17.5. El racismo en Latinoamérica

La ideología racista atravesó el Atlántico y a través de los círculos filantrópicos se diseminó por todo el sur del continente americano. Esta ideología pronosticaba que una mala política reproductiva no podía generar una gran civilización. En ese sentido denunciaban que América Latina estaba pagando ahora su “liberalidad racial” durante los siglos precedentes, cruzándose con razas nativas inferiores, y que lo único que habían producido eran pueblos degenerados e inestables incapaces de un desarrollo económico y un progreso cultural.

Las clases pudientes de América latina compartieron este pesimismo racial y en sus ansias de prosperidad deseaban ser “más blancas”. Por ello la promoción de la civilización nórdico-europea se convirtió a finales del s. XIX en una política nacional, favoreciendo todo tipo de inmigración que viniera de los países considerados arios.

En Brasil, Cuba, Colombia. Uruguay y sobre todo Argentina, hubo proyectos dirigidos a transformar la naturaleza de sus poblaciones, con el fin de crear nuevas sociedades más civilizadas. Se partía de la base de que la herencia racial era transmisora de actitudes y comportamientos como la desgana hacia el trabajo las inclinaciones hacia el alcoholismo y la criminalidad. Por el contrario la población aria mantendría en su herencia el deseo de prosperidad adecuado para el progreso de la nación.

Uruguay y la conservación del “tipo latino”

La preocupación principal en Latinoamérica empezó a ser conseguir la depuración de las razas. En este sentido se multiplicarán las sociedades eugenésicas en México, Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Perú y Cuba. También se realizaron congresos panamericanos de eugenesia y homicultura en las que participaron médicos, pediatras, educadores, etc. Se pusieron de moda términos eugenésicos específicos como “nipiología”, “biotipología”, “homicultura”, “herencia”, “instinto”, “raza”, etc.

Los códigos civiles y penales se llenaron de referencias eugenésicas para regular los matrimonios y los nacimientos, así como crear una nueva normativa para la protección de la infancia. En Uruguay se aprobó un Código del Niño con claras referencias eugenésicas.

El sociólogo y político uruguayo José Pedro Varela (1845-1879) introdujo en gran parte los planteamientos racistas en su país. Influido por el positivismo y el darwinismo social sostuvo que la igualdad de las razas era una falacia.

“Partiendo de bases falsas y formulando afirmaciones sin fundamento, se cree generalmente entre nosotros en la perfecta igualdad de las razas humanas y como consecuencias, en su igualdad de aptitudes para seguir con el mismo vigor todas las etapas del progreso. La falsedad de esa afirmación y de esa doctrina, ha podido demostrarse con cifras con respecto a los índios”.[1]

En su opinión era el momento de activar la “alarma para el porvenir de los pueblos latinos… y más especialmente aun de los pueblos hispanoamericanos, que, en más o menos escala han mezclado su sangre con la sangre decrépita de las razas aborígenes?”.

Varela creía en la superioridad de los arios sobre los decrépitos latinos:

“Parece que los hechos demostraran de una manera evidente la superioridad de los sajones sobre los latinos como colonizadores. ¿No la habrán demostrado, en Europa misma, en las aptitudes para el gobierno libre, para el progreso de la civilización?”[2]

Declarado ateo y anticristiano pretendía sustituir el culto religioso por el culto al progreso:

“No profesemos ningún culto, pero tengamos la religión del porvenir, con la mirada fija en la estrella de la justicia, que nos alumbre; marchemos incesantemente preparando el establecimiento de la democracia, en la que el pueblo convertido en sacerdote y en rey tendrá por guía y por Dios a la libertad”. José Pedro Varela

El presidente de Uruguay, José Luís Gabriel Terra (1873-1942), promulgó un decreto sobre inmigración en 1934 con el que se buscaba “desear y promover el Uruguay para conservar su tipo latino, y mantener la pureza racial que marcaban sus orígenes hispano-portugueses”. Javier Gomensoro fue el funcionario encargado por el Ministerio de Salud Pública de Uruguay de redactar junto con el abogado Heriberto Mantero el decreto de “Profilaxis mental de la inmigración”. En ese documento se tomaban medidas eugenésicas para preservar la pureza de la raza.

