7.3. Richard Wagner: Gobinismo y antijudaismo

Importante compositor del nacionalismo alemán, Richard Wagner (1813-1883) fue el principal difusor de las ideas gobineanas en Alemania. Frecuentó los ambientes anarquistas y entabló contacto con Mikhail Bakunin, tanto que al estallar la revolución de 1848 y ser reprimida ésta por el rey Federico II, Wagner se vio forzado a huir a Francia y Suiza. Las ideas de Schopenhauer y de Friedrich Nietzsche influyeron decisivamente en él, pero sería el descubrimiento de Gobineau y de su obra las que marcarían un importante giro en el pensamiento del músico.

La amistad entre Wagner y Gobineau fue corta en el tiempo, interrumpida por la muerte de este último, pero intensa, fiel y profunda. Ambos se conocieron en 1876 en Roma estando Gobineau de viaje como embajador francés en Suecia. Pero el trato más íntimo vino a partir de un encuentro en Venecia en 1880, momento que fue posible gracias a labor de Madame de la Tour. Allí hablan de Cervantes, a quien Gobineau no perdonaba que se burlase de la orden de caballería, y que en cambio fascinaba a Wagner. Pese a ello enseguida se hacen amigos, amistad que duró hasta 1882, año en que Gobineau muere.

Durante esos años se cruzaron muchas cartas a través de Cósima, la esposa de Wagner. Cartas que se centraban especialmente en el “Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas”, texto que fascinó a Wagner y que inspiró el libro que escribiría en 1881 titulado “Heroísmo y Cristianismo”. Toda la correspondencia de Wagner y Cosima es de alabanza hacia Gobineau y nunca hay una crítica o problema entre ellos.

“No hemos (Wagner y Cósima) hecho nada más que hablar de Ud. y de su Ensayo desde el mediodía, cuando mi marido ha venido a contarme el placer e interés que ha encontrado al leer el Capítulo XIII (Las razas humanas son intelectualmente desiguales), que le ha absorbido desde su inicio. ¡¡Parsifal ha sido arrinconado para leer sus libros!! No sabría expresar cuanto amamos y admiramos esta obra capital…”[1]

Wagner se puso a leer la obra gobineana de forma constante y fanática. Nunca discutieron, en cambio si se alababan mutuamente, a pesar de que Wagner no coincidía en todo con las ideas de Gobineau. Wagner no era un irremediable pesimista. Estaba convencido de la supremacía del ario y aceptaba el estado de decadencia de la humanidad, pero a la vez estaba convencido de la necesidad de un valor moral humano, una compasión cristiana que no podía tener un particularismo racial.

Wagner había creado una revista, las Bayreuther Blätter, dirigida por un discípulo fiel llamado Hans von Wolzogen. En esta revista solo se hablaba de temas wagnerianos, o directamente relacionados con el wagnerianismo.

En carta del 16 de febrero 1881 Cósima le solicita a Gobineau la idea de publicar en la revista un texto suyo: “¿No podría darnos sus ideas sobre las razas y su historia o sobre nuestro tiempo y su senilidad fanfarrona? Me sería muy agradable traducir yo misma ese trabajo”.

Por supuesto Gobineau se sintió tremendamente halagado y aceptó. El texto apareció en el número de Mayo/Junio 1881 con el título “Un juicio sobre la situación actual del mundo”. El artículo trataba de advertir del peligro de Rusia como puerta de invasión del Oriente sobre Europa, y como la decadencia del mundo oriental estaba entrando en el mundo ario. El texto llevaba el subtítulo “Resumen etnológico del Conde Gobineau – Introducción de Richard Wagner”. En esta introducción Wagner expone la necesidad de incluir la visión política del mundo junto a la artística, de tal manera que las Blätter no solo se dedicasen a temas artísticos sino a una visión política del mundo real. Era la primera vez que la revista publicaba un texto no relacionado con el wagnerianismo. Con ello Wagner pasa a la ofensiva contra la opinión política de los periodistas, en especial contra August Pott, enemigo acérrimo de Gobineau, que creía en la democracia y el progreso económico como sustituto de la calidad humana. Cósima dice en su diario que Wagner se irritó mucho con Pott “por su odio ridículo contra Gobineau, solo porque Gobineau cree en la decadencia y no se consuela con que existan trenes de vapor”.

