17.2. El racismo en el nacionalismo catalán

El nacionalismo catalán nació precedido por un movimiento de recuperación de la cultura y la lengua catalana, la Rebaixença. Varias fueron las tendencias que se dieron en este nacionalismo, desde la más tradicionalista de Tomas o Bagues, pasando por la conservadora liberal de Prat de la Riba y la del republicanismo federal de Valentín Almirall. Varios de los catalanistas emplearon el racismo para justificar la dicotomía catalán-español.

Iniciador de los presupuestos racista-nacionalistas fue el periodista, político y abogado Valentín Almirall (1841-1904) quien en 1886 publica “Lo catalanisme”, primera obra que exponía de forma sistemática los postulados del catalanismo. En ella se centra en la diferencia racial entre el castellano y el catalán. Al castellano lo define por su quijotismo idealista, que le anima a emprender tareas “grandiosas” como la epopeya americana, pero que también le impulsa a tratar de imponerse ante otros pueblos, como cuando expulsó a judíos y moriscos de España. El catalán, en cambio, es menos impulsivo, más analítico frente a los problemas, busca soluciones positivas, menos brillantes pero mucho más sólidas.

            Pero quien más influencia va a tener en la construcción ideológica de lo que llamarán “raza catalana” será Pompeyo Gener (1849-1919), principal adalid del positivismo en España, seguidor de los presupuesto de Spencer y de F. Nietzsche. Gener también fue fiel devoto de Taine, Renan, Littré y Claude Bernard, y por su mediación se debe que muchos españoles conocieran a Nietzsche, aunque no le comprendieran del todo. Positivista individualista y anticristiano, es uno de los primeros racistas españoles para quien la raza castellana es “mestiza de la pre-semítica y la semítica ab la indogermánica” (algo de lo que se hará ecó, poco después, Sabino Arana). Pasó prácticamente toda su vida fuera de España, y lo poco que estuvo en ella habitó en Barcelona. En una de sus cartas relata su experiencia de viajar a la capital: “En Madrid he estado varias veces y siempre me ha repugnado”.

            Su principal obra fue Herejias (1887) donde unía positivismo y racismo con un vitalismo elitista de corte nietzscheriano y anticristiano. Gener tiene una particular visión del determinismo biológico. Para él la raza no estaría en la anatomía o en los rasgos faciales externos, que evolucionan lentamente, sino en los aparatos nervioso y digestivo, que cambian en el curso de pocas generaciones por influencia del medio físico y la cultura.

            Divide la península en varias regiones raciales. El norte de España incluido el norte de Castilla, con predominio ario (latinos, celtas y godos); y el resto, de predominio no ario, que estaría compuesto por semitas árabes, moros presemitas (africanos cruzados con negros, “bárbaros completamente y de una inferioridad fisiológica aplastante”), y mongoles-gitanos. En la zona levantina incluye además del elemento semita, el fenicio y el judío. En el libro “Cosas de España, Herejías Nacionales” (1903) Gener afirma que la nobleza aria se encuentra en las provincias españolas del norte. En el centro y sur de España “hemos notado el predominio del elemento semítico, y aún más el presemítico y el bereber”. De los naturales de estas zonas dirá que son: morosos, malos administradores, tienen desprecio del tiempo y de la vida, son caciques, exagerados, etc. Gener llega a dudar que España pueda ser civilizada:

            “No sabemos ya si el intelecto español, en general, es capaz de progresar y civilizarse a la moderna… Hay demasiada sangre semítica y bereber esparramada por la Península”.

            Por el contrario:

            “Los elementos de la raza catalana son, prescindiendo del elemento autóctono primitivo, el celta, el griego, el romano, el godo, y por fin el franco. Razas fuertes, inteligentes, enérgicas”. Pompeyo Gener

            En opinión de Gener Cataluña se había mezclado durante el medievo con razas semítico-fenicias por lo que había abandonado su tradición heroica y guerrera, dedicándose al comercio. Esto estaba ocasionando la decadencia española, originada por el dominio de los “neomoros” del centro y el sur, junto a los “neojudíos” catalanes. Considerando a los judíos como un “pueblo de esclavos por excelencia”, llamará a los catalanes a acabar con su esclavitud mediante la emancipación política y el retorno al pasado heroico.

            Otro de los autores racistas del catalanismo a destacar fue Diego Ruíz (1882-1959). Racista, exaltaba todo lo que fuera “catalán”, aunque el no lo fuera. Entre sus obras destacan “Genealogía de los símbolos” y “Clavis metódica” escrita en tres tomos. Diego Ruíz fue uno de los primeros introductores del pensamiento de Nietzsche en España, a la que él denominaba con el despectivo nombre de Nubiana, en referencia a la negra Nubia africana.

            El mismo Prat de la Riba (1870-1917) se refirió en no pocos casos de manera racista para defender su nacionalismo. En 1898 habló en París de los pueblos catalán y “castellano o español”, diciendo que “son la antítesis el uno del otro por la raza, el temperamento y el carácter”. Según él a España se entraba atravesando el Ebro, y en su pueblo predominaba “el carácter semítico” y “la sangre árabe y africana”.

            Más radical fue el veterinario Pere Mártir Rosell i Vilar (1883-1933) perteneciente al catalanismo republicano, adoptó una posición de racismo científico extremo. Escribió dos obras Raça (1930) y Diferencies entre catalans i castellans (1917) en donde defiende un determinismo absoluto. Para él la raza determina la estructura del cerebro, y ésta determina la mentalidad, de la que surge la cultura propia de cada una. Las razas desde su formación son inmutables, sólo el mestizaje las arruina, confunde mentalidades y destruye la cultura. Los pueblos mestizos no pueden tener cultura propia. Defenderá que la raza catalana a permanecido pura e inmutable desde la prehistoria, pues iberos, celtas, romanos, godos, árabes o judíos apenas han influido en ella. Partidario de una Europa de Estados raciales alabará la mentalidad europea de los catalanes, frente a la castellana, antieuropea, fanática religiosa dominadora y esteril para la ciencia y el pensamiento.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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