“América debe cuidar su tipo racial. Es necesario que los enfermos mentales, los alcohólicos, los to xicómanos, los tarados, no se incorporen al medio social. Es necesario que no se incorporen elementos que por su origen no pueden entremezclarse, sin detrimento del tipo racial de un país”…”de ahí la importancia enorme del examen mental de los inmigrantes…” oponiendo barreras a las corrientes amarillas”.[3]

Brasil y el darwinismo social

Brasil recibió una importante influencia del pensamiento portugués, principalmente del núcleo de antropólogos poligenistas que surge en la universidad de Coimbra al crearse en 1885 la primera cátedra de antropología del país. Esta cátedra se convirtió en el centro de irradación del positivismo ilustrado portugués, que unido a su materialismo anticlerical se convirtió en encarnizado enemigo de la pretensión cristiana de un origen único para la humanidad. Las ciencias naturales se convertían así en instrumento simbólico de lucha contra la iglesia. El naturalista Arruda Furtado (1854-1887), en una obra titulada “El hombre y el mono”, lo resumía de esta forma:

“¡Decís que el hombre fue hecho a semejanza de Dios! ¿Qué Dios es ese Dios vuestro, que se pone al espejo para poder hacer un bocotudo o un hotentote? ¿Es un Dios que hizo a un salvaje hediondo a su semejanza, teniendo ya hecho de antemano un mono menos hediondo que ese salvaje!”. Arruda Furtado (1881) O homen e o Macaco, Ed. Ponta Delgada.

Muchos de los principales patriarcas de la antropología física portuguesa utilizaban el término de hombres, empleado en el sentido de “seres humanos”, en referencia exclusiva a las razas blancas, mientras que el resto de seres se consideraba un conjunto de variedades menos avanzadas del género Homo. Así, por ejemplo, para el médico y antropólogo brasileño Francisco Ferraz de Macedo, el estudio del cerebro del “hombre” debía de relacionarse con el “cerebro de sus semejantes menos avanzados, como por ejemplo Bosquimanos, Hotentotes, cafres y otros”. Oliveira Martins (1845-1894) también consideró a estas poblaciones humanas como especies zoológicas diferentes del europeo.

“Compárese a un europeo con un chino, un indio americano, un negro, un hotentote, y de inmediato se reconocerán diferencias de un orden que no es lícito atribuir a influencias climáticas ni a la acción de los regímenes de las instituciones sociales”. Oliveira Martins (1880). Elementos de Antropología. Historia natural do Homen.

A finales del siglo se funda en la universidad de Oporto la Sociedad Carlos Ribeiro de antropología. En sus estudios debaten la “torpeza de los mestizajes deplorables” de la raza portuguesa en el “Brasil simiesco”, considerando cuestiones como la “imprudencia de la extensión de los derechos del hombre al negro”, y el problema de la utilización, o no, de “un mismo y gran Principio de la macaquería cafre y para la nobleza árica”.

En 1834 el paleontólogo danés Peter Wilhelm Lund descubre el llamado cráneo de Lagoa Santa en el estado de Minas Gerais (Brasil). Un cráneo con características negroides de hace más de diez mil años dio pie a las más rocambolescas hipótesis poligenistas sobre el origen de los indígenas amazónicos como especies homínidas autóctonas del Nuevo Mundo. Además el investigador J.B. Lacerda intentó demostrar que la hibridación entre aquellos indígenas y los blancos era imposible debido a la enorme distancia biológica que separaba ambos grupos raciales. En un estudio que realizó sobre la dentición de los nativos amazónicos concluyó que estos habrían evolucionado autóctamente en grado animal:

“Pensamos que la conformación general de los dientes en las razas indígenas de América como en un carácter de inferioridad étnica. Recorriendo toda la colección […] que existe en el Museu nacional, se descubre a primera vista una cierta animalidad impresa en la dentadura de los cráneos americanos”. J.B. Lacerda. Sobre a conformaçao dos dentes 1882.

En el caso de los indios botocudos, Lacerda consideraba que su físico, ya de por sí animalesco quedaba todavía más reforzado por los peculiares adornos que deformaban sus labios, todo lo cual daba…

“a la fisionomía de estos individuos un aspecto de los más repulsivos. Sobre el punto de vista moral e intelectual son los botocudos la expresión de una raza humana en su mayor grado de inferioridad. Algunos conservan todavía la horrible costumbre de la antropofagia y con gran dificultad llegan a adaptarse al medio civilizado”. J.B. Lacerda. Botocudos, 1882.

