19.4. La curva de la campana

            En la actualidad se da un nuevo racismo, disfrazado de elitismo, sustentado por numerosas universidades de gran prestigio en Europa y Estados Unidos como Harvard, Yale, etc. El psicólogo de Harvard, Arthur Jensen publicó en 1969 un artículo científico (How much can we boost IQ and scholastic achievement? Harvard educational review, 1969), en el que sostenía que la diferencia entre los niveles de CI de los blancos y negros es de origen genético. Llegó incluso a afirmar que algunas razas estaban hechas sólo para cortar madera o cargar agua.

            Richard Herrnstein, también de Harvard sostiene que la inferioridad genética no sólo se haya entre los negros, sino además en las clases obreras (IQ in the meritocracy, 1971). Estas tesis sirvieron para que el político y abogado Daniel P. Moyniham, impulsara la campaña de “desatención benigna” de los pobres en el sistema educativo.

            Las tesis del psicólogo Hans Jürgen Eysenck, expuestas en las obras Raza, inteligencia y educación (1971) y La desigualdad del hombre (1973), han servido para legitimar las campañas contra la inmigración de asiáticos y negros a Gran Bretaña. Ya en los años 60, los neurocirujanos estadounidenses Mark y Ervin recomendaron la cirugía cerebral y el tratamiento con drogas para los manifestantes negros contrarios al sistema.

            El criminólogo C. Ray Jeffery escribía en 1971 la obra “Prevención del delito a través del diseño ambiental (CPTED)” donde declaraba lo siguiente: “la ciencia nos debe decir qué individuos se convertirán o no en criminales, qué inidviduos serán o no víctimas y qué estrategias deberemos aplicar en este tema”. El psiquiatra Stuart C. Yudofsky suscribe el entusiasmo de Jeffery con la siguiente afirmación: “ahora estamos a las puertas de una revolución en la medicina genética. En el futuro la genética comprnderá los desórdenes agresivos e identificará aquellas tendencias que se convierten en violentas”.

            Se denomina Criptoracismo a una forma de racismo que se niega a sí misma como tal. Un ejemplo lo tenemos en los autores de “The Bell Curve”. En 1994 Charles Murray y Richard Herrnstein publican un trabajo en la línea neoracista titulado The Bell Curve. Intelligence and Class Structure in American Life (La curva de campana: inteligencia y estructura de clase en la vida americana). En el libro se comparan las distribuciones de aptitudes sociales o intelectuales entre poblaciones de distintas razas. Se dice que los afroamericanos y los hispanos tienen peores resultados que los blancos en los tests de inteligencia, lo cual demuestra que son “genéticamente discapacitados”, y por lo tanto no pueden hacer frente a las demandas de la sociedad moderna. Con esta obra se resucitaba la idea de Galton de que la herencia explicaba el abismo entre el coeficiente intelectual entre blancos y negros de los Estados Unidos.

            “La obra… “sostiene que la población afroamericana es genéticamente inferior a la población blanca en capacidades intelectuales. Afirma también que el cociente intelectual, supuestamente transmitido por los genes, sería el factor determinante del éxito social y de otras capacidades como la de relacionarse con la pareja, con los hijos o con los conciudadanos. Un cociente intelectual bajo aumentaría según este autor la propensión al crimen y, por consiguiente, la probabilidad de acabar en prisión. Es decir, uno no se convertiría en criminal a causa de privaciones materiales sino a causa de carencias mentales y morales”. Raquel Bello Morales. La trampa determinista.

            Para intentar demostrar estas premisas presentaron como prueba la abundancia de minorías étnicas en las cárceles debido, en su opinión, a su bajo cociente intelectual. Por todo ello concluían que “el Estado debe abstenerse de intervenir en la vida social para tratar de reducir desigualdades fundadas en la naturaleza o correría el riesgo de empeorar los males que trata de aliviar”.

            “La excesiva generosidad de las políticas de ayuda a los pobres puede ser responsable del aumento de la pobreza en Estados Unidos. Esta política recompensa la inactividad y conduce a la degeneración moral de las clases populares, sobre todo a las uniones “ilegítimas” que son la causa última de todos los males de las sociedades modernas, incluyendo la “violencia urbana”. Charles Murray. 1984 Perdiendo terreno: la política social americana.

            En opinión de Murray y Herrnstein, los norteamericanos se están volviendo más estúpidos en cada generación, proponiendo que se ha de realizar una reproducción selectiva para evitar que lleguen a existir estos “residuos” humanos.

            El libro fue, años después, brillantemente refutado por Stephen Gould en su obra La falsa medida del hombre. No obstante la obra de Murray sirvió para que grandes grupos económicos retiraran sus aportes para la educación escudados en la aseveración de que “si estos grupos tienen un techo biológico de crecimiento intelectual: ¿para qué vamos a seguir aportando?”.

            Uno de los personajes implicados en la cuestión fue el multimillonario Anthony Fisher, que fue precisamente quien encargó a Murray y a Herrnstein la elaboración de “La curva de Bell”. Fisher pionero en la creación de los think tanks o laboratorios de ideas, fundó en 1955 el Institute of Economic Affairs en Londres y en 1977 el Internacional Center for Economic Policy Studies (ICEPS) en Nueva York, que luego pasaría a llamarse Instituto Manhattan, y que sirvió para dar soporte ideológico a las políticas sociales neoconservadoras de Ronald Reagan.

            Fisher explicaba que la miseria en los Estados Unidos se encuentra en “la anarquía familiar entre los pobres concentrados en la inner city” favorecida por las ayudas sociales cuyos efectos no son otros que “pervertir el deseo de trabajar, minar la familia patriarcal y erosionar el fervor religioso, que son los tres resortes de la prosperidad”. También llego a decir que los negros “llevan una vida desenfrenada en espera de la marea verde de cheques gubernamentales”, o que la liberación de la mujer conduce al fin de la raza humana ya que todo hombre que no se case se ve esencialmente desestructurado.

Menos afortunadas han sido las declaraciones del premio Nóbel y declarado eugenista James Watson en The Sunday times, donde afirma que en unos pocos años se conocerán las bases genéticas de la inteligencia, y se comprobará que la “raza” negra, tiene menos genes capaces de generar alta inteligencia.

“No existe razón firme para avanzar que hayan evolucionado de manera idéntica las capacidades intelectuales de personas separadas geográficamente en su evolución. Para ello no bastará nuestro deseo de atribuir capacidades de raciocinio iguales, como si fueran una herencia universal de la humanidad”. James Watson

Más aún, augura que las políticas de ayuda a África serán un fracaso porque están basadas en la presunción de que los negros son igual de inteligentes que los blancos, y eso no es así: “Todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra cuando en realidad todas las pruebas señalan lo contrario”. Y añadió que le gustaría que todos fuéramos iguales “pero la gente que ha tenido que emplear negros sabe que no es verdad… Hay mucha gente de color con mucho talento, pero no les asciendas si no han conseguido triunfar a bajo nivel”.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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