19.3. Edward O. Wilson y la sociobiología

EO Wilson            Una de las formulaciones neoracistas más importantes desarrolladas a partir de la segunda mitad del s. XX es la planteada por el biólogo materialista Edward O. Wilson (1929- ). Especialista entomólogo, en 1971 publicó un libro sobre los insectos sociales, “The Insect Societies”. Wilson se creó así una prestigiosa reputación como científico estudiando las hormigas y su comportamiento social. Sus conclusiones establecieron que el sistema que emplean las hormigas para comunicarse no es visual, sino químico a través de unas sustancias que denominó feromonas. Estas sustancias se producirían en una glándula especial y su generación constituiría un sencillo sistema de comunicación químico que anunciaría hechos fundamentales en el mundo de las hormigas como la presencia de un peligro, entre otros. Un total de diez a veinte feromonas distintas se emplearían para regular la vida social de una colonia.

En “La sociedad de los insectos”, Wilson apuntaba en sus conclusiones la necesidad de crear una disciplina científica que estableciera una teoría unificada del comportamiento animal, a la que denominaba sociobiología y que dedujera a partir del estudio de especies filogenéticamente tan remotas de los vertebrados como los insectos, “animales que parecen caídos de otro planeta”, leyes universales que pudieran explicar no solo las sociedades de los himenópteros, sino también las leyes que rigen las propias sociedades humanas.

Este objetivo lo desarrolla años después en un libro titulado Sociobiología: la Nueva síntesis (1975). En esta obra lleva el darwinismo a sus últimas consecuencias sugiriendo la idea de que si la selección natural es la ley que gobierna la naturaleza, esta debía de aplicarse de igual forma al comportamiento humano. Acuña de esta manera el término Sociobiología para referirse al “estudio sistemático de las bases biológicas de todo comportamiento social”.

            En su obra, este experto en hormigas, realiza un análisis de diferentes especies sociales desde la perspectiva de la biología evolucionista. Entre estas especies sociales incluye al hombre con la clara intención de reducir todas las ciencias humanas y sociales (ética, estética, economía y religión) a un apéndice más de la biología. La popularidad de la obra fue tal que en los EEUU se llegaron a vender más de cien mil ejemplares.

Para Wilson la sociobiología es “el estudio sistemático del fundamento de todos los comportamientos sociales. Por el momento, se centra en las sociedades animales… pero la disciplina también se ocupa del comportamiento social de los primeros hombres, y de las características adaptativas de la organización de las sociedades humanas más primitivas”.

Wilson afirma que “cada formación viviente puede ser considerada como un experimento evolutivo, producto de millones de años de interacción entre los genes y el medio ambiente”. De ahí que la labor del sociobiólogo consista en “intentar situar a la humanidad en su lugar adecuado en un catálogo de las especies sociales de la Tierra”.

Anteriormente ya otros autores habían pretendido situar al hombre como un animal más perteneciente a una especie del género Homo y sujeto a la misma evolución biológica darvinista que el resto de los seres vivos: Morris (El mono desnudo, El zoo humano), Ardrey (La evolución del hombre: la hipótesis del cazador, El génesis africano), Tigre, Fox, Lorenz (La agresión, el pretendido mal).

La bióloga Raquel Bello Morales define con precisión lo que la sociobiología pretende:

            “La sociobiología investiga las bases biológicas de la conducta social desde una perspectiva teórica fundamentada en la premisa de que los comportamientos sociales tienen una base genética y que los procesos evolutivos favorecen aquellas conductas que mejorarán el éxito reproductivo y la supervivencia”. Raquel Bello Morales. La trampa determinista.

Edward O. Wilson, desde unos presupuesto ateo-materialistas, trasladó sus estudios sobre las hormigas a las poblaciones humanas. Así habla de espíritu gregario, colonias, división del trabajo, etc. Todos estos comportamientos en el hombre estarían determinados biológicamente.

La sociobiología como ultradarwinismo

La consideración de que sólo la biología darvinista proporciona un fundamento sólido a las ciencias humanas y sociales es clave en la filosofía wilsoniana. Según esta perspectiva, la genética, unida a la etología, describe y explica la totalidad de la conducta humana, su cultura y todo lo que el hombre es. La sociobiología, sería pues un hiperdarwinismo que pretendería explicar en su totalidad el enigma del hombre en términos de biología evolucionista. Evidentemente esto no es otra cosa que antropología materialista, pero esta vez no viene profesada por autores marxistas, sino que es formulada por teóricos e intelectuales conservadores y tecnócratas.

