9.2. Madison Grant y el nordicismo

Si H.S. Chamberlain fue el principal divulgador de la ideología racista en el continente, en los Estados Unidos, su principal promotor será Madison Grant (1865-1937) quien se encargará de difundir una peculiar forma del racismo denominada “nordicismo”. Abogado de profesión, y gran defensor del eugenismo entre humanos y del conservacionismo de los animales, utilizó su influencia para el establecimiento de fuertes políticas restrictivas de la inmigración y el mestizaje en los Estados Unidos.

La principal y más popular obra de Grant fue su The Passing of the Great Race (La caída de la Gran Raza), un elaborado trabajo que escribió en 1916 sobre la “historia racial” de Europa. El prólogo del libro fue escrito por el director del Museo de Historia Natural y conocido eugenista, Henry Fairfield Osborn (1875-1935). En sus páginas se podía leer la interpretación racial que Grant hacía de la historia y de la antropología. Una visión distorsionada en la que la raza se erigía como motor básico de la civilización. Su filosofía se basaba en la idea de que la “raza nórdica”, una ambigua agrupación biológico-cultural originaria de Escandinavia, sería el grupo social clave en el desarrollo humano.

The Passing of the Great Race advierte que la raza predominante del mundo occidental está comenzando a decaer a causa de una «creencia fatua», según la cual el entorno puede cambiar la herencia. La clara conexión con el canon de predestinación de Calvino y con la gran tradición nórdica del destino implacable es inconfundible. La propia genealogía de Grant provenía de ambas tendencias de la historia europea. Usando las teorías de Darwin y la genética mendeliana para apoyar sus argumentos, Grant afirmó rotundamente que las diferentes razas no debían de mezclarse, pues la mezcla «da una raza que revierte al tipo más antiguo e inferior». Un «cruce entre cualquiera de las tres razas europeas y un judío es un judío».

La teoría del “hombre nórdico”

            Aunque durante el s. XIX existía una gran variedad de clasificaciones de la especie humana en razas, si existía una cierta unanimidad en dividirlas en tres razas principales: caucasoide (Europa), negroide (África), y mongoloide (Asia). El nordicismo de Grant subdividía a su vez a los caucasoides en tres grupos. Los nórdicos que habitarían el norte de Europa, los alpinos que se encontrarían en la Europa Central y ciertas partes de Asia, y los mediterráneos que habitarían el sur de Europa, el norte de África y el Oriente Medio.

En opinión de Grant, los nórdicos lograron su desarrollo al tener que vivir en unas tierras cuyas condiciones climáticas eran muy duras:

“El clima debió imponer una rígida eliminación de los defectuosos a causa de los duros inviernos y de la necesidad de la industria y de la previsión en el abastecimiento durante el corto verano de alimentos, ropa y cobijo para todo el año. Tales demandas de energía, al ser constantes, debieron producir una raza fuerte, viril y autónoma que abrumaría inevitablemente en la batalla a las naciones cuyos elementos más débiles no habían sido purgados al vivir en un ambiente menos severo.”[1]

            El humano “proto-nórdico” debería de haberse desarrollado en el este de Alemania, Polonia y Rusia antes de emigrar hacia el norte de Escandinavia. En su teoría el nórdico era el “Homo europeus”, y constituiría el hombre blanco por excelencia.

“En todos los lugares se caracteriza por ciertas especializaciones únicas, a saber: pelo rubio y ondulado, ojos azules, piel clara, nariz alta, estrecha y recta, que se asocian con una gran estatura, y un cráneo alargado, así como con abundancia de pelo en la cabeza y en el cuerpo.” [2]

“Expansión máxima de los alpinos 3000 – 1800 a. C.” (mapa de The Passing of the Great Race) mostrando las esencialmente campesinas migraciones de los alpinos en Europa, con los nórdicos escandinavos y teutones en rojo, los nórdicos continentales en rosa, los alpinos en verde y los mediterráneos en amarillo. “Expansión de los nórdicos pre-teutónicos 1800 – 100 a. C.” (mapa de The Passing of the Great Race) mostrando la influencia nórdica temprana extendiéndose sobre el continente.

 

“Expansión de los nórdicos teutónicos y de los eslavos alpinos 100 a. C. – 1100 d. C.” (mapa de The Passing of the Great Race) mostrando las siguientes expansiones nórdicas y de los alpinos. “Distribución actual de las razas europeas” (mapa de The Passing of the Great Race) mostrando la visión de Grant del statu quo.

