20.4. La antropología antirracista

Alfred Métraux: embajador del antirracismo

            De origen suizo, Alfred Métraux (1902-1963) se encargaría de dirigir la Oficina de Relaciones Raciales de la UNESCO. Pasó gran parte de su vida en Argentina, pero viajó por el mundo entero, salvo la China y el Japón. Su trabajo investigador lo inició estudiando los mitos y rituales de distintas culturas sudamericanas. Escribió dos obras: La isla de Pascua (1958) y Religiones y magias indias de América del Sur (1967). Hacia 1950, coincidiendo con la “Declaración sobre la raza” publicó una colección de denuncia racista titulada “La cuestión racial ante la ciencia moderna”. Además promoverá el intercambio científico durante siete u ocho años, organizando encuentros y coloquios antirracistas por todo el mundo.

Ashley Montagu y la falacia de la raza

            De ascendencia judía, Ashley Montagu (1905-1999) fue un antropólogo británico-americano humanista que cuestionó la validez de la raza como concepto biológico.

En 1941 Montagu pronunció una conferencia en la reunión anual de la asociación de antropólogos físicos en la que afirmó que la noción de raza procedía de una ideología premendeliana, y que después de Mendel era imposible desde el punto de vista genético poder determinar que aspectos definen una raza, y como se pueden distinguir unas de otras, ya que todos los seres humanos poseían los mismo cromosomas.

En 1942 publicó uno de sus más importantes libros: “El mito más peligroso del hombre; la falacia de la raza”. En el cuestiona que el cerebro humano haya evolucionado de manera desigual en las diferentes razas, ya que originalmente los primeros pobladores recolectores-cazadores se enfrentaban a desafíos medioambientales similares.

“”La idea común de raza representa probablemente uno de los errores más peligrosos de nuestro tiempo y el más trágico”. Desde la Segunda Guerra Mundial, la voz normativa de la ciencia se dedicó a reforzar conceptos como los de igualdad y unidad de nuestra especie, y a divulgar que las diferencias entre seres humanos son física y moralmente irrelevantes. En la Declaración de los Derechos Humanos de la Unecso de diciembre de 1949, se expone que “la humanidad es una: […] todos los hombres pertenecen a la misma especie”, y en la Declaración sobre Razas de la Unesco de 1951 se dice que “no existe ninguna prueba de que los grupos de la humanidad difieran en sus características mentales innatas, ya sean de inteligencia o de temperamento”.[1]

            Montagu, en su lucha contra el racismo, también criticó en diversos momentos la supuesta agresividad innata del ser humano y el mito de la territorialidad, uno de los principales pilares ideológicos del racismo y del marxismo, y que defienden en la actualidad varios neoracistas modernos como Honrad Lorenz, Robert Ardrey y Desmond Morris.

“Otro de estos prejuicios consiste en creer que el comportamiento agresivo del hombre es instintivo. No hay en parte alguna prueba de ninguna clase de que los seres humanos tengan verdadero instinto. Y, por otro lado, hay muchas pruebas de que todo comportamiento agresivo -como todo comportamiento profundamente humano- es aprendido. La característica más destacada de la especie humana es su educabilidad, el hecho de que todo lo que sabe y hace como ser humano ha de aprenderlo de otros seres humanos”. Ashley Montagu. El mito de la violencia humana.

            Montagu hace incapié en la corrupción y el amor como factores críticos selectivos en la evolución. En 1954 testificó contra la segregación en el caso Brown vs Junta de educación. Su testimonio y autoridad fueron clave para la decisión que tomó el Tribunal Supremo.

Claude Levi Strauss y la Antropología estructural

            Considerado como uno de los intelectuales más influyentes del siglo XX Claude Levi Strauss (1908-2009) realizó importantes aportaciones a la antropología que sirvieron para desmontar el edificio ideológico y antropológico del racismo. Nació en Bélgica y vivió en Francia, donde fundó la Antropología Estructural, introduciendo en las ciencias sociales el enfoque estructuralista basado en la lingüística estructural de Saussure.

En la obra Raza e historia (1952) define con claridad los cuatro aspectos que definen el racismo:

  1. Determinismo biológico: Existe una correlación entre el patrimonio genético de un lado, las aptitudes intelectuales y las disposiciones morales de otro.
  2. Colectivización racio-cultural: ese patrimonio, del que dependen esas aptitudes y esas disposiciones, es común a todos los miembros de ciertas agrupaciones humanas.
  3. Suprematismo racial: esos agrupamientos, denominados “razas”, pueden ser jerarquizados en función de la calidad de su patrimonio genético.
  4. Biopolítica racial-eugenésica: esas diferencias autorizan a las “razas” llamadas superiores a mandar, explotar a las otras, y eventualmente destruirlas (LS, 1993: 206).

