5.4. Anders Retzius y el índice cefálico

Simultáneamente al desarrollo de la frenología, el sueco Anders Retzius (1796-1860) introduce en 1840 una serie de medidas antropométricas con la intención de encontrar criterios positivos para la clasificación de las razas. De todas estas medidas la que gozó de mayor popularidad fue el índice cefálico. Éste se establece como el resultado de dividir la anchura de la cabeza entre su longitud y multiplicar la cifra resultante por 100.

En función de este índice se clasificarían a los distintos individuos y razas en tres tipos:

  • Dolicocéfalos: aquellos individuos con un índice cefálico igual o menor de 76. Su cabeza es estrecha y alargada.
  • Mesocéfalos: los individuos con una cabeza intermedia y un índice cefálico entre 76 y 81.
  • Braquicéfalos: individuos de cabeza ancha y corta, con un índice cefálico superior a 81.

Retzius también realizó estudios del prognatismo de cráneos. Introdujo el término ortognatismo para referirse a un ángulo facial casi recto (90º), mientras que al ángulo facial más agudo lo denominó prógnata. Observó que en Suecia los germanos tenían cráneos angostos, mientras que los cráneos de los Lapones (Lapps) eran anchos. Retzius intentó determinar estas formas matemáticamente mediante el índice de longitud-anchura. Combinando los grupos de dolicocefálicos y braquicefálicos con los grupos de ángulos faciales, llegó a determinar cuatro tipos principales de cráneos: ortognata dolicocefálico, ortógnata braquiocefálico, prógnata dolicocefálico y prógnata braquiocefálico.

El índice cefálico, junto con otros parámetros clasificatorios como el color de la piel, características del cabello, color de los ojos, estatura media, forma de la nariz, etc. fueron determinantes a la hora de clasificar a las razas y establecer la superioridad de unas respecto a otras. Aún así los propios racistas no lograron ponerse de acuerdo respecto a si la superioridad se encontraba en el dolicocéfalo o bien en el braquicéfalo. Para G. Vaucher de Lapouge la superioridad racial correspondía a la cabeza dolicocéfala de cabellos rubios. Las mezclas de estas razas con razas braquicéfalas provenientes del sur habría ido aumentando progresivamente el índice cefálico en Europa, lo que desembocaría en una catastrófica desaparición del rubio dolicocéfalo y en la decadencia racial. Retzius consideraba también a los dolicocéfalos como más avanzados, ya que los grupos más antiguos de Europa, según él los vascos y los finlandeses, eran braquicéfalos (posteriormente se comprobó que los vascos ni siquiera lo eran y que este dato había sido inventado).

Por su parte el antropólogo Paul Broca defendía la superioridad braquicéfala, influenciado por el hecho de que él mismo era braquicéfalo.

Habría que esperar a 1912 para que el científico Franz Boas (1858-1942) demostrase que el índice cefálico dependía en gran parte de factores medioambienta-les como la alimentación, las enfermedades, la humedad o incluso el uso o no de sombreros que cubrieran la cabeza. Todos ellos aspectos que tenían una gran importancia en la forma y constitución del cráneo. El mismo realizó un estudio sobre grupos de inmigrantes en los Estados Unidos, demostrando que estos factores medioambientales podían alterar la forma de la cabeza en el curso de una sola generación. El núcleo de su investigación lo realizó en una colonia de emigrantes polacos asentados en Estados Unidos, que se habían casado entre ellos y que, por eso, habrían vivido aislados de intercambio genético con la población norteamericana, aunque se habían integrado en puestos normales y en la cultura norteamericana media. Pues bien, resultó que los índices cefálicos de los hijos de la generación que emigró, ya no coincidían con los índices de sus padres sino que tendían a igualarse con el índice medio de la población norteamericana. Este estudio ponía de manifiesto la inexistencia de una determinación genética de las dimensiones craneales, y que este dependía fuertemente del medio ambiente.

Fueron las experiencias del antropólogo ruso Alexis Ivanovsky durante el período de hambre trienal en Rusia después de la guerra (1923) las que desmintieron definitivamente todas estas especulaciones deterministas sobre las razas. Ivanovsky realizó mediciones periódicas a unos 2114 hombres y mujeres de las más diversas partes del país. Las mediciones se realizaron cada medio año hasta un total de seis veces. De esta manera comprobó que durante la hambruna la talla craneal había disminuído por término medio de 4 a 5 centímetros, y que la longitud periférica horizontal, así como los diámetros longitudinal y transversal de la cabeza se habían reducido y por tanto el índice cefálico se había modificado. En los rusos grandes el índice craneano había bajado, al igual que en los rusos pequeños y en los rusos blancos, syrianos, basquinos, calmucos y kirgises, mientras que en los armenios, grusinios y tártaros de Crimea se había elevado. También comprobó que la estatura promedio de los hombres se había reducido en 4,7 cms, mientras que la de las mujeres disminuyó unos 3,5 cms. En conclusión de Ivanovsky, “la inmutabilidad de los tipos antropológicos es una leyenda”. Ernst Vatter: Die Resen und Völker der Erde; 1927.

De todo esto se desprende que los caracteres físicos no son absolutamente inmutables y que un cambio de los mismos es posible aún sin un cruce de razas. Por eso, es erróneo deducir de los rasgos puramente físicos las cualidades psíquicas y espirituales, derivando de ellos un juicio moral de valor.

Autor: José Alfredo Elía Marcos
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