2.4. La nobleza y la “race” en Francia.

            Durante el s. XVI surge en Francia una forma nueva de entender la raza. Ya no es la consideración española de una ascendencia sin mezcla de sangre, sino una especie de derecho al poder político por la propia ascendencia. Para legitimar la nobleza existían tres modelos argumentativos: primero, la voluntad del rey, segundo el concepto de la “race” y, por último, la conquista.

            El primero se refiere a la voluntad del Rey como creador de la nobleza. André Tiraqueau (1488-1558), miembro del Tribunal Superior de París escribe una obra en latín “Comentarii de Nobilitare” (1549), traducida al francés con el título “Traité de la Noblesse” (1678). En esta obra defendía que era el rey quien con su autoridad concedía el título a la nobleza de acuerdo con sus virtudes. Muchos miembros de la aristocracia no aceptaban esta postura, ya que no solo significaba reconocer la dependencia nobiliaria ante el monarca, sino que, además, se cuestionaba su estado natural. La nobleza prefería acentuar su ascendencia natural como referente legitimador de su estado, es por eso que a partir de la primera mitad del s. XVI aparece el segundo argumento de la “race”, premisa inamovible para pertenecer a la nobleza. “Race” significaba linaje y, a través de éste se heredaba la superioridad de la nobleza frente al Tercer Estado. Esta forma de autolegitimación hacía hincapié en que la nobleza procedía de la naturaleza y, en consecuencia, se percibía como una realidad natural, de carácter universal, independiente del tiempo y el espacio. Así lo expresaba el general de división Louis Le Caron, reconocido jurista francés.

“La excelencia de los reyes, de los príncipes y de los grandes estaba condicionada por una “causa natural” que les concedía la dignidad de gobernar y cuya cualidad era heredable. La herencia, como lo afirmó el General [Louis Le Caron], determinaba dicha excelencia y era denominada “nobleza”. Esta superioridad se puede observar en una variedad de sectores, así como en las virtudes militares, la retórica, el intelecto, la cacería o la halconería. Tal discursividad nobiliaria pretendía explicar la inequidad social como una ley universal que regía no solamente al hombre, sino también al animal. En consecuencia, las capacidades loables y la moral pulcra de la nobleza radicaban intrínsicamente en la “sangre” y el “linaje” [1]

El tercer argumento era el de la conquista que era un elemento no tanto natural sino histórico. La nobleza francesa se percibía heredera de los vencedores francos que conquistaron la Galia en el siglo V. Los vencidos galos constituirían la “sangre fundacional” del Tercer Estado. Varios historiadores de los siglos XVI y XVII, como Roger Gaguin, Paul Emile o Charles Dumoulin, ayudaron a asentar y difundir ese imaginario histórico. Finalmente el conde Henri de Boulainvilliers (1658-1722) en su “Disertación sobre la nobleza francesa” (1732) dijo: “la razón de la sensación, que [la virtud] en las razas de excelencia está más difundida que en otras”. La palabra “raza” empieza así a tomar un sentido político pues se la relaciona con la sucesión de las diversas dinastías. Así se habló de los merovingios, carlovingios y capetos como de la primera, la segunda y la tercera raza (más adelante Tercer estado).

De esta manera se legitima el honor asignado a la estirpe más antigua del reino de Francia, los francos. Boulainvilliers los describe como amigos de la libertad, de la valentía y como el grupo que, a través de su conquista de Galia, fundó una jerarquía social basada en la “raza”. Se puede considerar a Boulainvilliers como el padre ideológico de la nobleza francesa en el s. XVIII, en razón a su pugna por la conservación de sus privilegios estamentales. El absolutismo monárquico reducía los privilegios de la nobleza, exención de impuestos, jurisdicción estamental y el derecho a la defensa propia. En este contexto es cuando surgieron este conjunto de ideas como un intento por rescatar el estatus privilegiado de la nobleza. Este “racismo estamental” no tiene nada que ver con el “racismo antropológico”, ni con el nacionalismo que se dará en el siguiente siglo. El propósito era básicamente conseguir un hermetismo social de un estamento en base a su sangre y a su linaje, con el objeto de salvaguardar sus privilegios y su estatus económico.

Boulainvilliers se basó en las doctrinas del siglo XVII relativas al derecho de la fuerza, siendo mentor Spinoza. Para este pensador holandés la fuerza se convierte en conquista, y la conquista actúa como criterio único sobre las cualidades naturales y los privilegios humanos de los hombres y de las naciones.

24 François_Dominique_de_Reynaud,_Comte_de_MontlosierEl conde François Dominique de Reynaud de Montlosier (1755-1838) orientará las ideas de Boulainvilliers hacia el racismo tras la victoria francesa en la batalla de Valmy (1792). Según Dominique existía una raza germánica superior frente a un “nuevo pueblo nacido de esclavos, mezcla de todas las razas y de todos los tiempos”.

Lo que en un principio se presentaba como una legitimación de la aristocracia francesa, pronto se empleó en el dirección contraria, ya que los burgueses sintieron sus deseos de emancipación como parte de una antigua lucha racial.

Esta idea de que las clases dominantes representan a las razas superiores se encontrará en otros historiadores franceses del s. XIX como Charles Rémusat, para quien toda la aristocracia europea tiene orígenes germánicos, o Agustín Thierry (1795-1856), para quien existe una nobleza germánica y una burguesía celta. Thierry presentará la Revolución Francesa como el culmen de la lucha por la liberación del pueblo galo-celta de la tiránica opresión de la nobleza germánica. Llegados a este punto J.A. Gobineau no hará sino recoger todas estas ideas pretendiendo darlas estatus de científicas e históricas.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] (Jouanna, 1988, pp. 165-179). Max S. Hering Torres. Raza: variables históricas
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