14.6. Nietzsche y la muerte del Dios semítico

            A finales del siglo XIX, Friedrich Nietzsche propuso su teoría del superhombre (Übermensch). Un ser superior que se encuentra por encima de la moralidad, idea que sirvió para afianzar los conceptos sobre el ideal germano.

            En su Genealogía de la moral (1887), Nietzsche define al hombre bueno como aquel que posee un rango superior o aristocrático. En cambio el hombre malo es el plebeyo, vulgar y bajo. Según él estos conceptos habrían sido tergiversados por las clases sacerdotales judías a lo largo de la historia. Para él, Jesucristo es el portador de esta nueva moral que da la victoria a los pobres y enfermos, en definitiva a los desfavorecidos de la sociedad, en vez de dársela a los héroes sanos, fuertes y superiores.

            Nietzsche se convierte en el profeta del superhombre. Un superhombre que ha de reemplazar el puesto que la religión otorga a Dios y que representaría los valores de la vida, entendida como el “sentido de la Tierra”. Este nuevo hombre adoptaría los valores vitales de crueldad, brutalidad, falta de compasión… que se contraponen a los valores cristianos de caridad y misericordia entendida como amor al hermano. Pero para que este superhombre nazca es precisa “la muerte de Dios”. Un Dios judeo-cristiano que sitúa al mismo nivel a todos los hombres al considerarlos como hermanos.

            El filósofo alemán expresa este rechazo de la religión cristiana con las siguientes palabras:

“Que uno hace bien en ponerse los guantes cuando lee el Nuevo Testamento. La proximidad de tanta mugre casi obliga a hacerlo. De la misma manera que no elegiríamos como amigos a unos judíos polacos, tampoco elegiríamos a unos primeros cristianos”. Nietzsche.

            Para Nietzsche existen tres castas: la de los inteligentes, la de los fuertes y la de los mediocres. El remedio consiste en la crueldad placentera descargada sobre los débiles, llegando incluso a la exterminación de los desarraigados y débiles, representados principalmente por los judíos.

“Hay hombres inferiores y hombres superiores, el superhombre pertenece a este segundo grupo. Los débiles y malogrados deben perecer… y además se debe ayudarles a perecer. Este es el artículo primero de nuestro amor a los hombres” Nietzsche. El anticristo.

En “El ocaso de los ídolos” el odio hacia las raíces judías del cristianismo, es expresado de manera más acentuada adquiriendo tonos de biología racial:

“El cristianismo, que es de raíz judía y sólo puede entenderse como planta de este suelo, representa el movimiento contrario a toda moral del cultivo, de la raza, del privilegio; es la religión antiaria por excelencia” Nietzsche.

            El antisemitismo de Nietzsche era más filosófico que práctico. No así el de su hermana Elizabeth Nietzsche y su marido Bernhard Föster quienes tomaron partido político contra los judíos. Así Föster participó en el grupo de los “Siete alemanes”, quienes en abril de 1881 hicieron entrega al Canciller Otto von Bismarck de una solicitud con 267.000 firmas pidiendo la eliminación de los judíos de los cargos públicos y de los sistemas de enseñanza. Este grupo fundó el “Partido del Pueblo Alemán” cuya finalidad era incentivar el nacionalismo y el antisemitismo entre las gentes. Su eslogan decía: “Solamente unidos todos podremos derrotar a la plaga judía”.

            Bernard Föster era un wagneriano ferviente, además de naturalista riguroso que luchó contra la vivisección y en favor de vegetarianismo. Junto con su mujer fundaron en Paraguay la colonia “Nueva Germania”, un “Estado de reserva” para cuando la Alemania del viejo mundo cayera alguna vez en manos de los rusos, los judíos o los romanos.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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