8.3. La idea de la decadencia de la civilización

            Otro de los conceptos directrices de la doctrina racista, y que explica su rápida aceptación y divulgación entre las élites y la sociedad en general, es el de que Occidente estaba en una fase de decadencia. Un peligroso concepto que, como ya hemos visto, asumirá Gobineau quien postulará como causa la degradación de la raza.

            Esta idea la presentó por primera vez el historiador ilustrado Edward Gibbon (1737-1794) en el libro: “La decadencia y caída del Imperio Romano” (1776). Su interés inicial era conocer los mecanismos que movían al progreso, pero al visitar la ciudad de Roma y ver las ruinas del Capitolio tratará de acusar al Cristianismo de ser el obstáculo principal al progreso de las civilizaciones. En su obra afirmará que la causa de la caída del Imperio Romano fue el ascenso del Cristianismo, ya que en su opinión el Cristianismo iba en contra de los ideales de Roma, que eran la libertad intelectual y moral.

            Esta idea de decadencia va a perseguir como un fantasma las ansias de progreso ilustradas, quienes verán en general a la religión y en particular a la Iglesia Católica, como las principales enemigas del progreso.

            Oswald Spengler (1880-1936) será quien más desarrolle el concepto de decadencia, siendo precursor de las ideas nazis. Su filosofía se inspira en la crítica de la cultura Nietzsche, reducida a las claves de “decadencia” y “voluntad de poder”, y en el darwinismo materialista del alemán Ernst Haeckel. En 1918 publicó “Der Unterganag des Abendlander” (La decadencia de Occidente. Contornos de la historia universal), en donde explicaba la situación social de la Europa del siglo XIX. Desde una perspectiva catastrofista decía que la población europea había perdido la conciencia de sí misma, las ciudades eran demasiado grandes, internacionales, que no representaban la cultura del país que las había creado, y que la tradición y espiritualidad de las naciones se estaba perdiendo. El destino final de Occidente, como ya había pasado con otras civilizaciones, era la decadencia. Para evitar ese declive, Spengler hablaba de crear un estado socialista y nacionalista que habría de basarse en la fuerza del espíritu prusiano. Este libro tuvo gran aceptación entre los alemanes y pronto fue traducido a varios idiomas divulgandose con rapidez en el resto de Europa. Ortega y Gasset escribió el prólogo de la tradución española.

En su ensayo dirá que el desarrollo de las civilizaciones sigue un modelo cíclico en cuatro fases que concluirían en la decadencia final: la Apolínea o Clásica; la Mágica, propia del mundo islámico, la Fáustica u Occidental, y la de Decadencia.

Cada una de estas sociedades pasaría, como si de un proceso biológico estuviéramos hablando, por una serie de estadios de nacimiento, desarrollo, madurez, y decadencia con la muerte final. Esto es lo que Spengler denominará “Las cuatro edades de la cultura”. El nacimiento se caracterizaría por la asimilación de elementos mítico-místicos. La etapa de desarrollo estaría marcada por la rebeldía contra la tradición y la elaboración de un esqueleto científico. La tercera etapa de madurez supondría la hegemonía de la razón y el ejercicio de los valores democráticos. Por último, la decadencia estaría marcada por un proceso de enfriamiento racionalista, con la inevitable aparición del escepticismo, el materialismo y el paganismo. Esta era la “morfología” de la historia. Según Spengler todas las culturas anteriores habían pasado por estas diferentes etapas y la cultura occidental no iba a ser una excepción. Para él la historia se movería por una serie de ciclos definidos, observables e independientes.

“¡Según una ley interna cada pueblo y su cultura debe morir un día, después de haber conocido su juventud y su madurez! Igual que un árbol o un hombre van envejeciendo, luego, necesariamente, mueren, de la misma manera un pueblo debe envejecer y desaparecer”. Óscar Spengler.

El lapso de tiempo que asigna a toda cultura, Spengler lo establece en alrededor de mil años. La cultura clásica existió desde el 900 a.C. hasta el 100 d.C. La árabe (hebrea, semítica y cristiano-islámica) desde 100 a.C. hasta 900 d.C. La occidental desde 1000 d.C. hasta 2000 d.C.

Además Spengler identifica un paralelismo en el desarrollo de cada ciclo de vida de todas las culturas. Para cada fase del ciclo en una cultura determinada, existe una contrapartida en el ciclo histórico de cada una de las demás culturas. Así la contrapartida a Alejandro Magno en la cultura clásica, sería Napoleón en la cultura occidental.

            Spengler, nunca perteneció al partido nazi y de hecho se les opuso en algunos aspectos, no obstante sus ideas inspiraron gran parte de la política del régimen, que hizo suya el término nacionalsocialismo acuñado por Spengler. El propio Hitler se apropió de la idea de los mil años predicándola para su Reich, asumiendo el mismo el papel de líder (Fürher) o conductor de esa nueva etapa de la civilización aria.

En cambio si mostraría Spengler bastante simpatía con el régimen fascista italiano de Benito Mussolini, de quien dirá que “el Duce es parangón del cesarismo, el prototipo del César que se levantará del Occidente en ruinas para reinar en la Era de la civilización avanzada por analogía a los césares de la Antigüedad”.

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