19.1. La trampa del determinismo biológico

            El determinismo biológico es la doctrina que postula que el patrimonio genético de los individuos es el que condiciona fundamentalmente al ser humano y a su conducta en la sociedad. El biólogo Stephen J. Gould lo ha denunciado en sus obras y lo define de la siguiente manera:

            “El determinismo biológico […] consiste en afirmar que tanto las normas de conducta compartidas como las diferencias sociales y económicas que existen entre los grupos – básicamente diferenciadas de raza, de clase y de sexo – derivan de ciertas distinciones heredadas, innatas, y que, en este sentido, la sociedad constituye un reflejo fiel de la biología”. Stephen J. Gould. La falsa medida del hombre.

            El determinismo biológico es un reduccionismo, que apoyado en el individualismo, pretende reducir los complejos sistemas de relaciones entre sistemas a unidades simples fáciles de manipular y controlar. El reduccionismo es una herramienta que se emplea en algunas disciplinas científicas como la física, pero cuando se aplica a sistemas biológicos sin comprender sus restricciones, se llegan a cometer graves errores.

Lo que en última instancia sostiene el determinismo es que no existe libre albedrío y que por lo tanto no existe responsabilidad en los actos humanos, ya que estos vienen orientados por la carga genética de un individuo. La violencia, la guerra, el abuso de poder no dependerían de la conciencia de una persona sino que serían manifestaciones de lo que el código genético estipule. Esta es una forma muy cómoda de justificar el individualismo egoísta, y el capitalismo salvaje.

            El determinismo es heredero de la visión mecanicista y materialista de Descartes, para quien el ser vivo era similar a una máquina cuyos componentes podían ser desmontados, analizados, cuantificados y vueltos a ensamblar en la máquina para que esta siguiera operando con igual normalidad.

            “Para Descartes el mundo era como una máquina, y los organismos vivos simplemente tipos particulares de mecanismos de relojería o máquinas hidráulicas. Es esta imagen cartesiana de la máquina es la que ha venido a dominar la ciencia y actúa como metáfora legitimadora de una particular visión del mundo, en la que se tomaba la máquina como modelo para los organismos vivos y no al revés. Los cuerpos son unidades indisolubles que pierden sus características esenciales si los dividimos en piezas. Las máquinas por el contrario se pueden desmontar y volver a montar. Cada parte sirve para una función separada y analizable, y el todo funciona de una manera regular que se puede describir por la operación de sus partes componentes incidiendo las unas en las otras” (A. Woods y T. Grant, Razón y Revolución)

            La profesora de biología de la universidad de Harvard Ruth Hubbard, en su obra “El mito del gen” denuncia los peligros que el determinismo puede ocasionar:

            “El lenguaje de los genetistas es muy tendencioso. Al describir el papel de los genes y el ADN, los biólogos moleculares y la prensa emplean palabras como “controlar”, “programar” y “determinar”, que no son adecuadas porque atribuyen un papel determinante al ADN. En realidad, éste no “hace” nada; es una molécula sumamente inactiva. Está en la célula esperando que las demás moléculas reaccionen con él. En cierto sentido, el ADN se parece a un libro de cocina”. “El mito del gen todopoderoso se basa en un enfoque científico erróneo que descarta el medio en que nosotros y nuestros genes existimos. Es muy peligroso; da cabido a discriminación genética y a manipulaciones médicas arriesgadas” R. Hubbard y E. Wald, El mito del gen

            La propia doctora Hubbard denuncia el determinismo de ciertos científicos cuando pretenden justificar que las diferencias entre varones y mujeres se encuentra en sus características biológicas y psicológicas.

            De la misma manera, el biólogo molecular francés Bertrand Jordan explica en su obra “Los impostores de la genética” (2001) como las doctrinas deterministas han servido históricamente para justificar las desigualdades sociales. Así, denuncia como falso el anuncio, por parte de los medios de comunicación, del descubrimiento de “genes” que causen la homosexualidad, el alcoholismo, la hiperactividad infantil, la esquizofrenia, o la criminalidad.

            “Cuando el titular de un periódico proclama que un equipo ha descubierto el “gen de la esquizofrenia”, el de la homosexualidad o el de la psicosis maníaco-depresiva… es preciso entender, de hecho que ha efectuado una localización, y no un aislamiento efectivo del gen. Entidad que, subrayémoslo de paso, no sería de todos modos “el” gen de la esquizofrenia, sino más bien un gen en el que algunas de cuyas variantes conferirían a su portador un riesgo superior a la media de desarrollar la enfermedad” B. Jordan, Los impostores de la genética.