            La sociobiología busca explicar el comportamiento en términos de selección natural, de tal modo que el comportamiento y la cultura humana serían el conjunto de esfuerzos orientados a preservar los genes propios en una determinada población. Más aún, si un rasgo cultural pervive durante varias generaciones en un pueblo, sería porque el gen o los genes que lo “producen”, siguen sobreviviendo y actuando en el genoma de dicha población.

Por lo tanto la tesis principal de la sociobiología es que el comportamiento social de cualquier animal, incluido el hombre, está orientado a dejar el mayor número posible de descendientes, según las alternativas que ofrece la situación y los costos a afrontar. Para Wilson cada individuo trata de preservar sus propios genes a través de la reproducción, promoviendo a su vez la difusión de los genes de sus parientes, que son en parte suyos también. El éxito evolutivo de un individuo vendría determinado por el número de descendientes que deja, incluidos la cantidad de hermanos, sobrinos, nietos y primos. Con un hermano se compartiría un 75% de genes, mientras que con los propios hijos se comparte un 50%

            Esta teoría lleva a la conclusión de que aquellos individuos que posean genes “defectuosos” carecen de “valor evolutivo” y por lo tanto no deberían de reproducirse. Para ello la naturaleza emplearía mecanismos de selección y exclusión reproductiva. Pero como muy bien indica el biólogo francés Remy Chauvin, esta selección de los mejores debería de desembocar en la perfección orgánica, y esto no es así en la realidad.

            La sociobiología se asienta sobre el dogma de la selección natural de los más dotados y su éxito reproductivo, así como la eliminación de los más débiles, pero la realidad de la experiencia humana contradice esta tesis. Si por algo se caracteriza el ser humano es que precisamente han sido los más débiles, los que más han contribuido al progreso humano con su trabajo, su intelecto o su pericia para resolver aquellas mismas dificultades que para el resto que les impidieran integrarse en la comunidad social.

            Mediante un biograma humano los sociobiólogos tratarían de identificar los comportamientos y reglas que hacen aumentar la eficacia darvinista de los seres humanos, y por tanto de la sociedad. Según Wilson esto se puede realizar de dos maneras:

  • Determinando las leyes que fundamentan el comportamiento humano, similar a lo que en psicología se pretende con la jerarquía de necesidades de Maslow o el esquema de aprendizaje básico de Homans.
  • Comparando al hombre con otras especie animales buscando rasgos de los primates que subsistan en el comportamiento social humano.

Determinismo sociobiológico: la dictadura del gen

Edward O. Wilson adopta una perspectiva reduccionista en la que todo el ser humano, incluido su cerebro, viene determinado por su genética. Así llega a afirmar que el tabú del incesto es la expresión de un imperativo genético ya que el apareamiento entre consanguíneos provoca pérdida de capacidad genética.

Para la sociobiología todo es competencia y lucha, incluso valores tan humanos como la cooperación y el altruismo responderían a un mecanismo competitivo subyacente. Así por ejemplo el tribalismo, la actitud empresarial, la xenofobia, la dominación masculina y la estratificación social son dictados por el genotipo humano el cual ha sido modelado a lo largo del tiempo mediante la lucha y la selección de los mejores.

La existencia del altruismo en el género humano es un aspecto crucial en el debate científico que contradice la teoría darvinista cuando esta se aplica al hombre. Por ello Wilson ideará una enrrevesada teoría para intentar justificarlo. Así postulará que un organismo puede llegar a realizar un sacrificio puntual si este beneficia a la perpetuación de su especie.          

            “¿Cómo puede el altruismo que, por definición, merma el éxito individual, desarrollarse por selección natural? La contestación que ofrece se fundamenta en el parentesco: si lo genes causantes del altruismo son compartidos por dos organismos a causa de una ascendencia común y si el acto altruista de un organismo aumenta la contribución conjunta de estos genes a la próxima generación, la propensión al altruismo se propagará al sustrato genético”. E.O. Wilson. Sociobiología: la nueva síntesis. 1975

La sociobiología trata de explicar que si existe el altruismo en la naturaleza es porque beneficia a los genes del individuo que lo posee. Para E. Wilson la selección natural actúa sobre el individuo y no sobre el grupo. Wilson define el término “éxito reproductivo” como la capacidad de transmitir el mayor número de genes a la siguiente generación.

