21.7. El movimiento ecuménico

“El racismo implica una negación de Dios, porque no hay Dios si no es el Padre de todos”. P. Yves Congar.

El ecumenismo es un fenómeno eclesial que se inicia a principios del s. XX y que supone el esfuerzo de las distintas confesiones religiosas cristianas por buscar la unidad salvando las diferencias históricas y buscando la colaboración común frente a los abusos que se estaban produciendo en las colonias contra los indígenas. A la hora de evangelizar en las misiones muchos contestaban: “Antes de hablarnos a nosotros de Cristo, pónganse de acuerdo entre ustedes”. Así las palabras de Cristo: “Qué todos sean una sola cosa… para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21) adquirían un significado crucial. Entre los personajes relevantes en el ecumenismo debemos destacar a Yves Congar, al Hermano Roger Schutz, Atenágoras de Atenas, Pablo VI y Juan Pablo II.

También ha habido encuentros de diálogo y cooperación entre diferentes religiones como el judaísmo, el islamismo, etc. Esto es lo que se denomina: diálogo interreligioso.

El Movimiento Ecuménico se ocupa, no sólo de la vida de las Iglesias como tales, sino también del mensaje de la Iglesia al mundo. Y como la cuestión de la raza es crucial para la Iglesia misma, y de la máxima importancia para la vida del mundo, es natural que esta aventura cooperativa entre las Iglesias, se relacione con ella.

            Entre los años 1841 y 1846 unos sesenta ministros anglicanos piden el ingreso en la Iglesia Católica tras un proceso de estudio y reflexión. En 1847 el investigador y pastor anglicano John Henry Newman (1801-1890) se convierte el catolicismo y con él unos 22 ministros y 11 profesores de las universidades de Oxford y Cambridge, como el Padre S.W. Faber y el arzobispo anglicano de Westminster Henry Edward Manning. Este flujo de ministros anglicanos al catolicismo no se ha interrumpido desde entonces. Se calcula que desde la muerte del cardenal John Henry Newman hasta 1935 pasaron al catolicismo unos 900 eclesiásticos anglicanos. En los últimos años, más de 12 mil anglicanos han pedido el paso a la Iglesia católica. Entre ellos se puede recordar a los escritores Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) y Sigrid Undset (1882-1949), premio Nobel de literatura (1928).

Primera etapa (1908-1937)

            Tras esta etapa de conversiones, empezó a formarse conciencia de ecumenismo entre las iglesias cristianas. Hacia 1908 el Padre Watson, un protestante convertido al catolicismo, propuso la creación del “Octavario por la Unión de los Cristianos”. Esta iniciativa consiste en dedicar ocho días de oración y estudio al año (18 al 25 de enero), en favor de la unión de los cristianos. La iniciativa tuvo éxito y en la actualidad ha adquirido dimensiones mundiales.

En 1910 se celebró la I Conferencia Misionera Mundial en Edimburgo, que es considerada como el punto de partida oficial de movimiento ecuménico. Esta conferencia, con carácter plenamente misionero, planteaba hacer un frente unido evangelizador en los países colonizados. De aquí surgiría el Consejo Misionero Internacional. El obispo episcopaliano Charles Henry Brent propuso la creación del movimiento Fe y Constitución, con Robert Gardiner como secretario. La idea original de Brent era intentar unificar la doctrina cristiana.

            En 1918 el obispo luterano Nathan Söderblom se reune en Upsala con sacerdotes católicos para hablar de paz y unidad. Será el propio Söderblom, quien sugerirá la creación de un Consejo Ecuménico de las Iglesias. Su enfoque no iba tanto a unificar la doctrina sino en colaborar en aspectos prácticos como camino para la unidad. En el Congreso de Estocolmo de 1925 fundó el Movimiento Vida y Acción.

            Un tercer inspirador del ecumenismo será el metodista Juan Mott. Su lema fue: “Mediante la acción unida de todos, demos muestra de que el ecumenismo es una realidad, dejando a la Providencia manifestarnos el camino a seguir”. Por sus acciones en busca de la paz, Mott recibió el Premio Nobel en 1946 y fue nombrado presidente vitalicio del Consejo Ecuménico.

            En 1925 se organizaron una serie de encuentros denominados “Diálogos de Malinas”, entre el cardenal Mercier, arzobispo de Malinas y primado de Bélgica y los anglicanos. Esta iniciativa constituyó el primer diálogo oficial y sirvió para despetar entre los católicos el interés práctico por la unidad de los cristianos.

            En 1928 el papa Pío XI publica la carta Mortalium Animos en la que se expone como ha de fomentarse la verdadera unidad religiosa de los cristianos. También denuncia un falso ecumenismo consistente en crear una nueva doctrina que sea amalgama de las existentes, ya que la fe cristiana no admite transacciones.

            Con el libro de Max Pribilla Um kirchliche einheit (1929) se realiza una primera evaluación seria del trabajo ecuménico por los católicos.

            En 1930, el padre José Metzger fundó la asociación “Una Sancta”, con el objeto de fomentar el ecumenismo.

Segunda etapa (1938 – )

            En 1938 se crea en Utrech el “Consejo Mundial de Iglesias” (CMI). El estatuto de la organización fijado en esta ocasión tuvo que esperar por causa de la Segunda Guerra Mundial. El Movimiento Ecuménico adquiere forma definida en 1948, cuando delegados de 150 Iglesias de más de 40 países se reúnen en Ámsterdam para crear el Consejo Mundial de Iglesias. El consejo no quiso definirse como una “super iglesia” o como una “Iglesia mundial”, sino como una “comunidad de Iglesias que reconocen a Cristo como Dios y Salvador”. Desde su fundación se han celebrado 7 asambleas generales: Ámsterdam (1948); Evanston (1954); Nueva Delhi (1961); Upsala (1968); Nairobi (1968); Vancouver (1983) y Canberra (1991). El consejo tiene dos campos de trabajo y estudio:

  1. Fe y Constitución: se dedica a los estudios teológicos.
  2. Vida y acción: dedicada a las misiones y a la propagación del Evangelio.