El 1882 el darvinista Ladislao Netto, director del Museo Nacional de Brasil, realiza la Exposición Antropológica de Río de Janeiro, donde presenta a las razas indígenas brasileñas en un estado de degeneración con respecto a sus antecesores, quizá presentes en la tierra desde el periodo terciario. Fue precisamente Ladislao Netto quién divulgó el mito de que antes del descubrimiento de América por Cristóbal Colón, habrían desembarcado en Brasil adoradores del dios pagano Baal, y para ilustrarlo dijo que habría encontrado en la colina del Pan de azucar de Río de Janeiro una inscripción en paleo-fenicio que lo atestiguaba. Inscripción que luego se demostró que era un fraude. Para Ladislao Netto, los aborígenes brasileños pertenecían a una especie diferente a la del europeo y sus manifestaciones atávicas podían contemplarse aún entre la población mestiza del país. Esta reversión evolutiva de los mestizos se manifestaba por una intensa pigmentación en las mucosas bucales, los párpados, los labios, los pezones y los órganos genitales. Más aún:

“Se puede percibir un crecimiento de los labios y de las narices, a la vez que el mentón se retrae y aparece un olor nauseabundo en la transpiración axilar, denominado cantinga, el encrespamiento del cabello […] y la disminución del ángulo facial. A todas estas modificaciones hay que sumar una pronunciada indolencia, una apatía excesiva y un profundo estado de alienación o, mejor dicho, de inactividad intelectual, que recuerda muy particularmente a la estúpida ineptitud del negro. A este abatimiento, mientras tanto, se antepone un qué sé yo de lúbrico, como un estallido pujante de sensualidad animal, a los que sólo puede contraponerse como eficiente dique las normas de la más vigorosa educación moral”. Ladislau Netto, Do atavismo, 1882.

Para Netto las poblaciones “no occidentales” eran eslabones perdidos en la frontera evolutiva entre el hombre y el animal.

“Estudiados detenidamente los organismos en su ascendencia gradual, y bien apreciadas las cualidades superiores que logró adquirir la raza indogermánica, máxima expresión del perfeccionamiento humano, hallamos mayor diferencia entre los más cultos y los más bellos tipos de esta raza, y los más imperfectos y bestiales individuos humanos, que la que existe entre estos últimos y los gorilas y chimpancés”. Ladislao Netto. Ponderaçoes physiologicas sobre o uso do tembetá, 1882.

Justo después de la abolición brasileña de la esclavitud en 1888, el país inició un proceso de justificación racial de los privilegios de las élites el país. En 1894 Raimundo Nina Rodrigues fundador de la nueva antropología científica en Brasil, publicaba el libro “As raças humanas y la responsabilidad del Brasil”. En esta obra auguraba un futuro pesimista y decadente a Brasil bajo la premisa de que este estaba dominado por la etnia negra.

Otro escritor que influyó con sus obras fue el sociólogo Euclides Da Cunha (1866-1909). En su libro “La rebelión de los Canudos,” refleja el pensamiento del darwinismo social y de la eugenesia que venía de EEUU y Europa. Allí denunciará el daño que el mestizaje estaba ocasionando en Brasil al anular las buenas cualidades de la raza superior, mientras estimulaba los atributos de la inferior.

Por fin llegó algo de sensatez entre todo este panorama desolador. En 1930 el sociólogo y antropólogo brasileño Gilberto Freyre (1900-1987) publica la obra “Casa Grande e Senzala”. Este fue el inicio de una trilogía de títulos en los que bajo la influencia de Franz Boas, desmontó todo el edificio racista que se había ido creando en los años precedentes por antropólogos y escritores influidos por el determinismo biológico y el materialismo racial. Esta obra fue una vasta labor de documentación en la que se recogían testimonios hasta entonces ignorados, anuncios de prensa y declaraciones de esclavos.