Gould considera que existe un término medio entre el determinismo biológico, para el que cada conducta humana corresponde a la manifestación de un programa perfectamente codificado en el código genético, y el relativismo cultural, para el cual la biología no puede nada ante la libertad humana de un ser vivo que a cada momento está redefiniendo su ser y su existencia. Para Gould hay aspectos fundamentales en los que la biología puede aportar su metodología.

  • No toda la conducta humana es de origen genético, pero la analogía biológica podría ser útil para interpretar su significado.
  • El ser humano posee una potencialidad biológica tan superior a los animales que nos hace muy diferentes a ellos, de tal manera que las ganas conductuales en el hombre son enormemente amplias. Así, la selección natural podrá establecer algunas normas principales, pero las conductas específicas son epifenómenos de estas normas, y no objetos de estudio darviniano.

            Para Lewotin, Rose y Kamin, autores del libro “No está en los genes”, la relación entre el gen, el medio ambiente, el organismo y la sociedad es de tal modo compleja, que el simple argumento reduccionista no ha logrado abarcarla.

Otros autores defienden el interaccionismo, una teoría que postula que cada organismo es el resultado de la interacción entre su genética y el entorno. Así pues, para un mismo genotipo se pueden desarrollar diferentes fenotipos según los distintos entornos y viceversa. Un mismo fenotipo puede provenir de la interacción de distintos genotipos con su entorno. Así por ejemplo un fenómeno típicamente fenotípico como el sexo, se ha descubierto que en ciertas especies de reptiles o de peces, dependen de la temperatura del entorno en que se desarrolle el animal.

El reduccionismo sociobiológico

            Para Wilson la cultura no es sino la extensión de lo biológico. Su sociobiología atribuye a los genes toda la riqueza y variedad sociocultural del comportamiento humano.

            “¿Puede la evolución cultural de los valores éticos superiores ganar impulso y dirección propios y reemplazar completamente la evolución genética? Creo que no. Los genes sostienen a la cultura al extremo de una correa. La correa es muy larga, pero los valores inevitables se limitarán de acuerdo con sus efectos en el banco genético humano”. E.O. Wilson. Sobre la naturaleza humana. 1983.

Sociobiología: la Nueva síntesis (1975)

Manifestaciones específicamente humanas como la religión, la ética, la guerra, la cooperación, la actividad empresarial, el rencor o la conformidad, en opinión de Wilson son causados por condicionantes biológicos que determinan el distinto papel de los individuos en la sociedad.

            “La tendencia genética es lo bastante fuerte como para provocar una sustancial división del trabajo incluso en la más libre e igualitaria de las sociedades futuras… Incluso con la misma educación e igual acceso a todas las profesiones, los hombres continuarán probablemente desempeñando un papel desigual en la vida política, científica y de los negocios”[1]

Todas las manifestaciones culturales tendrán, en opinión de Wilson, una base genética que explicaría las diferencias culturales entre los distintos pueblos.

            “A pesar de que los genes hayan perdido buena parte de su soberanía, mantienen una cierta influencia en al menos las cualidades del comportamiento que reposan bajo las variaciones entre culturas […] Una pequeña parte de esta variación invertida en las diferencias de población, podría predisponer a las sociedades a diferencias culturales”.

Para Wilson la cultura no es sino el mecanismo jerárquico de seguimiento del ambiente. La pretensión de su libro sería “codificar la sociobiología dentro de una rama de la biología evolutiva”, abarcando todas las sociedades humanas, antiguas y modernas, prehistóricas y postindustriales.

            “La sociobiología y las otras ciencias sociales, al igual que las humanidades, son las últimas ramas de la biología que están a la espera de su inclusión con la Síntesis Moderna. Una de las funciones de la sociobiología es, pues, reformular los fundamentos de las ciencias sociales de manera que estos temas se incorporen a la síntesis moderna”. E. O. Wilson

La justificación de la violencia y la dictadura

Una de las consecuencias más graves de la lectura reduccionista que plantea Wilson del ser humano, es que se justifican ciertos comportamientos violentos como la agresividad, la dominación masculina, etc. Es por ello que Wilson, más que realizar un estudio científico de la ecología humana, lo que está haciendo con sus obras es emplear la biología para legitimar ciertos aspectos ideológicos y culturales de la sociedad. Para el sociobiólogo cualquier fenómeno humano es una rama de la biología y más radicalmente de la genética. Se concluye por tanto que el hombre está hecho así por naturaleza: agresivo, xenófobo, sexista, clasista, explotador, y que todo intento por cambiar la sociedad eliminando estos “males” será considerado como antinatural y por ello está condenado al fracaso. La doctora Violeta Varela denuncia este reduccionismo materialista de la sociobiología.

