22.3. La falacia de la jerarquía de razas o el suprematismo racial

La Declaración sobre la raza y los prejuicios raciales de 1978, reconoce la falta de argumentación científica sobre esta cuestión:

“Toda teoría que invoque una superioridad o inferioridad intrínseca de grupos raciales y étnicos que dé a unos el derecho de dominar o eliminar a los demás, presuntos inferiores, o que haga juicios de valor basados en una diferencia racial, carece de fundamento científico y es contraria a los principios morales y éticos de la humanidad”. Declaración sobre la raza. 1978.

El proyecto genoma humano: rebatiendo el determinismo

            En 1990 se creó el Proyecto Genoma Humano (PGH) con el propósito fundamental de determinar la secuencia de pares de bases químicas que componen el ADN e identificar y cartografiar los genes del genoma humano desde un punto de vista físico y funcional. La investigación corrió a cargo de dos grupos diferentes: uno financiado por el gobierno estadounidense y el segundo, con base en Gran Bretaña, a cargo del Sanger Institute.

            Los días 15 y 16 de febrero de 2001, las revistas Nature y Science publicaban la secuenciación definitiva el Genoma Humano, con un 99,9% de fiabilidad. Los resultados de este estudio causaron gran asombro en los propios científicos del proyecto. La secuencia del código genético humano es extraordinariamente larga con más de tres mil millones de bases nitrogenadas. Esto hacía pensar que con estas unidades se pudiera codificar entre cincuenta mil o ciento cincuenta mil genes. De hecho, previo al estudio del genoma humano, se descubrieron la secuencia de otros organismos más simples como la mosca de la fruta (13.601 genes), la lombriz de tierra (19.098 genes) o el maíz (32.000 genes). Pues bien, las conclusiones objetivas para el genoma humano es que este está compuesto por apenas 35.000 genes, siendo el 75% restante secuencias de ADN repetidas (lo que hoy en día los científicos denominan “ADN basura”). Ante esto cabe preguntarse como explicar la enorme complejidad del ser humano con tan pocos genes en comparación con los de los invertebrados o cereales como el maíz. La revista Christian Science Monitor se planteaba la pregunta de la siguiente manera. “Si un hombre es tan avanzado, ¿porqué la suma de sus genes no es diferente a la de un alga o un gusano?”.

            Los recientes descubrimientos en genética se alejan de la idea de que todo puede ser explicado de manera sencilla en función de los genes individuales. El genoma humano ha de tratarse en su totalidad no como una colección de entidades, sino como un proceso de interacciones muy complejas.

            El relativo pequeño número de genes descarta cualquier posibilidad de que genes individuales controlen y conformen patrones de comportamiento como la criminalidad, las preferencias sexuales, los gustos artísticos, los credos religiosos o las tendencias políticas. El comportamiento humano es muy complejo y no se puede deducir a la genética.

            Estos hechos defutan planteamientos neoracistas como los que se oyeron en 1995 en la Conferencia sobre Genética del criminal y el Comportamiento antisocial celabrada en Londres. Allí varios de sus participantes defendían que los factores genéticos eran los responsables de entre un cuarenta y un cincuenta por ciento de la violencia genética. Sostenían que se podrían desarrollar nuevas medicinas para el “control de la agresividad”, una vez que se encontraran los genes responsables. Incluso, el doctor David Goldman llegó a sugerir el aborto cuando las pruebas prenatales indicaran que el niño era portador de genes que le predispusieran a la agresión o a un comportamiento antisocial: “Las familias tendrían que tener la información y permitirles decidir en privado como utilizarla”. (The Independent, 14/2/95).

            Por todo ello, el doctor Craig Venter, genetista de la empresa Celera (uno de los principales responsables del proyecto Genoma Humano), refuta esta idea reduccionista del ser humano, que pretende controlar su comportamiento mediante medicación y supervisión de su ADN:

“Simplemente no tenemos genes suficientes para esta idea del determinismo biológico. La maravillosa diversidad de la especia humana no está relacionada con nuestro código genético. Nuestro medio ambiente es crítico.

Sólo cuando los científicos puedan comprobar la forma en que estos genes se activan y se desactivan y cómo fabrican proteínas, podrán ver una diferencia significativa entre las distintas especies de mamíferos. La diferencia clave está en la forma en que los genes humanos se regulan en respuesta a un estímulo medioambiental con otros animales”. Craig Venter. The Observer. 11/2/01.

            El estudio del genoma humano confirma la existencia de la unidad en la diversidad humana, destruyendo por completo el mito de la superioridad racial. La ausencia de un gen de la raza se ha confirmado de dos formas distintas. Celera utilizó ADN de varones y mujeres que se describían como chino asiático, afroamericano, caucásico e hispano mexicano. Los científicos fueron incapaces de distinguir étnicamente uno de otro. Ningún gen, por sí mismo o junto con otros, podía decir de qué raza procedían.

            Las nuevas investigaciones revelan que todos los seres humanos somos idénticos en un 99,99%. Tan sólo un 0,1 % de los genes humanos explican las diferencias hereditarias. Básicamente todos los seres humanos somos iguales. El investigador alemán Svante Paabo, publicó en la revista Science un ensayo en el que reconoce:

“A menudo dos personas que descienden de la misma zona del mundo y que parecen supreficialmente iguales, están menos relacionados entre sí que con personas de otras partes del mundo que parecen muy diferentes”.