México y la masonería racista

            La asunción de Porfidio Díaz a la presidencia del gobierno en 1876, supuso la implantación de una dictadura militar en México. Los “científicos” tuvieron una participación activa en la formación y permanencia del régimen porfirista. Su intención era “abogar por la dirección científica del gobierno y el desarrollo científico del país”, pero con los años, el término “cintífico” terminó siendo sinónimo de corrupción. La doctrina antropológica del régimen se basó en el positivismo de Augusto Comte y en el darwinismo social de Herbert Spencer. Así se justificó y legitimó “científicamente” el poder y la riqueza de las clases altas, a la vez que la existencia de indígenas desposeídos de sus tierras, carentes de empleo y sin educación.[4]

            “Los científicos usaron la doctrina positivista y el darwinismo de Spencer para afirmar que el progreso produce fatalmente una clase social afortunada, la mejor dotada y la que ha sido seleccionada en la lucha por la existencia, y que tiene, por lo mismo, el derecho natural, casi sagrado, de explotar y sujetar a su dominio a los ineptos”.[5]

            Alguno de estos científicos fue Rafael de Zayas Enríquez (1848-1932) quien en 1887 realizó un estudio sobre la raza indígena (La rendición de una raza) para concluir que se trataba de una raza degenerada, sin sentimiento patriótico e incapacitada para “amar”, por lo que estaba destinada a la extinción. Si algo podía rescatarse de ella, se debía a que en épocas remotas, algunas razas europeas habrían emigrado a América, mezclándose con las que allí existían.

            Francisco Bulnes (1847-1924), símbolo del ateísmo militante del grupo de “científicos”, sostuvo que las características raciales de un pueblo estaban determinadas por la dieta que consumían, basándose en lo que el materialista alemán F. Feuberbach había dicho: “somos lo que comemos”. Concluye así que el indio y el oriental serían razas inferiores al alimentarse de cereales “inferiores” como el maíz y el arroz respectivamente. Por el contrario la dieta del blanco, consistente en trigo, un grano de excelentes propiedades nutritivas, habría conferido a los europeos su superioridad física e intelectual.

            Justo Sierra (1848-1912) destacó por promover la igualdad de los ciudadanos dentro de un discurso racista. Consideró la raza mexicana como pura y llegó a vincularla incluso con la aria a través de la mítica Atlántida. De esta manera justificó la mezcla indios y blancos (mestizofilia), pero rechazará el mestizaje entre indios y negros, pues en su opinión habría “retroceso y degeneración”. Sierra utilizaba frecuentemente la frase de: “el negro oscurece toda cuestión social”.[6]

En el periódico El Imparcial, Sierra defendió la masacre de las “hordas salvajes” en nombre de “la civilizaciñon” en estos términos: “la raza indígena podría haber progresado y hasta haber reclamado un primer sitio en el mundo, si no hubiera sido una raza inferior”.

Al finalizar la Revolución Mexicana (1910), el gobierno se propuso establecer un nuevo orden social en el que, impulsado por las bases teóricas de los ideólogos de la raza europeos, la cuestión de la raza fuera el elemento clave. Se impulsó un proyecto de desmestizaje que era profundamente racista, ya que implicaba la desaparición de los pueblos y culturas indígenas, en una especie de depuración racial e higine mental. En este proyecto se combinaban el vasconcelismo, el positivismo, la masonería y la etnografía radical.

La profesora Beatriz Urías, que ha estudiado este hecho, afirma como la política racista auspiciado por José Vasconcelos pretendía eliminar aquellos elementos insociables del país.

”La Revolución fue un parteaguas que obligó al nuevo Estado a replantear los términos del orden social. Para hacerlo conjugaron los antecedentes que sobre razas existían desde finales del siglo XIX con las nuevas corrientes de pensamiento existentes en Europa sobre eugenesia y razas”.

”La mejor manera de frenar las manifestaciones de insociabilidad y asociabilidad era, justamente, crear una nueva raza, depurar, con nuevas potencialidades, como quería José Vasconcelos. Pensaban que así no habría alcohólicos, no habría toxicómanos ni criminales. Como lo digo al principio del libro, era un proyecto utópico, irrealizable, pero ideológicamente fortaleció al Estado posrevolucionario. Ese es el centro del problema, que fue un proyecto constitutivo del Estado posrevolucionario”.

El antropólogo Manuel Gamio (1883-1960) realizó una propuesta indigenista de mestizaje vinculada a la eugenesia que se estaba fraguando en Europa y los Estados Unidos. Precisamente fue Manuel Gamio quien representó a México en el primer Congreso Internacional de Eugenesia. El economista Gilberto Loyo (1901-1973) fue el encargado de llevar a la práctica todas estas ideas. Miembro del gobierno del Partido Revolucionario Institucional (PRI) impulsó una serie de medidas de resprinción de la migración para que únicamente fueran las razas blancas las que enriquecrieran el bagaje genético de la población mexicana.