 

Si para Grant la raza nórdica constituía el pináculo de la civilización, la alpina era considerada como la inferior de las tres razas europeas.

“Los nórdicos son, en todo el mundo, una raza de soldados, marinos, aventureros y exploradores, pero sobre todo de gobernantes, organizadores y aristócratas en agudo contraste con el carácter esencialmente campesino de los alpinos. El honor, la caballerosidad y la capacidad de supervivencia en las peores circunstancias, son rasgos característicos de los nórdicos. El feudalismo, las distinciones de clase y el orgullo de raza entre los europeos son atribuibles en su mayor parte al norte”. [3]

Grant sostenía que la cultura está determinada por la raza. Los alpinos siempre han sido campesinos; los mediterráneos, artistas e intelectuales; pero «el hombre blanco por excelencia» era el nórdico conquistador rubio del Norte quien a lo largo de la historia habría gestado generaciones de exploradores, luchadores, gobernantes, aristócratas y organizadores del mundo. En la Norteamérica primitiva la raza era puramente nórdica, pero ahora los híbridos que pululaban el país, la amenazaban con la destrucción, con la excepción de unas pocas zonas de pureza racial, como Minnesota.

            Un problema encontraron los que, como Grant, abogaban por los méritos de la raza nórdica y era el hecho de que la cuna de las grandes civilizaciones de la antigüedad: Egipto, Grecia, Roma,… se había desarrollado justamente entre los pueblos mediterráneos. El antropólogo italiano Giussepe Sergi (1841-1936) exponía en su libro “La raza mediterránea” (1901) como fue la mezcla racial la que confirió su ventaja creativa a estos pueblos. Madison Grant contraargumentó especulando que en realidad todos los logros de la cultura mediterránea se debieron al resultado de los genes nórdicos que habían entrado en el caudal genético mediterraneo como resultado de antiguas invasiones de los pueblos del norte.

“Las capacidades mentales de la raza mediterránea son bien conocidas y esta raza, mientras que es inferior en fortaleza corporal a la nórdica y a la alpina, es probablemente superior a ambas, ciertamente a la alpina, en logros intelectuales. En el campo del arte su superioridad a las otras dos razas europeas es incuestionable”.[4]

            Si bien admitió en los mediterráneos su capacidad para el arte, en algunos pasajes de su obra llega a afirmar que en realidad, el éxito de las culturas mediterráneas se debió exclusivamente a la mezcla con los nórdicos:

“Ésta es la raza que dio al mundo las grandes civilizaciones de Egipto, de Creta, de Fenicia incluyendo Cartago, de Etruria y de Micenas. Nos dio, cuando se mezcló y vigorizó con los elementos nórdicos, la más espléndida de todas las civilizaciones, la de la antigua Hélade, y la más duradera de las organizaciones políticas, el Estado Romano. En qué medida la raza mediterránea se introdujo en la sangre y en la civilización de Roma, es difícil decirlo ahora. Pero las tradiciones de la Ciudad Eterna, su amor por la organización, por la ley y por la eficacia militar, así como los ideales romanos de la vida de familia, de la lealtad y de la verdad, señalan claramente a un origen nórdico más que mediterráneo”.[5]

            Esta idea de los genes nórdicos portadores del genio y la capacidad industriosa de progreso influyó en algunos pensadores como el español Ortega y Gasset (1883-1955), para quien el retraso cultural de España se debía a que en el reparto de sangre en las invasiones bárbaras, a la península ibérica le habrían tocado aquellas tribus con menor porcentaje en esos genes y por tanto menos “arias”, de las que poblaron el continente.

            Grant asumirá las ideas evolucionistas de la antropología darwinista, la cual defiende que las sociedades pasan por determinadas etapas evolutivas. En ese sentido las culturas originarias de América, Australia y África estarían pasando en la actualidad por etapas evolutivas que el hombre blanco ya habría superado hace mucho más tiempo.

