8.5. Gustave le Bon y la psicología social

            Otro de los principales ideólogos del racismo en Francia fue Gustave Le Bon (1841-1931). Este médico, etnólogo, psicólogo y sociólogo, escribió en 1895 un libro titulado “La psicología de las masas” el cual tendrá una gran repercusión en muchos estudiosos de la psique humana de principios del s. XX como Sigmund Freud.

            Según han sostenido diversos autores, este libro inspiraría los conceptos básicos de las ideologías totalitarias que recorrerían Europa y que influirían en la práctica política de Hitler, Mussolini, Lenin, Stalin y Mao Tse Tung entre otros. En su libro Mein Kampf, Adolf Hitler utiliza varias de las técnicas de propaganda planteadas por Le Bon en su obra.

            La “Psicología de las masas” trata del estudio de las multitudes y de las principales estrategias de persuasión y manipulación para controlarlas. Entre las características de las masas se encontraría el deseo inconsciente de sumisión y la necesidad de un jefe que las guíe.

“En medio de la muchedumbre los hombres pierden la individualidad y la personalidad; se debilita el sentido crítico y se desarrolla un fuerte sentimiento de pertenencia a una identidad colectiva”. Gustave Le Bon. Psicología de las masas. 1895.

            Justifica la brutalidad de ciertas revoluciones, como la francesa de 1789 en base a una supuesta “alma colectiva” que se acerca a “formas inferiores de evolución tales como la mujer, el salvaje o el niño”. Por el contrario, defenderá que las masas estén al servicio de las élites.

“El fin que persigue el mundo, lejos de ser el aplanamiento de las lumbreras, debe ser, por el contrario, la creación de dioses, de seres superiores, a los que el resto de los seres conscientes, contentos de servirlos, adorarán y servirán… En suma, el fin de la humanidad es producir grandes hombres”.[1]

            Influido por el darwinismo Le Bon lanzará uno de los peores ataques contra las mujeres de toda la literatura científica moderna. En su opinión la mujer era claramente inferior al varón por ser su cerebro de menor tamaño y ser comparable al de algunos monos. Según él el cerebro de los varones de la sociedad moderna era más grande, indicando su creciente capacidad intelectual, mientras que el de las mujeres se encontraría encogido.

            Más tarde reconocería que existen “algunas” mujeres brillantes, pero Gustave Le Bon las considera en un contexto de monstruosidad; si de tanto en tanto nacen animales con dos cabezas o sin extremidades, ¿por qué no puede haber también “algunas” mujeres inteligentes?

            “En las razas más inteligentes, como sucede entre los parisienses, hay gran cantidad de mujeres cuyo cerebro presenta un tamaño más parecido al del gorila que al del hombre, que está más desarrollado. Esta inferioridad es tan obvia que nadie puede dudar ni un momento de ellas; sólo tiene sentido discutir el grado de la misma. Todos los psicólogos que han estudiado la inteligencia de la mujer, así como los poetas y novelistas, reconocen hoy que la mujer representa la forma más baja de la evolución humana, y que está más cerca del niño y del salvaje que del hombre adulto y civilizado. Se destaca por su veleidad, inconstancia, carencia de ideas y de lógica, así como por su incapacidad para razonar. Sin duda, hay algunas mujeres destacadas, muy superiores al hombre medio, pero son tan excepcionales como la aparición de cualquier monstruosidad, como un gorila de dos cabezas, por ejemplo; por tanto, podemos dejarlas totalmente de lado”.[2]

            Le Bon criticó la propuesta de algunos reformadores norteamericanos que pretendían proporcionar a las mujeres una educación superior, igual que la que recibían los varones:

            “El deseo de brindarles la misma educación y, por tanto, de proponerles las mismas metas, es una peligrosa quimera… El día que las mujeres, olvidando las ocupaciones inferiores que les ha asignado la naturaleza, abandonen el hogar para participar en nuestras luchas, ese día comenzará una revolución social, y desaparecerá todo aquello que mantiene unidos los sagrados vínculos de la familia”.[3]

            Le Bon va a emplear toda la argumentación racista para defender de manera antihumana el sexismo, o supremacía del varón sobre la mujer a nivel social y cultural, basándose en una pretendida inferioridad biológica de esta.

La teoría sobre las razas

Gustave Le Bon llegará a equiparar las razas a algo parecido a las especies, pues en su opinión las diferencias entre razas son tan considerables como las que existen entre dos especies distintas de animales.

