15.3. Los porraimos nazis

            Los Porraimos (o Porrajmos) significa literalmente destrucción y es el término dado en la lengua romaní a los intentos por parte de la Alemania nazi de exterminar a la mayoría de los pueblos gitanos de Europa como parte del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

El gobierno nazi de Hitler tenía la pretensión de crear un Lebensraun o espacio vital libre de judíos y “subhombres”, en el que se desarrollase la nueva raza aria. Quienes pertenecían a esta categoría de “subhombres” los determinarían ellos, y así fueron incluyendo a los enfermos, a ancianos, niños con taras, gitanos, griegos, rusos, serbios, polacos, etc.

            Los nazis nunca ocultaron sus pretensiones. Cuando Heinrich Himmler afirmaba que “hasta el niño en la cuna debe ser pisoteado como un sapo venenoso… Vivimos en una época de hierro, en la que es necesario barrer con escobas de hierro”, estaba realizando una declaración de principios del tipo de política que iban a llevar a cabo. El nazismo creó una maquinaria de guerra biológico-social para exterminar sin contemplaciones a aquellos “elementos antisociales”, y así crear una Alemania libre de “impurezas”.

            Con la llegada del partido nazi al poder en 1933 se iniciaron toda una serie de políticas y medidas antigitanas, como la limitación de los derechos fundamentales, la pérdida de la ciudadanía alemana o el internamiento en campos de concentración. Muchas de estas políticas venían sugeridas por las autoridades locales y regionales que querían quitarse de encima el “problema gitano”. Alcaldes, diputados provinciales, empleados de la seguridad social, asi como la policía sugerían que los gitanos fueran recluidos en campos de trabajo, con o sin alambradas. A partir de la promulgación de las “Leyes de Nuremberh para la protección del Honor y la Sangre alemana” de 1935, los gitanos pasaron a ser considerados ciudadanos de segunda y fueron enviados masivamente a los campos de exterminio. Entre 1935 y 1939 se crearon campos especiales en Colonia, Dusseldorf, Essen, Frankurt, Hamburgo, Magdeburgo y Berlín donde se recluía temporalmente a los gitanos hasta que en 1939 empezaron a ser deportados al este.

            En octubre de 1938 se creó una “Central del Reich para la lucha contra el azote gitano” (“Reichszentrale zur Bekámpfung des Zigeunerunwesens”) bajo la autoridad de la Kripo (Policía criminal) y con sede en Berlín.

            Aunque los estudiosos racistas reconocían en los gitanos su origen indo-germánico, afirmaban que su largo peregrinar había hecho que se mezclaran con los más bajos estratos de la sociedad de los países por donde pasaban. Por ello, los gitanos eran una raza degenerada, una amenaza para la pureza racial y, hasta cierto punto, un “enemigo interior”. El ideólogo racista Hans F.K. Günther, si bien concedía que había algunos grupos que eran “arios puros”, afirmó que la mayoría de los gitanos suponía una amenaza a la homogeneidad aria debido a su mestizaje racial.

            El “problema gitano” cayó en las manos del “Centro de Investigación de Higiene Racial y de Biología de la Población” (Rassenhygienische und bevölkerungsbiologische Forschungtelle). Su director era el doctor Robert Ritter y por sus manos pasaron miles de personas gitanas para ser sometidos a exámenes de sangre, pruebas oculares, de pigmentación de la piel y craneométricas. Ritter esterilizó por la fuerza a varones y mujeres gitanos convirtiéndoles en “biológicamente inócuos”. Eva Justin, una de las asistentes del doctor Ritter, escribió una tesis en la que sostenía que los gitanos eran irredimibles racialmente y que por ello debían ser esterilizados.        Los estudios del doctor Ritter terminaron en 1940 concluyendo que el 90% de los gitanos que habitaban en el Reich eran de raza mixta, es decir, que eran muy proclives a la delincuencia.