“…estos grupos de la humanidad que en un período temprano encontraron refugio en las Américas, en Australia, en Etiopía, o en las islas del mar, representan en gran medida etapas en el desarrollo físico y cultural del hombre, que los habitantes de Eurasia, más enérgicos, han atravesado hace mucho”.[6]

            Pero el análisis racial de Grant concluye con una mirada pesimista hacia el mundo moderno. Considera que en la raza nórdica se estaba produciendo una decadencia debido a la pérdida de los valores culturales basados en un religioso o supersticioso proto-racialismo. Augura que la cohabitación con razas inferiores traería graves consecuencias generando un auténtico “suicidio racial” de la raza nórdica superior. Grant profetiza todos los males que sobrevendrán a la humanidad por causa de la presencia de negros y de razas de ojos oscuros. Su obsesión por la raza le llevará a decir que dondequiera que un pueblo exhiba características culturales eminentes, éstas se deben ciertamente a una levadura de sangre nórdica.

“No es difícil decir en qué medida penetró la raza nórdica en la sangre y civilización de Roma. Las tradiciones de la Ciudad Eterna, su organización de la justicia, su eficiencia militar así como los ideales romanos de vida familiar, lealtad y verdad, señalan claramente un origen nórdico antes que mediterráneo”.[7]

            La obra “La caída de la Gran Raza” fue tremendamente popular y fue varias veces reeditada en los Estados Unidos. También se tradujo a muchos otros idiomas, en concreto al alemán en 1925. En 1937 se habían vendido, solo en los Estados Unidos más de 16.000 copias del libro. Grandes personalidades, así como diversos “Movimientos de higiene racial” (Rassenhygiene) abrazaron el nordicismo en los años 20 y 30, aunque ellos preferían emplear el término “ario” en lugar de “nórdico”. Alfred Rosenberg si que usó los términos grantianos, de “ario-nórdico” o “nórdico-atlante”. Los ideólogos del Movimiento Nacional-Socialista alemán acogieron los postulados expresados en el libro de Grant, tanto que Adolf Hitler, en la correspondencia que mantenía con el autor, le confesó: “El libro es mi Biblia”. El antropólogo antirracista Stephen Jay Gould (1941-2002) describe la obra de Grant como “El más influyente tratado del racismo científico americano”.

El control de la inmigración

            Una de las principales preocupaciones de Grant fue el cambio en la composición de la inmigración en América a principios del siglo XX. Por esta época se estaba produciendo una gran afluencia de inmigrantes procedentes de Europa meridional y oriental. Para evitarlo se creó una Liga de Restricción de Inmigrantes, formada por graduados de Harvard que proclamaban la superioridad de la raza anglosajona o aria. Uno de sus fundadores, Prescott F. May se preguntaba retóricamente si los Estados Unidos sería habitada por una estirpe de británicos, alemanes y escandinavos, históricamente libres, enérgicos y progresistas, o bien sucumbiría bajo oleadas de razas eslavas, escandinavas o asiáticas (término despectivo con el que se refería a los judíos) históricamente oprimidos, atávidos y estancados.

            La influencia de Grant permitió la promulgación del Acta de Cuotas de Emergencia de 1921 y el Acta de Cuotas de Inmigración de 1924 que restringía la inmigración de personas del Sur y este de Europa.

            En 1922 Madison Grant asumirá el cargo de vicepresidente de la Inmigration Restriction League, actuando como experto en cuestiones raciales. Se encargó de realizar una serie de estadísticas para el Acta de Cuota de Inmigración de 1924, que permitía fijar unos límites a la entrada de foráneos provenientes de ciertos países europeos. Esta ley restringía la entrada de inmigrantes, aceptando un número de personas de cualquier país, igual al 2% del número que estuviera viviendo en los Estados Unidos en 1890 (un tiempo en el que había pocos inmigrantes europeos del sur y del este). La nación quería de esta manera guardarse de los nuevos europeos “indeseables”. Incluso con esta ley aprobada, Grant estaba disconforme con que se permitiera cada año la entrada de inmigrantes no nórdicos, aunque fuera en pequeño número.

La eugenesia como política de control de las razas

            Además de las políticas de restricción de la inmigración, Madison se preocupó por promover la purificación de la población americana mediante la reproducción selectiva de los “puros”. Con este propósito fundó en 1918, junto con el biólogo americano Charles Davenport (1866-1944), una sociedad eugenista denominada Galton Society.

            Con la eugenesia se planteaba la idea de la creación artificial de la “raza perfecta”. Para ello se convertía a la ciencia en el instrumento con el que manipular la biología de una población con fines políticos y sociales.