El doctor Alfredo Saavedra (1893-1973) fundó la Sociedad Mexicana de Eugenesia. Propuso la creación de una raza mestiza mejorada, eliminando las comunidades chinas del país y uniformando las diferentes etnias indígenas.

“… se ha llegado a la conclusión de que el progreso de un pueblo depende fundamentalmente de su constitución etnológica, y de modo secundario de las cuestiones geográfico-ambientales y educativas.

[…] un pueblo deficientemente constituido, desde el punto de vista de su salud hereditaria, es un conglomerado del que poco se puede esperar; es natural deducir que la realización humana en el campo de trabajo y de la idea, dependen de su mejor dotación hereditaria, ya que las lesiones que se reciben de los antepasados son taras que modifican radicalmente la conducta del hombre. Estudios a través de la composición etnográfica, estudios hechos en el campo del mestizaje, estudios realizados en los pueblos que marchan hacia la decadencia, nos señalan la posibilidad de mejorar a las razas que han heredado múltiples estigmas, capaces de hacerlos desaparecer o de responder con reacciones negativas al imperativo de una vida social normal.

Es por esto, por lo que nos preocupamos grandemente de la futura constitución racial de nuestra nacionalidad llamada a homogeneizarse a través de una mezcla adecuada, que le permita desarrollarse en mejores condiciones, se la libera no sólo de una herencia defectuosa que la hace fácil presa de enfermedades, de choques psicológicos insanos, de perversiones en la conducta sexual”. Alfredo Saavedra.

Chile y la fortificación de la raza

El Presidente chileno Pedro Aguirre Cerda, líder de la alianza comunista – socialista – radical del “Frente Popular”, proclama en el mensaje presidencial del 21 de mayo de 1939,: “Os conjuro a creerme que sabré respetar fielmente mi juramento Constitucional y que será mi preocupación constante fortificar la raza”. Luego, teniendo a la vista la experiencia de “Dopolavoro” de la Italia fascista y después la de “Kraft durch Freude” en la Alemania nazi, en Chile nace la iniciativa oficial denominada: “Institución para la Defensa de la Raza y aprovechamiento de las Horas Libres”. El decreto orgánico N.° 4.157, del 18 de Agosto de 1939, establece:

“Considerando: Que es deber del Estado velar por el desarrollo y perfeccio­namiento de las cualidades que constituyen las virtudes de la raza; Que estas virtudes pueden fortalecerse especialmente por el ejercicio de la cultura física y la enseñanza de la vida del hogar y la relación social… Decreto: Artículo 1° – Créase una institución nacional que se denomi­nará Defensa de la Raza y Aprovechamiento de las Horas Libres… Las finalidades de esta institución, serán las siguientes: cultivo de la conciencia del valor nacional y del honor pa­trio; práctica de la cultura física como medio de conservar el vigor y la aptitud para el trabajo; observancias de las costumbres higiénicas; culto al trabajo, a la paz y a la solidaridad humana; estímulo del sentimiento de la dignidad y de la superación del individúo en la vida ciudadana y del hogar; y aprovechamiento de las horas libres por medio de entrete­nimientos y actividades honestas y educativas. Esta institución dependerá directamente del Presi­dente de la República”.

            En 1933 el socialista y masón Salvador Allende Gossens (1908-1973) publica “Higiene mental y delincuencia” en la que afirma que la principal causa de la delincuencia es la “raza”. En su opinión

“Los hebreos se caracterizan por determinadas formas de delito: estafa, falsedad, calumnia y, sobre todo, la usura… Estos datos hacen sospechar que la raza influye en la delincuencia… La revolución es un delito colectivo patológico y un revolucionario es en realidad un psicópata peligroso, tanto más cuanto que los movimientos masivos y violentos que él genera provocan locuras colectivas peligrosamente contagiosas”. Salvador Allende

            En 1939 es nombrado ministro de salud, y entre sus primeras medidas anuncia el tratamiento obligatorio del alcoholismo, alcaloides y enfermedades venéreas como parte del “trípode legislativo en defensa de la raza”. El proyecto de ley de 8 de noviembre de 1939 sobre contagio venéreo disponía la obligatoriedad del tratamiento y certificado prenupcial.

