3.5. La génesis ilustrada del racismo antinegro

            Durante el período ilustrado se va a producir la génesis del racismo antinegro como consecuencia de la gran expansión del tráfico de esclavos. Aproximadamente unos 13.000.000 de africanos serán arrancados de sus tierras de origen para trabajar como esclavos en los cultivos americanos. Los plantadores se convertirán en un importante grupo de presión sobre la economía, sobretodo la inglesa y francesa. Para ello desarrollarán un código de inferioridad de los negros para justificar la práctica esclavista. Éste código pasará con los años a transformarse en un auténtico conjunto de leyes que se convertirán en “naturales”, originando en el siglo XIX la ideología racista.

            Los primeros contactos entre el hombre europeo y el hombre africano fueron de cordialidad. Así se expresaban, por ejemplo los navegantes Leendert Janz y Nicolás Proot, cuando en abril de 1648 encallaron con una flota de barcos holandeses a las costas de Blaauwberg en Sudáfrica y fueron acogidos por los nativos:

            “Otros dirán que los nativos son salvajes y caníbales, y que no puede esperarse nada bueno de ellos, por lo que tenemos que estar alerta; éste es, sin embargo, sólo un error común, pues lo contrario será demostrado por completo,… nosotros creemos firmemente que los granjeros en este país, al matarles su ganado o tomarlo sin pagar, ni tendrían justicia que temer ni serían un pelo mejor que los nativos… El jefe de la tripulación, el carpintero y un sargento del barco Haarlem, ya mencionado, quienes habían llegado también a las casas de los nativos,… fueron recibidos y tratados en forma amigable por dichos nativos, quienes fácilmente podrían haberlos golpeado hasta matarlos, si hubieran tenido inclinaciones caníbales (como lo sostenían algunos)”.[1]

            Esta percepción cambió radicalmente en la figura del holandés Jan Van Riebeeck (1619-1677), quien entre 1652 y 1662 se dedicó a masacrar y aniquilar sistemáticamente a los nativos sudafricanos con el objetivo de establecer una base de avituallamiento en el extremo austral de África.

            “En ellos (los nativos) no se puede confiar de ninguna manera, pues son una banda de salvajes, que viven sin conciencia”.[2]

0305 Jan Van Riebeeck

En 1648 Jan Van Riebeeck, al mando del buque Harlem desembarcó y dio inicio al poblamiento de Sudáfrica, los colonos europeos que llegaron formaron el pueblo afkikaner (bóer es granjero en holandés) en su inmensa mayoría eran holandeses-flamencos, con un número importante de hugonotes (franceses protestantes que se habían exiliado en los Países Bajos) y algunos –muy pocos– alemanes y polacos. 

            La idea de progreso implicaba que el mundo occidental había llegado a lo más alto de la civilización mientras que el resto de los pueblos estaban muy por debajo, siendo imposible para ellos el poder participar jamás de este desarrollo. Como ya hemos adelantado, para los ilustrados el hombre africano es un salvaje que vive en un estado de naturaleza ajeno a la civilización y la cultura. En este estado salvaje vive ignorante de su condición humana y de lo que es considerado bueno o malo. Como consecuencia de ese estado natural de bondad, el salvaje está a cubierto de los males de la civilización y por ello vive feliz.

            Por el contrario, el hombre occidental sería un bárbaro que sometería al mundo y a los hombres que lo habitan, a su voluntad, masacrando pueblos y saqueando sus pertenencias. Esta tesis del “buen salvaje” será propuesta por Jean Jacques Rousseau y alimentará gran parte del imaginario literario de la época.

La perversa mentira de la semianimalidad

Una de las perversas ideas que contribuyeron a denigrar a los negros del África y que se repitió en la literatura ilustrada de viajes y novelas, fue la falsa convicción de que efectuaban “ayuntamientos antinaturales” con los monos. El primero en postular esta idea fue el médico inglés John Atkins (1685-1757) quien visitó África y en sus relatos dijo que:

“El mayor peligro para los viajeros proviene de un número prodigioso de simios y de monos (algunos de cinco pies de alto) que lo habitan, y que atacan a los viajeros solos, llevándolos al agua en busca de refugio, ya que estas criaturas son muy temerosas del agua. En algunos sitios los negros han sido sospechados de cometer bestialidad con ellos, y por la ternura y el afecto que bajo ciertas circunstancias expresan hacia las mujeres; la estupidez e ignorancia por la otra parte [las negras], para guiar o controlar la lujuria; pero más por el parecido cercano que a veces se encuentra entre ambas especies, todo eso lo hace a uno sospechar de esto”.[3]

Esta idea, del negro como fruto de una relación perversa entre el hombre y el mono se convertirá en un tema recurrente en diversos autores. Será Atkins quien postulará por primera vez que las distintas razas vienen de padres diferentes.