            “Hemos podido establecer que más del 90% de los así llamados nativos gitanos, son de sangre mezclada… Resultados posteriores de nuestra investigación nos permiten caracterizar a los gitanos como gente de orígenes etnológicos completamente primitivos, cuyo retraso mental les hace completamente inacapaces de una adaptación social real… La cuestión gitana sólo se puede resolver cuando el núcleo principal de los gitanos asociales e inútiles de sangre mezclada sea recluido en grandes campos de trabajo y se les mantenga allí trabajando, y cuando la reproducción de esta población de sangre mezclada sea detenida de una vez por todas”.[1]

Ritter afirmaba pomposamente que la “cuestión gitana” podría considerarse resuelta cuando “el grueso de los gitanos de raza mixta, dado su carácter asocial y su inutilidad, sean concentrados en grandes campos de trabajo para emigrantes y se les acostumbre a trabajar, y cuando finalmente se impida la propagación, de esa población de raza mixta. Sólo entonces las generaciones venideras del pueblo alemán se verán realmente libres de esa carga”.

Himmler creyó en el origen indo-germánico de los gitanos y siguiendo los consejos de Ritter, el 8 de diciembre de 1938 envió a la policía una serie de directrices con el título de “Lucha contra la peste gitana” (“Bekámpfüng der Zigeunerplage”). Según este informe se dividía a la población sinti en “gitanos de pura raza” (Reinrassige Zigeuner”) y “mixtos” (“Zigeunermischiinge”). Este proyecto tenía como finalidad salvar los mejores elementos de las dos ramas principales gitanas para destinarlos a experimentos científicos. Su intención era segregar a aquellos gitanos “de pura raza” en una reserva con el fin de conservarlos, y así poder estudiar sus curiosas antiguas costumbres germánicas.

“… La finalidad de tomar ciertas medidas por el Estado para defender la homogeneidad de la nación alemana debe ser la separación física de los gitanos de la nación alemana, la prevención del mestizaje y, finalmente, la regulación de la forma de vida de los gitanos puros y de los medio-gitanos”.[2]

Cuando el aparato del partido se enteró de sus intenciones, recibió un duro reproche del secretario de la Cancillería del Partido, Martin Bormann:

            “Ese tratamiento especial significaría una desviación fundamental de las medidas simultáneas de lucha contra la amenaza gitana y sería mal interpretada por la población y por los líderes menores del Partido. Tampoco el Führer estaría de acuerdo en dar a una sección de los gitanos su antigua libertad”.[3]

            Ante esto, el 16 de diciembre de 1942, Himmler dio la orden de enviar a todos los gitanos que estaban bajo su jurisdicción (unos treinta mil) a Auschwitz-Birkenau a lo que se denominó “campos de familia”. Allí eran obligados a portar en sus uniformes un triángulo marrón invertido para distinguirlos de los otros presos. El comandante encargado del campo de exterminio fue Rudolf Hoess, quien al final de la guerra dio su testimonio sobre lo que sabía de los gitanos que habían sido llevados a Auschwitz:

“El grupo que seguía en número (después de los rusos) era el de los gitanos. Ya mucho antes de la guerra se les había reunido en campos de concentración como parte de la campaña contra los elementos antisociales. Un departamento de la Oficina de Policía Criminal del Reich estaba encargado únicamente de la supervisión de los gitanos .Se realizaron repetidas investigaciones en los campamentos gitanos para buscar a los que no eran verdaderamente gitanos y enviarlos a campos de concentración como vagabundos o antisociales. Además, los campos gitanos eran revisados constantemente por motivos biológicos. El Reichsführer (Himmler) quería asegurar la preservación de las dos ramas principales de los gitanos; no recuerdo sus nombres”.