Leví-Strauss se mostró tajante al afirmar la imposibilidad para la antropología cultural de acercarse a la noción de raza biológica:

“No le corresponde al etnólogo tratar de decir lo que es o no es una raza, porque los especialistas de la antropología física, que lo vienen discutiendo desde hace casi dos siglos, jamás se han puesto de acuerdo, y nada indica que estén hoy más cerca de hacerlo”. LS, 1993: 107)

            Gracias a Leví-Strauss la antropología actual ha rechazado los enfoques etnocentristas, al demostrar que en todas las culturas, en sus esquemas lingüísticos y mitos se pueden encontrar una serie de patrones comunes a toda la vida humana.

            También criticó el falso evolucionismo que identifica como inferiores, poco maduras o infantiles, a las culturas antiguas. Para Leví-Strauss todas las sociedades humanas tienen un pasado por lo que todas son adultas. Más del 90% del tiempo transcurrido desde que el hombre es un ser social ha sido en forma de cultura “primitiva”.

Marvin Harris y el materialismo cultural

            Otro importante desenmascarador de las falacias del racismo fue el antropólogo estadounidense Marvin Harris (1927-2001). Buscando las relaciones que existen entre cultura, ecología, tecnología y demografía desarrollo la metodología que él denominó materialismo cultural. Técnica que empleo para investigar diversas culturas y étnias.

            Para Marvin no existen razas, sino poblaciones humanas, grupos de gentes cuyos miembros se cruzan entre ellos fortuitamente y que muestran frecuencias genéticas diferentes cuando se comparan con otros grupos vecinos de gente. Esta concepción contradice las nociones populares sobre las divisiones raciales. Al menos la mitad de la población mundial, posee en la actualidad rasgos faciales que no se pueden encuadrar en ninguno de los estereotipos populares, por lo que es erróneo intentar clasificar a la fuerza todas las poblaciones en moldes de tres o cuatro categorías raciales.

            Otro concepto que desechará es la existencia de “purasangres”, esto es, individuos que son más representativos que otros en los rasgos, la esencia o el arquetipo de la raza. “Los europeos que miden 1,50 m no son menos europeos que los que miden 2 m. Igualmente, tanto los Ituri Mbuji, de 1,40 m, como los Watusi, de 2,10 m, son negroides. Si se ignora a los individuos que no se conforman a lo que se supone que debe ser el aspecto de un africano típico, se está violando el concepto de raza como población”.

            Harris también rechazó las tesis de la sociobiología y la psicología evolucionista cuando estas se aplican a la evolución cultural humana. Para Harris no es cierto que todas las prácticas culturales intenten maximizar el éxito reproductivo, siguiendo una especie de ley darwinista humana. Al contrario, se dan casos en que se intenta reducir la descendencia con métodos anticonceptivos. Tampoco es cierto que los que más “éxito” tienen en la “lucha por la vida” produzcan más descendencia.

Hannah Arendt y el origen ilustrado del totalitarismo

            De familia judía, Hannah Arendt (1905-1975) nació en Alemania, sufriendo encarcelamiento por parte de los nazis en 1933. Esto la llevó a emigrar a los Estados Unidos, donde vivió y desarrolló su pensamiento. En 1951 publica su principal obra “Los orígenes del totalitarismo”, en la que desarrolla el antisemitismo en los siglos XVIII y XIX, el racismo de cambio de siglo y las dos formas principales de totalitarismo (que ella llama “dominación total”), el nacionalismo y el estalinismo.

            Para Hannah, mientras el antisemitismo “nacional” busca la expulsión de los judíos del país, el antisemitismo “imperial” busca la aniquilación de los judíos en todas las naciones. El móvil político de esta empresa es el intento de dividir la humanidad en “razas de señores y esclavos”, en “negros y blancos”.

            Critica también a aquellos historiadores que justifican el éxodo de los judíos con la imagen del “judío errante” o que difunden la teoría del “cabeza de turco”, o bien la “teoría de la válvula” para explicar la aniquilación de los judíos por los nazis.

            Arendt estudia los dos totalitarismos más importantes del s. XX: el nacionalsocialismo y el estalinismo, enmarcados en los años 1929 y 1953 con la muerte de Stalin. Para la política totalitaria no son tan importantes el Estado o la Nación, sino la capacidad de movilizar a las masas apoyándose en ideologías antihumanas como el racismo y el marxismo. En ambos casos el progreso se realiza por el resultado de eliminar “lo perjudicial” o “lo superfluo”.