“El gran atractivo del determinismo biológico se debe precisamente a que es exculpatorio. Si los varones dominan a las mujeres es porque deben hacerlo. Si los empresarios explotan a los obreros es porque la evolución ha desarrollado en nosotros los genes para la actividad empresarial. Si nos matamos en la guerra, es por la fuerza de nuestros genes para la territorialidad, la xenofobia, el tribalismo y la agresión”. Violeta Varela Álvarez. Sociobiología.

            Para Wilson todos los seres humanos y sus sociedades comparten una serie de tendencias biológicas que dan lugar a sociedades organizadas según una jerarquía en las que los individuos “compiten por los escasos recursos localizados en su campo de acción. Los sujetos activos mejores y más emprendedores obtienen habitualmente una parte desproporcionada de las recompensas, mientras que los menos afortunados son desplazados a posiciones menos deseables”.[2]

A continuación Wilson propone una explicación biológica para manifestaciones culturales tan específicamente humanas como la ética, la religión, el tribalismo, la guerra, el genocidio, la cooperación, la competición, la actividad empresarial, la conformidad, la adoctrinabilidad y el rencor entre otros. Así llega a augurar que los neurobiólogos[3] y sociobiólogos serán los futuros tecnócratas, encargados de dirigir los destinos de unas naciones y sociedades programadas según decisiones éticas y políticas “científicas”.

            “Si se toma la decisión de moldear las culturas para que se adapten a las necesidades del estado ecológico estable, algunos comportamientos pueden ser modificados experimentalmente sin causar daño emocional o pérdida de creatividad. Otros comportamientos no pueden modificarse. La incertidumbre que existe en torno a este tema implica que el sueño de Skinner de una cultura prediseñada para la felicidad tendrá seguramente que esperar a la nueva neurobiología. También deberá esperar a la aparición de un código de ética genéticamente exacto y, por lo tanto, absolutamente justo”. E. O. Wilson.

            “…no sabemos cuántas de las cualidades más valiosas están vinculadas genéticamente con las más obsoletas y destructivas. La cooperatividad hacia los compañeros de grupo podría ir aparejada con la agresividad hacia los extraños; la creatividad, con un deseo de poseer y dominar; el furor atlético, con una tendencia a la respuesta violenta, etc. Si la sociedad programada – cuya creación parece inevitable en el próximo siglo – tuviese que conducir deliberadamente a sus miembros más allá de aquellas presiones y aquellos conflictos que una vez dieron a los fenotipos destructivos su corte darviniano, los otros fenotipos podrían ir desapareciendo con ellos. En esto, el sentido último de la genética, el control social despojaría al hombre de su humanidad”.[4]

Wilson defiende la violencia innata del ser humano, así como su egoísmo y sus ansias competitivas. Llega a asegurar que culturalmente el hombre no ha progresado más que en las épocas prehistóricas.

“Las reglas morales en que s ebasan estos arreglos no parecen haberse alterado mucho. El individuo medio aún opera bajo un código formalizado que no está más elaborado que el que gobierna a los miembros de las sociedades cazadoras-recolectoras”. E.O. Wilson

El biólogo Stephen Gould critica esa postura materialista.

            “Por ejemplo, E.O. Wilson (1978) escribe: “¿La agresividad de los seres humanos es innata? Esta pregunta, frecuente en los seminarios universitarios y en las conversaciones mundanas, despierta pasiones en todos los ideólogos políticos: la respuesta ha de ser afirmativa”. Como prueba, Wilson aduce la constancia de las guerras en la historia, y descarta cualquier caso de negativa a luchar: “Las tribus más pacíficas de hoy han sido a menudo las más destructoras de ayer, y probablemente volverán a producir soldados y asesinos en el futuro”. Pero si algunos pueblos son ahora pacíficos, entonces la agresividad misma no puede estar codificada en sus genes: sólo puede estarlo en potencialidad. Si innato sólo significa posible, o incluso probable en determinadas circunstancias, entonces todo lo que hacemos es innato y la palabra carece de sentido. La agresividad es una manifestación de una ley generadora que en otras circunstancias favorece la paz. La gama de amplitud de las conductas específicas engendradas por esa ley es enorme, y constituye un magnífico ejemplo de la flexibilidad típica de la conducta humana” S. Gould, La falsa medida del hombre.