Con la noticia de la muerte de Gobineau el 25 de octubre de 1882, Wagner se mostró muy afectado, y aquella noche tocó la marcha fúnebre de Siegfried en su honor. Así mismo Wagner pidió a Cósima que escribiera un texto para publicar en la Bayreuther Blätter, que salió en el número de Noviembre-Diciembre 1882. En este texto destacaron las dos facetas que mejor definían a Gobineau: su radical desprecio a la igualdad de los hombres y su bondad de corazón. Las Blätter seguirían apoyando a Gobineau durante todas sus ediciones, muchos años después de muertos Wagner y Gobineau. Casi no habrá año hasta 1938 en que no salga Gobineau en las páginas de la revista.

El racismo en Wagner

            Antes de conocer a Gobineau, Wagner ya había tratado el tema de la degeneración racial. Trataba de justificar la decadencia de la humanidad por el capitalismo materialista que llevaba a las clases dirigentes y a parte del pueblo a un progresivo abandono de los ideales elevados, a cambio de placeres y espectáculos de bajísimo nivel.

            Para Wagner la raíz de la decadencia se encontraba en la dieta. En la obra “Religión y arte” (1880) expresará que la falta de amor y compasión por los animales, así como el consumo de carne animal provocaba la decadencia humana. Al leer a Gobineau, Wagner se replanteó sus hipótesis, aunque siguió apoyando que la crueldad con los animales era una muestra de decadencia y de falta del estilo y espíritu elevado en los pueblos.

            “Uno de los espíritus más inquietos de nuestro tiempo ha atribuido también esta degeneración de las razas humanas a una corrupción de la sangre (de la raza, llamaban entonces “sangre” a la raza), pero no ha tenido en cuenta el tema del cambio de alimentación; toma como origen único la mezcla de razas, que ha hecho degenerar a las razas más nobles, sin que ello aproveche para nada a las razas inferiores”.[2]

La obra “Heroísmo y cristianismo” (1881) ayuda a entender el pensamiento de Wagner en este tema. La obra se divide en tres partes. En la primera Wagner asume la realidad de la raza y de la desigualdad racial, la evidencia de la decadencia de la humanidad en lo espiritual y sensible debido a la destrucción de la superioridad aria en estos temas, a cambio de sentimientos rebajados y rastreros.

            “No podemos dejar de reconocer la verdad de su opinión (la de Gobineau) de que el género humano se compone de razas desiguales, y que las razas más nobles pueden llegar a dominar a las inferiores, y que por su mezcla nunca llegaran las razas inferiores a ser iguales a las más nobles, sino que por el contrario las nobles perderán su nobleza. Esta realidad por sí sola sería suficiente para explicar nuestra decadencia, y aunque este conocimiento no nos deje esperanza, no sabríamos contradecir sus conclusiones. Es en efecto razonable suponer que vamos a la destrucción segura del género humano, que solo es cuestión de tiempo, será preciso acostumbrarnos a la idea de que el sentimiento humano morirá un día”.[3]

Wagner apoya el racismo gobineano no solo en sus aspectos generales, sino que profetiza la muerte de la “noblez de sentimiento” si la mezcla racial sigue prosperando. Entonces llegará una era humana donde el rebajamiento sensible, la codicia, el mero placer y la vulgaridad serán la norma.

“Es evidente que no tendríamos historia de la humanidad si no hubiera habido ni movimientos, actuación, creaciones de la raza blanca. Esta, siendo inferior en número que las razas inferiores, ha sido obligada a mezclarse con ellas, lo que ha sido la causa de su corrupción, puesto que con ello, como ya hemos dicho, la raza blanca ha perdido más de sus características mientras que las otras no lo ganaban para ennoblecer su sangre”.[4]

En la segunda parte se pregunta cual es la cualidad que realmente importa en “lo humano”, y expone que es la superioridad moral del mundo ario. No obstante, aquí se separa del racismo xenofóbico de Gobineau. Wagner presenta una concepción racial de la humanidad compasiva y generosa.

