3.6. La ilustración racista en América del Norte

            La Ilustración americana no se queda corta despreciando a los negros y a los nativos americanos. El que fuera el primer presidente de los Estados Unidos, George Washington (1732-1799), tuvo varios negros como esclavos. En 1783 decía respecto de los indios:

            “La extensión gradual de nuestros asentamientos provocará la retirada tanto del lobo como del salvaje; ambos son animales de presa”.[1]

0306 Thomas JeffersonThomas Jefferson (1743-1826), intelectual que también llegó a ser presidente de los Estados Unidos, personaje muy ligado a los medios revolucionarios franceses decía:

            “Así pues, avanzo la hipótesis provisional de que los negros, hayan surgido de una raza distinta o deban su especificad a la historia y las circunstancias, son inferiores a los blancos tanto física como intelectualmente”.[2]

Este miembro de la élite ilustrada, masón, estadista y arquitecto escribiría en sus Notas sobre el Estado de Virginia (1781), en el apartado que dedicó a la administración de justicia que:

“La primera diferencia que nos llama la atención es el color. Ya sea que el color oscuro del negro resida en la membrana reticular situada entre la dermis y la epidermis, o en la epidermis misma, o proceda del color de la sangre, el color de la bilis, o de cualquier otra secreción, la diferencia está adherida a la naturaleza y es tan real como su fundamento y su causa nos fuesen mejor conocidos… tal es el juicio de los negros a favor de los blancos […] como la preferencia del orangután por la mujer negra sobre las hembras de la propia especie”.[3]

            Jefferson era un personaje contradictorio. Este padre de la constitución americana en la que se afirmaba que “todos los hombres son creados iguales”, se lucraba con el negocio de la esclavitud. El mismo llegó a tener más de seiscientos esclavos negros en su plantación de Monticello. En algunos momentos, Jefferson se declaró abolicionista, pero de una manera muy peculiar. Su idea era liberar los esclavos negros, para luego deportarlos fuera del país.

            Mientras fue embajador norteamericano en Francia conoció a una joven esclava negra de 14 años llamada Sally Hemmings. La niña pasó a ser posesión de Jefferson cuando heredó los esclavos de su suegro, John Wayles. En 1782, Jefferson enviudó y la joven se convirtió en su concubina por más de treinta años. Sally tuvo cinco hijos de los cuales, al menos el primogénito fue hijo de Jefferson, hijo al que nunca concedió la libertad. En realidad, Hemings era la cuñada de Thomas Jefferson, puesto que era fruto de las relaciones de su suegro con otra esclava de su propiedad. El hombre que abogó por la pureza racial no podía permitirse este escándalo y lo mantuvo en secreto, negando tal relación. No obstante no se podía ocultar el enorme parecido de este con su padre biológico. Recientemente la ciencia ha demostrado, mediante análisis de ADN efectuados a sus descendientes, que el primogénito de la esclava, de nombre Eston (alumbrado tras regresar de París), es hijo de Jefferson. Según afirman el historiador Joseph Ellis y el experto en genética Eric Lander, el romance del presidente añade «un grado de hipocresía» a la posición que mantuvo siempre sobre la esclavitud.

            Jefferson despreciaba a los alemanes porque no sabían hablar el inglés muy bien, y respecto de los indios decía:

            “Volverán a caer en la barbarie y la miseria, verán reducido el número de sus miembros por la guerra y la escasez, y nosotros nos veremos obligados a hacer que se alejen, junto con las bestias de los montes, hacia las montañas”.[4]

0306 Benjamin FranklinEste odio racista también se encuentra en otros padres fundadores de la constitución americana. El reconocido masón Benjamín Franklin (1706-1790) pedía una pureza de sangre en los siguientes términos. Para él, todos los negros eran leprosos y enfermos que necesitaban curación. La esperanza de Benjamín Franklin consistía en que Norteamérica llegara un día a ser dominio de los blancos, sin la mezcla de otros colores “menos agradables”.

“Desearía que su número fuese en aumento. Y puesto que, por decirlo así, estamos puliendo nuestro planeta, al talar los bosques de Norteamérica, y haciendo con ello que este lado del globo refleje una luz más brillante para quienes lo contemplan desde Marte o desde Venus, ¿por qué habríamos… de oscurecer su población? ¿Por qué aumentar el número de los hijos de África aclimatándolos a Norteamérica, donde se nos ofrece una oportunidad tan buena para excluir a todos los negros y tostados, y favorecer la multiplicación de los hermosos blancos y rojos?”[5]

Aunque Benjamin Franklin era contrario a la trata de esclavos, no así sucedía con la propia esclavitud. En el periódico de su propiedad se publicaban periódicamente anuncios de compras de esclavos, lo cual suponía un sustancial ingreso en sus arcas.