Para la sociobiología el hombre es visto como un animal con un fuerte sentido territorial lo cual lleva a concluir que la xenofobia es una virtud política.

Wilson defiende la violencia innata del ser humano, así como su egoísmo y sus ansias competitivas. Llega a asegurar que culturalmente el hombre no ha progresado más que en las épocas prehistóricas.

E. O. Wilson defiende la violencia innata del ser humano, así como su egoísmo y sus ansias competitivas. Llega a asegurar que culturalmente el hombre no ha progresado más que en las épocas prehistóricas.

El sexismo wilsoniano

La sociobiología wilsoniana también justificaría el sexismo y la dominancia de los machos sobre las hembras, quienes deberían de adoptar una actitud pasiva de sometimiento.

“Típicamente, los machos son agresivos, en particular los unos con los otros y aún más en el curso del período de reproducción. En la mayoría de las especies, la estrategia más ventajosa para el macho es la dominación (…). Es, pues, más interesante para los machos el ser agresivos, arisco, ladrones y polígamos. En teoría, es más provechoso para las hembras el ser tímidas y esperar poder encontrar a los machos portadores de los mejores genes. En las especies que educan a sus jóvenes, resulta igualmente importante para las hembras el escoger machos que ofrezcan mayor seguridad de quedarse con ellas después del acoplamiento. Los seres humanos obedecen fielmente a este principio biológico”. E. Wilson.

El psicólogo David Barash aplica la metodología wilsoniana para explicar las diferencias psíquicas entre ambos sexos y justificar la poligamia humana en su libro “El mito de la monogamia”.

“He aquí la base biológica del estándar doble: los machos serán sexualmente menos discriminadores, más agresivos y más disponibles que las hembras. Serán también más intolerantes hacia la infidelidad de sus esposas de lo que éstas lo sean hacia la infidelidad de sus maridos”. Barash, citado por Veville, 1986.

La legitimación de las clases sociales

El determinismo biológico transforma las desigualdades sociales en algo legítimo científicamente, convirtiéndose así en un poderoso medio de control social. Así lo expresa, por ejemplo, el psicólogo estadounidense Richard Herrnstein (1930-1994) autor de la polémica obra “La curva de Bell” (1994):

“Las clases privilegiadas del pasado probablemente no eran muy superiores biológicamente a los oprimidos, motivo por el que la revolución tenía buenas posibilidades de éxito. Al eliminar las barreras artificiales entre las clases, la sociedad ha estimulado la creación de barreras biológicas. Cuando la gente pueda acceder a su nivel natural en la sociedad, las clases más altas tendrán, por definición, mayor capacidad que las inferiores”.[5]

            Wilson busca justificar las desigualdades sociales atribuyendo la pobreza, la miseria y la enfermedad a posibles defectos genéticos que la evolución natural se encargaría de extirpar de la sociedad.

            “La tendencia genética es lo bastante fuerte como para provocar una sustancial división del trabajo incluso en la más libre e igualitaria de las sociedades futuras… Incluso con la misma educación e igual acceso a todas las profesiones, los hombres continuarán probablemente desempeñando un papel desigual en la vida política, científica y de los negocios”.[6] E. O. Wilson

            Esta filosofía es atractiva en las clases dominantes precisamente porque es exculpatoria. Si los varones violentan a las mujeres es porque está en su naturaleza. Si los empresarios explotan a los obreros es porque la evolución ha desarrollado en ellos genes especializados en la actividad empresarial. Si nos matamos en la guerra, es por la fuerza de los genes que nos empujan a la territorialidad, la xenofobia, el tribalismo y la agresión.

            “Las humanidades y las ciencias sociales se reducen a ramas especializadas de la biología; historia, biografía y ficción son los protocolos de investigación de la etología humana; y la antropología y la sociología juntas constituyen la sociobiología de una sola especie de primates”. E. O. Wilson

            La pertenencia a una determinada clase social vendría determinada por una genética especial superior. De esta manera cita a Dahlberg; quien en 1947 pretendió demostrar que existía un gen responsable del éxito y que este se concentraría en las clases socioeconómicamente superiores. O también a Herrnstein, quien en 1971 afirmaba en “La curva de Bell” que cuanto más iguales son las oportunidades ambientales en la sociedad, los grupos socioeconómicos se definirán cada vez más por diferencias basadas en la inteligencia. Otros genes sociales serían el del conformismo o el llamado “gen de la homosexualidad” defendido por Kallmann, Hutchinson y Hamer.

