18. IMPERIALISMO COLONIAL Y LAS POLÍTICAS DE ESTADO RACISTAS

“(…) Preguntémonos lo que significa exactamente lo que llaman “civilización”. Significa, para los habitantes de aquellas islas, haber renunciado al canibalismo, pero igualmente haberse convertido en esclavos del hombre blanco. (…) Doquiera vayan los europeos, la tierra cesa de producir, la vegetación cesa de crecer y, lo que es peor, la especie humana, algunas veces, desaparece (…)” F. Yukichi.[1]

            Entre 1876 y 1914 una cuarta parte de los territorios del Planeta fueron redistribuidos entre media docena de Estados: Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania, Bélgica e Italia. Los británicos aumentaron sus posesiones unos diez millones de kilómetros cuadrados; los franceses en nueve millones; los alemanes en dos millones y medio, y los belgas e italianos en aproximadamente dos millones. Los Estados Unidos se incrementaron en 250.000 kilómetros cuadrados.

Los discursos de raza y nación han ido parejos en muchos casos. Gran parte de los historiadores reconocen que el racismo (como discurso teórico y como fenómeno de masas) se desarrolla dentro del campo del nacionalismo característico de la edad contemporánea. El propio nacionalismo podría ser el efecto ideológico y político del carácter imperialista de las naciones, o de su supervivencia en una época y un entorno imperialista.

            Son varios los pensadores que coinciden en destacar la relación que existe entre las ideologías nacionalistas y el sustento del racismo. Annah Arendt, en su estudio sobre los orígenes del totalitarismo (1951), dedica un capítulo al nacimiento de la ideología racista principalmente en tres núcleos básicos: Francia, Alemania e Inglaterra.

            En Francia el fenómeno racista se vincula con las inquietudes de la nobleza de oponerse al pueblo y a los burgueses, para mantener sus privilegios. En Alemania el racismo, en cuanto como ideología, surge como una síntesis entre el espíritu romántico de exaltar la nobleza natural y el nacionalismo que buscaba un origen tribal común. Por último, el racismo en Inglaterra está emparentado con la expansión colonial y con las expectativas de las clases medias, que quieren “científicos capaces de probar que los grandes hombres, y no los aristócratas, eran los verdaderos representantes de la nación, los que manifestaban el “genio de la raza””.

            El premio nobel de literatura indio Rabindranath Tagore, en un discurso dado en la Universidad de Tokyo en 1916, denunció el colonialismo feroz de los países occidentales.

“La civilización que nos viene de Europa es voraz y dominante: consume a los pueblos que invade y extermina las razas que se oponen a su conquista. Es una civilización con tendencias caníbales: oprime a los débiles y enriquece a los fuertes. Es una máquina de triturar. Allá donde va, siembra conflictos y disensiones. Es una civilización científica, pero no humana. (…) Concentra todas sus fuerzas en el único objetivo de enriquecerse, como lo haría un millonario que vende su alma por una fortuna. (…)

Nosotros profetizamos, sin ninguna duda, que esto no podrá durar siempre, ya que existe en el mundo una ley moral soberana que se aplica tanto a los individuos como a las colectividades”.[2]

            El economista francés Paul Leroy-Beaulieu (1843 – 1916) definía la colonización como el predominio de una raza que aumenta y que precisa más productos para vivir, sobre otra que disminuye, y cuyos recursos son expropiados por los primeros.

“La colonización es la fuerza expansiva de un pueblo, su potencia de reproducción, su dilatación y su multiplicación a través del espacio; es la sumisión de una parte del universo a su lengua, a sus costumbres, a sus ideas y a sus leyes. Un pueblo que coloniza pone las bases de su grandeza futura. El número de los individuos que forman la raza aumenta; la cantidad de recursos y productos nuevos, de equivalentes de cambio que demandan la intervención de la industria metropolitana, es incomnesurable; el campo que se abre a los capitales de las metrópolis y el dominio explotable son infinitos. Sea cual fuere el punto de vista, siempre nos encontraremos con una verdad incontestable: el pueblo que coloniza más, es el primer pueblo; y si no lo es hoy, ya lo será mañana”.[3]

 Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] F. Yukichi. Compendio de una teoría de la civilización, 1876.
[2] Radindranath Tagore. Imperalismo y poder. Esteban Mira Caballos.Ed. Círculo Rojo, 2013. P. 25
[3] P. Leriy-Beaulieu. De la colisation chez les peuples modernes. París 1870.
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