            La editorial del 13 de febrero de la revista The Seattle Times dice:

“Los resultados del proyecto genoma humano acaban con los intolerantes que durante mucho tiempo se han esforzado por camuflar su viejo odio con un disfraz científico de superioridad ge´netica. La secuenciación del ADN humano nos lleva a una conclusión: En la ciencia, la raza carece de significado”.

La Declaración del Genoma Humano

            En la actualidad, en el mundo de la genética, hay dos visiones opuestas. Por una parte está la visión determinista postulada por la sociobiología, en la cual se reduce al ser humano a una especie de animal más y que justifica todo tipo de experimentación y manipulación genética de su genoma. La otra visión, afortunadamente mayoritaria, es la humanista que contempla la genética como parte del ser humano, en el que se incluyen el ambiente natural y social.

            Estas dos visiones tienen su influencia en el ámbito jurídico como en la directiva europea sobre invenciones biotecnológicas del 8 de julio de 1998, y la declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos del genoma del 15 de julio de 1997.

            El biólogo genetista ruso Theodosius Dobzansky (1900–1975) afirma “que somos más el resultado de la educación que de la herencia genética”. Mientras la sociobiología viene a remarcar las diferencias en la especie humana al valorar sólo la evolución biológica, la evolución cultural subraya la unidad de la especie humana, y la irrelevancia de las diferencias genéticas. Por ello el artículo 1 de la Declaración del Genoma valora la unidad del género humano oponiéndose a todo tipo de discriminaciones racistas, basadas en la existencia de genes buenos y malos.

            “Artículo 1º: El genoma es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia humana y del reconocimiento de su dignidad y diversidad intrínseca. En sentido simbólico, el genoma humano es el patrimonio de la Humanidad”.

            El ser humano no es sólo genética sino cultura. La interpretación determinista del genoma humano ha llevado históricamente a discriminaciones y agresiones serias a la dignidad humana. Los artículos 2º y 3º critican la reducción determinista del ser humano a genética, señalando qu existen otras dimensiones de la realidad humana que deben ser atendidas a la hora de luchar contra las enfermedades como son la higiene y el estilo de vida de las personas.

“Artículo 2ª: … la dignidad humana impone que no se reduzca a los individuos a sus características genéticas y que se respete su carácter único y su diversidad”.

            “Artículo 3ª: El genoma humano, evolutivo por naturaleza, está sometido a mutaciones. El genoma entraña posibilidades que se expresan de distintos modos en función del entorno natural y social de cada persona, que comprende su estado de salud individual, sus condiciones de vida, su alimentación y su educación”.

            Luchar contra el reduccionismo genetista exige igualmente la protección de la privacidad de los datos genéticos de una persona. Por ello en el artículo 7ª de la Declaración se proteje la intimidad del diagnóstico génico.

            La Declaración reconoce que cada individuo tiene derecho al respeto de su dignidad y derechos, cualesquiera que sean sus características. Esta dignidad impone que no se reduzca a los individuos a sus características genéticas y que se respete el carácter único de cada uno y su diversidad.

            También afirma que nadie podrá ser objeto de discriminaciones fundadas en sus características genéticas, cuyo objeto o efecto sería atentar contra sus derechos humanos y liebrtades fundamentales y el reconocimiento de su dignidad.

            Los trabajos del gran genetista francés Jerome Lejeune (1926-1994) defendiendo la primacía del cuidado amoroso por los más débiles y enfermos, influyeron considerablemente en la elaboración del artículo 17, en el que se establece que:

            “Los Estados deberán respetar y promover la práctica de la solidaridad para con los individuos, familias o poblaciones expuestos a riesgos particulares de enfermedad o discapacidad genética. Deberían fomentar las investigaciones encaminadas a identificar, prevenir y tratar las enfermedades genéticas, sobre todo las enfermedades raras y las enfermedades endémicas que afectan a una parte considerable de la población mundial”.

            La teoría sintética de la evolución ha criticado a la sociobiología por basarse en los planteamientos socialdarwinistas que podrían conducir a segregar la especie humana según sus “genes buenos o malos” y con ello al racismo. El niega los planteamientos de la sociobiología cuando afirma que “somos más el resultado de la educación que de la herencia”. Mientras la sociobiología tiende a subrayar las diferencias de la especie humana en términos exclusivamente de evolución biológico-molecular, la evolución cultural subraya la unidad de la especie humana, y la irrelevancia de las diferencias genéticas.

            Por ello el Art. 1º de la Declaración del Genoma destaca la unidad del género humano oponiéndose a todo tipo de discriminación racista, basada en la pretendida existencia de genes buenos y malos. “El genoma es la base de la unidad fundamental de todos los miembros de la familia humana y del reconocimiento de su dignidad y diversidad intrínseca. En sentido simbólico, el genoma humano es el patrimonio de la Humanidad”.

            Los siguientes artículos critican la reducción determinista del ser humano a pura genética. El artº 2 establece: “la dignidad humana impone que no se reduzca a los individuos a sus características genéticas y que s erespete su carácter único y su diversidad”, y el artº 3 afirma que “el genoma humano, evolutivo por naturaleza, está sometido a mutaciones. El genoma entraña posibilidades que se expresan de distintos modos en función del entorno natural y social de cada persona, que comprende su estado de salud individual, sus condiciones de vida, su alimentación y su educación”. De esta manera se reconoce que el ser humano no termina en su genética, sino que su ser es mucho más amplio que su mera biología.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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