5.3. Frank Joseph Gall y la frenología

En esta obsesión por determinar las capacidades de una persona tomando medidas de su cabeza, en 1825 Frank Joseph Gall (1758-1828) funda la craneoscopía, más tarde llamada frenología. Según esta pseudociencia era posible determinar el carácter y la personalidad, así como las tendencias criminales de un individuo basándose en la forma de su craneo. El propio término frenología se origina de las palabras griegas mente (φρήν) y tratado (λόγος).

Para Gall el cerebro es una agregación de órganos encargado cada uno de coordinar una facultad intelectual, un instinto o un afecto. Su método pretendía determinar la personalidad, desarrollo mental y facultades morales de los sujetos a partir de la forma del cráneo. Los axiomas en que Gall haría descansar toda la frenología eran los siguientes:

  1. Las cualidades morales y las facultades intelectuales son innatas.
  2. El ejercicio o la manifestación de las facultades morales depende de la organización del cerebro.
  3. El cerebro es el órgano de todas las inclinaciones, de todos los sentimientos y de todas las facultades.
  4. El cerebro está compuesto de tantos órganos particulares como inclinaciones, sentimientos, y facultades distintas existen en el alma humana.
  5. La forma de la cabeza y del cráneo, que reproducen en la mayor parte de los casos la forma del cerebro, sugiere medios para descubrir las cualidades y las facultades fundamentales de una persona.

La originalidad del planteamiento de Gall estaba en el quinto punto. Para confirmar su teoría reunió en su casa a multitud de individuos de las clases bajas, dedicados a distintas ocupaciones. Para ganar su confianza los agasajó con vino, cerveza y dinero. Cuando consiguió una buena disposición de espíritu, Gall los invitó a que dijeran sus buenas y malas costumbres, unos de otros, mientras él examinaba con detenimiento sus cabezas. De esta manera llegó a trazar una especie de carta o plano craneoscópico de la cabeza humana en función de sus virtudes y vicios más importantes. También visitará cárceles en busca de deformaciones craneanas entre los condenados a muerte, pues en su opinión las causas de la criminalidad están en la forma del cráneo.

Para John Gall, las predisposiciones morales e intelectuales de un ser humano son consecuencia de la forma de su cabeza. Él mismo realizó mapas cerebrales en los que distinguió hasta 38 zonas. En la parte frontal del cerebro localizaría la rudeza, en la parte parietal los sentidos, mientras que las cualidades intelectuales se encontrarían en la parte temporal. En la zona séptima encontraría la causa de la criminalidad, pues para él, el subdesarrollo intelectual es causa de delito.

La frenología se basaba en las teorías evolutivas y eugenistas, y ambas, producirán una peligrosa forma de racismo.

“La frenología (…) concedía que la frente bien desarrollada del hombre civilizado era la señal de la intelectualidad, en comparación con la frente en pendiente de sus primeros antepasados. Contrariamente, el desarrollo excesivo de la base del cráneo era la característica del hombre primitivo, indicando un instinto sin restricción. Una cabeza alta y amplia demostraba una mayor capacidad para los sentimientos que un cráneo bajo y estrecho”[1]

Por muy ridículo que esto suene hoy en día, en su tiempo esta teoría pasó por ser una auténtica psicología moderna, empirista y científica, frente a las tradiciones psicológicas espiritualistas. Durante mucho tiempo a los psicólogos modernos se les denominó “frenópatas” y a las clínicas psiquiátricas “frenopáticos”.

El estudio de las protuberancias craneales también se aplicó para justificar la desigualdad entre razas, sexos y clases. De esta manera podían oirse expresiones tan absurdas como por ejemplo que “una nariz triste es el símbolo de la austeridad, con quizá una preponderancia a la pudibundez” y que “la amplitud de la nariz y también la amplitud de los ojos, no está carente de significado”. En no pocos casos la forma de la nariz podía determinar las actitudes de una persona para un determinado trabajo:

“El hombre con nariz pequeña no puede tener un espíritu judicial, sin importar sus otras cualidades. Y un hombre cuya nariz se levanta, no puede ser considerado como alguien del que pueda esperarse verlo administrar la justicia. Sería más fácil que un perro pequinés actuase como si fuera un perro pastor”[2]

Otro destacado frenólogo fue el escocés George Combe (1788-1858) quien escribió dos obras principales: A system of phrenology (Un sistema frenológico) publicada en 1825, y la que fue más popular The constitution of Man (La constitución del hombre) publicada en 1828 y que levantó grandes protestas por el materialismo ateo que presentaba. Combe trataba de justificar a través de la frenología las diferencias raciales de una manera burda y fraudulenta.

“Cuando contemplamos diversas partes del mundo nos sorprendemos por la gran diversidad en los resultados de las variedades de hombres que las habitan (…) La historia de África, hasta donde se puede decir que África tiene una historia (…) muestra un escenario de desolación moral e intelectual ininterrumpida (…) El negro, fácilmente impresionable, es víctima de todas las pasiones en grado sumo (…) Para el negro, evitar tan solo el dolor y el hambre, es naturalmente un estado de felicidad. Tan pronto como interrumpe sus tareas por un momento, se pone a cantar, coge un violín y baila”.[3]

Combe elogió la raza caucásica por encima de las otras: “las razas existentes de indios americanos muestran cráneos inferiores en su desarrollo moral e intelectual a los de la raza anglosajona”. En su opinión, este retraso se debería a la colonización ya que “moral e intelectualmente estos indios son inferiores a sus invasores anglosajones y han retrocedido ante ellos”.

El propio Charles Darwin reconoció que la frenología allanó el camino para su obra “El origen de las especies” tal y como reconoció en su prólogo, al proporcionar el comienzo del camino de una visión secular de la vida.

Incluso en la actualidad se vuelven a oir voces que reclaman un neoracismo basándose en la frenología, como lo que plantéa una famosa hechicera, astróloga y psíquica inglesa llamada Sybil Leek (1917-1982):

“El cráneo del varón es más amplio que el de la hembra. Los cráneos de distintas razas y nacionalidades difieren en gran parte en la forma y estas diferencias que se encuentran se corresponden con las diferencias conocidas de carácter racial o nacional, tal como se reconoce a los italianos como siendo unos enamorados y a los británicos por su flema. En los caucasianos, la frente es prominente y alta, la región coronal es elevada y se proyecta moderadamente la nuca. Las actividades especiales en las cuales el cerebro caucasiano sobresale más son la alegría de vivir, el idealismo y la concienciación”.[4]

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Gibson, Walter y Litzka Gibson. El libro ilustrado completo de las Ciencias Psíquicas. Nueva York, Garden City: Doubleday y Co. 1966, p.304
[2] Goleen Age, 19 de enero, 1921 pag. 224
[3] George Combe. A system of phrenology, 1825.
[4] Sybil Leek, 1970. Cit. Jerry Bergman. La zona cerebro: La Frenología o la ciencia de los charlatanes
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