2.3. La primera Declaración de los Derechos Humanos.

            En España surgieron en el s. XVI grandes juristas teológicos que trabajaron de forma sistemática y continuada sobre los derechos de los indios. Entre estos pensadores debemos destacar a los padres dominicos Francisco de Vitoria (1483-1546), Domingo de Soto (1494-1560) y al jesuita Francisco Suárez (1546-1617).

            Francisco de Vitoria fue profesor de la Universidad Pontificia de Salamanca, lugar donde realizó sus famosas reelecciones. Estas consistían en una serie de conferencias de contenido teológico-jurídico en las que expuso de manera sistemática temas del derecho internacional: Sobre el poder civil (1528), Sobre el poder de la Iglesia (1532 y 1533), Sobre el poder del papa y del concilio (1534), Sobre las Indias y Sobre el derecho de la guerra (1539).

23 francisco de vitoria

            Con el apoyo de otros juristas teólogos de la “Escuela de Salamanca”, Vitoria “defendió la doctrina de que todos los hombres son libres, y sobre la base de esta libertad natural proclamaron su derecho a la vida, a la cultura y a la propiedad” (Carl Watner). Vitoria respaldó sus asertos usando tanto argumentos racionales, como extraidos de las Escrituras y “así proporcionó al mundo la primera obra maestra del derecho de las naciones tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra”. James Brown Scout.

            Vitoria asume dos principios importantes, ya formulados por Sto. Tomás de Aquino: primero que la ley divina, que procede de la gracia, no anula ninguna ley humana, que procede de la razón natural; y segundo que ninguna cosa natural para el hombre puede serle arrebatada u otorgada basándose en la consideración de sus pecados.

            En 1939 fray Bartolomé de las Casas (1484-1566) realizó una reclamación en su Brevísima relación de la destrucción de las Indias, dirigida al principe Felipe (futuro rey Felipe II), entonces encargado de los asuntos de Indias. El propósito de Las Casas era abolir las encomiendas pues consideraba que se estaba degradando a los indios forzándoles a abandonar su medio natural, al tiempo que la introducción del dinero rompía sus estructuras sociales y comunales.

            Por todo ello el rey Carlos V convocó a una junta de juristas a fin de resolver la controversia. Las ideas de Francisco de Vitoria fueron escuchadas y bien aceptadas en las Cortes, y en 1542 se promulgaron las Leyes Nuevas de Indias, que ponían a los indios bajo la protección de la corona. En estas leyes se recordaba la prohibición de esclavizar a los indios y se impedía que las encomiendas se perpetuaran por herencia. Las principales resoluciones que se establecieron son las siguientes:

  • Cuidar la conservación y gobierno y buen trato de los indios.
  • Que no hubiera causa para hacer esclavos, ni por guerra, ni por rebeldía, ni por rescate, ni de otra manera alguna. Que los esclavos existentes fueran puestos en libertad, si no se mostraba el pleno derecho jurídico a mantenerlos en ese estado.
  • Que se acabara la costumbre de hacer que los indios sirvieran de cargadores, sin su propia voluntad, y que recibieran la debida retribución por su trabajo.
  • Que no fueran llevados a regiones remotas con el pretexto de la pesca de perlas.
  • Que los oficiales reales, del virrey para abajo, no tuvieran derecho a la encomienda de indios, lo mismo que las órdenes religiosas, hospitales, obras comunales o cofradías.
  • Que el repartimiento dado a los primeros conquistadores cesara totalmente a la muerte de ellos y los indios fueran puestos bajo la real Corona, sin que nadie pudiera heredar su tenencia y dominio.

Pero la promulgación de las Leyes Nuevas provocó una sublevación de los colonos del Perú. En la corte española saltó la alarma y Carlos V fue convencido de que eliminar la encomienda significaría arruinar económicamente la colonización, así que en octubre de 1545, se suprime el capítulo donde se prohibía la encomienda hereditaria.

