21.4. La Declaración de los errores del racismo

            Preocupado por la falaz ideología de la raza que sustentaba el nazismo y otras formas de totalitarismo y segregacionismo inhumanas en el mundo, el papa Pío XII escribió el 13 de abril de 1938 una carta a todos los rectores y decanos de facultades con la petición de refutar según el método propio de cada disciplina, las pseudoafirmaciones científicas con las cuales el nazismo intentaba justificar su ideología racista.

            De esta manera la Sagrada Congregación de Seminarios y Universidades condenó, por decreto de 13 de abril de 1938 los principales errores del racismo, que se indican a continuación:

  1. Existe una distancia infranqueable entre razas superiores y razas inferiores, aproximando estas últimas a la especie animal más alta.
  2. Cualquier medio es legítimo a condición de que conserve y cultive el vigor de la raza.
  3. Todas las cualidades intelectuales y morales se derivan de la sangre.
  4. El bien supremo de la educación es desarrollar los caracteres de la raza.
  5. La ley de la raza impera sobre la misma religión.
  6. El instinto racial es la fuente primera y la regla suprema de todo ordenamiento jurídico.
  7. Sólo existe el universo viviente.
  8. El hombre es tan sólo una forma en que el cosmos se amplifica en el curso de las edades.
  9. La existencia de la persona humana se justifica tan sólo por el Estado y para el Estado. Sus derechos son meras concesiones gratuitas de la entidad estatal.

El períodico del Vaticano, L´Ossevatore Romano, publicó en 1938 una condena clara y pública del racismo defendiendo la unidad del género humano y expresando la postura de la Iglesia Católica respecto a las ideologías de la raza.

“Católico quiere decir universal, no racista, no nacionalista, en el sentido de separación que pueden tener estos dos atributos… No queremos separar nada en la familia humana… La expresión “Género humano” revela precisamente la familia humana. Es preciso decir que los hombres son ante todo un único, grande, género, una grande y única familia de seres vivientes… Existe una sola raza humana universal, “católica”… y con ella y en ella, variaciones diversas… Esta es la respuesta de la Iglesia”. L´Ossevatore Romano, 1938

Pío XII en su mensaje de Navidad de 1942, afirmaba que entre los falsos postulados del positivismo jurídico “hay que incluir una teoría que reivindica para tal nación, tal raza, tal clase, el instinto jurídico, imperativo supremo y norma inapelable”. Y el papa lanzó un llamado a favor de un orden social nuevo y mejor:

      “Este empeño, la humanidad lo debe a centenares de miles de personas, que sin la menor culpa de su parte, sino a veces simplemente porque pertenecen a tal raza o a tal nacionalidad, son destinadas a la muerte o a una progresiva consunción”. Pío XII

      En 1963, Juan XXIII escribe la encíclica Pacem in terris. En ella reafirma la concepción personal y comunitaria del hombre, los derechos universales, inviolables y absolutamente inalienables de toda persona humana, sin discriminación alguna.

      “En toda humana convivencia bien organizada y fecunda hay que colocar como fundamento el principio de que todo ser humano es “persona”, es decir, una naturaleza dotada de inteligencia y de voluntad libre que, por tanto, de esa misma naturaleza directamente nacen al mismo tiempo derechos y deberes que, al ser universales e inviolables, son también absolutamente inalienables”. Juan XXIII. Pacem in terris, 8.

En la encíclica Populorum Progresio (1967) denunció el racismo como un obstáculo para la colaboración entre las naciones menos favorecidas y un fermento de división y odio en el seno de ellas mismas.

“El racismo no es patrimonio exclusivo de las naciones jóvenes, en las que a veces se disfraza bajo las rivalidades de clanes y de partidos políticos, con gran prejuicio de la justicia y con peligro de la paz civil. Durante la era colonial ha creado a menudo un muro de separación entre colonizadores e indígenas, poniendo obstáculos a una fecunda inteligencia recíproca y provocando muchos rencores como consecuencia de verdaderas injusticias. Es también un obstáculo a la colaboración entre naciones menos favorecidas y un fermento de división y de odio en el seno mismo de los Estados cuando, con menor precio de los derechos imprescriptibles de la persona humana, individuos y familias se ven injustamente sometidos a un régimen de excepción, por razón de su raza o de su color”. Juan XXIII. Populorum progressio, 63

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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