            Hannah se pregunta: Si estos dos totalitarismos eran tan absurdos como han demostrado ser, ¿cómo explicar su éxito? ¿Cómo llegaron a convertirse en las “ideologías universales del siglo XX”? La respuesta está en las claras deficiencias del proyecto laicista ilustrado. A pesar de las proclamas por la igualdad y la libertad, la ilustración no supo dar respuesta a la enorme problemática social que generó la industrialización capitalista. Tampoco fue capaz de ofrecer una teoría antropológica adecuada a la pluralidad del ser humano. Para la ilustración el ser humano es individuo que busca la emancipación, pero así se pierde una dimensión esencial que caracteriza a la persona y es su sociabilidad. No somos personas solamente por ser individuos, sino que además somos miembros de una familia o comunidad o, más exactamente, de una cadena de comunidades. Al centrarse en el individuo, la Ilustración no erradicó la necesidad humana de sentirse identificado con una colectividad. La nación, la raza o la clase vinieron a completar la parcial visión generada por la exaltación individualista ilustrada.

George Mosse: La influencia del ocultismo en el racismo nazi

            Historiador americano-alemán, George Mosse (1918-1999) estudió en profundidad las causas del ascenso del nazismo, los orígenes del antisemitismo y la historia del pueblo judío.

            George Mosse concluye que las teorías de Gobineau se inscriben en la herencia intelectual de la Ilustración, por lo que no dudó en definir el racismo como “der Schattenseite der Aufklärung”, el lado oscuro de la ilustración. Esa afirmación concuerda con el análisis que realiza el antropólogo cultural y sociólogo francés Louis Dumont quien sostiene que el racismo es una ideología típicamente moderna y profundamente emparentada con el individualismo.

            Fue Mosse quien descubrió las relaciones ocultistas del nazismo y la influencia que tuvieron las teosofías gnósticas de Blavatsky, Guido von List y Jorg Lanz von Liebenfels, entre otros.

            En 1975, George Mosse publica la obra “La nacionalización de las masas”, en donde presenta al racismo como un superracionalismo que distorsiona la herencia y cultura propias de un pueblo, para transformarlas en actitudes excluyentes respecto a la herencia, la pureza y la estética ideal de los cuerpos (varones y mujeres) nacionales.

            “El racismo era un nacionalismo exaltado: las diferencias entre las personas ya no se percibían como variaciones accidentales, sino como inmutables y fijas”. George Mosse.

            También dedicó mucho tiempo a analizar el impacto de las liturgias públicas nazis, las cuales eran perfectamente orquestadas y diseñadas para excitar a las masas induciéndolas al fin político que el gobierno quería conseguir.

            Coincide Mosse con el análisis que realizó Thomas Mann al concluir la Primera Guerra Mundial, y diagnosticar la crisis social y cultural europea a que había llevado la modernidad. Mann pone en cuestión el modelo ilustrado de civilización, como un paradigma racionalista y secularizante. Denunció también la profunda ruptura que realiza el liberalismo entre religión y política.

            “Sin religión la política social es a largo plazo inviable, por exigirle la propia naturaleza humana un contenido religioso; a falta de religión metafísica, el hombre traslada el hecho religioso al ámbito social y eleva a los altares la vida colectiva”. George Mosse. La nacionalización de las masas. 1975.

            Con la Revolución Francesa surgen las denominadas “religiones políticas” o “seculares” que vienen a ocupar el espacio público que el cristianismo estaba perdiendo en el ámbito público como primer factor de cohesión social. Estos sucedáneos de religión se basaban en la sacralización del espacio público y en una sugestiva parafernalia simbólico-ritual de las masas. Así se llega a la formación de las ideologías y regímenes totalitarios del s. XX que procuran, no ya responder a una demanda colectiva de orden y estabilidad, sino proveer unidad a una sociedad gradualmente fragmentada y sentido de pertenencia a quienes la integran.

            En la obra “La nacionalización de las masas” Mosse estudia en profundidad los fundamentos del culto político alemán en sus manifestaciones simbólicas y rituales, desde la guerra por la independencia contra Napoleón hasta el III Reich. Mosse establece que el ascenso del nacionalismo alentó el culto al pueblo (volk) como variante germana de religión secular, unido al romanticismo, el antirracionalismo y el desprecio de los referentes modernos de institucionalidad política (república, democracia, parlamentarismo, etc.). El nazismo heredará este ethos antimoderno llevándolo a extremos aberrantes.

            Según Mosse el nazismo adoptó y potenció los elementos litúrgicos del culto del pueblo que se habían ido desarrollando a lo largo del s. XIX con la creación del Estado alemán y las políticas anticatólicas de Otto von Bismarck (1815-1898). El nacional-socialismo se presentó como una ideología mesiánica de tonos apocalípticos, en donde más importante que la doctrina era el ceremonial y la actitud reverencial y acrítica de la masa. El propósito de toda esta liturgia secular era inculcar a las masas una pedagogía nacionalista valiéndose de formas simbólicas emocionalmente sugestivas como los himnos, las banderas, los uniformes, los desfiles, los lugares de culto y las concentraciónes de masas. El nazismo usurpó así ciertas prácticas de la tradición cristiana, como los bautizos, las bodas y los entierros, paganizándolas y dándoles un carácter político y fuertemente nacionalista.

