18.2. El racismo de Estado en Francia

El 28 de junio de 1881, Francia instituía oficialmente el racismo de Estado. Bajo la autoridad del masón Jules Ferry (1823-1893), entonces jefe de gobierno, fue promulgado el Código del indigenismo. Por aquel entonces, Argelia, formaba parte del territorio frances y todos sus habitantes eran franceses. Con el Código, más de dos millones de franceses fueron declarados “legalmente” sub-hombres.

Los árabes argelinos de los tres departamentos (Argel, Orán y Constantina), fueron sometidos a una legislación racial bajo un régimen de excepción permanente. La excusa es que los árabes no querían dejar su religión musulmana, pero la causa real es que no se quería dar a estos los mismos derechos que al resto de franceses, ya que supondría renunciar a la relación de dominación colonial que los republicanos veían como único medio para “civilizar” a los indígenas. Algunos juristas y políticos trataron de frenar esta injusticia pero fue en vano.

“¿Dejarán que otros que no seamos nosotros se establezcan en Túnez, que otros que no seamos nosotros se sitúen en la desembocadura del río Rojo [Vietnam] (…) que otros que no seamos nosotros se disputen las regiones del África ecuatorial? (…) En esta Europa nuestra, en esta competencia de tantos rivales que crecen a nuestro alrededor, la política de recogimiento o de abstención no es otra que el camino de la decadencia.”[1]

La legislación de Jules Ferry rompe con la tradición humanista heredada de la Declaración de los derechos del hombre de 1789. En realidad era volver al Código Negro promulgado bajo Colbert. En la calle, “el ultraje por mirada” hacia un europeo se transforma en delito… Reuniones y fiestas sin autorización están prohibidas. Para salir de los límites del municipio se exige un permiso de viaje. El trabajo forzoso es obligatorio, (un trabajo muy cercano a una situación esclavista). Sin juicio, el internamiento puede ser ordenado con duración indeterminada. El preso no es considerado como individuo, ni tan si quiera un hombre en el sentido jurídico del término. La expropiación de los bienes inmuebles se transforma en un despojo legal de las tierras indígenas en provecho de los colonos. Se generalizan los castigos corporales y la deportación hacia el presidio donde actúa con rigor el exterminio por el trabajo. Este código fue aplicado a las posesiones francesas de África negra y de Asia.

            “La política colonial se impone en primer lugar en las nociones que deben recurrir o la emigración, ya por ser pobre su población, ya por ser excesiva. Pero también se impone en las que tienen o bien superabundancia de capitales o bien excedente de productos, ésta es la forma moderna actual más extendida y más fecunda (…).

            Desde este punto de vista, lo repito, la fundación de una colonia es la creación de un mercado (…). En el tiempo en que estamos y con la crisis que pasan todas las industrias europeas, la fundación de una colonia es la creación de una salida. Allí donde permanezca el nudo colonial entre la madre-patria que produce y las colonias que ella fundó, se tendrá el predominio de los productos: económico, y también político (…).

            Hay un segundo punto que debo igualmente abordar: es el lado humanitario y civilizador de la cuestión. Es preciso decir abiertamente que, en efecto, las razas superiores tienen un derecho con respecto a las razas inferiores porque existe un deber para con ellas”.[2]

El Código del indigenismo llevaba implícito el principio de “exclusión por raza”, adelantándose sesenta años a las leyes antijudías promulgadas bajo Vichy. Estas leyes antijudías fueron redactadas por Peyrouton, ministro de justicia de Pétain, y antiguo funcionario de colonias, especialista en el internamiento y la deportación de los árabes. Sobre estas leyes la Alemania nazi adoptará las leyes raciales de 1933.

Algunos diputados se opusieron a estos desmanes. El 28 de julio de 1885, Clemenceau denunció en el Congreso de los diputados las matanzas cometidas por el ejército francés.

“¡Razas superiores!, ¡Razas inferiores! Es fácil decirlo. Por mí parte, yo me aparto de tal opinión, especialmente después de haber visto a sabios alemanes demostrar científicamente que la francesa es una raza inferior a la alemana. No, no existe el derecho de las llamadas naciones superiores sobre las naciones llamadas inferiores. La conquista que Ud. [J. Ferry] preconiza es el abuso, liso y llano, de la fuerza que da la civilización científica sobre las civilizaciones primitivas, para apropiarse del hombre, torturarlo y exprimirle toda la fuerza que tiene, en beneficio de un pretendido civilizador.”[3]

Jules Ferry, despreció esta oposición y teorizó sobre los conceptos de razas superiores, de razas inferiores y de espacio vital. Conceptos que permitieron la expansión colonial para beneficio de industriales y banqueros.