La propia Constitución americana (1776) legitimó explícitamente la institución de la esclavitud en tres de sus disposiciones, al considerar que los esclavos valían tres quintas partes de una persona a los efectos de la proporcionalidad de los escaños en la Cámara de Representantes. Esta constitución también prohibía la aprobación de cualquier enmienda o estatuto que restringiera la importación de esclavos, garantizando a los dueños de estos la devolución de los esclavos fugitivos, aunque estos hubieran huido a estados donde la esclavitud estuviera proscrita por ley.

“Las personas obligadas a servir o laborar en un Estado, con arreglo a las leyes de éste, que escapen a otros, no quedarán liberadas de dichos servicios o trabajo a consecuencia de cualesquiera leyes o reglamentos del segundo, sino que serán entregadas al reclamarlo la parte interesada a quien se deba tal servicio o trabajo”.[6]

Muchos abolicionistas trabajaron por cambiar estos artículos de la Constitución que permitían el inhumano tráfico esclavo de personas. Precisamente por ello William Lloyd Garrison, periodista antiesclavista y editor de The Liberator, la definió como “un acuerdo con la muerte y con el Infierno.”

Esta actitud caló profundamente en la administración de justicia de los estados esclavistas. Por ejemplo, antes de la Guerra Civil de Estados Unidos, en el estado de Georgia la ley prescribía diferentes penas para ciertos delitos según cuál fuera la raza del enjuiciado o la de la víctima. La violación de una mujer blanca por un hombre negro estaba penada con la muerte, mientras que el mismo delito cometido por un hombre blanco conllevaba una condena de entre dos y veinte años de prisión. La violación de una mujer negra sólo estaba castigada con el pago de una multa o una pena de cárcel, a discreción del tribunal.

A los esclavos negros norteamericanos se les llamaba “mingos”, que era el nombre reservado para los animales domésticos. Todos estos prejuicios raciales antinegros llevarán, en 1857 al Tribunal Supremo de los EE.UU a declarar a los negros “….una clase subordinada e inferior de seres… “ (Scout v: Sandford).

0306 Abraham LincolnIncluso el que fue presidente de los Estados Unidos desde 1860 a 1865, Abraham Lincoln y que luchó por la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos, era un racista convencido pues para él los negros ocupaban una posición inferior a la raza blanca.

“Existe una diferencia física entre las razas blanca y negra que, en mi opinión, impedirá siempre que ambas razas convivan en condiciones de igualdad social y política. Y en la medida en que no pueden vivir de esa manera, pero han de seguir juntas, una debe ocupar la posición superior y otra la inferior, y yo, como cualquier otro hombre, prefiero que dicha posición superior sea asignada a la raza blanca”.[7]

Lincoln firmó la Proclama de emancipación (1863) por la cual se liberaba a los esclavos de la Confederación, pues se dio cuenta de que sería imposible ganar la guerra sin liberar a los esclavos y sin permitirles combatir en el ejército norteño. El propio Lincoln reconoció que

“Mi objetivo primordial en esta lucha es salvar la Unión, y no es ni salvar ni destruir la esclavitud. Si pudiera salvar la Unión sin liberar a ningún esclavo, lo haría; y si la pudiera salvar liberando a todos los esclavos, lo haría; y si lo pudiera hacer liberando a algunos y dejando cautivos a otros lo haría también”.[8]

En 1859 escribe una nota privada en la que afirma que:

“¡La igualdad de los negros! ¡Tonterías! ¿Hasta cuándo, en el reino de un Dios lo bastante grande como para crear y gobernar el universo, seguirá habiendo pícaros para vender, y necios para tomarse en solfa, un ejemplo de demagogia tan barata como ésta?”.[9]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] George Washington. Cit. Noam Chomsky. La conquista continúa (1992).
[2] Thomas Jefferson. Cit Rene Pierre Gosset, 1965. P. 44
[3] Thomas Jefferson. Cit. María Teresa González Cortés. La Biopolítica. Revista El Catoblepas, nº65 julio 2007.
[4] Thomas Jefferson. Cit. Noam Chomsky. La conquista continúa (1992).
[5] Benjamín Franklin. Observations concerning the increase of mankind, 1751. Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. Pág. 54
[6] Constitución americana. Art. 4. Sección 2. 3
[7] Abraham Lincoln. Debates con Douglas. 1858. Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. Pág. 54
[8] Abraham Lincoln. Cit. Howard Zinn. La Otra Historia de los Estados Unidos. Ed. Siete cuentos, 2011
[9] Abraham Lincoln (en Sinkler, 1972, p.47). Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. Pág. 55
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