“Una cuestión clave de la biología humana es la de si existe una predisposición genética a entrar en ciertas clases, y a representar ciertos papeles. Las circunstancias bajo las que pudiera darse esta diferenciación genética pueden concebirse con facilidad. La heredabilidad de al menos algunos parámetros de la inteligencia y de los rasgos emotivos, bastan para responder a una moderada cantidad de selección disruptiva. Dahlberg (1947) demostró que si un solo gen parece ser el responsable del éxito y auge en el status, puede concentrarse con rapidez en las clases socioeconómicamente superiores (…) a medida que las, oportunidades ambientales llegan a ser más aproximadamente iguales dentro de las sociedades, los grupos socioeconómicos se definirán cada vez más a merced a diferencias genéticamente basadas en la inteligencia”. Wilson, Edward O. “Sociobiología. La nueva síntesis”. Barcelona: Ediciones Omega 1980

            “En sentido darviniano, el organismo no vive por sí mismo. Su función primordial ni siquiera es reproducir otros organismos; reproduce genes y sirve para su transporte temporal. El organismo individual es solo un vehículo, parte de un complicado mecanismo para conservarlos y propagarlos con la mínima perturbación bioquímica”. Wilson 1980.

            “Un solo gen parece ser el responsable del éxito y auge en el status; puede concentrarse en las clases socioeconómicamente superiores”. E. Wilson 1980.

Crítica a la sociobiología

            La sociobiología es una doctrina que no explica, sino que interpreta y deforma, desde una perspectiva materialista, la conducta humana. En este sentido se puede afirmar que la sociobiología no tienen nada de científico y si mucho de ideología interesada en presentar al ser humano como un simple producto biológico. No se puede negar que el hombre es un ser natural y social, y aunque estas son dimensiones esenciales, no son las únicas, y ni siquiera son las más importantes. En el ser humano su carácter social es completamente distinto del resto de los animales y en el se descubre la intervención de la inteligencia y del espíritu. Prueba de ello es la íntima vinculación que existe en el hombre entre su carácter social, el lenguaje y la inteligencia. Un vínculo que no puede proceder de la mera animalidad sino de algo que trasciende lo biológico para ubicarse en lo espiritual.

            No cabe duda que los animales se comunican entre sí, pero esta forma de comunicación no puede denominarse lenguaje ya que estos no poseen un conocimiento cogniscivo del mundo, sino simplemente sensitivo. Por ello la comunicación entre los animales que viven socialmente es simplemente un conjunto de signos expresivos que son simples respuestas ante estímulos del ambiente. Los primates, por ejemplo, emplean un conjunto de 10 a 17 señales acústicas (alaridos, ladridos, gruñidos, gritos, suspiros, etc.) para avisar a la manada de importantes informaciones biológicas. Desde el hallazgo de comida, hasta la presencia de un peligro, son anunciadas mediante unos signos acústicos que están perfectamente codificados y que son descodificados por el resto de miembros del grupo. Este repertorio de ruidos no puede ser comparado con el lenguaje articulado del hombre. De hecho, los intentos que se han realizado para enseñar a hablar a los monos han consistido en largos y fatigosos adiestramientos que no han llevado a nada.

            “Los mayores esfuerzos por enseñar a hablar a los chimpancés jóvenes resultan siempre prácticamente estériles. El lenguaje verbal presenta un decisivo impulso hacia delante en la evolución del hombre”. J. Goodall. L’ ombra dell’uomo

            “Consta que los chimpancés, incluso después de un intenso adiestramiento lingüístico, permanecen en el nivel de comunicación del que están dotados naturalmente”. E.S. Rumbaugh y D.M. Rumbaugh ¿Do Apes use language?

            Prueba de ello es que después del adiestramiento lingüístico, los monos no transmiten ese patrimonio a su prole. Ningún antropoide amaestrado en un sistema de signos adquirido ha enseñado esta técnica a sus crías. Más aún, se comunican entre ellos únicamente mediante signos innatos a los chimpancés, sin transmitir nada de cuanto han aprendido.

