14.7. El fraude de Los protocolos de los Sabios de Sión

            En la Rusia zarista tuvieron lugar entre 1881 y 1917 una serie de ataques y persecuciones contra la población judía, acusándoles, sin prueba alguna, de ser los causantes del atentado que costó la vida al zar Alejandro II (1881). Estos linchamientos denominados pogroms, fueron organizados localmente por el gobierno y la policía, y se concentraron en las ciudades ucranianas de Kiev y Odesa, pero el conflicto alcanzó también muchas localidades menores. Usando a los judíos como cabezas de turco, las autoridades pretendían canalizar el malestar popular ocasionado por la pobreza y el mal gobierno zarista. Las víctimas judías eran saqueadas en sus propiedades, raptadas y asesinadas. Durante la revolución bolchevique de 1917, se calcula que unos 60.000 judíos murieron por la violencia de los pogroms en Ucrania y Polonia oriental.

            La solución de los judíos ante estas persecuciones fue variada. Los sionistas veían la necesidad de crear un Estado judío independiente en Palestina. Otra parte optó por emigrar a Europa y principalmente a los Estados Unidos. Por último, hubo quien trató de luchar contra un estado que los agredía de forma tan brutal y gratuita y empezaron a militar en partidos revolucionarios de inspiración marxista. Por ello la proporción de judíos en los cuadros dirigentes de los partidos revolucionarios llegó a ser muy elevada.

            Será en Rusia donde surgirá una de las mayores calumnias contra los judíos en la que se les acusa de tramar una conspiración a nivel internacional para conseguir el poder. Esta calumnia se difundirá por toda Europa y América, y alimentará en muchos lugares el odio hacia el pueblo judío.

            En 1903 el periódico de San Petersburgo Znamya (La bandera) publica por entregas los denominados “Protocolos de los Sabios de Sión”. El texto presentaba a los judíos como conspiradores contra el estado. En 24 capítulos, o protocolos – supuestamente las actas de las reuniones de los líderes judíos – Los Protocolos describían los “planes secretos” de “los judíos” para dominar el mundo mediante la manipulación de la economía, el control de los medios de comunicación, y el fomento de los conflictos religiosos.

            Según se deduce de los protocolos, los Sabios, a fin de conseguir el control del mundo no dudarían en usar la violencia. Curiosamente, el poder totalitario no estaría destinado a establecer un gobierno despótico a beneficio de los judíos, sino que el objetivo era establecer un régimen justo socialmente a escala mundial. De esta manera la gente estaría satisfecha y la continuidad del “imperio de Sión estaría asegurada durante siglos”. El odio y el recelo surgen ante el deseo de los Sabios de querer destruir la cristiandad y las elites tradicionales.

            Esta mentira se difundió rápidamente por todo el Occidente y pronto circularán ediciones por Europa, Estados Unidos, Sudamérica, Japón y el mundo árabe. El magnate de los automóviles Henry Ford publicó en 1920 “El judío internacional” (The Dearborn Indepente) una obra que consistía en una serie de artículos basados en los Protocolos. En Alemania la publicación Auf Vorposten presentaba a los judíos como esas fuerzas oscuras que habían intervenido en la derrota de la nación en la Guerra Mundial.

            El escritor de origen ruso Máximo Gorki, denunció este odio irracional hacia los judíos que estaba recorriendo Europa y Norteamérica.

“Nuestro pueblo, irritado por las derrotas y tan frecuentemente engañado, quiere saber quién es el responsable de nuestros desastres en el campo de batalla. Se le presenta entonces a los judíos y se le dice: ¡He aquí el culpable! Desde hace mucho tiempo se le ha dicho que los judíos son un pueblo perverso que ha crucificado a Cristo. Se olvida decirle que el mismo Cristo era también judío, que todos los profetas eran judíos, de la misma manera que los apóstoles, esos pobres pescadores judíos que crearon el Evangelio. Si Cristo fue condenado a muerte, fue porque él era querido por los pobres (…).La exasperación creada por la guerra exige una víctima y personas astutas, buscando pasar sus responsabilidades a otros, señalan a los judíos como culpables de todos los males”. Máximo Gorki

            Hubo que esperar varios años para que la verdad saliera a la luz. En 1921 el diario Londinense, Times, presenta la evidencia de que los Protocolos eran falsos. El diario confirmó que estos habían sido copiados de un texto contra Napoleón III titulado “Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu”. El folleto, escrito en 1864 por Maurice Holy, fue prohibido en Francia, pero al parecer una copia llegó a Rusia para dar lugar, años más tarde a los mencionados Protocolos.

            No obstante a pesar de haberse demostrado la falsedad de los Protocolos, estos siguen hoy en día difundiéndose por el mundo, alimentando la teoría de la confabulación judía y generando más odio contra los judíos.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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