19.5. Richard Dawkins y la falacia del Gen Egoísta

            Fiel seguidor de la visión reduccionista y materialista de la sociobiología wilsoniana es el zoólogo británico Richard Dawkins (1941-). Para Dawkins el ser humano no es sino una máquina para la supervivencia. Algo así como un robot preparado para la conservación de esas partículas egoístas llamadas genes.

            En 1976 publica el más famoso y controvertido de sus libros, el titulado “El gen egoísta”, en el que presenta la evolución desde el punto de vista de los genes. Las teorías evolutivas clásicas presentaban hasta entonces a la evolución como la selección de los más aptos, sin embargo para Dawkins, la selección natural no es otra cosa que el proceso de supervivencia del ADN, cuya única finalidad es reproducirse a sí mismo.

            “El gen es una unidad que sobrevive a través de un gran número de cuerpos sucesivos e individuales” Richard Dawkins.

            Un organismo no es más que un soporte provisional para el gen. El ser humano, en manos de Dawkins se convierte en “una máquina de supervivencia, como un vehículo autómata programado a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes”.

            Por todo ello, el comportamiento humano es naturalmente egoísta, ya que su fin último es la preservación de los genes en la siguiente generación:

“El planteamiento del presente libro es que nosotros, al igual que todos los demás animales, somos máquinas creadas por nuestros genes. De la misma manera que los prósperos gánsters de Chicago, nuestros genes han sobrevivido, en algunos casos durante millones de años, en un mundo altamente competitivo. Esto nos autoriza a suponer ciertas cualidades en nuestros genes. Argumentaré que una cualidad predominante que podemos esperar que se encuentre en un gen próspero será el egoísmo despiadado. Esta cualidad egoísta del gen dará normalmente, origen al egoísmo en el comportamiento humano. Sin embargo, como podemos apreciar, hay circunstancias especiales en las cuales los genes pueden alcanzar mejor sus objetivos egoístas fomentando una forma limitada de altruismo a nivel de los animales individuales”.

            “El individuo es una máquina egoísta, programada para realizar cualquier cosa que sea mejor para sus genes considerados en su conjunto”. Richard Dawkins. El gen egoísta.

            Según Dawkins, cuando hablamos de altruismo, en realidad estamos hablando de una estrategia egoísta del individuo que busca, en última instancia, la preservación de los propios genes defendiendo la preservación de los progenitores.

            “… por mucho que deseemos creer de otra manera, el amor universal y el bienestar de las especies consideradas en su conjunto son conceptos que, simplemente, carecen de sentido en cuanto a la evolución”.

            Un ejemplo de esta perspectiva lo tenemos en su visión de la mujer, quien para Dawkins no es sino “una máquina programada para que haga todo lo que está en su poder para propagar copias de los genes que lleva en su interior”. Más aún, el varón eficaz será el que mejor oculte sus intenciones de infidelidad a la mujer. Así, esta engendrará y cuidará la prole, una vez que haya sido fecundada, dejando “libre” al “macho” para que pueda dedicarse a otras “tareas evolutivas”.

            “Una hembra que juegue la estrategia de la felicidad doméstica, que simplemente examine a los machos y trate de reconocer en ellos las cualidades de fidelidad por adelantado, se arriesga a sufrir una decepción. Cualquier macho que finja ser un buen ejemplar doméstico y leal, pero que en realidad esté ocultando una fuerte tendencia hacia la deserción y la infidelidad, podría tener una gran ventaja. Mientras sus ex esposas abandonadas tengan alguna posibilidad de criar algunos de sus hijos, el galanteador se encuentra en situación de transmitir más de sus genes que un macho rival que sea un marido honesto y un buen padre. Los genes para un engaño eficaz por parte de los macgos tenderán a ser favorecidos en el pozo de genes”. Richard Dawkins.

Quizás este texto permita justificar la turbia vida de Dawkins quien llegó a casarse hasta tres veces. Posiblemente estaría buscando una hembra, fácil de engañar, que cumpliera sus expectativas evolutivas.

El “gen egoísta” es usado como libro de texto en los cursos universitarios estadounidenses sobre evolución. En el se sostiene la inconveniencia de permitir reproducirse a las clases pobres:

            “Los individuos que tienen más hijos de los que son capaces de criar son, en la mayoría de los casos, probablemente demasiado ignorantes como para ser acusados de explotación malévola consciente. Menos libres de sospecha me parecen las poderosas instituciones y los líderes que deliberadamente los animan a hacerlo”. R. Dawkins

            La sociobiología pretende presentar al hombre como una cruel máquina de matar. Así por ejemplo lo expone Ardrey en su libro “La evolución del hombre: la hipótesis del cazador” (1976). También Dawkins dogmatiza en este aspecto sentenciando que la vida social humana no es otra cosa que una feroz y despiadada lucha por la existencia.

            “Mi propia creencia es que una sociedad humana basada simplemente en la ley de los genes, de un egoísmo cruel universal, sería una sociedad muy desagradable en la cual vivir. Pero, desgraciadamente, no importa cuánto deploremos algo, no por ello deja de ser verdad… si el lector desea, tanto como yo, construir una sociedad en la cual los individuos cooperen generosamente y con altruismo al bien común, poca ayuda se puede esperar de la naturaleza biológica”. Richard Dawkins.

            En cierta manera, lo que Dawkins esta defendiendo en este texto es la dictadura como única forma de acuerdo social entre los humanos. De esta manera se convierte en heredero de las ideas que plantearon en su momento Hobbes o los darvinistas sociales del s. XIX.

