19.2. La etología popular

            Este término de etología popular fue acuñado por el biólogo estadounidense Stephen Jay Gould para referirse a un conjunto de obras escritas en los años sesenta por autores como Desmond Morris, Robert Ardrey, Konrad Lorenz, Lionel Tiger y Robin Fox. Estos autores, basándose en estudios del comportamiento de los animales, comparan a estos con los seres humanos para al final presentar a estos como seres territoriales y agresivos por naturaleza.

Desmond Morris: El hombre como mono social

Desmond Morris (1928 – ) zoólogo y etólogo inglés publica en 1967 la obra “El mono desnudo” donde reduce al ser humano a un simple animal que vive en grupo. Posteriormente escribirá otras obras en esa misma línea como “El zoo humano” 1969, o El contrato animal (1991).

            “El animal humano parece haberse adaptado con brillantez a su extraordinaria nueva condición (la sociedad), pero no ha tenido tiempo para cambiar biológicamente, para evolucionar hasta una nueva especie genéticamente civilizada […]. Biológicamente, continúa siendo un sencillo animal tribal”. Desmond Morris. El mono desnudo.

            Además justifica la existencia de amos tiranos, y esclavos dominados, como una especie de ley biológica que prolongase la que poseen los primates superiores.

            “La existencia de individuos poderosos y dominantes que gobiernan despóticamente al resto del grupo es un fenómeno muy extendido entre los primates superiores […]. Tal vez sean déspotas, pero desempeñan también otro papel, el de guardianes y protectores”.

Morris se dedicó durante un tiempo a presentar como obras de arte, cuadros pintados por un chimpancé llamado Congo. En 1957 realizó una polémica exposición de sus pinturas en el Instituto de Artes Contemporáneas de Londres.

Robert Ardrey y la hipótesis de la caza

            Robert Ardrey (1908-1980) escritor, científico, guionista y autor de obras de teatro y cine, justifica en su obra El génesis africano (1961) la violencia que parece innata en el ser humano, como procedente de su anterior “etapa” animal.

            “Si el hombre hubiese nacido de un ángel caído, la situación contemporánea sería tan carente de solución como de explicación. Nuestras guerras y atrocidades, nuestros crímenes y querellas, nuestras tiranías e injusticias, podrían atribuirse a nada más que peculiares realizaciones humanas, y tendríamos un nítido retrato como un ser degenerado, dotado al nacer del tesoro de la virtud y cuyo único talento notable ha sido despilfarrarlo. Pero nosotros provenimos de monos avanzados, no de ángeles caídos, y los monos eran matadores armados, además. Así, ¿de qué nos asombraremos? ¿De nuestros crímenes y matanzas, de los misiles y de nuestros ejércitos irreconciliables? ¿O de nuestros tratados –cualquiera que sea su valor–, de nuestras sinfonías –por raramente que se las ejecute–, de nuestros terrenos pacíficos –por muy frecuentemente que se los convierta en campo de batalla–, de nuestros sueños –por raramente que se realicen? El milagro del hombre no es hasta qué punto se ha hundido, sino cuán magníficamente se ha elevado. Se nos conoce entre las estrellas por nuestros poemas, no por nuestros cadáveres.» Robert Ardrey. El génesis africano.

Para Ardrey el hombre es hombre y no un chimpancé, porque durante millones y millones de años en evolución ha matado para vivir. De forma sencilla se podría decir que el hombre evolucionó en el momento en que se hizo carnívoro. Así el ser humano habría heredado, no solamente los placeres de la caza o la inclinación por las armas, sino las cualidades de cooperación, lealtad, responsabilidad e interdependencia, aspectos que otorgan una visión del mundo que el primate vegetariano jamás podría tener.

En opinión de Robert Ardrey, la caza ha dominado durante más de quinientos mil años la evolución humana. Durante todo este tiempo la selección natural aceptó o desechó a individuos o grupos en función de su capacidad para sobrevivir como cazadores.

El pensamiento de Ardrey permite justificar la violencia. De repente las guerras, el holocausto y la discriminación, estarían justificadas pues alentarían el progreso humano.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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