            El primer congreso mundial de eugenesia de 1912, afirmaba que prohibir a un minusválido la reproducción era una medida tan lógica como evitar mestizajes raciales. También concluyó que el Estado debía procurar la crianza de niños en el seno de familias de la burguesía culta y dedicada a los negocios, quienes, para horror de los teóricos de la eugenesia, se multiplicaban aparentemente menos que los míseros trabajadores. 

Como eugenista, Grant abogó por la segregación, cuarentena e incluso la separación de los rasgos “indeseables” y de los “tipos raciales sin valor” dentro del capital genético humano. Por otra parte, promocionaba la difusión y restauración de los rasgos “deseables” y de los “tipos raciales valiosos” auténticamente nórdicos.

 “Un sistema rígido de selección para eliminar a los débiles o inadaptados — es decir a los fallos sociales — solucionaría toda la cuestión en cien años y nos permitiría además librarnos de los indeseables que atestan nuestras cárceles, hospitales y manicomios. El individuo mismo puede ser nutrido, educado y protegido por la comunidad durante toda su vida, pero el estado, mediante la esterilización, debe cuidar de que su línea termine con él, o de lo contrario caerá sobre las generaciones futuras la maldición de una carga cada vez mayor de equivocado sentimentalismo. Es ésta una solución práctica, compasiva e inevitable para el problema en su conjunto, que se puede aplicar a un círculo cada vez mayor de descartes sociales, comenzando siempre con el criminal, el enfermo, y el loco, y extenderse gradualmente a tipos que podemos llamar débiles más que defectuosos y quizás en última instancia a los tipos raciales sin valor”.[8]

En su delirio purificador llegó a aconsejar una serie de recomendaciones sobre como crear organizaciones civiles, a través del sistema de salud pública, con el fin de segregar a las razas indeseables en guetos controlados por los poderes administrativos. Según Grant el desarrollo de los tipos raciales no-nórdicos en el sistema de libertades nórdico estadounidense produciría el sometimiento a los deseos pasiones y comportamientos más primitivos inherentes a estas razas. El resultado sería que las razas nórdicas indígenas quedarían inmersas bajo un corrupto y enfermizo sistema dominado por razas inferiores y ambos serían finalmente sometidos por una nueva clase racial dominante.

            La influencia de este pensamiento se puede encontrar en las esferas políticas. El entonces presidente de los Estados Unidos llegó a afirmar lo siguiente:

“América debe conservarse americana. Las leyes biológicas demuestran que los nórdicos se deterioran al mezclarse con otras razas”.[9]

Madison Grant percibía la democracia como un sistema político que violaba los hechos científicos de la herencia del mismo modo que lo hacía el cristianismo, al favorecer al débil. Esto conducía inexorablemente a la decadencia biológica. Incluso la conciencia nacional podría confundir la primera lealtad racional de uno, que tenía que ser la raza.

Relación entre el conservacionismo y el racismo

Otro de los aspectos destacables en el pensamiento de Madison Grant fue sus inquietudes conservacionistas y su enorme preocupación por salvar especies en peligro de extinción. En 1918 funda la “Save the Redwoods League” junto con John C. Merriam y Henry Fairfield Osborn. Esta asociación desarrolló las primeras leyes sobre la caza de ciervos en el estado de Nueva York. También se preocupó por salvar al bisonte americano fundando la American Bison Society y ayudó en la fundación del Zoo del Bronx, donde exhibió a un pigmeo congoleño llamado Oto Benga, junto con otros monos.

Madison Grant fue considerado un destacado naturalista científico de su tiempo. Realizó una serie de monografías sobre la cabra de las Montañas Rocosas, el alce y el caribú, que se emplean aún en la actualidad en los cursos de zoología.

Los intereses de Grant en el conservacionismo y en la eugenesia tienen una gran relación como ha mostrado el historiador Jonathan Spiro. Ambas ideologías constituyen la base del movimiento progresista de principios del siglo XX, y ambos, en sus respectivos campos, abogan por la necesidad de mantener el control de la población humana.

Grant mostraba hacia la raza nórdica la misma preocupación que hacia cualquier especie amenazada, y consideraba que la moderna sociedad industrial era tan dañina para su supervivencia como lo había sido para las secuoyas. Al igual que muchos eugenistas, creía que la civilización moderna suponía una violación del principio de “supervivencia del más apto”. En su opinión era igualmente perjudicial la tala abusiva de los bosques, como la supervivencia de los pobres mediante la caridad o la beneficencia.

