5.7. Los supuestos caracteres morfológicos raciales

Las clasificaciones de las razas se han basado tradicionalmente en la descripción de aspectos fenotípicos, es decir, de los rasgos evidentes del organismo (apariencia visible, rasgos anatómicos y rasgos fisiológicos). El color de la piel o de los ojos, o la forma del cabello se usaron para determinar no solamente el tipo racial, sino las cualidades intelectuales, morales y de progreso de una persona o pueblo. Todas estas clasificaciones se han demostrado inadecuadas desde el punto de vista taxonómico. En nuestro estudio nos detendremos en las consecuencias antropológicas que tuvieron la determinación racial en base a estos caracteres.

Felix von Luschan y la pigmentación de la piel

La pigmentación de la piel era el principal modo de clasificación racial de tal manera que tradicionalmente se venía dividiendo a los individuos en tres grupos raciales: blancos o leucodermos, amarillos o xantodermos, y negros o melanodermos. Pero los antropólogos físicos fueron estableciendo clasificaciones mucho más complejas, si bien ninguna ha alcanzado aceptación general. Una de las escalas que se consideran clásicas fue la propuesta por Von Luschan, que está basada en una graduación de 36 matices.

El antropólogo alemán Felix von Luschan (1854-1924) decía, con bastante razón, que era tan imposible establecer la cifra de las razas existentes como mencionar el número de los idiomas en vigor, pues una raza no se podía diferenciar fácilmente de una variedad, como no se puede diferenciar un idioma de un dialecto. Si se toma a un blanco caucasiano junto a un negro y a un mogol, inmediatamente se advierte la diferencia entre ellos, pero si se examinan las innumerables graduaciones de estas razas, se llega a un punto en que no se puede determinar en que lugar acaba una raza y dónde empieza la otra.

Luschan criticó las tesis racistas de Gobineau y de Chamberlain y demostró (basándose en comparaciones estadísticas) que los criterios tipológicos en vigor (ojos azules, cabello rubio, caja craneana alargada) no tenían sentido alguno. Sus obras más representativas son: Las antigüedades de Benín (1919) y Pueblos, razas, lenguas (1922).

Luschan fue el creador de la escala cromática Von Luschan, realizada para intentar medir la pigmentación de la piel a partir de 36 valores cromáticos ordenados de más claro a más oscuro. Esta escala fue abandonada hacia los años 50 ya que en la actualidad se emplean métodos de reflexión espectrométrica.

            En todas las pieles existen los mismos pigmentos: melanina, melanoide, carotene, hemoglobina con oxígeno y hemoglobina sin oxígeno. El color de la piel depende, de la proporción de tales pigmentos.

Marvin Harris, uno de los antropólogos que más ha hecho para desmontar los peligrosos prejuicios racistas, explica como el color de la piel tiene un significado adaptativo:

“El color de la piel, por ejemplo, tiene un modelo clinal desde las latitudes más bajas a las más altas relacionado con la intensidad gradualmente cambiante de los rayos del sol desde las regiones ecuatoriales a las árticas”. Marvin Harris

La pigmentación del pelo

            Al igual que la piel, al color del cabello también se le aplicó una categorización en orden a clasificar las razas humanas. Una de las escalas más conocidas fue la elaborada por Fischer-Saller, que determinó cuatro categorías principales (rubios, castaños, morenos y negros) así como veinticuatro tintes distintos del color del cabello.

No obstante, es obvio que una clasificación racial basada en este parámetro está sometida a tantas variaciones y excepciones que no puede tener ningún valor científico definitivo. El color del pelo, cambia con la edad, con la exposición al sol, las enfermedades, etc. Por no decir de las coloraciones artificiales que se han practicado desde bien antiguo en el mundo, cambiando no solo su apariencia sino su calidad y morfología.

La pilosidad o forma y calidad del cabello

La forma, cantidad y distribución de la pilosidad humana (mucho menos abundante y densa que la de la mayoría de los mamíferos) son factores también tan variables que es imposible establecer correlaciones precisas entre ellas y los distintos tipos raciales.

Se ha observado que muchos individuos pertenecientes a pueblos blancos o leucodermos de tonalidad morena tienen una pilosidad abundante, y que los de tonalidad rubia la tienen más escasa, mientras que entre los negros o melanodermos la pilosidad es todavía más escasa, y que los amarillos o xantodermos, y, especialmente, los indígenas amerindios, son casi lampiños, tanto en lo que respecta al rostro como al cuerpo.

Por otro lado, la forma del cabello, aunque tampoco puede afirmarse que se corresponda con clasificaciones raciales precisas, ha sido utilizada para este propósito por muchos antropólogos raciales. Una categorización relativamente extendida es la que distingue la forma del pelo de los grupos

  • Lisótrico: formado por los individuos que tienen el pelo rectilíneo de sección redondeada. Corresponden, en general, a los pueblos xantodermos o amarillos, y a algunos leucodermos o blancos.
  • Cimótrico: formado por los individuos que tienen el pelo ondulado de sección circular. Corresponden a una mayoría de pueblos leucodermos o blancos.
  • Ulótrico: formado por los individuos que tienen el pelo en espiral de sección ovalada. Corresponden, en general, a los pueblos melanodermos o negros, incluidos los australianos, melano-indios, etíopes y melanesios.

La pigmentación de los ojos

            Los antropólogos físicos Martin y Schulz, establecieron escalas de medición del color de los ojos. Esta escala distingue cuatro categorías de coloración: la azul, la gris, la verde o marrón clara, y la marrón oscura o parda.