“Aunque un poco heterodoxo, estoy convencido de que los blancos y los negros ab origine provienen de padres con diferente color de piel”.[4]

0305 Historia de Jamaica por Edward Long            Otra de las ideas precursoras del racismo antinegro fue la postulada por Edward Long (1634-1713) quien consideraba al negro como un “subhumano”. Cuñado del gobernador inglés de Jamaica, Long vivió allí a mediados del siglo XVIII y escribió la primera historia de la isla. En su History of Jamaica, proponía que los europeos y los negros eran especies diferentes y trató de demostrar mediante pruebas anatómicas que los europeos, los asiáticos, los americanos y los africanos constituían cuatro especies separadas de perfección decreciente justo en ese orden. De los negros, población mayoritaria de la isla, decía:

“… los negros eran incapaces de hacer combinaciones de ideas simples que habían recibido a través de los sentidos, o de reflexionar sobre ellas. También carecían del sentido moral intrínseco que era un prerrequisito de la virtud. Y por consiguiente, no podían desear nada más que comer, beber, procurarse satisfacción sexual y vivir ociosos, y perseguirían estas metas sin restricciones”. [5]

Este convencimiento de que el negro era una especie diferente, se expresó en el nombre dado a los niños fruto de una relación entre negro y blanco. El término “mulato” se deriva de “mula”, que como sabemos designa al híbrido de dos especies. El mismo Edward Long, en su extensa colección de barbaridades, llegó a afirmar que el cruce de dos mulatos no producía descendencia, ya que en su opinión, monos y negros tenían más afinidad que negros y blancos.

            Pero el odio racista de Edward Long va mucho más allá, descalificando a los africanos de ser “brutales, ignorantes, holgazanes, taimados, traidores, sanguinarios, ladrones, desconfiados y supersticiosos”.

            “Eran un pueblo animalesco, ignorante, ocioso, artero, traicionero, sanguinario, ladrón, indigno de confianza y supersticioso. […]        Todos los pueblos del mundo poseían algunas buenas cualidades, salvo los africanos”.[6]

            En opinión del historiador Davis, el racismo de Edward Long es un rechazo visceral del otro.

“No realizó ningún esfuerzo por ocultar su asco por el “pelo bestial”, las “narices túmidas”, el “olor fétido o animalesco que todos tienen en mayor o menor grado”. Hasta los piojos de los negros eran negros y presumiblemente inferiores”. [7]

Su intrínseca inferioridad los convertía en sirvientes naturales. Cuando, en los umbrales del siglo XIX, se produjo en el parlamento inglés el debate en torno a la abolición de la esclavitud, Edward Long fue citado con profusión. Es interesante ver como llega a hablar mejor de los monos, a los que consideraba parejas habituales de las mujeres negras:

“Era probable que [los monos] pudieran aprender cierto grado de lenguaje y “cumplir una variedad de menudos servicios domésticos”; con “pocos esfuerzos…” podía enseñárseles tanto de las “artes mecánicas” como a cualquier negro. De África habían llegado noticias de monos que vivían en chozas construidas por ellos mismos, a las que a veces llevaban a mujeres negras”.[8]

            La unión sexual entre negros y monos era algo perfectamente natural y razonable para Edward Long. De esta manera razonaba:

“El chimpancé podía codiciar a las mujeres negras llevado por un impulso natural de deseo, como el que inclina a un animal hacia otro de la misma especie, o que presenta una conformidad en los órganos de generación”.[9]

            Para Long, negros y monos no se parecen solamente en sus órganos, sino también en sus conductas y procederes:

“En el caso de los negros, el acto sexual eran tan “libidinoso y desvergonzado” como el de los monos y mandriles. Y “ambas razas” compartían “una llamativa predisposición hacia la lascivia”.[10]

            En muchos casos Edward Long habla con más consideración del orangután que del negro. Sus intenciones eran claras, mientras que los monos no podían trabajar, el negro, considerado como un sub-hombre si podía ser objeto de comercio para ser empleado como mano de obra esclava. Ya los agrónomos romanos consideraban al esclavo como un instrumento más de labranza. Si las herramientas eran el instrumentum mutuum, el ganado el instrumentum semivocale, el esclavo era el instrumentum vocale.

            Un historiador de las Antillas en 1774 llegó a asegurar que un marido orangután podría hacer honor a una mujer hotentote, y que los negros no eran seres humanos, sino que eran animales susceptibles de aprender la civilización del mismo modo que se enseña a los monos a comer, a beber y a vestirse como los hombres.