“Del Certificado prenupcial: Las personas que padezcan de una enfermedad venérea en peligro de contagio no podrán contraer matrimonio. Los Oficiales del Registro Civil no autorizarán la celebración de matrimonio si los contrayentes no acompañaren un certificado de salud venérea, otorgado por el organismo respectivo del Con­sejo Nacional de Salubridad… El que contagiare a otra persona de un mal venéreo sufrirá la pena de reclusión… Se refiere a la conservación de la virilidad y desarrollo de la raza, a la salud de los habitantes y a un sinnúmero de hechos sociales que pueden considerarse fatales dentro del desenvolvimiento del estado sanitario de la nación”.

Anuncia asimismo un programa de “esterilización de los alienados mentales” cual instrumento de acción en “defensa de la raza con aspecto coercitivo compuesto por medidas eugenésicas negativas” que, si bien no alcanzó a debatirse en el Congreso, de hecho consideraba la creación de “Tribunales Esterilizadores autorizados para ordenar el uso de la fuerza pública en caso de rebeldía por parte de los pacientes”. En éste se dispone:

“Toda persona que sufra de una enfermedad mental que, de acuerdo con los conocimientos médicos, pueda transmitirla a su descendencia, podrá ser esterilizado, en conformidad a las dis­posiciones de esta ley… Serán consideradas enfermedades mentales transmi­sibles por vía hereditaria, especialmente, las siguientes: esquizofrenia (demencia precoz), psicosis maníacodepresiva, epilepsia esencial, Corea de Huntington, idiocía, imbecibilidad y debilidad mental profunda, locura moral constitucional y alcoholismo crónico… Podrán solicitar la esterilización: los directores de establecimientos manicomiales, públicos y privados; directores de hospitales donde existan secciones para enajenados; los enfermos mentales, cuando sean mayores de edad; y los representantes legales de enfermos mentales incapaces”.

            Salvador Allende ordenó crear Tribunales de esterilización de primera instancia, que funcionaron en las principales capitales de provincias, y cuyo fin era esterilizar a los “indeseables” y “degenerados” de la raza, con la ayuda de la fuerza pública.

Argentina: Genocidio y poblamiento ario

También el presidente de Argentina, Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) fue defensor de la pureza racial. Sarmiento veía su país como una gran desierto a poblar por nuevos contingentes blancos que desplazaran la “barbarie“ de la población nativa. Por ello llegará a alabar el exterminio de los guaraníes en la guerra de Paraguay, o el de los gauchos cuya sangre “únicamente servía para abonar la tierra”.

“Se nos habla de gauchos… la lucha ha dado cuenta de ellos, de toda esa chusma de haraganes. No trate de economizar sangre de gauchos. Este es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre de esa chusma criolla incivil, bárbara y ruda es lo único que tienen de seres humanos”. Carta de Domingo F. sarmiento a Bartolomé Mitre. 20 de septiembre de 1861.

La solución al problema racial en Argentina pasaba por recibir inmigrantes que vinieran de esos países considerados “puros y arios”. En 1870 el promotor de la inmigración Alejo Payret escribía al presidente Sarmiento en los siguientes términos.

“Queremos colonos labradores que edifiquen casas, desmonten tierras vírgenes, que cerquen el desierto… y todo eso no lo hacen los emigrados de Nápoles, que venden naranjas por las calles de Buenos Aires, que se amontonan de a doscientos y a trescientos en las californias, ni la misma Francia, pueden suministrar a la República Argentina la clase de población que se necesita, es menester que se diriga a los países del Norte”[7]

Domingo Sarmiento, que fue gran maestre de la masonería argentina, mostró en no pocas ocasiones su desprecio hacia el aborigen y hacia las poblaciones más pobres del país del cual era presidente.

“¿Lograremos exterminar a los indios? Por los salvajes de América siento una invencible repugnancia sin poderlo remediar. Esa canalla no son más que unos indios asquerosos a quienes mandaría colgar ahora si reapareciesen. Lautaro y Caupolicán son unos indios piojosos, porque así son todos. Incapaces de progreso, su exterminio es providencial y útil, sublime y grande. Se los debe exterminar sin ni siquiera perdonar al pequeño, que tiene ya el odio instintivo al hombre civilizado”. Domingo Faustino Sarmiento. El Nacional 25 –nov – 1876

Respecto de las zonas más atrasadas del interior del país dirá:

“Son pobres satélites que esperan saber quien ha triunfado para aplaudir. La Rioja, Santiago del Estero y San Luís son piltrafas políticas, provincias que no tienen ciudad, ni hombres, ni cosa que valga. Son las entidades más pobres que existen en la tierra”. D.F. Sarmiento. El Nacional 9 – oct – 1857

También, el que fuera presidente de la nación argentina, se alegró de que los guaranies hubieran sido exterminados.