En 1551 se celebra la célebre Junta de Valladolid donde se enfrentaron las posiciones de Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda. Este último defendía el derecho de guerra, la licitud del castigo armado a los idólatras, y que había quienes nacían “esclavos y siervos por naturaleza”. Ante los argumentos que Sepúlveda exponía se presentaron los argumentos de Francisco de Vitoria que fueron los que al final prevalecieron en la Junta. Fruto de este debate se publicaron las Nuevas Leyes de Indias, por las que cesaron las guerras de conquista, sustituidas por las armas de la persuasión y la predicación evangélica, y así la empresa colonial española en Filipinas, se realizó bajo los principios de justicia y dignidad humana dictados por el padre Vitoria, y recogidos por la Real Audiencia de Méjico y por las Ordenanzas de 1573 promulgadas por Felipe II y ratificadas el 8 de febrero de 1588.

“Prohibimos y defendemos a los Caciques y Principales tener, vender o trocar por esclavos a los indios que les estuviesen sujetos, y asimismo a los españoles podérselos comprar, ni rescatar, y el que contraviniere, incurra en las penas establecidas por la ley antecedente, quedando libres los indios, que así fuesen tenidos, vendidos o cambiados”.

Para Francisco de Vitoria la dignidad de la persona tiene un puesto central. El hombre es una persona racional, libre, moral, responsable de sus acciones, con un alma inmortal llamada a la finalidad trascendente del encuentro con Dios, donde hallará su perfección plena. De ese valor y realidad que es el ser humano se deriva el amplio cortejo de sus derechos y deberes, como individuo y como ciudadano. Nadie es esclavo por naturaleza. Puesto que los indios son hombres lo mismo que los españoles, se les han de atribuir sin más discusión todos los derechos individuales, sociales y políticos inherentes al hecho de ser persona: libertad, propiedad, constituir Estados libres bajo sus legítimos señores, de los que no es lícito desposeerles sin haber mediado injuria grave que pudiera justificar la intervención armada.

De los diferentes escritos de Francisco de Vitoria se pueden entresacar los siguientes derechos humanos de derecho iusnatural.

  1. Los hombres no nacen esclavos sino libres.
  2. Por derecho natural nadie es superior a los otros.
  3. El niño no existe por razón de otros, sino por razón de sí mismo.
  4. Es mejor renunciar al propio derecho que violentar el ajeno.
  5. Es lícita al hombre la propiedad privada, pero el propietario debe a veces compartir sus cosas… y en extrema necesidad, todas las cosas son comunes.
  6. Los dementes perpetuos que ni tienen, ni hay esperenza que tengan uso de razón, pueden ser dueños… tienen derechos.
  7. Al condenado a muerte le es lícito huir, porque la libertad se equipara a la vida.
  8. Si el juez, no guardando el orden del derecho, obtuviese a fuerza de tormentos la confesión del reo, no podrá condenarlo, porque obrando así no es juez.
  9. No se puede dar muerte a una persona que no ha sido juzgada y condenada.
  10. Toda nación tiene derecho a gobernarse a sí misma y puede aceptar el régimen político que quiera, aún cuando no sea el mejor.
  11. Todo el poder del rey viene de la nación, porque ésta es libre desde el principio.
  12. El orbe entero, que en cierta manera constituye una república, tiene poder de dar leyes justas y convenientes a toda la humanidad.
  13. Ninguna guerra es justa si consta que se sostiene con mayor mal que bien y utilidad de la nación, por más titulos y razones que haya para uan guerra justa.
  14. Si al súbdito le consta la injusticia de la guerra, no puede ir a ella, ni aún por mandato del príncipe.
  15. No es el hombre lobo para el hombre, sino hombre.