            “Basándonos en criterios anatómicos bien claros, tales como el color de la piel, la forma y la capacidad del cráneo, ha sido posible establecer que el género humano comprende varias especies nítidamente separadas y probablemente de orígenes muy diferentes”.[4]

 “Las aglomeraciones humanas diseminadas en diversos puntos del globo se clasifican en cierto número de grupos que llevan el nombre de razas. Antes, esta palabra significaba que existían entre los grupos humanos, designados de este modo, diferencias menos grandes que las observadas en los grupos de animales que se designan con el nombre de especies. Pero habiendo probado los progresos de la ciencia moderna que las diversas razas del hombre están separadas por caracteres tan profundos como los que distinguen a las especies de animales afines, hay que tomar ahora el vocablo raza como sinónimo de especie, cuando se aplica al hombre”.[5]

            Le Bon distingue cuatro razas ordenadas en distintos grados de superioridad: en lo más bajo sitúa a las “razas primitivas” representadas por los indígenas de Australia. A continuación se encontrarían las “razas inferiores” cuyo ejemplo serían los negros. Estos serían “capaces de alcanzar rudimentos de civilización, pero solamente rudimentos”; son “bárbaros condenados por su inferioridad cerebral a jamás salir de la barbarie”. En el tercer escalón Le Bon sitúa a las “razas medias”, chinos, japoneses, mongoles y los pueblos semíticos. En estos se diferencia de Renan, al incluir a las razas semíticas en un grado de inferioridad respecto a la raza blanca. En la cumbre se encontrarían tan solo los pueblos indoeuropeos y esto es así básicamente por el uso que realizan de la razón y de las consecuencias técnicas que realizan. “En las razas primitivas e inferiores (…) se comprueba siempre una incapacidad más o menos grande para razonar”; en las razas superiores, por el contrario, encontramos “grandes invenciones en las artes, las ciencias y la industria (…), el vapor y la electricidad han salido de su manos”.[6]

            “La observación demuestra que los pueblos en conjunto pueden estar divididos en razas primitivas, razas inferiores, razas medias y razas superiores. Las razas primitivas, como los fueguinos y otros del Océano Índico, están próximas a la animalidad y no manifiestan ningún signo de cultura. Las razas inferiores, como los negros, pieles rojas, etc., son capaces de utilizar algunos rudimentos de civilización, pero jamás pueden elevarse a una relativa altura… Por encima de las razas precedentes se colocan los pueblos amarillos del Asia, principalmente chinos. Estos pueblos formaron civilizaciones elevadas que los pueblos indoeuropeos han superado. Sólo estos últimos constituyen las razas superiores”. Gustave le Bon

Advertirá del peligro que supone la mezcla de razas por conducir a la degeneración de la especie:

“Todos los individuos de las razas inferiores poseen con pocas diferencias el mismo nivel mental… (Entonces) los cruzamientos pueden constituir un elemento de progreso si se efectúan entre razas superiores. El cruzamiento, por el contrario, es un elemento de degeneración cuando las razas cruzadas son muy diferentes…

Cuando los españoles conquistaron América del Sur no advirtieron este peligro, y por esta causa todas las repúblicas hispanoamericanas formadas por el cruzamiento de los invasores con los indígenas y habitadas por mestizos, siempre ingobernables, no salen de la anarquía”. Gustave le Bon.

            Le Bon asimiló la jerarquía de las razas a la de los sexos y de las clases. Para Le Bon no es preciso ir al África para observar a las razas inferiores: basta con asomarse a ver a los obreros de las fábricas: “Los estratos más bajos de las sociedades europeas, son homólogos a los seres primitivos”. Y ni siquiera es necesario irse a la fábrica o a las granjas para toparse con seres primitivos, con “asomarse a la cocina y detener la mirada por un instante sobre ese ser inferior que es la propia esposa” es suficiente.

            “Puede que tengan intereses comunes, sentimientos comunes, pero jamás eslabonamientos de pensamientos semejantes. (…) La diferencia de su lógica bastaría, por sí sola, para crear entre ellos un abismo infranqueable”.[7]

            Respecto a las diferencias entre razas, para este pensador francés, las esencias raciales eran inalterables, fijas y determinadas por la herencia; así la educación solamente podía pulir las apariencias externas.