“Una mirada sobre todas las razas no hará que ignoremos su unidad dentro del género humano, en el cual las cualidades en su sentido más noble las podríamos resumir en la capacidad de sufrir conscientemente, creemos que esta facultad comporta la mayor predisposición a una evolución moral elevada”.[5]

En este punto Wagner, se une a Schopenhauer. Para ambos la conciencia del dolor y su suavización por medio del arte y la sensibilidad moral constituyen la mayor cualidad humana. Tras ello Wagner expone donde ve él la superioridad de la raza blanca:

“Deberíamos buscar esa superioridad en una sensibilidad más fuerte y a la vez más tierna de la voluntad, voluntad que se manifiesta en una rica organización y una inteligencia más vigorosa….. En cambio una preponderancia de la voluntad –ciega en sus exigencias- sobre la inteligencia denota una naturaleza inferior, dado que debemos ver los deseos estimulantes, no como iluminados por la inteligencia, sino por los vulgares instintos de los sentidos. El dolor, tan duramente manifestado como lo sea, en esas naturalezas inferiores no logrará darles más que una débil conciencia del mundo, por el contrario una conciencia fuerte de la esencia del sufrimiento llega a hacer aumentar el conocimiento de la importancia esencial del mundo. Llamamos naturalezas heroicas las que en este proceso sublime se desarrolla y manifiesta”.[6]

            En su opinión, las razas que basan su cosmovisión en el deseo y el placer son siempre inferiores. Por el contrario, aquellas razas que desarrollan una filosofía del dolor y el mundo, son las que aportan una conciencia moral más elevada. Héroe es aquel que lucha contra el dolor conscientemente, y Wagner pone como ejemplo a Hércules que, con sus trabajos y esfuerzos, lucha contra el dolor heroicamente y de esa lucha surge el conocimiento de su valor y de la tragedia. Este tipo heróico lo ve Wagner especialmente en la raza aria.

“Este orgullo de la raza germánica es el alma del hombre sincero, del hombre libre, incluso cuando está en condición servil. No conoce el miedo, sino solo el respeto, virtud que en ese sentido exacto solo existe en la lengua de los antiguos pueblos arios”.[7]

En la tercera parte de “Heroísmo y cristianismo”, Wagner expresa que precisamente la superioridad moral aria se basa en la compasión, la consciencia ante el dolor humano y la aceptación de lo moral como superior a cualquier consideración de explotación o desprecio o falta de ayuda al dolor de los demás pueblos. Para Wagner, “Cristo” auna aquellos pueblos que son diferentes.

            Pero Wagner no se queda ahí e investiga otra religión de origen ario: el brahamanismo.

“Nosotros consideramos la religión brahamanica como el testimonio más asombroso del conocimiento y la comprensión de estas primeras generaciones de arios que encontramos en la historia, y que fundándose en el conocimiento más fundamental del mundo, construyeron un monumento religioso aun no destruido después de tantos miles de años”.[8]

            Pero el brahamisno tiene un defecto importante, y por eso Wagner lo criticará, y es que es una religión racial, o sea que no acepta una compasión y salvación para todo el género humano.

            En “Heroísmo y Cristianismo” Wagner se muestra anti-católico, le repugna la “Iglesia latino-semítica”. Wagner no apoya una Iglesia sino a “Cristo”, al redentor del dolor de la humanidad. Un “Cristo” que realiza por compasión un sacrificio voluntario y consciente en la cruz por la humanidad.

“Esta sangre del Salvador derramándose en su cabeza, en las heridas de la cruz, ¿qué sacrílego se preguntaría si pertenece a la raza blanca o a otra raza cualquiera? Si le llamamos divino, no podemos buscar su fuente más que en la facultad de sufrir conscientemente”.

“Si encontramos en la raza blanca esta facultad de sufrir con plena conciencia en un grado particularmente elevado, nos será preciso reconocer en la sangre del Salvador la suma de estos sufrimientos conscientemente voluntarios que se derrama bajo la forma de compasión divina a través de todo el género humano…”[9]

Todo hombre que sufre es digno de redención, la elevación moral del ario debe estar al servicio de esa compasión humana y no servir para aumentar el dolor de los demás.