“No crea que soy cruel. Es providencial que un tirano haya hecho morir a todo ese pueblo guaraní; era preciso purgar la tierra de toda esa excrecencia humana”. Domingo F. sarmiento. 13 – sep- 1859

En uno de sus viajes por el continente africano declaró:

“Entre los europeos y los árabes en África, no hay ahora ni nunca habrá amalgama ni asimilación posible; el uno o el otro pueblo tendrá que desaparecer, retirarse o disolverse; y amo demasiado a la civilización para no desear desde ahora el triunfo definitivo en África de los pueblos civilizados”. Sarmiento. Viajes por África, Europa y América. 1849

Su pensamiento iba a la par que sus acciones. Así reconocía en una carta a D. Oro los métodos de terror empleados para conseguir el poder político en 1857.

“Las elecciones de 1857 fueron las más libres y más ordenadas que ha presentado América”. El Nacional 13 – oct – 1857

“Para ganarlas, nuestra base de operaciones ha consistido en la audaci y el terror, que empleamos hábilmente han dado este resultado (de las elecciones del 29 de marzo de 1857). Los gauchos que se resistieron a votar por nuestros candidatos fueron puestos en el cepo o enviados a las fronteras con los indios y quemados sus ranchos.

Tampoco dejó disimular su profundo antisemitismo y declarado odio hacia los judíos.

“El pueblo judío, esparcido por toda la tierra, ejerce la usura y acumula millones, rechazando la patria en que nace y muere por una patria ideal que baña escasamente el Jordan y a la que no piensa volver jamás. Este sueño, que se perpetua hace veinte o treinta siglos, pues viene del origen de la raza, continúa hasta hoy perturbando la economía de las sociedades en que viven pero de que no forman parte; y ahora mismo en la bárbara Rusia, como en la ilustrada Prusia, se levanta un grito de repulsión contra este pueblo que se cree escogido y carece del sentimiento humano, el amor al prójimo, el apego a la tierra, el culto al heroísmo de la virtud, de los grandes hechos, dondequiera que se producen”. D.F. Sarmiento. Condición del extranjero en América. 1884.

Más radical con su intolerancia racial fue el político socialista José Ingenieros (1877-1925). Destacado representante del positivismo en Argentina negaba la igualdad a los miembros de lo que él consideraba razas inferiores.

“Los hombres de raza de color no deberán ser política y jurídicamente nuestros iguales; son ineptos para el ejercicio de la capacidad civil y no deberían considerarse personas en el concepto jurídico (…) cuanto se haga en pro de las razas inferiores es anticientífico; a lo sumo se las podría proteger para que se extingan agradablemente, facilitando la adaptación provisional de los que por excepción puedan hacerlo. Es necesario ser piadoso con estas piltrafas de carne humana; conviene tratarlos bien, por lo menos como las tortugas seculares del Jardín Zoológico de Londres o los avestruces que pasean en el Amberes”.[8]

            Un miembro del gobierno de D.F. Sarmiento de nombre Juan Bautista Alberdi (1810-1884) escribió el libro “Bases y puntos de partida de la república Argentina” en el que planteaba sus ideas acerca del tipo de población que le convenía a su país.

“Para educar a nuestra América en la libertad y en el industria es preciso poblarla con poblaciones de la Europa más adelantada en libertad y en industria, como sucede en los Estados Unidos”.

“Pero la libertad que pasa por americana, es más europea y extranjera de lo que parece. Los Estados Unidos son tradición americana de los tres Reinos Unidos de Inglaterra, Irlanda y Escocia. El ciudadano libre de los Estados Unidos es, a menudo, la transformación del súbdito libre de la libre Inglaterra, de la libre Suiza, de la libre Bélgica, de la libre Holanda, de la juiciosa y laboriosa Alemania”.

 “Si la población de seis millones de angloamericanos con que empezó la República de los Estados Unidos, en vez de aumentarse con inmigrados de la Europa libre y civilizada, se hubiese poblado con chinos o con indios asiáticos, o con africanos, o con otomanos, ¿sería el mismo país de hombres libres que es hoy en día? No hay tierra tan favorecida que pueda, por su propia virtud, cambiar la cizaña en trigo. El buen trigo puede nacer de mal trigo, pero no de la cizaña”. Alberdi

            El indígena se presentaba como un estorbo en esta política racial. En un libro de geografía, aprobado como texto escolar por el Ministerio de Educación y escrito en 1926 por el profesor Eduardo Acevedo Díaz, se podía leer

“La República Argentina no necesita de sus indios. Las razones sentimentales que aconsejan su protección son contrarias a las conveniencias nacionales”.