Robert Miles: La denuncia del criptorracismo

            El mayor ataque que ha recibido el racismo es la reconstrucción del mismo concepto de raza, y como este no es otra cosa que una construcción histórica y social. Este hecho tira por tierra todos los argumentos sobre presuntas superioridades raciales.

            En su libro Racism (1990), Robert Miles expone que socialmente hablando una raza es una colectividad definida por términos biológicos significativos para una sociedad, pero que carecen de valor fuera de ese contexto social. Niega, así mismo, que el racismo tenga que ver con un tipo determinado de hacer política o con una economía específica. Según Robert Miles, el racismo y la discriminación deben ser consideradas “ideologías” ajenas e independientes del capitalismo y sus modos de producción.

            Miles denuncia el nuevo racismo o criptoracismo, que se niega así mismo como exclusivista, pero que mantiene la distinción para justificar posteriormente la discriminación. Por ello distingue entre racismo institucional y nuevo racismo. El primer hace referencia al silencio que las instituciones y los medios de comunicación realizan sobre las prácticas de exclusión oficiales. El segundo se refiere al abandono de la distinción entre razas superiores e inferiores para mantener la distinción intrínseca y exclusivista entre de ellas. Así el neoracismo se posiciona diciendo: “No es que sean mejores o peores que nosotros, es que son distintos”.

Steven Rose: No son genes sino Cultura

            Uno de los científicos que más está haciendo hoy en día por rebatir el determinismo biológico en el comportamiento humano es el neurobiólogo Steven Rose, profesor de biología del Grupo de Investigación sobre Cerebro y Conducta de la Open University en el Reino Unido. Según Rose, la agresividad, la tendencia al alcoholismo, etc. dependen más de factores sociales que de factores genéticos:

            “He pasado mi vida de investigador intentando responder a una cuestión muy simple: ¿qué ocurre en el cerebro de un animal (un polluelo, en particular) que aprende una nueva tarea? Para hacerlo, he tenido que tratar con detenimiento o simplemente analizar, teóricamente, y después de forma experimental, algunas cuestiones como la atención, el despertar, la percepción, la agudez visual… todos estos elementos son independientes entre sí. La idea de hablar globalmente de los genes del aprendizaje o de los genes necesarios para que el polluelo le dé un picotazo a un grano determinado (lo que constituye el paradigma del aprendizaje que utilizo), no tienen sentido, y mucho menos en el contexto de los fenómenos humanos”. Steven Rose. Entrevista en I+DT info, Abril 2005

            Steven Rose diferencia claramente aquellas enfermedades cuya causa es un gen anormal, como el caso de la enfermedad de Huntington, o aquellas otras disfunciones sociales en las que es arriesgado concluir que se deban a un determinado “fallo” en el código genético, y no a la propia cultura.

            “Mientras que es posible hacer eso en el caso de enfermedades cuyo diagnóstico es relativamente claro y donde sólo existe un gen anormal relacionado con el padecimiento (la enfermedad de Huntington es un buen ejemplo), esto dista mucho de poder afirmar que un gen específico determina que uno sea criminal o alcohólico. Ciertamente los genes contribuyen a la formación de nuestro comportamiento, pero ese comportamiento está profundamente influenciado por los procesos de desarrollo, la cultura, el medio social e, incluso, la tecnología”.

            “Con el surgimiento de la conciencia ocurre un salto adelante evolutivo cualitativo, formando la distinción crítica entre los humanos y las demás especies, de tal manera que los humanos se han convertido en mucho más ampliamente variados y están sujetos a interacciones mucho más complejas que lo que es posible en otros organismos. El surgimiento de la conciencia ha cambiado cualitativamente el modo de existencia humana; con ella aparece un nuevo orden de complejidad, un orden de organización jerárquica superior. Pero debido a que hemos definido la consciencia no como una forma estática sino como un proceso que implica la interacción entre individuo y entorno, podemos ver cómo, en la medida en que las relaciones humanas se han ido transformando a lo largo de la evolución de la sociedad, también la conciencia humana se ha transformado. Nuestra capacidad craneal o número de células puede no ser muy diferente de la del primitivo Homo sapiens, pero nuestros entornos – nuestras formas de sociedad – son muy diferentes y de ahí que también lo sea nuestra conciencia, lo que significa que también lo son nuestros estados cerebrales”. Steven Rose, The Conscious Brain.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Ashley Montagu. Man´s most dangerous Myth: the fallacy of race. Citado por Carles Lalueza. Razas, racism y diversidad. Ed. Algar. 2002. Pág. 16
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