Desgraciadamente, no son pocos los biólogos de ganada reputación, los que se dejan convencer por racistas entusiastas e inexpertos. Un eminente paleontólogo define su posición personal en el New York – Times del 8 de abril de 1924 en los siguientes términos:

“Las razas nórdicas, como bien saben los antropólogos, incluyen todos aquellos pueblos que originariamente ocupaban la meseta occidental del Asia y atravesaron la Europa septentrional, seguramente no menos de 12000 años antes de Jesucristo. En el territorio que ocupaban, las condiciones de vida eran duras, la lucha por la existencia ardua y ésa fue la causa de sus virtudes principales y también de sus defectos, de su capacidad de lucha y su afición a las bebidas fuertes. Al exceder, con su crecimiento, las posibilidades de su propio país para sostenerlos, invadieron los países del sur, no sólo como conquistadores, sino llevando su contribución de vigorosos elementos morales e intelectuales a civilizaciones más o menos decadentes. Por conducto de la corriente nórdica que afluyó a Italia llegaron los antepasados de Rafael, Leonardo de Vinci, Galileo, Tiziano… Colón, por sus retratos y bustos, auténticos o no, era claramente de ascendencia nórdica”.[10]

El abogado norteamericano Lothrop Stoddard escribía en 1920 su obra “Rising tide of Color Against White World Supremacy” (Pleamar de color contra la supremacía mundial blanca). Un autor muy interesando en las políticas eugenésicas de depuración de la raza advertía de la siguiente manera del peligro del mestizaje con gentes no nórdicas.

“Cada raza es el resultado de siglos de evolución que implican capacidades especializadas que hacen de la raza lo que es y la tornan capaz de la realización creadora. Estas capacidades especializadas (que son particularmente notables en las razas superiores, de evolución relativamente reciente) son en alto grado inestables. Son lo que los biólogos denominan características ‘recesivas’. De ahí que cuando una estirpe altamente especializada se cruza con una estirpe diferente, las nuevas y menos estables características especializadas se desarrollan mientras que la variación, cualquiera sea la importancia de su valor potencial para el progreso humano, se pierde irreparablemente. Esto ocurre aún en el cruzamiento de dos estirpes superiores si éstas difieren mucho en carácter; las valiosas especializaciones de ambos linajes se anulan y la descendencia mixta tiene marcada tendencia a revertir a la mediocridad generalizada.”[11]

Más adelante el autor dice que “la civilización es el cuerpo y la raza el alma” y que la civilización es “el resultado del impulso creador del protoplasma superior”.

Autor: José Alfredo Elía Marcos

[1] M. Grant. La caída de la gran raza. 1916. Cit. José María del Olmo Gutierrez. III Reich: El experimento nacional-socialista alemán. P. 32.
[2] M. Grant. La caída de la gran raza. 1916. Cit. http://es.wikipedia.org/wiki/Madison_Grant
[3] M. Grant. La caída de la gran raza. 1916. Cit. José María del Olmo Gutierrez. III Reich: El experimento nacional-socialista alemán. P. 32 y 33.
[4] M. Grant. La caída de la gran raza. 1916. Cit. http://es.wikipedia.org/wiki/Madison_Grant
[5] M. Grant. La caída de la gran raza. 1916. Cit. http://es.wikipedia.org/wiki/Madison_Grant
[6] M. Grant. La caída de la gran raza, 1916. Cit. Luís César Bou. África y la historia. P. 27 y 28.
[7] Madison Grant. Cit. Boas Franz. Cuestiones Fundamentales De Antropologia Cultural. Ed. Solar, 1964. P. 40.
[8] M. Grant. La caída de la gran raza. 1916. Cit. http://es.wikipedia.org/wiki/Madison_Grant
[9] Calvin Coolidge Presidente de EEUU (1923-1929)
[10] Madison Grant. Cit. Boas Franz. Cuestiones Fundamentales De Antropologia Cultural. Ed. Solar, 1964. P. 41.
[11] Lothrop Stoddard. Cit. Boas Franz. Cuestiones Fundamentales De Antropologia Cultural. Ed. Solar, 1964. P. 41.
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