19.7. El Nuevo Orden neorracista

Con la denominación de Nuevo Orden se reconocen una serie de grupos de presión políticos cuya pretensión es instaurar una organización político-racial de dimensiones planetarias semejante a la que buscaba el nacionalsocialismo de Hitler en la Alemania de los años 30.

Su programa aparece reflejado en la Declaración de Zurich (1951) y en el texto “Nosotros los racistas” (1976) de Gaston Armand Amaudruz. Aunque ellos mismos se niegan como antisemitas y violentos, la lectura de sus propuestas está impregnada de odio, desprecio y rencor, recordando mucho al Mein Kampf que encendió el holocausto nazi.

Su punto de partida es la decadencia de occidente, denunciando como causas de este mal a la civilización, el progreso y la democracia.

“Sabemos que el mundo moderno está enfermo. Su enfermedad se llama civilización, progreso, democracia, sin advertir que sus únicos progresos se hacen en dirección a la tumba”.

El Nuevo Orden neoracista hace un llamado a la élite biológica para combatir la decadencia. Su pensamiento se apoya en los textos del francés René Bidet (Téorie du Racisme, 1950), los alemanes Friedrich Ritter (Das offenbarte Leben), Jürgen Rieger (Rasse, ein problem auch für une, 1969) y el esoterista italiana Julius Evola.

En la obra Das offenbarte Leben de Friedrich Ritter, el autor presenta multitud de ejemplos del mundo animal, principalmente de la parasitología, en la que este botánico alemán, cree ver manifestada la ascensión y decadencia biológica.

Para Ritter detener el proceso de selección natural no hace sino acumular el desecho humano, que va impregnando a la sociedad hasta llegar a los puestos de gobierno político, para crear leyes que permitan perpetuarse. En cambio, en los animales superiores se da el sacrificio individual, con el propósito de proteger lo mejor de cada especie.

Se niega así la hermandad entre los hombres, acudiendo a una falsa fraternidad ecologista en simbiosis con el mundo natural de los animales y las plantas. Hermanarse con los negros y judíos sería como hermanarse con otras especies biológicas de la Tierra como el oso o las margaritas.

“Los hombres son todos hermanos nos dicen. Nosotros decimos más: somos no solamente hermanos de las otras ramas, sino también hermanos del animal y hermanos de la planta… Cada especie, cada raza, es una manifestación de la vida, y no tenemos el derecho de suprimir ni una sola, aun la más modesta, con el pretexto de nuestra fuerza momentánea… Como una raza entre otras, tenemos el deber de ampliar nuestras cualidades. No nos pertenecemos: somos un mensaje de la vida”. Amaudruz. Nosotros los racistas. 1976

En esta nueva ecología racial, es importante distinguir entre la raza pura y el desecho biológico. Este desecho estaría constituido por ese tipo de indeseables que el nazismo esterilizaba, dejaba morir en sus hospitales por eutanasia, o simplemente exterminaba en los campos de concentración…

“Cada raza tipo comprende cierto número de degenerados que hacen el papel de parásitos: el desecho biológico no forma parte de la comunidad racial: es su adversario más peligroso. El desecho biológico se subdivide en dos partes: la espuma y la hez.

La espuma comprende a los degenerados provistos de una alta inteligencia entre los cuales se reclutan los tecnócratas plutocráticos o comunistas. En ellos, la inteligencia constructiva deja el lugar a la astucia destructiva. La hez comprende a los degenerados menos dotados que constituyen los asociales y los criminales”. Amaudruz

La declaración de Zurich

            En 1951 cinco personas fundan la asociación Nuevo Orden Europeo con la Declaración de Zurich en la que proclaman su determinismo biológico racial:

“Los caracteres del alma, del espíritu y del cuerpo, están determinados de modo preponderante por la herencia. Eso significa que, para una colectividad dada, ellos dependen de la raza…

Proclamamos la necesidad de un racismo europeo que apunte hacia las metas siguientes: a) los casamientos entre europeos y no europeos serían sometidos a una reglamentación, b) medidas médicas científicamente fundadas, mejorarán las cualidades hereditarias de nuestros pueblos”.

            A partir de entonces el Nuevo Orden Europeo se ha ido reuniendo regularmente (París, Hannover, Lausana, Milán,…) hasta crear el Manifiesto socialracista. Este documento expone en su prólogo los ejes directrices de la política racial que defienden:

  • El error moderno por excelencia es creer en la igualdad de las razas.
  • Los hombres nacen y permanecen diferentes, desiguales en dignidad, en posibilidades y en virtudes, y sujetos a las servidumbres naturales. La jerarquía de los hombres es una evidencia y una necesidad.
  • Las razas mismas provienen de la lucha. Se mantienen con la lucha. Se elevan por medio de la lucha.
  • En las razas… lo que reduce las unas a morir de hambre fortifica a las otras para empresas más duras.
  • El peor error político y social es creer y hacer creer, por un lado, que todos los hombres son razonables y buenos, iguales e intercambiables, aptos, por lo tanto para gobernarse a sí mismos, según su fantasía, y por otro lado, imaginarse que la educación lleva infaliblemente a todos los hombres a un estado angélico y a la armonía mundial.
  • La competencia biológica debe asegurar la victoria final de los más dotados… Favorecer el caos racial es un crimen, oponerse a él es el acto más humanitario que se puede realizar.
  • El Estado racista deberá poner la raza en el centro de la vida de la comunidad, proclamar que el niño es el bien más precioso, que sólo el individuo sano debe procrear, pero que comete una falta al negarse a hacerlo.

La “Nueva Europa” construida sobre estos planteamientos estaría formada por una confederación de las naciones arias, constituyendo una “Europa” cuyas fronteras “desbordarían las actuales de la Europa geográfica”.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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