5.6. Paul Broca y el peso cerebral

            Uno de los grandes impulsores de la craneometría en Europa fue el médico francés Paul Broca (1824-1880), quién fundó en 1859 la Sociedad de Antropología de París. Quizás, por lo que es más conocido Paul Broca es por haber descubierto el área cerebral asociada al lenguaje y que en la actualidad lleva su nombre.

            Las bases teóricas de la antropometría de Broca fueron expuestas en dos obras fundamentales: Instrucciones generales sobre las investigaciones y observaciones antropológicas (1865) e Instrucciones craneológicas y craneométricas (1875). En ellas defendía la definición de las razas basándose en criterios métricos del volumen craneal, para lo cual inventó diversos instrumentos de medición antropométrica y creó nuevas medidas y categorías de índices craneométricos, muchos de los cuales terminaron imponiéndose entre los antropólogos. También ideó escalas cromáticas de la piel y del iris, creó nuevos instrumentos de medición (goniómetros, craneógrafos, estereógrafos), y sobre todo, puso las bases y formó una extraordinaria escuela de antropología física en Francia.

            La metodología de Broca iba encaminada a determinar el valor relativo de los diferentes grupos humanos y por tanto el mismo declaró que el esfuerzo que los antropólogos estaban dedicando a medir cabezas era esencial para dilucidar dicha cuestión:

“De todas las cuestiones discutidas hasta ahora en la Sociedad Antropológica, ninguna tiene una gran importancia equiparable a la que estamos contemplando. (…) La craneología ha tenido tal impacto entre los antropólogos que muchos de nosotros hemos abandonado otros aspectos de nuestra ciencia con el fin de dedicarnos casi exclusivamente al estudio de los cráneos. (…) En estos datos confiamos descubrir alguna información relevante sobre el valor intelectual de las distintas razas humanas”.[1]

            Convencido poligenista defendía que hubo creaciones diferentes para cada raza. En su opinión existía una imposibilidad geográfica para la dispersión de tantas razas desde un origen común, y hacía notar que muchos otros animales presentaban áreas de distribución mucho más reducidas.

            Paul Broca centró sus esfuerzos en realizar clasificaciones de las razas e individuos en base al peso y volumen de su cerebro. Para ello partió de cuatro premisas básicas que fueron fundamentales en su teoría racial.

  • Los individuos adultos jóvenes tienen el cerebro más grande que los viejos.
  • Los varones poseen un cerebro más grande que las mujeres. Para los varones Broca obtuvo un valor promedio de 1325 gr, mientras que el cerebro de las mujeres daba un promedio de 1144 gr.
  • En los hombres eminentes este es mayor que el de los mediocres (seguramente para Broca no había mujeres eminentes).
  • El cerebro en las razas superiores es mayor que el de las razas inferiores.

“En general, el cerebro es más grande en los adultos que en los ancianos, en los hombres que en las mujeres, en los hombres eminentes que en los de talento mediocre, en las razas superiores que en las razas inferiores… A igualdad de condiciones, existe una relación significativa entre el desarrollo de la inteligencia y el volumen del cerebro”.[2]

Las dos primeras valoraciones son correctas. Con los años en los hombres se va produciendo una ligera reducción del volumen cerebral. También el dimorfismo sexual se refleja en ligeras diferencias en el volumen del cerebro entre el varón y a la mujer. Pero las dos últimas observaciones son absolutamente falsas, además de que el volumen y el peso no pueden ser considerados aspectos determinantes de la capacidad intelectual de una persona.

Para demostrar sus hipótesis se dedicó a estudiar cerebros de personalidades ilustres. Muchos de ellos aceptaron donar sus cerebros a la ciencia para que fueran diseccionados después de su muerte. Numerosos museos de Europa se dedicaron a guardar en formol estas preciosas reliquias con la esperanza de que su tamaño y peso demostrara cuan inteligentes eran su dueños. Pero pronto se vio que estos cálculos estaban sesgados. Los cerebros podían ser aislados, conservados y pesados de muy distintas maneras. Según el método empleado se obtenían diferencias de peso de varios centenares de gramos que sumados en cada cerebro podían alterar notablemente los valores promedio obtenidos.

