22.4. Conclusión: una mirada esperanzadora al hombre.

            Las tres armas más eficaces contra el racismo son la ciencia, la educación y la religión. La ciencia permite desmitificar la base naturalista del concepto de “raza” y su jerarquización. La educación por su parte permite transmitir otro concepto de individuo y de ciudadano que convive en la sociedad apoyado sobre las libertades y derechos humanos fundamentales. Por último la religión logra dar un sentido a la existencia de cada persona referida a una dignidad especial, como ser único e irrepetible y llamado a una vocación personal en el mundo. Esta triple conexión es reconocida por la UNESCO en la Declaración contra la raza y los prejuicios raciales de 1978, donde se afirma “la unidad intrínseca de la especie hyumana y, por consiguiente, la igualdad fundamental de todos los seres humanos y todos los pueblos, reconocidas por las más elevadas manifestaciones de la filosofía, de la moral y de la religión, reflejan un ideal hacia el cual convergen hoy día la ética y la ciencia”.

La importancia de la educación para vencer el racismo

“El Señor es quien ha recapitulado en sí mismo todas las naciones dispersas desde Adán, todas las lenguas y todas las generaciones, incluido el mismo Adán”. S. Ireneo.

Como hemos visto la ciencia se ha convertido en una eficaz arma contra el racismo y sus sesgados puntos de vista acerca de la antropología humana, pero, como afirma el documento de la comisión pontificia Iustitia et pax, “las ciencias no son suficientes para asegurar las convicciones antirracistas por sus métodos mismos, ellas se prohíben a sí mismas decir una palabra final sobre el hombre y su destino y definir reglas morales universales obligatorias para las conciencias”.

“La filosofía, la moral y las grandes religiones se interesan también por el origen, la naturaleza y el destino del hombre, pero en un plano que supera la investigación científica abandonada a sus fuerzas. Más allá de la observación de las costumbres o del consenso, siempre frágil y ambiguo de una época, logran en el mejor de los casos, adoptar un universalismo que en el caso de la doctrina cristiana se apoya sólidamente en la Revelación divina. Según esta Revelación bíblica, Dios ha creado al ser humano – varón y mujer – a su imagen y semejanza. Sobre este vínculo del hombre con su Creador se funda su dignidad y sus derechos humanos inalienables, con Dios mismo garante. A esos derechos personales corresponden unos deberes hacia los demás hombres. Ni el individuo, ni la sociedad, ni el Estado, ni ninguna otra institución humana, pueden reducir al hombre – o un grupo de hombres – al estado de objeto.

El prejuicio racista sólo puede ser combatido donde nace, es decir, en el corazón del hombre. Muchas veces la propaganda, las leyes o la demostración científica, no son suficientes para extirpar el prejuicio racista. Aunque las leyes eviten o sancionen toda acción de discriminación racial, si las personas no se adhieren a ellas plenamente, estas a la larga no serán efectivas. Una cosa es cierta y es que cuando el racismo muere en los corazones, acaba por desaparecer en las leyes, aunque sea preciso actuar directamente en el terreno jurídico. Un cambio de estructuras está ligado a aun cambio de corazones.

El papel de la escuela es esencial, pues ayuda a ver que la diferencia del otro es algo que puede enriquecer nuestra experiencia. El estudio de la historia ayuda a apreciar los valores de la propia nación, pero sería perjudicial si condujera a un miope chauvinismo y asignara a las realizaciones de las otras naciones sólo un lugar accesorio que resulte inferior. La instrucción cívica debe ser concebida de tal manera que sean arrancadas de raíz los reflejos discriminatrios respecto de personas que pertenecen a otros grupos étnicos”. La Iglesia ante el racismo para una sociedad más fraterna. Comisión pontifica Iusticia et pax  

            El lenguaje juega un importante papel en la construcción social de conceptos como el de “raza” y otros adyacentes.

  1. Por una parte, el lenguaje actúa como un tipo concreto de espejo social que refleja las formas de organización y las dinámicas que configuran la sociedad de la que son parte.
  2. El lenguaje ejerce una función creadora, socializadora, reproduciendo las pautas y valores sociales que refleja en tanto que expresión de algún tipo de convención colectiva.

No obstante cabe preguntarnos si ¿bastará la erradicación de los términos propios empleados por el racismo en el lenguaje para combatir este en las demás áreas de la vida social?

El hecho de que el concepto “raza” no tenga hoy en día validez, no quiere decir que ya no exista el racismo. Como advierte el filósofo Pierre André Taguieff, la biogenética, la sociobiología, el utilitarismo, el etnocentrismo, la judeofobia, la cristianofobia y la islamofobia, construyen cada día nuevos potenciales de segregación, que si bien no se basan en la raza, sus argumentos apuntan a “discapacidades genéticas”, la cultura y la criminalización.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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