El color de los ojos depende de la cantidad de melanina que tiñe la capa conjuntiva del iris. Si el pigmento es escaso, el color del ojo será azul, y si abunda más, la escala podrá ir desde el gris y el verde hasta el marrón y el pardo oscuros.

Pero el color de los ojos tampoco puede tomarse como un criterio preciso para establecer categorías raciales. En primer lugar, porque los ojos suelen oscurecerse entre la infancia y la pubertad, y aclararse entre la madurez y la vejez; porque las mujeres suelen tenerlos más oscuros que los hombres de una misma población; porque también puede haber enfermedades o patologías individuales que influyan en la coloración, y porque, en una misma población, puede haber muchas gradaciones de color. Así, los pueblos melanodermos o negros y xantodermos o amarillos los tienen casi siempre oscuros; pero entre los pueblos leucodermos o blancos caben muchas variaciones: desde los ojos azules y grises comunes entre las poblaciones del norte y del oriente de Europa (y en Norteamérica), hasta los ojos oscuros predominantes entre los mediterráneos y dináricos, sin que en ningún lugar pueda hablarse de colores de ojos exclusivos.

La estatura

La estatura también fue empleada para clasificar las razas humanas. H.V. Vallois, estableció en 1948 que la estatura media del varón era de 165 cms, mientras que la estatura media de una mujer de la misma población era por lo general unos 10 cms menor que la del hombre. Con este punto de referencia definió tres categorías principales medidas para individuos varones:

  • Camaesomes: razas bajas con estaturas entre los 125 y los 159 cms.
  • Mesosomes: razas medianas en las que los varones miden entre 160 y los 169 cms.
  • Hipsisomes: razas altas con estaturas superiores a los 170 cms.

            Al igual que ha pasado con el resto de categorías físicas y morfológicas, la estatura también ha sido descartada como factor de clasificación racial. La altura del ser humano depende de muchos factores, no solamente genéticos: la alimentación, la edad, el descanso nocturno, el tipo de actividad laboral, el medio social, la práctica de deporte o el propio ejercicio físico, pueden influir notablemente en la altura media de los individuos.

            Por otra parte, los científicos aseguran que la estatura media está tendiendo a aumentar significativamente en todo el mundo. Estadísticas relativas a Suiza indican, por ejemplo, que su estatura media aumentó en 8,6 cms entre 1884 y 1957, que la de los franceses lo hizo en 4,6 cms entre 1880 y 1960, y que la de los españoles creció en 2,4 cms entre 1860 y 1955. Pero estas tasas de crecimiento medio presentan muchas veces tasas irregulares entre las regiones de un mismo país.

La forma de la nariz

En 1854 el inglés George Jabet desarrolló una teoría sobre que expuso en la obra Notes on Noses. Jabet proponía que las narices podían clasificarse y explicar la personalidad de la gente.

“Nosotros creemos que, además de tratarse de un adorno de la cara, un elemento del aparato respiratorio y un buen asidero por donde coger a un congénere descarado, constituye un indicio importante del carácter de su propietario”.[1]

Jabet halló su inspiración en el movimiento fisiognómico, fundado anteriormente por un místico y teólogo suizo llamado Johann Kaspar Lavater que creía en la interpretación de la personalidad y el carácter a partir de la forma de los rasgos faciales. En su clasificación de las narices europeas dejaba entrever su prejuiciso raciales:

  • Nariz romana o aquilina: en hombres revela determinación y vigor, pero también escaso refinamiento. En mujeres, vigor masculino.
  • Nariz griega o recta: revela refinamiento y personalidad artística.
  • Nariz meditabunda: a veces sólo se aprecia en perspectiva frontal, revela un carácter reflexivo.
  • Nariz judía o encorvada: revela sagacidad.
  • Nariz chata: revela mezquindad y desfachatez y un carácter endeble.
  • Nariz celestial: igual que la nariz chata, pero con un aire de astucia.

En opinión de Jabet cada nación viene representada por un tipo de nariz que indica su grado de civilización:

“Cada nación tiene su nariz característica, y cuanto menos haya avanzado la civilización de una nación, más general y perceptible es la forma característica. Las razas más organizadas e intelectuales poseen las formas superiores de nariz, y las más bárbaras e incivilizadas poseen narices proporcionalmente romas y aplanadas, que se aproximan a los hocicos de los animales inferiores y rara vez o nunca sobresalen más allá de las mandíbulas”.[2]

Posteriormente los antropólogos establecieron un índice nasal que expresa la relación entre el ancho máximo de la nariz y la altura, multiplicado todo por 100. Según este índice nasal se definieron tres categorías:

  • Leptorrinos: tienen narices estrechas y altas. Su índice nasal es inferior a 69,9
  • Mesorrinios: corresponden a las narices medianas. Tienen índices nasales entre 70 y 84,9. Es la nariz típica de los pueblos blancos alpinos, así como de los xantodermos o amarillos.
  • Platirrinios: son aquellos que poseen narices anchas o bajas, que superan el índice de 85. Es típica de numerosos pueblos melanodernos o negros.

Atendiendo a la forma del perfil nasal, el antropólogo racista francés Paul Topinard (1830-1911) clasificó las narices en aguileñas, rectas, chatas, ganchudas y semíticas. El índice nasal, así como la forma del arco nasal fueron muy empleados para determinar si un individio pertenecía a una raza específica. Así por ejemplo de los judíos se dijo que tenían narices ganchudas, mientras que los negros la tenían chata o plana.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] George Jabet. Cit. Sergio Parra. Ese apéndice sobrenatural que es nuestra nariz. http://www.xatakaciencia.com
[2] George Jabet. Idem
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