            Jordan previene de las afirmaciones de ciertos científicos que, como el norteamericano Dean Hamer, explican el papel de los genes en la orientación sexual masculina. Hamer publicó en 1995 un artículo en la revista Nature Genetics en el que aseguraba haber encontrado un ligamiento genético entre el gen, Xq28, y la homosexualidad masculina. Los medios de comunicación se dieron prisa en publicar la noticia como que se había encontrado el “gen de la homosexualidad”. No tuvieron, en cambio la misma prisa cuando cuatro años después, el equipo canadiense dirigido por George Ebers refutó la noticia publicando en Science una serie de experimentos que demostraban la ausencia de tal ligamiento genético.

            No aprendida la lección de este disparate pseudocientífico, Hamer volvió a la carga en 2004 publicando un libro titulado “El Gen de Dios”, en el que aseguraba haber encontrado el gen de la creencia religiosa. Esta era su conclusión tras haber estudiado más de 2000 muestras de ADN y localizar en el gen VMAT2 el “responsable de la fe” de la personas. Más aún, Hamer llega a asegurar, sin ninguna base científica e histórica, que este “gen de la fe” habría sido transmitido por el mismo Jesucristo de generación en generación a todos los cristianos. Ni que decir tiene que estos planteamientos son totalmente absurdos y que carecen de todo rigor y fundamentación científica.

Determinismo y comportamiento humano

            El psiquiatra estadounidense Stuart Yudofsky es un firme defensor del determinismo biológico en el comportamiento humano. En 1995 afirmaba respecto a la criminalidad innata:

            “Con los nuevos avances, seremos capaces e diagnosticar a muchas personas cuyo cerebro es biológicamente propenso a la violencia”. “Ahora estamos a punto de una revolución en la medicina genética. En el futuro la genética comprenderá los desórdenes agresivos e identificará aquellas tendencias que se convierten en violentas”. Stuart Yudofsky

            Estos son precisamente el tipo de argumentos que hoy en día esgrimen algunos abogados en los Estados Unidos para tratar de exculpar a sus clientes de los delitos cometidos. Si el ser humano está “predestinado”, “predeterminado”, “programado” para delinquir, no se le puede exigir ningún tipo de responsabilidad por sus actos, ya que su naturaleza le impulsa irremisiblemente a actuar mal.

Determinismo y diferencias sociales

            Aún existen, en pleno s. XXI, algunos autores que justifican las desigualdades sociales basándose en las características genéticas de los individuos y en la naturaleza de la inteligencia, aspectos ambos, que se transmitirían por herencia a sus descendientes. Stephen Gould correlaciona muy acertadamente la aparición de estos argumentos con las decisiones políticas de reducir el gasto del Estado en programas sociales. Así lo expresa también la socióloga de la Universidad de Nueva York Dorothy Nelkin.

            “Declaran que los factores sociales no importan; así las explicaciones genéticas de la delincuencia son una justificación muy conveniente para los que buscan desmantelar los programas de bienestar social”. Dorothy Nelkin

            La bióloga Raquel Bello denuncia la utilización que del determinismo biológico se ha realizado para justificar los males y desigualdades en el mundo.

            “El determinismo biológico afirma que la naturaleza humana esta determinada por nuestros genes, y que las causas de los fenómenos sociales se hallan en la biología, utilizando la herencia genética como expresión de la inevitabilidad. Un enunciado básico reduccionista y determinista biológico es que los fenómenos sociales son la suma de los comportamientos de los individuos, y el determinismo biológico ha sido un poderoso medio para explicar las desigualdades de estatus, riqueza y poder. Por lo tanto, el determinismo biológico es la escusa perfecta para justificar las ideas sociales conservadoras: la culpa del paro, la pobreza, la violencia, etc., no es de la sociedad sino del individuo, debido a sus características biológicas o genéticas”. Raquel Bello Morales. La trampa determinista.

            También el determinismo se emplea para justificar la desigualdad educativa, el fracaso escolar y la exclusión social.

            El eslogan de que todo está en los genes ha calado profundamente en la sociedad y nos lleva a creernos a nosotros mismos como sujetos a fuerzas genéticas desconocidas, cuyo control solamente vendrá por el progreso científico.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Racismo y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.