El antijudaismo de Wagner

Richard Wagner fue un judeófobo y un claro antecesor de la ideología nacionalsocialista. En 1850 escribe, bajo pseudónimo, un libro titulado “El judaísmo en la música”. El texto no era más que una infamia hacia los judíos y el arte que realizaban. En 1869, volvió a reeditarlo ampliado, esta vez con su verdadero nombre. Y de nuevo en 1873, esta vez incorporado a sus Obras reunidas. El panfleto tuvo un gran impacto en Europa, principalmente por la novedad del enfoque antisemita y por el prestigio e influencia que gozaba su autor. El hecho de que la primera versión la publicara con pseudónimo, indica que este tipo de literatura antisemita no era muy bien recibido a mediados de siglo en Alemania. Pero textos con este y otros fueron cambiando la opinión pública, hasta 1878, fecha en la que teólogo luterano Adolf Stoecker fundó el Partido Antisemita. Si bien Wagner se distanció de este movimiento político, siempre reconoció que su panfleto lo había iniciado.

Las novedades que aporta Wagner al discurso antisemita europeo son los términos de “judaización” (Verjudung) y de “animadversión institiva” hacia lo judío. Con el primero pretendía denunciar una supuesta intromisión excesiva de los judíos en la esfera pública. Con el segundo, pretendía favorecer las muestras públicas de aversión contra el ser judío.

En “El judaísmo en la música” podemos extraer algunas afirmaciones antijudías, además de la inquietante expresión “hundimiento” (Untergang) con la que se convertía en triste profeta del holocausto. En 1879 Wagner declara que es partidario de la expulsión total de los judíos, primero de la cultura, y luego de la nación[10].

“Sostengo que la raza judía ha nacido como enemiga de la humanidad pura y de todo lo noble que hay en el hombre. Y especialmente nosotros, los alemanes, nos hundiremos a causa de ellos es cosa segura”.[11]

“El judío ya está más que emancipado: reina y reinará mientras que el dinero siga siendo la potencia contra la cual se estrelle toda nuestra actividad y todos nuestros esfuerzos… No necesitamos dar prueba de que el arte moderno se ha judaizado… Lo más urgente es emanciparnos de la opresión judía.”[12]

“¡Formad parte sin miramientos de este combate sangriento y autodestructor y entonces estaremos unidos y seremos iguales! Pero ¡tened en cuenta que sólo una cosa os redimirá de la maldición que pesa sobre vosotros: la redebción de Ahasvero, el hundimiento!”.

Wagner va a trasladar todos los prejuicios antisemitas al campo del arte. Para ello desarrollará una tesis peculiar. Así como las lenguas europeas no son innatas para los judíos, sino aprendidas, éstos no pueden participar de ninguna de las creaciones artísticas producidas en esta lengua. En su opinión, los judíos lo único que son capaces de hacer es repetir como un loro una lengua que les es ajena. A sus ojos, músicos judíos tan admirados como Felix Mendelssohn o Giacomo Meyerbeer, serían metafóricamente como gusanos devorando un cadáver.

Para Wagner el arte es un reflejo de un mundo futuro superior. Para este compositor la época artística por excelencia es la de la antigua Grecia y considera al pueblo alemán como heredero de este arte. Por contra califica al judío como inepto para el arte debido principalmente a su materialismo económico.

“Debemos explicarnos por qué nos repele la naturaleza y personalidad de los judíos… Para comprender nuestra repugnancia instintiva por la esencia primaria del judío, consideremos primero cómo fue posible que el judío deviniera en músico…” [13]

 “Es natural que la aridez natural de la naturaleza judía alcance su apogeo en el canto… La facultad de concepción concreta de los judíos no les ha permitido nunca ver surgir entre ellos a artistas plásticos”.[14]

            La aversión de Wagner hacia los judíos se hace patente en sus óperas. En ellas aparecen personajes judíos como en Los maestros cantores de Nuremberg, o bien de manera alegórica en El anillo de los Nibelungos o Parsifal, donde los héroes arios se enfrentan a la malvada raza judía. Con razón, en el Estado de Israel, la representación de las obras de Wagner está prohibida.

