Table During Intermissions,’ en la convención Constitucional de Filadelfia de 1787. Esta cita fue reflejada en el diario de Charles Cotesworth Pinckney, un delegado de Carolina del Sur.¡
[3] H. Arendt. Origins, pag. 87
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