            Otra de las consideraciones descalificadoras de los pueblos africanos fue considerar la negritud como una enfermedad. La piel negra sería una especie de lepra que cubría todo el cuerpo de la cual algunos podían curarse ocasionalmente. Esta peregrina idea surge de Samuel Stanhope Smith, ministro presbiteriano y presidente del Collage of New Jersey, quien publicó An essay on the causes of varieties of complexión and figura in the human species (Filadelfia, 1787), donde defendía la herencia de los caracteres adquiridos. En esta obra Smith dice que los negros nacen blancos y que el color negro de la piel provenía de una peca gigantesca que cubría todo el cuerpo, resultado de una producción exagerada de bilis, estimulada por las “exhalaciones pútridas” de los trópicos. También habla del cabello espiralado de los negros, el cual estaría condicionado por el clima pues el sol hacía que la piel se contrajera y, en consecuencia, el cabello se tuerce en anillos cerrados. En una edición posterior de su obra (1810), expone un ejemplo para corroborar su idea. Smith citó el caso de Harry Moss, un esclavo famoso que se exhibía por todo el norte de Estados Unidos, mostrando manchas blancas en su cuerpo que acabaron por volverlo blanco al cabo de tres años. Según la teoría de Smith, él se curó de la “peca”. De la misma opinión era el médico estadounidense Benjamín Rush (1746-1813) para quien la piel negra no era sino una suave lepra que cubría todo el cuerpo, de la cual Harry Moss se había curado espontáneamente.

La Enciclopedia y su labor de propaganda racista

Diderot y D´Alambert fueron los responsables de la Enciclopedia Ilustrada, un intento de compendio de los saberes científicos de la época, más preocupada por la propaganda ideológica que podía transmitir que por la búsqueda del saber y la verdad. La Enciclopedia trata a los negros como “una nueva especie de hombre”, añadiendo astutamente: “Todos estos pueblos… diversos ¿Han salido de la misma madre? No nos está permitido dudarlo…”. De esta manera ponían en entredicho la doctrina de la Iglesia sobre el origen común de todos los hombres y su igualdad en dignidad.

0305 Enciclopedia

Ese mismo artículo de la enciclopedia define a los negros por la “fealdad” de su fisonomía y su color: “Si nos alejamos del Ecuador hacia el polo antártico el negro se aclara pero la fealdad persiste”; y “este feo pueblo” es lo opuesto del “tinte de lirio y de rosa” de los países nórdicos, donde “la danesa de cabellos rubios deslumbra por su belleza”.

En la voz “Negros”, considerados como esclavos en las colonias de América, el texto dice:

“Estos hombres negros, nacidos vigorosos y acostumbrados a una alimentación burda, encuentran en América dulzuras que les hacen la vida animal mucho más agradable que en su país”. [11]

No creemos que la vida esclava pudiera reportar demasiadas “dulzuras” a los hombres negros y mucho menos que su condición pudiera definirse como animal de tal manera que la vida esclava la mejorara. Más adelante afirma el mísmo artículo enciclopédico:

“Estos negros son idólatras, su lengua es difícil de pronunciar, saliendo la mayoría de los sonidos de la garganta con esfuerzo… Estos negros, se les llame como se les llame, hablan todos la misma lengua sobre poco más o menos”.[12]

El autor ilustrado del artículo añadía que algunos negros podían superar sus defectos propios y convertirse en buenas personas, si se hacían sumisas a su dueño:

“Los defectos de los negros no se encuentran extendidos de manera tan universal que no se encuentren muy buenos sujetos. Varios habitantes poseen familias enteras compuestas de gente muy honrada y muy unida a su amo”.[13]

Más adelante añade sobre el carácter de los negros: “Si por casualidad se encuentran personas honradas entre los negros de la Guinea (la mayoría es viciosa), están inclinados en gran parte al libertinaje, a la venganza, al robo y a la mentira…”.

Estas concepciones de los africanos como seres “cercanos a los animales” crearon una actitud paternalista típicamente ilustrada. Los “salvajes” debían ser protegidos en virtud de que no estaban facultados para emitir juicios y levantar sus propias instituciones, delatando de esta manera una naturaleza inferior destinada al servicio de los blancos.

La Ilustración, con su discurso paternalista, fue claramente racista. La lucha real por los derechos y la libertad de los negros se realizó gracias a la concepción cristiana de ser humano y de su dignidad. A este respecto el historiador César Vidal expone:

“No resulta muy difícil imaginar lo que hubiera sido la suerte de estos desdichados si, frente a la visión de los conquistadores, al pensamiento ilustrado y, por supuesto, a las concepciones islámica y pagana de la esclavitud, no se hubiera alzado una recuperación del concepto bíblico acerca de esta institución. En realidad, basta con examinar lo que fue la trayectoria de la trata antes del movimiento emancipador”.[14]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Donald Moodie, The Record. 1760
[2] Donald Moodie, The Record. 1760
[3] John Atkins, 1737. Cit. Luís César Bou, África y su historia, 2001. P. 10.
[4] Idem. p. 14
[5] E. Long. Cit. Luís César Bou, África y su historia, 2001. P. 10 y 11
[6] Edward. Long. Davis, 1968. Cit. Luís César Bou, África y su historia, 2001. P. 11
[7] Idem. P. 10 y 11
[8] Idem. P. 12
[9] Idem. P. 12
[10] Idem P. 12 y 13
[11] Enciclopedia. Artículo Negros. Cit. César Vidal “El legado del cristianismo en la cultura occidental”, Espasa, 2005, pp. 216.
[12] Idem. p. 217
[13] Idem
[14] César Vidal. El legado del cristianismo en la cultura occidental. Espasa, 2005. P. 218
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