            Mucho más pronunciado será el sentimiento antijudío de su esposa Cósima Wagner. En una de sus cartas se expresaba de la siguiente manera:

            “Nada es seguro en este mundo ruín, ni siquiera la omnipotencia de los judíos”[15]

            En su diario encontramos múltiples ejemplos que expresan este odio, pero basta resaltar esta carta de Cósima a Gobineau:

“La palabra ‘bandera’ me recuerda una anécdota que me contó Joukowsky, (Nota: un judío amigo de Wagner, pintor, que diseñó el primer Templo de Parsifal), que no me resisto a la tentación de contarle: un banquero israelita de Berlín, en la franco-prusiana, promete una prima de 10.000 marcos al primer soldado judío que le arrebate una bandera al enemigo. He aquí que un buen día un soldado judío llega con todos los certificados y la bandera enemiga. El banquero se asegura delante del Consejo de Guerra de que es así, y luego llama al soldado aparte y le dice: ‘Bueno, ahora me dirás la verdad, porque nosotros no somos de los que ganamos banderas enemigas’, entonces el soldado judío alemán se sincera, el portaestandarte francés también era judío y habían llegado a un acuerdo en repartirse la mitad de la recompensa!”.[16]

Cósima no tenía simpatía alguna por el judaísmo y aunque tenía muchos amigos judíos a los que apreciaba muchísimo, todos ellos compartían el mismo ideario antijudío de los Wagners. Recordemos a Joseph Rubinstein, judío ruso, wagneriano del círculo íntimo desde 1872, quien quedó tan confuso con la muerte de Wagner, que declarando no tener sentido su vida, se suicido un año después.

Tras la muerte de Wagner y Gobineau

            El movimiento wagneriano no dejó nunca de apoyar a Gobineau, es más, Gobineau debe su fama a los wagnerianos.

            Ludwing Schemann tradujo al alemán y publicó en Berlín, en 1889, el Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas. A la vez fue fundador del Círculo wagneriano de Göttigen, formando parte del círculo íntimo de Bayreurth. Junto con Cósima Wagner crearon la “Sociedad Gobineau” (Gobineau-Vereineigung) en 1893. A esta Sociedad se adhirieron Hans von Wolzogen (director de las Bayreuther Blätter y miembro de la Liga militante por la cultura germana) y H.S. Chamberlain, quien sería el más importante divulgador de las ideas gobineanas en los siguientes años.

            Estos dós últimos pertenecerán años más tarde al NSDAP de Hitler y tratarán de parar la decadencia por medio de una revolución política.

            En Francia fue Robert Dreyfus quien se encargó de divulgar la persona e ideas de Arthur Gobineau. En la École des Hautes Études Sociales dio una serie de conferencias sobre el Ensayo que levantaron gran entusiasmo. Fruto de esas conferencias, publicará en 1905 un libro en París titulado “La vida y las profecías del conde de Gobineau”, ampliando la temática del curso dictado en la Escuela de estudios sociales.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Carta de Cósima a Gobineau del 27-3-81. cit. Ramón Bau. Wagner y Gobineau. (El sentido racial en Wagner). Wagneriana nº49. 2003
[2] R. Wagner. Heroísmo y cristianismo. cit. Ramón Bau. Wagner y Gobineau. (El sentido racial en Wagner). Wagneriana nº49. 2003
[3] R. Wagner. Heroísmo y cristianismo. cit. Ramón Bau. Wagner y Gobineau. (El sentido racial en Wagner). Wagneriana nº49. 2003
[4] Idem
[5] Idem
[6] Idem
[7] Idem
[8] Idem
[9] Idem
[10] Cosima Wagner, Die TageBücher 1878-1883, (munich/Zurich, 1977), 18 de junio de 1879, p. 367.
[11] Richard Wagner. Carta al rey Luis II de Baviera. Cit. Vidal, César (1997): Los incubadores de la serpiente. Madrid: Anaya, p. 19.
[12] R. Wagner. El Judaísmo en la música. Cit. Wagneriana, nº1. 1977. http://www.archivowagner.com/
[13] Richard Wagner. La judería en la música (1850). Cit. Gustavo D. Perednik. La germanidad y el pueblo judío. El Catoblepas • número 81 • noviembre 2008 • página 5
[14] R. Wagner. El judaísmo en la música. Wagneriana, nº1. 1977
[15] Carta de Cósima 26-2-81. cit. Ramón Bau. Wagner y Gobineau. (El sentido racial en Wagner). Wagneriana nº49. 2003
[16] Carta de Cósima a Gobineau. 3-7-81. cit. Ramón Bau. Wagner y Gobineau. (El sentido racial en Wagner). Wagneriana nº49. 2003
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