23 josé de acostaGran importancia antropológica tuvieron las ideas del jesuita y naturalista español José de Acosta (1540-1600), quien después de conocer las misiones americanas publicó la famosa obra Historia natural y moral de las Indias (1590). La obra recoge la geografía física de América, los minerales, la flora, la fauna… Incluye estudios sobre las variaciones de la declinación magnética, las mareas, los vientos alisios, las corrientes marinas, las interrelaciones entre los volcanes y los terremotos… etc. También describía las costumbres, ritos y creencias de los indios de México y Perú. La obra enseguida fue traducida a varioa sidiomas: italiano (1596), francés (1597), holandés (1598), alemán (1601), latín (1602) e inglés (1604), provocando un impacto en el mundo científico considerable. Los científicos europeos le definieron como “Plinio del Nuevo Mundo”.

Sus observaciones fisiológicas sobre la población andina, habituada a vivir a más de 4000 metros de altitud, le han valido que algunos científicos modernos le consideren el precursor de la medicina astronáutica. El mismo José de Acosta postuló que la fauna americana podría ser una evolución de la europea fundamentándolo en diversas observaciones que Darwin redescubriría tres siglos después.

Pero la mayor aportación antropológica de Acosta está en la cuestión del origen de los hombres americanos. Fiel a la concepción cristiana del hombre, Acosta que el origen del indígene precolombino no es distinto al del resto de habitantes de Asia o Europa. Así, al referirse al origen de los primeros pobladores de las Indias escribió: “porque no se trata qué es lo que pudo hacer Dios, sino qué es conforme a razón y al orden y estilo de las cosas humanas”; concluyendo que “es más conforme a buena razón pensar que vinieron por tierra los primeros pobladores de las Indias”.

De esta manera Acosta intuyó que los indígenas americanos debieron llegar por tierra o alguna estrecha franja de terreno desde la Siberia nororiental de Rusia atravesando el estrecho de Bering hasta alcanzar la actual Alaska, habitando todo el continente hacia el sur. Según escribió: “el nuevo orbe, que llamamos Indias, no está del todo diviso y apartado del otro orbe. Y por decir mi opinión, tengo para mí días ha, que la una tierra y la otra en alguna parte se juntan y continúan a lo menos se avecinas y allegan mucho”. Así Acosta reconoce una misma dignidad en origen al hombre americano.

23 francisco suarezPor su parte, Francisco Suárez cuestionó en De Bello (1548-1612) el derecho de la guerra para los príncipes cristianos y postuló que la inferioridad de un pueblo no se podía demostrar y por tanto no podía servir de justificación para la dominación de una parte de la humanidad sobre la otra. Por encargo del papa Pablo V escribió una Defensa de la fe católica y apostólica contra los errores de la secta anglicana (1613). En ella defendía la teoría del poder indirecto del pontífice en asuntos temporales, en contra de la idea de que los reyes recibían su soberanía directamente de Dios. También consideraba legítima la protección de los ciudadanos contra un príncipe convertido en tirano. La importancia de este hecho está en que Suárez reconoce que el derecho internacional es independiente de la teología o de la existencia de Dios, lo que implica que en las relaciones entre los pueblos no se puede diferenciar entre naciones cristianas e infieles. El texto fue quemado públicamente en Londres por orden de Jacobo I, quien exigía a sus súbditos, bajo pena de muerte, un voto de lealtad y también en París por el celo de los regalistas galicanos.

El pensamiento de Francisco Suárez según la cual los cargos de autoridad eran más una responsabilidad que un derecho, fue enseñado en las universidades y colegios dirigidos por la Compañía de Jesús, pero durante el s. XVIII chocó con las ideas del despotismo ilustrado, relativas el origen divino de la autoridad de los reyes. Los Borbones se empeñaron el acallar “la doctrina jesuita sobre el origen de la autoridad”, de tal manera que promovieron la expulsión de los jesuitas, primero de América y luego de Europa. Tras expulsar a los jesuitas en 1767, Carlos III prohibió que las tesis de Suárez se enseñaran en las universidades españolas.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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