            El genetista Steve Jones advierte del peligro de justificar los actos criminales en base a una obediencia ciega de carácter biológico.

            “Algunos tienen la esperanza de colocar la genética en la brecha, de leer el libro de la vida al nacer; no después de morir. Hacerlo es poner en peligro el proceso de justicia y negar a todos, buenos y malos, la libre voluntad. No puede haber una excusa universal para la mala conducta. Si a algunos se les disculpa debido a sus genes, entonces otros con una constitución diferente se vuelven relativamente más culpables. La predisposición es una espada de doble filo. Si la mayoría de los delincuentes infringen las normas a causa de los genes que portan, el ámbito de los atenuantes se hace tan exhaustivo que pierde su significado. Para que la ley sobreviva debe ignorar la defensa del pecado original, la flaqueza herditaria, del mismo modo que ignora la pobreza, congénita o no. La sociedad no es un producto de genes sino de personas, y lo que hacen debe ser juzgado por la ley y no por la ciencia”. Steve Jones. En la sangre. Dios, los genes y el destino. 1998

Los doctores A. Woods y T. Grant critican duramente el reduccionismo de Dawkins:

“Los métodos de Dawkins le llevan a hundirse en el pantano del idealismo cuando intenta argumentar que la cultura humana se puede reducir a unidades que él llama mimes, que aparentemente, al igual que los genes, su autor rpreoduce y compiten por la supervivencia. Esto es claramente incorrecto. La cultura humana se transmite de generación en generación no a través de mimes, sino a través de la educación en su sentido más amplio. No se hereda biológicamente, sino que se tiene que reemprender cuidadosamente y desarrollar en cada generación. La diversidad cultural no está vinculada a los genes, sino a la historia social. El punto de vista de Dawkins es esencialmente reduccionista”. A. Woods y T. Grant. Razón y revolución. Madrid 1995.

Reduccionismo biológico y ateismo militante

Richard Dawkins se declara ateo militante. El mismo confiesa que a edad temprana tomó la resolución de dedicar su vida entera a destruir todo vestigio de fe religiosa. Para él la religión no es solamente una mentira: más que “opio” es “veneno” para el pueblo. En su opinión, cuanto más dure la religión más se retrasa la llegada de una humanidad razonable, capaz de guiarse por los principios de la sensatez, la cordura y la investigación seria: tal es el evangelio de este fervoroso misionero del ateísmo. Sus libros, conferencias y entrevistas destilan este mensaje una y otra vez con fuerza y contundencia.

En esta línea niega cualquier carácter trascendente y teleológico a la naturaleza humana, y por ello afirma que no hay diferencias cualitativas entre el ser humano y el resto de los seres vivos.

“Nosotros somos máquinas de supervivencia, pero “nosotros” no implica solamente a las personas. Abarca a todos los animales, plantas, bacterias y virus. Es muy difícil determinar el número total de máquinas de supervivencia sobre la Tierra y hasta el número total de las especies es desconocido. (…) Los diferentes tipos de máquinas de supervivencia presentan una apariencia muy variada tanto en el aspecto exterior como en sus órganos internos. (…) [Sin embargo], todos somos máquinas de supervivencia para el mismo tipo de reproductor, las moléculas denominadas ADN. Hay muchas maneras de prosperar en el mundo y los reproductores han construido una vasta gama de máquinas para prosperar explotándolas”.

Pero en su animalización del ser humano va más lejos. Dawkins llega a afirmar (como ya hiciera Peter Singer en su libro “Liberación animal” 1975), que algunos animales tienen mayor prioridad en dignidad y derechos que ciertos humanos, en lo que denomina la “capacidad de sentir”.

“El sentimiento de que los miembros de nuestra especie merecen una consideración moral especial en comparación con los miembros de otras especies, es antiguo y se encuentra profundamente arraigado. El hecho de matar personas, excepto en la guerra, es un crimen juzgado con mayor severidad entre los cometidos comúnmente. (…) Un feto humano, sin más sentimientos humanos que una ameba, goza de una reverencia y protección legal que excede en gran medida a la que se le concede a un chimpancé adulto. Sin embargo, el chimpancé siente y piensa y, según evidencia experimental reciente, puede ser aún capaz de aprender una forma de lenguaje humano. El feto pertenece a nuestra propia especie y se le otorgan instantáneamente privilegios y derechos especiales debido a este factor”. Richard Dawkins

            Es justamente en estos aspectos bioéticos donde Dawkins realiza su mayor ataque al cristianismo y a las religiones ya que en su opinión, con su defensa “trasnochada” del ser humano, anulan la capacidad selectiva de la “naturaleza”. Para Dawkins los que no están bien constituidos genéticamente han de ser eliminados, en cuanto que están llamados a desaparecer según las leyes de la evolución, ya que sus genes no son los más fuertes. Entre los seres que han de ser preservados, evidentemente estarían él y los que como él piensen “atea y científica”.

            “Todo lo que necesitamos creer es que aquellos individuos cuyos genes fabricaron cerebros de tal forma que tienden a juzgar correctamente tendrán, como resultado de ello, mayores posibilidades de sobrevivir y, por tanto, de propagar aquellos mismos genes”. R. Dawkins

De esta manera Dawkins levanta la bandera de un nuevo suprematismo ateo-biológico, donde los seres superiores son los que están libres de juicios religiosos.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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