En 1940 el teólogo suizo Roger Schutz (conocido como Hermano Roger) funda en la localidad francesa de Taizé, una comunidad monástica cristiana ecuménica. Taizé se ha convertido hoy en día en lugar de peregrinación y encuentro para jóvenes del mundo entero donde poder celebrar la reconciliación de los cristianos y tener un lugar de encuentro con Dios. Hasta Taizé han peregrinado los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, tres arzobispos de Canterbury, metropolitas ortodoxos, catorce obispos luteranos de Suecia y numerosos pastores, sacerdotes y obispos del mundo entero. La Madre Teresa de Calcuta también peregrinó a Taizé y mantuvo una estrecha amistad con el Hermano Roger.

En 1953, el Consejo Británico de Iglesias adoptó una resolución en la que insiste en que deben tomarse precauciones a fin de asegurar iguales oportunidades educativas para todos los grupos raciales, y la supresión de restricciones para empleos calificados y profesionales, así como la supresión de prácticas discriminatorias.

Dentro la Iglesia Católica, el Concilio Vaticano II supuso un giro ecuménico muy importante ya que estimuló a los católicos a trabajar en pro del ecumenismo. Al Concilio asistieron, de forma histórica, observadores de las Iglesias anglicana, luterana, reformada, metodista, cuáquera y otras. Junto con la Lumen Gentium, en 1964 se publicó la Unitatis Redintegratio, un decreto sobre el ecumenismo donde se indicaban las principales líneas pastorales:

«Promover la restauración de la unidad entre todo los cristianos es uno de los principales propósitos del Concilio Ecuménico Vaticano II. Porque una sola es la Iglesia fundada por Cristo Señor; muchas son, sin embargo, las Comuniones cristianas que a sí mismas se presentan ante los hombres como la verdadera herencia de Jesucristo; todo se confiesan discípulos del Señor, pero sienten de modo distinto y siguen caminos diferentes, como si Cristo mismo estuviera dividido (1Cor 1,13). Esta división contradice abiertamente a la voluntad de Cristo, es un escándalo para el mundo y daña a la causa santísima de la predicación del Evangelio a todos los hombres» (UR, No. 1).

Así mismo se creó un Secretariado para la promoción de la Unidad de los Cristianos (1960) con el cardenal Agustín Bea a la cabeza. Este Secretariado no solamente influyó para que en la redacción de todos los documentos conciliares estuviera presente el espíritu ecuménico, sino que además ha ayudado a la realización del compromiso católico en el ecumenismo desde entonces.

En 1960 el doctor Fisher, arzobispo anglicano de Canterbury realizó una visita a Roma para celebrar un encuentro con el papa Juan XXIII. En 1962 la visita correspondió al doctor Carig presbiteriano.

En 1962 se produce el encuentro histórico entre el papa Pablo VI y el patriarca ortodoxo Atenágoras para buscar caminos de encuentro y reconciliación.

En 1965 Roma y Constantinopla se levantaron mutuamente las excomuniones lanzadas en 1054.

Cuando Juan Pablo II es nombrado papa instaura la costumbre de orar en común en todos sus viajes, con los representantes de los hermanos separados. El patriarca ortodoxo de Georgia Elías II visita al vaticano.

En 1980 se celebra en Patmos (Grecia) una reunión de representantes católicos y ortodoxos.

En 1995, Juan Pablo II publicó la Carta Encíclica Ut unum sint (Que sean una sola cosa. Jn 17,21), en la que insta a la unión de las iglesias cristianas mediante la fraternidad y la solidaridad al servicio de la humanidad.

La Unitatis redintegratio

En el Concilio Vaticano II se elaboró un decreto sobre el ecumenismo y la unidad de los cristianos denominado Unitatis redintegratio (21 de noviembre de 1964). El propósito de este decreto se explica claramente en el prólogo.

“Promover la restauración de la unidad entre todos los cristianos es uno de los fines principales que se ha propuesto el Sacrosanto Concilio Vaticano II, puesto que única es la Iglesia fundada por Cristo Señor, aun cuando son muchas las comuniones cristianas que se presentan a los hombres como la herencia de Jesucristo. Los discípulos del Señor, como si Cristo mismo estuviera dividido. División que abiertamente repugna a la voluntad de Cristo y es piedra de escándalo para el mundo y obstáculo para la causa de la difusión del Evangelio por todo el mundo”. Unitatis redintegratio. 1964

            A raíz de este documento, y de todo el Concilio Vaticano II, los católicos han ido adoptando una actitud positiva en lo que atañe al compromiso ecuménico. Ha habido un deseo más profundo de conocer a las otras Iglesias y comuniones cristianas, y se han ido organizando diferentes actos y encuentros ecuménicos, como la Semana de oración por la unidad de los cristianos, en que cristianos de todo el mundo se reunen para orar juntos por la unidad. De esta manera, católicos, ortodoxos, valdenses, luteranos, anglicanos, reformados, metodistas, etc. están acercandose conociéndose y buscando puntos en encuentro en una misma fe, olvidando todo tipo de disputas que hubieran surgido en diversos momentos de la historia.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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