            Para el antropólogo estadounidense Peter Augustine Lawler la sociobiología es una teoría que cree que el hombre es un ser natural, completamente inteligible a la luz de la teoría evolucionista (darwinista), y que por tanto no difiere esencialmente de los demás animales. Esta afirmación no es para nada científica pues no se apoya en hechos que puedan ser contrastados científicamente, sino que se sustenta en una comprensión deformada del ser humano. Wilson con su sociobiología no hace sino reducir la explicación de la naturaleza y de la conducta humana a pura biología (entendida ésta además en sentido darvinista).

            “La sociobiología es más una ideología que una ciencia, más un programa de reforma humana que una descripción de cómo son las cosas. Hay formas de reduccionismo que buscan la claridad a costa de eliminar del ser humano aspectos verdaderamente reales”. P. A. Lawler.

            Todas las sociedades humanas cambian por evolución cultural, y no como resultado de alteraciones biológicas. No existen pruebas de que el cerebro del Homo sapiens haya sufrido cambios biológicos en cuanto a su capacidad o estructura desde que apareció hace unos cincuenta mil años. Aunque la evolución biológica ha continuado a su ritmo, si lo comparamos con el de la evolución cultural, este ritmo es tan pequeño y tan lento que su influencia sobre el Homo sapiens ha sido imperceptible.

            La sociobiología es la continuadora del reduccionismo genetista propugnado por el darwinismo social de Spencer y el eugenismo de Galton. También es heredera del utilitarismo de Bentham y Stuart Mill, pero va mucho más allá al distinguir entre los bien nacidos, con su correcto genoma, y los no bien nacidos, que pueden ser manipulados, eliminados, o empleados para la investigación y el “progreso” de la ciencia.

            La sociobiología ha sido muy criticada precisamente por sus planteamientos socialdarwinistas, ya que justifica una segregación de la especie humana al pretender distinguir entre genes buenos y malos, conduciendo de esta manera a un racismo biológico.

            En la obra “No está en los genes”, Richard Lewotin, Steven Rose y Leon Kamin, fundamentan la relación entre individuo y sociedad en bases distintas de la sociobiología:

            “La sociobiología es una explicación reduccionista y determinista biológica de la existencia humana. Sus partidarios sostienen en primer lugar, que las particularidades del orden social, actual y pasado, son la manifestación inevitable de la acción específica de los genes. En segundo lugar, mantienen que los genes particulares que constituyen el fundamento de la sociedad humana han sido seleccionados durante la evolución debido a que los rasgos que determinan redundan en una mayor capacidad reproductiva en los individuos que los poseen”. “En el libro de Voltaire Cándido, el filósofo Dr. Pangloss insiste en que éste es el “mejor de los mundos posibles”. La sociobiología es Pangloss convertido en científico por mediación de Charles Darwin. Esta coincidencia de lo óptimo y lo posible es, desde hace tiempo, un argumento típico a favor del capitalismo. Quienes defienden este punto de vista aseguran que es el único modo posible de organización económica en un mundo con escasez de recursos y gente codiciosa, y a veces afirman que es la organización más eficaz de la producción y la distribución”. Lewotin, Rose y Kamin. No está en los genes.

            También Stephen Gould denuncia a la sociobiología como una teoría ideológica inhumanista.

            “El carácter único del hombre reside esencialmente en nuestro cerebro. Se expresa en la cultura construida sobre nuestra inteligencia y el poder que nos da manipular el mundo. Las sociedades humanas cambian por evolución cultural, y no como resultado de alteraciones biológicas. No tenemos pruebas de cambios biológicos en cuanto al tamaño o la estructura del cerebro desde que el Homo sapiens apareció en los registros fósiles, hace unos cincuenta mil años. (Broca estaba en lo cierto cuando afirmaba que la capacidad craneal de los hombres de Cro-Magnon era igual o superior a la nuestra). Todo lo que hemos hecho desde entonces […] es el producto de la evolución cultural. La evolución biológica (darviniana) continúa en nuestra especie; pero su ritmo, comparado con el de la evolución cultural, es tan desmesuradamente lento que su influencia en la historia del Homo sapiens ha sido muy pequeña. En el tiempo en que el gen de la anemia falciforme ha disminuido de frecuencia entre los negros norteamericanos, hemos inventado el ferrocarril, el automóvil, la radio, la televisión, la bomba atómica, el ordenador, el avión y la nave espacial”. S. Gould. La falsa medida del hombre.

