4.5. Blumenbach y la degeneración del prototipo caucasiano

0405 Blumenbach

Johann Friedrich Blumenbach (1753-1840)

En 1775 un joven alemán de veintidós años llamado Johann Friedrich Blumenbach (1753-1840) publicaba su tesis de medicina “De generis humani varietate nativa”. En ella reunía y sintetizaba los conocimientos del momento en antropología física. Blumenbach, al igual que Buffón, era partidario de la teoría monogenista, pero retomó y amplió el análisis de este respecto a las diferencias entre el hombre y los animales, tanto las anatómicas y fisiológicas, como las intelectuales y las relacionadas con las costumbres.

Blumenbach elaboró la hipótesis degeneracionista según la cual el ser humano sería una especie que habría ido degenerando desde una forma original perfecta hasta las variedades actuales, a través de una serie de factores ambientales, culturales y hereditarios. Este proceso degenerativo sería un tipo de evolución o de transformación del prototipo original que daría forma a las distintas razas humanas. Según Blumenbach la humanidad se divide en cinco razas según su entorno geográfico y su apariencia externa. Denominará caucasianos a los pueblos de piel clara de Europa, Oriente Medio y el norte de África y la India. A los pueblos asiáticos de China y Japón los llamará mongoloides o amarillos. Para los pueblos de piel oscura africanos tomará el término etíopes del griego o negroides. A las poblaciones nativas del “Nuevo Mundo”, americanos o cobrizos y por último asignará el nombre de malayos o australoides para los polinesios y melanesios del Pacífico, así como a los aborígenes de Australia. Para Blumenbach el culmen evolutivo de la especie humana se encontraría en el caucasiano, verdadero prototipo de belleza idealizado, mientras que el resto de las razas serían una degeneración de este modelo ideal. En este modelo excluía a los lapones (summis) y a los finlandeses, a quienes situaba entre los mongoles o asiáticos.

“Si se toman en cuenta todos los principios fisiológicos, la raza caucasiana debe considerarse como la fundamental, o central, de estas cinco principales. Los dos extremos hacia los que ésta se ha desviado son, de una parte, la raza mongólica y, de la otra, la raza etíope”[1]

La clasificación racial que realiza Blumenbach se basa en primera instancia en el color de la piel, para luego ampliarla con la forma de la cabeza, la relación del cráneo a la cara, y del encéfalo o los órganos de los sentidos y las mandíbulas.

0405 Razas según Blumenbach            El término caucasiano es original de Blumenbach y parece ser que lo acuñó al estudiar el cráneo de un georgiano. Según él, era el cráneo más bello que había observado jamás y por ello era razón más que suficiente para considerarlo como el grupo primigenio de Europa. En realidad este antropólogo no hacia sino continuar el mito de la belleza georgiana, que se había puesto de moda gracias a las descripciones que el viajero frances Jean Chardin (1643-1713) había expuesto en su obra Voyages en Perse et autres Linux de l´Orient (1688). De esta manera, los caucasianos pasaron a representar el prototipo de la humanidad, según el prejuicio de Chardín y Blumenbach.

Una razón adicional que explicaría el hecho de que considerara al Cáucaso como el lugar de origen de toda la raza blanca es debido a que cerca se encuentra el monte Ararat, donde la tradición decía que encalló Noé y su Arca. La Biblia dice que después del diluvio se produce la diáspora de las principales razas por la tierra, representadas por los hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet. Cuando en 1876 el historiador y estadista James Bryce realizó la ascensión de esta montaña relatando su experiencia comentaba:

«Si fue realmente allí donde el hombre volvió a pisar la tierra despoblada, puede uno imaginarse la gran dispersión que tuvo lugar cuando las razas se extendieron desde esas sagradas alturas a lo largo de los cauces de los grandes ríos, hacia el mar Negro y el mar Caspio… No podría imaginarse un centro del mundo más impresionante.»[2]

Si el culmen de la belleza parecía estar en el Caúcaso, el de la fealdad variaba según los gustos, y en este sentido África parecía ofrecer muchas posibilidades. Para el teólogo suizo Joseph Caspar Lavater (1741-1801) son los bachkires, pueblo que habitaba al sur del Ural los que llevarían este deshonroso honor. En su tratado “El arte de conocer a los hombres por la fisionomía” (1775-1778) presentaba a los lectores los dos extremos de la humanidad: una dama encantadora caucasiana junto al horrible bachkir, un monstruo aproximadamente humano. ¡La bella y la bestia!

0405 Christoph MeinersEsta consideración estética de las razas está en la base de muchas de las formulaciones racistas. Compañero de Blumenbach, el antropólogo alemán Christoph Meiners (1747-1820) establecerá una clasificación racial basada en presupuestos estéticos. Presidente de la Academia de Ciencias de Götingen y firme defensor del poligenismo, escribirá en 1813 en cuatro volúmenes sus Estudios sobre las diferencias de la naturaleza humana. Profundo antisemita situaría por debajo de los negros y de los indios, justo en el escalafón racial más bajo, a los judíos.

Pero lo más destacable de Meiners es su clasificación de las razas. Para él existen tan solo dos líneas genealógicas de la humanidad: la raza “clara y bella” y la raza “oscura y fea”. Llegó incluso a creer que el color de la piel humana podía alterarse en cualquier dirección deseada y que estas alteraciones eran hereditarias (Grundis der Geschichte der Menschheit, Lemgo, 1785).

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Blumenbach, 1825, p. 37. Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. Pág. 58
[2] James Bryce. Cit. Artículo Monte Ararat. http://www.educar-argentina.com.ar/ARTINTER/ararat.htm#.VKnTrTgU_ct
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