19.6. El nuevo racismo cultural

            En 1981 Martin Barker publica el libro The New Racism donde defiende un nuevo racismo que base la legitimación del discurso racista, ya no en la inferioridad biológica sino en la diferencia cultural. La argumentación neo-racista no se basaría tanto en la jerarquía sino en la diferencia. Diferencias por otra parte culturales, como la lengua, la religión, las tradiciones o las costumbres. Este nuevo racismo advierte del peligro que la diferencia de ciertos grupos supondría para la identidad del grupo dominante. Para Barker es un “hecho natural” que los humanos se agrupen en comunidades delimitadas, cerradas y mutuamente excluyentes, las cuales tienen clara conciencia de sus diferencias con el resto. Con esto no se quiere decir que unas culturas sean superiores o inferiores respecto a las demás, sino que son simplemente diferentes, pero que la mezcla entre ellas conduce a la destrucción de la homogeneidad cultural y por lo tanto se convierte en un factor destructivo de la nación. Este fenómeno se observa sobre todo en las grandes ciudades “invadidas” por poblaciones foráneas. Es por esto que este neoracismo ha aparecido en países como Gran Bretaña y Francia que han visto “amenazada su identidad” por la inmigración.

            El político inglés Enoch Powell, en un discurso en Eastbourne en 1968, pretendió dar la voz de alarma sobre la inmigración descontrolada que estaba sucediendo en Gran Bretaña. Para él la llegada de inmigrantes no-europeos causaría en el futuro enormes problemas sociales y de orden público. Su discurso es conocido como “rivers of blood” (ríos de sangre).

            “Un antillano o un asiático no se convirtió en inglés por el hecho de nacer en Inglaterra. Es un ciudadano británico ante la ley, por su nacimiento, pero en realidad sigue siendo un antillano o un asiático”. Enoch Powell. 1968.

            En Francia, Pierre-André Taguieff, publica en 1988 el libro La Force du préjugé, donde insiste en el racismo diferenciado. Esta obra ha servido de alimento ideológico al partido de extrema derecha Frente Nacional. Taguieff se cuida bien de utilizar un discurso biologista, fácilmente identificable y socialmente desprestigiado. Para ello defenderá un multiculturalismo basado en dos ideas: “la defensa de las identidades culturales, y el elogio de la diferencia tanto individual como intercomunitaria, traducido en derecho a la diferencia” (Taguieff, 1992: 1995: 167). Estas líneas de pensamiento han sido secundadas por publicaciones del GRECE (Groupement de Recherche et d´Etudes pour la Civilisation Européenne) y del Club de l´Horloge (Club del Reloj). Los promotores del multiculturalismo esconden una forma velada de racismo que consiste en preservar las antiguas costumbres de los pueblos no occidentales, como una forma de reivindicarlos frente a los abusos de los poderes coloniales pasados. De esta manera pretenden mantener una serie de “reservas culturales” por el mundo asumiendo que los rasgos biológicos han de tener una correspondencia con los conductuales, y que las características culturales se heredan biológicamente.

            El dirigente del Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen aprovecha la propia argumentación antirracista, según la cual las únicas diferencias entre seres humanos son culturales y no biológicas, junto con la idea de que cada identidad cultural ha de ser conservada y no puede ser criticada porque todos los criterios culturales son igualmente válidos. El partido de Le Pen elude así las acusaciones de racismo porque en su programa no hace ninguna referencia a los caracteres biológicos de aquellos grupos que hay que expulsar de Francia. El discurso político de este partido se apoya en la supuesta irreductibilidad de las diferencias culturales, causa, según ellos, de conflictos entre “nacionales” y “extranjeros”.

            El principal inspirador de esta estrategia neorracista es Alain de Benoist. Él no se define como racista, sino como raciófilo: ama a todas las razas y, para que se conserven puras y genuinas, lo mejor es que no se mezclen. En su opinión, la mejor manera de que cada raza mantenga su identidad, sería favorecer “no la supresión de esas diferencias, sino el hacerlas coexistir en un conjunto armonioso y satisfactorio para todos” (Benoist, 1979:1982:116).

            En los Estados Unidos surgió en los años 70 lo que se denominó racismo simbólico, en respuesta a la decadencia del racismo clásico. El sociólogo Michel Wieviorka denuncia lo que supone este nuevo racismo simbólico:

            “Desde esta perspectiva lo que se evoca, por parte de los racistas, no es ya su inferioridad biológica, física e intelectual, sino el hecho de que, al satisfacerse con las facilidades que brinda la ayuda social o dejando que sus familias se descompongan, estarían avasallando los valores culturales y morales de la nación, empezando por el trabajo y el sentido de la responsabilidad individual y del esfuerzo”. Michel Wieviorka. El racismo: una introducción.

            Autores como Étienne Balibar o Emmanuel Wallerstein (1898) se han unido a este paso del racismo clásico o científico a un racismo “nuevo”, “cultural”, diferencialista” y “simbólico”. Un neorracismo en el que el otro es percibido como el que no tiene ningún lugar en la sociedad de los racistas pues se le niegan sus valores y su ser cultural.

            Debajo de esta “multiculturalidad” existe una falacia similar a la que existe detrás de la “multirracialidad” que abogaban los racistas del s. XIX. Partiendo de una “igualdad de todas las razas” se remarca que las “culturas son diferentes”. Ahora bien hay dos errores en esta afirmación. Primeramente se presupone que las culturas son objetos con límites y propiedades nítidos. Y segundo: se parte de que las culturas son puras y genuinas.

Es evidente que aspectos como la religión, la mitología, la gastronomía, el folklore, la familia, etc., no son marcadores especiales que puedan ser asignados a una cultura u otra.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
Anuncios
Esta entrada fue publicada en Racismo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.