La nueva moral sociobiológica 

            No se puede decir que la sociobiología sea una ciencia. Más honesto sería presentarla como una ideología más. En vez de una disciplina que busca una descripción de la naturaleza y una explicación del comportamiento humano sobre bases científicas, la sociobiología es un programa político de interpretación reductiva y de transformación del hombre. Por ello es más una doctrina que busca presentar una imagen enormemente empobrecida de la realidad humana. El mismo Wilson reconoce que la sociobiología se apoya en el mito científico de la evolución y que su propósito es reemplazar a la religión tradicionalmente entendida mediante la predicación de las tesis darvinistas. En el principio de su obra reconoce profesar una concepción del hombre que denomina materialismo evolucionista. Wilson se cree un nuevo “apóstol de la ciencia”, y dado que los “hombres tienen una necesidad íntima de creer” la sociobiología hace bien adoptando y creando determinados mitos. El sociobiólogo debe ser un inventor de mitos para así “apelar afectivamente, de un modo preciso y deliberado a las más profundas necesidades del ser humano, incluyendo lo relativo a la inmortalidad personal y al sentido de la vida”. El mito científico es, en opinión de Wilson, muy importante ya que ofrece a la gente “esperanzas ciegas” capaces, sin embargo, de poner en marcha el progreso científico liberador del hombre. Wilson quiere tomar el control de los mitos que en otros tiempos estuviera en manos de la religión, la moral y la filosofía, para elevar a la sociobiología como una nueva religión asentada sobre el dogma de que el hombre es un simple animal. En ese afán reduccionista Wilson publica en 1998 la obra “Consilience: la unidad del conocimiento” en donde propone unificar todas las ciencias experimentales y humanas bajo la sombra de la biología evolutiva. De esta manera todas las áreas del conocimiento como las ciencias sociales, la ética e incluso la religión, quedarían reducidas a meras ramas de la biología materialista evolucionista.

            “El materialismo biológico y evolutivo puede ser legítimamente asumido como una épica religiosa capaz de satisfacer la sed de religión y de trascendencia que anida en el corazón del hombre”. O. Wilson. La armonía maravillosa.

            “La ciencia quizás no es más que la prolongación sobre bases nuevas, ciertamente verificables, de lo que fue el primer intento de alcanzar el mismo resultado, es decir, la religión”. O. Wilson.

            Para Wilson “la elección de la investigación (científica) de la realidad objetiva en lugar de la revelación (religiosa) es un modo alternativo de satisfacer nuestra hambre de religión”, por ello defenderá que la evolución se convierta en una narración sagrada capaz de estimular la fantasía y de saciar la sed religiosa de los hombres. Ya es hora, dirá, de que la ética deje de estar en manos de los filósofos y empiece a ser asunto de los biólogos.

            “Sólo mediante la interpretación de los centros emotivos como una adaptación biológica, puede descifrarse el significado de los cánones (éticos, se entiende)”.

            “Un programa de ética dependiente del sexo y la edad puede impartir una eficacia biológica superior a la de un código de una sola moral que se aplique de manera uniforme a todos los grupos sexo-moral”. E. O. Wilson

Por todo ello, para Wilson, la moral es relativa y depende de la población a la que vaya dirigida, pues en cada una de ellas existe una carga genética distinta.

            De todo esto se puede concluir que el racismo, sexismo y clasismo… no son consecuencias que se deriven de las tesis sociobiológicas, sino que son en sí las propias tesis de su programa de determinismo biológico.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] E. O. Wilson. Human decency is animal. New York Times Magazine, 12 (octubre de 1975), pág.38-50
[2] E. O. Wilson, Sociobiology: The New Synthesis, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1975, p. 554.
[3] La psicología evolutiva de Steven Pinker, se encarga del estudio de la evolución del comportamiento humano y ha sustituido a la sociobiología basándose en sus premisas. Esta disciplina sitúa al hombre en el mundo animal, sosteniendo que la mente de los primates, incluido el hombre, posee mecanismos funcionales que se han desarrollado mediante selección natural por ser útiles para su supervivencia y reproducción. Es por tanto una forma de explicar la psicología humana en función de su pasado evolutivo sujeto a las leyes del darwinismo.
[4] E. O. Wilson, Sociobiology: The New Synthesis, Harvard University Press, Cambridge, Mass., 1975, p. 575.
[5] Richard Herrnstein. IQ in the meritocracy, Little, Brown, Boston, 1973, pág. 221
[6] E. O. Wilson, Human Decency is animal, New York Times Magazine (12-10-1975).
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