14.8. Los pogroms comunistas

“La próxima guerra mundial hará que desaparezcan de la superficie de la tierra no solamente clases y dinastías reaccionarias, sino también pueblos reaccionarios enteros. También esto forma parte del progreso”.[1]

Los más de seis millones de judíos asesinados en el Holocausto perpetrado por los nazis no deben hacernos ignorar a las otras víctimas judías asesinadas por otros totalitarismos. Los más importantes son los pogroms o linchamientos multitudinarios realizados en la época zarista y en la Rusia que surgió tras la Revolución comunista. Hacia finales del siglo XIX, en Rusia vivían unos cinco millones de judíos (la quinta parte de los que había en el mundo) la mayoría en zona occidental y Polonia. Con el fin de desviar el descontento de la población ante la situación de pobreza que vivian, el régimen fomentó el antisemitismo y los linchamientos (pogroms) contra los judíos. Pogrom significa “demoler” y en ellos se realizaban saqueos, robos y destrucción de las propiedades de los judíos, quienes terminaban, la mayoría de las veces muriendo en los ataques. Este fenómeno tuvo lugar principalmente entre 1880 y 1921, período en el cual el número de víctimas se estima entre los 70.000 y los 250.000. El régimen zarista propiciaba una política antisemita, acusando a los judíos del asesinato del zar Alejandro II (1881). Esta presión obligó a que más de 2 millones de ellos emigraran a los Estados Unidos.

Según Solzenitzyn, de los 887 pogroms contabilizados en Ucrania, aproximadamente un 40% se debieron a las fuerzas ucranianas de Symon Petliura (Nacionalista ucraniano), un 25% al Ejército Verde, formado por anarquistas y nacionalistas. Un 17% fue causado por el Ejército blanco zarista, que estaba dirigido por Antón Denikin, y un 8,5% al Ejército Rojo formado por revolucionarios comunistas. El político revolucionario Grigori Zinoviev expresaba de esta manera la política de la Revolución.

“Para deshacernos de nuestros enemigos, debemos tener nuestro propio terror socialista. Debemos atraer a nuestro lado digamos a noventa de los cien millones de habitantes de la Rusia soviética. En cuanto a los otros, no tenemos nada que decirles. Deben ser aniquilados”.[2]

            Cuando Stalin se convirtió en dictador de Rusia en 1924 acuñó el término “problema judío”, que luego tomarían los nazis. Para Stalin los judíos no eran sino un pueblo burgués que jamás podría emanciparse nacional ni socialmente. La solución a este “problema” pasaba por aislar a los judíos en un macro-guetto del que no pudieran salir, convirtiéndose así en una gran cárcel aislada del mundo exterior. El territorio escojido se llamaba Birobidzhan, un área de 35.000 Km2 situado en el lejano este junto a la frontera con China.

            Los líderes comunistas se esforzaron por hacer desaparecer todo lo que tuviera que ver con el judaísmo y su cultura. Hacia 1930 habían conseguido la destrucción de la mayor parte de la vida cultural judía en la URSS. Dimanstein y Lirvakov fueron dos de los principales referentes de esta cultura que fueron ejecutados. En 1935 las purgas realizadas por Stalin se endurecieron incluso en la misma Birobizhán, donde se cometieron auténticas atrocidades contra colegios y sinagogas judías.

            Las medidas de limpieza política del estalinismo durante los años treinta, no sólo alcanzaron dimensiones genocidas semejantes a las perpetradas por los nazis, sino que además tuvieron una motivación y un funcionamiento semejantes. Se perseguía el ideal eugenésico para conseguir una sociedad sin clases mediante la lucha hasta la aniquilación total de aquellos que se oponían a la desaparición de las clases o no se adaptaban a la nueva sociedad pretendida.

            Esta aniquilación de los indeseables se realizó retirándoles los medios de subsistencia, lo que condujo a la muerte sistemática de personas, de regiones enteras por hambre. En general, el ideal de crear una nueva sociedad dominó más en Stalin que en Hitler. A ese ideal se sacrificó ciertamente una gran parte de la población, pero esto no se reflejó en la imagen de una lucha global de clases y razas hasta que no se planteó en el contexto de la defensa contra la invasión alemana.

            El antijudaismo de Stalin no se puede definir como racial, sino antirreligioso y político. En un Estado que se definía como ateo, la principal preocupación de Stalin era que los judíos constituyeran una fuerza política autónoma capaz de oponerse al régimen.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] F. Engels, con la aprobación de Karl Marx, en respuesta a la obra de Bakunin, el “Llamamiento a los esclavos”.
[2] Grigori Zinoviev Apfelbaum, septiembre de 1918, en “Severnaya Comuna”, núm. 109, 19 de septiembre de 1918, pág. 2. Libro negro del comunismo, 93.
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