Fue el antropólogo francés Louis Pierre Gratiolet (1815-1865) quien echó por tierra todas las conclusiones que había elaborado Broca. Ya en 1853 refutó el determinismo cerebral de Cabanis y de Josef Gall. Para Gratiolet era absurdo esperar que una materia “ponderable” pudiera responder a la armonía y arquitectura dinámica del cerebro. Para él existe “una fuerza invisible de localizar” que regula la actividad del conocimiento que no puede ser medida mas que por sus manifestaciones. En 1861 tuvo lugar un animado debate entre Broca y Gratiolet, en el que este último presentó un cráneo de totonaca que tenía el mismo volumen que un caucasiano. Gratiolet demostró que el peso de los hombres puede variar entre los 1200 y 1900 gramos, como el caso de Descartes, cuyo cerebro se conservaba en el museo de París y que apenas alcanzaba los 1200 gramos. Las consideraciones de Gratiolet acerca de la relación entre alma y cuerpo le valieron la acusación por parte de los frenólogos materialistas de que pretendía sustituir la ciencia por la metafísica.

Crítica a la craneología

            La desacreditación de la craneología vino en 1901 por medio de un estudio (“Data for the problema of evolution in man – a first study of the correlation of the human skull”) realizado por dos alumnas del University College de Londres, Alice Lee y Marie Lewnz. Alumnas de Karl Pearson fueron dos de las primeras mujeres científicas que aplicaron métodos estadísticos al estudio de la biología y la psicología. Las investigadoras tomaron medidas de tres grupos distintos de personas: treinta y cinco hombres miembros de la Sociedad Anatómica de Dublín, treinta estudiantes mujeres del Bedford College y otros treinta y cinco hombres profesores del University College. Al analizar los resultados se observó que no existía correlación alguna entre razas, sexos o inteligencias, al ser imposible poder establecer correlaciones individuales aisladas. A pesar de las críticas que sufrieron Alice y Marie, este descubrimiento llevó al abandono de la idea de que se podía relacionar la capacidad mental con la forma o tamaño del cerebro y el cráneo.

            Alice Lee también demostró que las mediciones del volumen craneal llevadas a cabo por Samuel Morton contenía un margen de error tan alto como 3%, debido a la variación en el embalaje de las semillas o arena en el interior de los cráneos. Debido a que las diferencias entre los sexos propuestas eran también del 3%, estas diferencias podrían ser explicadas por la imprecisión de la medición.

En la actualidad se sabe con certeza que la medida del cerebro no puede dar información acerca de la inteligencia, conducta o prestigio de una persona. La medida del cerebro está relacionada con el tamaño corporal; aquellas personas de mayor envergadura tienen un cerebro mayor. Esta relación se produce también entre sexos diferentes; las mujeres de baja estatura y menor volumen corporal poseen cerebros menores que los varones que suelen ser más altos. Si se realiza esta corrección estadística con respecto a la altura, se observa que las diferencias de tamaño entre sexos son insignificantes.

            La aplicación del método de pesada de cerebros llevó a varias contradicciones, como la protagonizada por el fisiólogo alemán Theodor Ludwig Wilhelm von Bischoff (1807-1882), quien se dedicó como antropólogo a pesar cerebros humanos. Tras años de acumular datos, concluyó que el peso medio del cerebro de un varón era de 1.350 gramos, mientras que el promedio para las mujeres era de 1.250 gramos. Durante toda su vida utilizó este hecho para defender ardientemente una supuesta superioridad mental de los varones sobre las mujeres. A su muerte dono su propio cerebro para su colección. El correspondiente análisis indicó que pesaba 1.245 gramos.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Paul Broca. Cit. Stephen Jay Gould. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. 2004 Pág. 99 y 100
[2] Paul Broca. Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. 2004 Pág. 100
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