            El propio racismo blanco-europeista argentino es promocionado desde la propia constitución nacional, la cual, en su artículo 25 establece la diferencia entre “inmigración europea” (que debe ser fomentada) e inmigración no europea.

Artículo 25: El gobierno federal fomentará la inmigración europea; y no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias, e introducir y enseñar las ciencias y las artes”. Constitución de la Nación Argentina, 1853.

Juan Bautista Alberdi fue el principal inspirador de esta constitución. En su libro “Bases y puntos de partida para la reorganización nacional” (1852) explicaba los fundamentos de esta discriminación estatal por cuestión de raza:

“Haced pasar el roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares por todas las transformaciones del mejor sistema de instrucción; en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente” Juan Bautista Alberdi.

“Tenemos suelo hace tres siglos, y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. Todos estos elementos nos han traído de Europa, desde las ideas hasta la población europea”. J. B. Alberdi.

Esta discriminación entre inmigración europea y no europea que establece el artículo 25 de la constitución argentina fue mantenido por todas las reformas constitucionales realizadas en (1860, 1868, 1898, 1949, 1957, 1972 y 1994).

Originalmente esta política se configuró de tal modo que en el grupo de indeseables se incluía a los españoles, italianos y judíos. Por el contrario las “razas que podían mejorar la especie” en Argentina, eran las que provenían del noroeste de Europa, principalmente de Inglaterra y Francia.

El mismo Alberdi proponía que se abandonara el castellano como idioma nacional y se sustituyera por el francés, pues pensaba que las tradiciones hispánicas y cristianas eran contrarias al progreso.

Alberdi defenderá la inmigración europea que tuvieran como origen aquellos países que representaban a los mejor de la raza aria: Inglaterra, Alemania, Bélgica, etc.

“¿Por qué razón he dicho que, en Sudamérica, gobernar es poblar, y en que sentido es esto una verdad incuestionable? Porque poblar, repito, es instruir, educar, moralizar, mejorar la raza (…) Por eso he dicho en la constitución que el gobierno debe fomentar la inmigración europea”.[9]

            El resultado de estas políticas fue que para 1950 en Uruguay había 150.000 mestizos, 10.000 negros y 2.200.000 de europeos. Mientras que en Argentina había 100.000 indios, 1.700.000 mestizos, 5.000 negros y 15.000.000 de europeos lo cual significaba casi un 90% de población europea en ambos países.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] José Pedro Varela. La legislación Escolar. Cap. VI. “Amenazas para el porvenir”, pp 67.
[2] José Pedro Varela. La legislación Escolar. Cap. VI “Amenazas para el porvenir”. Pp. 67 a 71.
[3] Javier Gomensoro. Boletín del Consejo de salud Pública. Montevideo. 1933
[4] Laura Suárez (2005). Eugenesia y racismo en México. México, D.F.: UNAM
[5] Leopoldo Zea (2005). El positivismo en México: Nacimiento, Apogeo y Decadencia. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica. Cit. Alfredo Bueno, Fabiola Juárez y Carlos Pérez. “Las ideas racistas y la búqueda de la identidad nacional mexicana”. Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza. UNAM
[6] Gonzalo Aguirre, (1964). “Oposición de raza y cultura en el pensamiento antropológico mexicano”. Revista Mexicana de Sociología, 31 (1). P.p. 51-57
[7] Alejo Payret. Citado en Nuestro racismo corriente Los sustentos ideológicos e institucionales de la discriminación en el Uruguay del siglo XX.
[8] José Ingenieros. Citado por Zaffaroni. Criminología. Aproximación desde un margen. 1988
[9] Alberdi, J. B. “Las bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina”. La cultura Argentina, Buenos Aires, 1928. Es interesante anotar que este concepto de Alberdi sea retomado en una obra del uruguayo Javier Gomensoro, “Los problemas de la Inmigración y la población de nuestro país” (Montevideo, 1942) que sostenía tesis restrictivas frente al ingreso de nuevos contingentes de población extranjera.
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