“En su opinión, ellos eran descendientes directos de la raza original indogermánica, y habían preservando sus usos y costumbres más o menos puros e intactos. Los quería tener todos reunidos por motivos científicos. Debían ser registrados exactamente y conservados como monumento histórico. Más adelante se les recogería en toda Europa y se les adjudicarían zonas reservadas para vivir”.

“En 1937 y 1938, todos los gitanos itinerantes fueron reunidos en los llamados campos de habitación, cerca de las grandes ciudades, para facilitar la supervisión. En 1942, sin embargo, fue impartida una orden por la cual todos los gitanos que se hallaban en territorio alemán, incluso los pertenecientes a las medias castas, debían ser arrestados y transportados a Auschwitz, sin tener en cuenta el sexo y la edad. La única excepción eran los que habían sido reconocidos como miembros de pura sangre de las dos tribus principales. Estas debían instalarse en el distrito de Oedenburg, cerca del Neusieldleree. Los que eran enviados a Auschwitz debían permanecer allí hasta el fin de la guerra en un campo de familia”.[4]

            Por el testimonio de Hess se desprende que Himmler no consideraba a los gitanos como semitas, y que por lo tanto su intención no era destruirlos. No obstante al final los que no murieron en los campos de trabajo fueron asesinados en las cámaras de gas.

            Los gobiernos de algunos aliados nazis, concretamente Eslovaquia, Hungría y Rumanía también contribuyeron al plan nazi de exterminio gitano. El gobierno húngaro del Partido de la Cruz Flechada deportó entre 28.000 y 33.000 gitanos de una población estimada entre 70.000 y 100.000. El gobierno croata envió unos 26.000. El gobierno rumano de Ion Antonescu tuvo sus propios campos de concentración en Transnistria a donde fueron llevados unos 25.000 gitanos.

No hay aún un acuerdo entre los gitanos que fueron asesinados por los nazis pero se cree que entre los 277.200 y los 500.000 fueron asesinados en estas campañas, de un total de 1.017.000 de gitanos censados en los territorios ocupados por los nazis. Se puede hablar de que casi el 50% de los gitanos fueron eliminados en un genocidio sin precedentes a manos de la biopolítica nazi. Se quería hacer desaparecer a un pueblo entero, que vive emigrando en medio de otros pueblos. El pueblo gitano considerado como un elemento inútil de la historia universal, en una ideología en la que ya sólo debía contar lo útil mensurable; todo lo demás, según sus conceptos, se clasificaba como lebensunwertes Leben, una vida indigna de ser vivida.

            El caso de los porraimos contra los gitanos no ha sido lo suficientemente reparado. En los propios juicios de Nuremberg, el Tribunal Militar Internacional tan solo se puede leer esto sobre el tema:

            “Los grupos de ataque recibieron la orden de fusilar a los gitanos. No fue dada ninguna explicación del motivo por el cual este pueblo inofensivo, que en el transcurso de los siglos ha regalado al mundo con la música y el canto toda su riqueza, había de ser perseguido como animal salvaje. Pintorescos en sus trajes y costumbres, los gitanos han proporcionado distracción y diversión a la sociedad, y a veces la han cansado con su indolencia. Pero nadie los ha condenado como amenaza mortal para la sociedad organizada, nadie fuera del nacionalsocialismo que, por boca de Hitler y de Heyndrich, ordenó su eliminación”.[5]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Robert Ritter, cit. Por Frazer, 1995:259.
[2] Heinrich Himmerl http://es.wikipedia.org/wiki/Porraimos
[3] Martin Bormann. cit. Esteban Ibarra. Memoria del Genocidio Gitano. Cuadernos de análisis nº 20, 2002. P. 11
[4] Rudolf Hoess. cit. Esteban Ibarra. Memoria del Genocidio Gitano. Cuadernos de análisis nº 20, 2002. P. 13 y 14.
[5] Juicios de Nuremberg. cit. Esteban Ibarra. Memoria del Genocidio Gitano. Cuadernos de análisis nº 20, 2002. P. 13 y 14.
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