            “Las razas superiores tienen el deber de civilizar a las razas inferiores. ¿Y existe alguien que pueda negar que hay más justicia, más orden material y moral en el África del Norte desde que Francia ha hecho su conquista?”.[4]

En los programas educativos y en los manuales de historia franceses actuales estos hechos aparecen silenciados. Los programas oficiales están más preocupados en presentar el papel positivo de la tercera República, que en reconocer la verdad.

Todas estas políticas no las hubiera podido realizar Jules Ferry con la oposición humanista católica. Por ello, en cuanto llegó al ministerio de Instrucción Pública instauró un sistema de enseñanza pública laica, obligatoria y gratuita. También ordenó la disolución de las congregaciones jesuitas y les prohibió dedicarse a la enseñanza. De la misma manera actuó con otras órdenes religiosas. Reguló la ley del divorcio, la de libertad de prensa, reunión y asociación. Todas estas medidas permitieron amplira el imperio colonial francés incorporando Túnez, Tonkín, Madagascar y el Congo.

Desde la escuela laica implantada por Jules Ferry, los programas de historia tuvieron como finalidad enseñar un relato nacional a golpe de mitos y de leyendas. Los crímenes del colonialismo se transformaron en gloriosas epopeyas, y se elevaron estatuas a los generales condecorados. De esta manera la escuela pública servía para legitimar el poder establecido, y para defender mejor los intereses de la burguesía.

La enseñanza de la religión se eliminó de las escuelas y en su lugar se introdujo un “catecismo republicano” considerado neutro, pero cargado con la ideología laicista colonial. El mismo Jules Ferry les recordaba a los profesores:

“Hay dos cosas en las cuales el Estado docente y vigilante no puede ser indiferente: la moral y la política, porque la moral y la política son dominio del Estado”. Jules Ferry.

En esa misma Escuela Laica se animaba a los niños a colorear Alsacia y Lorena en negro sobre el mapa de Francia (territorios que habían sido cedidos a Alemania en el Tratado de Francfort). De esta manera toda una generación fue educada bajo la idea de vengar la “afrenta” de 1870, derrotando a los alemanes.

El racismo antiárabe

            El racismo antiárabe hunde sus raíces en el siglo XIX a partir de la conquista de Argelia por Francia. Para justificar la conquista y colonización de este territorio la Escuela Politécnica francesa y ciento setenta y seis médicos militares que acompañaron a las tropas francesas de ocupación, se encargaron de proporcionar argumentos cientifistas que justificasen la invasión.

            Precisamente en esa época surge el “mito Kabila” según el cual los kabilios serían los primeros ocupantes de la región, llegados del norte. Estos serían conquistados, sometidos e islamizados por los árabes. El médico Joanny Napoleón Perder reforzó este mito en la Societé d´Antropologie de Paris (Sociedad Antropológica de París), difundiendo las ideas racistas de Gobineau. Según Perder los bereberes marroquíes constituirían la base Kabilia de origen ario debido a que eran poco practicantes de la religión islámica. Sin embargo resultó que los bereberes eran más musulmanes de lo previsto, por lo que se buscó una “nueva raza” que sustituyera al bereber como heredero de los kabilios. Los hermanos Tharaud lo encontraron en los “Chleuh de cabeza redonda” por lo que escribieron.

            “Los chleuh se parecen a nuestros alverneses; tienen, como estos, un cuerpo cuadrado y virtudes sólidas: el trabajo, la economía, una facilidad para adaptarse sorprendente… Es con estos beréberes maleables dispuestos a aceptar nuestra civilización, lo que les proporcionará algo de dinero, con los que podemos contar más”. Tharaud

            Estas creaciones racistas artificiales produjeron una profunda división en el pueblo argelino. Los beréberes recibieron educación y hablaban francés, en contraposición a los árabes que fueron considerados inasimilables. Estas teorías, como era de esperar, han hecho mucho daño, legando a Argelia una herencia difícil compuesta de fantasías y rencor. El kabilio martirizado por el árabe se ha convertido, por desgracia, en una realidad.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Jules Ferry. Discursos.
[2] Discurso de Jules Ferry ante la Cámara, parís. 1885.
[3] G. Clemenceau. Discurso en la Cámara. Francia, julio de 1885.
[4] Discurso de Jules Ferry ante la Cámara, parís. 1885.
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