17.4. El racismo en el nacionalismo gallego

Varios van a ser gestores del nacionalismo gallego, que irá tomando cuerpo en el último tercio del s. XIX: Manuel Murgüia, Alfredo Brañas, Eduardo Condal, Alfonso Castelao y Vicente Risco. Lo que en un principio se presentaba como un regionalismo que buscaba principalmente crear una conciencia de identidad gallega, fue convirtiéndose en una ideología de raza apoyada en el Rexurdimento de la lengua gallega y sustentada por los escritos racistas y materialistas que venían dándose en el resto de Europa.

Manuel Murgüia y el celtismo

“El celta es nuestro único, nuestro verdadero antepasado”. M. Murgüia.

            Marido de la poetisa Rosalía de Castro, Manuel Murgüia (1833-1923) será uno de los principales ideólogos e iniciadores del galleguismo. Esta corriente nacionalista se fundamentará en elementos racistas arios que el mismo denominará “celtismo”. Iniciador del movimiento del Rexurdimento, para Murgüia los principios básicos de una nación son la raza y la tierra. Estas ideas racistas las tomará de la lectura de Gobineau y Gumplowicz, de la historiografía romántica de Thierry o Macaulay, centrada en la lucha de razas, y del darwinismo social formulado por H. Spencer.

            Murgüia contrapone el gallego ario al español semítico-africano. Alaba los orígenes celtas del gallego, reforzados por la llegada de suevos y germanos al final del imperio romano, inyectando así sangre nueva al carácter ario del gallego. Por el contrario, afirmará que España está dominada por razas no arias, semíticas y africanas: iberos, fenicios y arabes, lo cual era causa de la decadencia que estaba sufriendo el país. Murgüia defiende las leyes de “la permanencia de los tipos étnicos”, de “la pureza racial” y de “la superioridad de unas razas frente a otras”, y para justificarlo en sus textos abundarán las descripciones craneométricas.

            El celtismo resume la doctrina racista de Murgüia. Para él la aparición de los celtas marca un antes y un después en la historia de Galicia, convirtiéndose en el momento inaugural de la raza y la cultura gallega actuales.

“El día en que las tribus célticas pusieron el pie en Galicia y se apoderaron del extenso territorio que componía la provincia gallega, a la cual dieron nombre, lengua, religión, costumbres, en una palabra, vida entera, ese día concluyó el poder de los hombres inferiores en nuestro país. Fuesen o no, fineses o gente más humilde todavía, de color amarillo, lengua monosilábica y vida intelectual rudimentaria, tuvieron que apartarse y desaparecer. Ni en la raza ni en las costumbres y supersticiones, ni siquiera en los nombres de localidad dejaron las huellas de su paso. (…) Nada hay en nuestra antigüedad que de ella no venga o con ella no empiece. El celta es nuestro único, nuestro verdadero antepasado”. Murguía

            Para Murgüia el pueblo celto-gallego es ario y superior a los demás pues “por el lenguaje, por la religión, por el arte, por la raza (…) está ligado estrechamente a la grande y nobilísima familia ariana”.

“Un pueblo numeroso y superior, —por ser por entero céltico, (…) por ser más germanizado (aunque parezca a algunos absurdo), y por no haberse contaminado con la sangre semita, que tanto domina en las comarcas que ama y ensalza nuestro adversario, porque son suyas” Murguía

            Haber nacido gallego, es por tanto una suerte, como escribió en un manual escolar de historia que escribió para la enseñanza primaria.

“La historia nos hace odiar la guerra (…) pero nos enseña también que si alguna guerra es santa, es únicamente la que se hace por defender la independencia de la patria o la preponderancia de la raza a la que se pertenece” Murguía

Como buen liberal que era, Murgüia dirá que lo ario significa Europa, civilización, progreso, libertad y propiedad, mientras que lo semita es África, decadencia, opresión y comunismo. En esta línea defenderá el revisionismo histórico (regeneracionismo), que con fines claramente políticos, estaban llevando en España autores como Joaquín Costa, Ricardo Macías Picabea y Francisco Giner de los Ríos. Por ello condena los tribunales de justicia de la Inquisición, así como la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos, a pesar de que el mismo se consideraba un antisemita y judeófobo.

Vicente Risco y el teosofismo racista

            El otro importante impulsor del galleguismo racista fue el escritor Vicente Risco (1884-1963). En su juventud Risco fundó un grupo teosófico y esotérico, seguidor de las ideas orientalistas y racistas de H. Blavatsky. Este hecho marcará de manera importante su obra y sus teorías nacionalistas. En 1917 ingresa en las Irmandades da Fala, una organización nacionalista gallega que entre sus acciones políticas estaban la implantación del monolingüismo gallego. En 1920 comienza a publicar en el periódico A Nosa Terra, una serie de artículos que formarán la Teoría do Nacionalismo Galego, y que ha sido considerado como “La biblia del galleguismo”.

            Risco retoma las ideas de Murgüia asumiendo su celtismo y su definición esencialista y naturalista de la nación, basada en la raza y la tierra, que determinan el espíritu nacional, expresado en la lengua y la cultura. Realiza una separación racial de la península en “Euroiberia” y “Afroiberia”, cuyos límites marca arbitrariamente en la línea Duero-Ebro.

            Lo original en Risco es su interpretación de Europa como la lucha permanente y cíclica entre el Mediterraneo racionalista, clasista y decadente, y la que denomina “civilización atlántica”, representada por “las siete naciones célticas” (Irlanda, Escocia, País de Gales, Isla de Man, Cornwall, Bretaña y Galicia), y que encarnan el irracionalismo y el dinamismo vitalista que defendía Nietzsche con su superhombre.

“¿Fue la Atlántida un continente histórico? Poco importa. La Atlántida, hoy cubierta por las aguas saladas del Océano, es un símbolo: es el símbolo de nuestra civilización céltica, oscurecida y reprimida por una civilización extraña y enemiga, que es la civilización mediterránea. (…)

El hundimiento de la Atlántida puede no tener que ver con nuestro origen, pero su resurgimiento señala una finalidad a nuestro porvenir. Tenemos que restaurar la Atlántida en espíritu y en verdad, es decir, en civilización”. (Risco, 1984, p. 92).

            Fruto de sus viajes por centroeuropa durante el auge nazista escribe un libro de viajes titulado Mitteleuropa (1934), en el que alaba a los alemanes y a los vascos. De estos últimos dirá que su prosperidad se debe a que conjugan tres factores imprescindibles en cualquier discurso nacionalista: el idioma, la conciencia nacional y el orgullo racial. Por ello, en su opinión, el pueblo Euskaldún constituye la vanguardia penínsular:

“Los vascos tienen limpieza, dinero, instrucción, educación, bellas ciudades, teléfonos, carreteras asfaltadas; pero fijémonos bien en que tienen una conciencia nacional muy fuerte, una soberbia de raza primigenia y un idioma que nadie entiende excepto ellos” (Risco, 1984, p. 23).

Como ya hiciera Gobineau, Risco considera la mezcla racial como el origen de la decandencia y la extinción de las razas superiores:

“El mestizaje de las culturas, destructor, esterilizador de la personalidad individual y colectiva, no puede darse mas que en pueblos inferiores o en pueblos decadentes –recaídos en la inferioridad” (Risco, 1984, p. 289).

            Risco se queja de la grave crisis de la “fe religiosa” tradicional, pero a su vez se muestra un gran defensor de “las ciencias ocultas”, la teosofía, la ariosofía nazi e, incluso de la “masonería mística”.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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