“Un negro o un japonés pueden fácilmente licenciarse o llegar a ser abogados; el tipo de barniz que así adquieren es, no obstante, bastante superficial y no tiene influencia en su constitución mental. Lo que no hay educación que pueda darles, porque son cosas creadas solamente por la herencia, son las formas de pensar, la lógica y sobre todo el carácter del hombre occidental. Nuestro negro o nuestro japonés pueden acumular todos los certificados universitarios posibles sin jamás alcanzar el nivel del europeo medio. … Es sólo en la apariencia que hay gente que transforma repentinamente su idioma, su constitución, sus creencias o sus artes”.[8]

            Por lo tanto para Le Bon la influencia del medio es superficial y tan solo la raza, o la herencia son lo que determinan a un pueblo. Rechazará pues que la educación pueda ejercer alguna influencia en la raza, asi como un cambio en las costumbres transformando sus instituciones.

            “Tocqueville y otros pensadores ilustres han creído encontrar en las instituciones de los pueblos la causa de su evolución. Yo estoy persuadido, por el contrario […] de que las instituciones tienen una importancia extremadamente débil sobre la evolución de las civilizaciones”… “Creo que únicamente en el obtuso cerebelo de las muchedumbres y en el estrecho pensamiento de algunos fanáticos, puede aún persistir la idea de que los cambios sociales importantes se hacen a base de decretos”.[9]

            “El barniz de civilización europea que recubre actualmente al Japón, no corresponde en absoluto al estado mental de la raza. Es una miserable costumbre de empréstito, que bien pronto desgarrarán violentas revoluciones”.[10]

            Más aún, este autor francés cree que, no solo que la educación no aporta nada a las razas inferiores, sino que es contraproducente ya que las corrompe, destruye lo antiguo que conservaban y deja, en expresión de los defensores de colonialismo, a los pueblos niños “en la mitad del vado”.

            “Si, por medio de la educación, se trata de evitarle [al pueblo primitivo] estas etapas, lo único que se hace es desorganizar su moral y su inteligencia y, finalmente, devolverlo a un nivel inferior a aquel al que había llegado por sí mismo”. Gustave LeBon.

            Para Le Bon, tienen más fuerza todas las generaciones que han precedido al linaje de una raza, que la propia persona.: “infinitamente más numerosos que los vivos, los muertos son también infinitamente más poderosos que aquellos”. Los muertos actúan sobre los individuos a modo de inconsciente colectivo racial, y es el inconsciente el que rige al hombre. Es por esto que el vienés Sigmund Freud tendrá en gran consideración al autor francés.

Otros autores de la psicología materialista

            Otro teórico de la psicología materialista y que ejerció una gran influencia en el determinismo biológico y el antisemitismo francés fue Jules Soury (1842-1915). Soury será el teórico francés de la biologización de la ciencia del hombre. Profesor de psicología de la Sorbona, declarado materialista y anticristiano, fue profundo admirador de Ernest Renan. Como expone Sternhell, Soury defenderá el determinismo biológico, la teoría de las razas y el relativismo histórico.

            “El eje del sistema de Soury, como el del pensamiento barresiano formado en tiempos del Affaire [Dreyfus], es el determinismo…

            Todos los seres psíquicos no son sino autómatatas. Inconscientes o conscientes los procesos psíquicos no son menos automáticos. La conciencia no añade nada, cuando existe, a estos procesos, nada más que la sombra del cuerpo”.[11]

            Maurice Barrés se apoyará en el vitalismo nietzscheriano y el racismo darvinista de raíces nacionalistas. Él fue el inspirador de la corriente francesa del nacional socialismo. Junto con Charles Maurras crearon el grupo político Acción Francesa, con un ala juvenil violenta llamada los Camelots du Roi. Barrès influyó mucho con su pensamiento en el fascismo italiano de Mussolini.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] Gustav Le Bon. Citado por Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros. Ed. Siglo veintiuno, 2007. P. 191
[2] Gustave Le Bon. Citado por STEPHEN JAY GOULD. La falsa medida del hombre. Ed. Crítica. 2004 Pág. 120
[3] Gustave Le Bon. Idem. p. 120
[4] Gustave Le Bon. Cit. Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros. Ed. Siglo veintiuno, 2007. P. 132
[5] Gustave Le Bon.cit. Luís César Bou. África y la historia, 2001. P. 32.
[6] Le Bon. Citado por Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros. Ed. Siglo veintiuno, 2007. p. 135
[7] Le Bon. Citado por Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros. Ed. Siglo veintiuno, 2007. p. 139
[8] Gustave Le Bon. Citado por Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros. Ed. Siglo veintiuno, 2007. P. 187
[9] Gustave LeBon. Leyes psicológicas de la evolución de los pueblos. P. 6.
[10] Gustave LeBon. Citado por Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros. Ed. Siglo veintiuno, 2007. P. 187
[11] Sternhell, 1972. Cit. Francisco Caja. La raza catalana. Ed. Encuentro, 2009. P. 78
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